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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2019

La nia que sobrevivi a las torturas de la dictadura argentina

Josefina Lpez Mac Kenzie
Correo de los Trabajadores

En 1977, los militares que asesinaron a la madre de Marcela Quiroga la capturaron para usarla como fuente de informacin


La historia de tres hermanos secuestrados cuando eran nios es la fibra de un nuevo juicio por los crmenes de la dictadura argentina (1976-1983). La mayor estuvo desaparecida tres meses. Su testimonio es de los ms crudos que se han odo en los tribunales que juzgan estos delitos desde la reapertura de las causas en 2003, y muestra que las secuelas del terrorismo de Estado son permanentes. Yo tena doce aos, dice Marcela Quiroga frente a los jueces. En una pantalla puede mirar tambin a los acusados, cinco exmilitares que participan por videoconferencia desde la crcel.

El 6 de septiembre de 1977, los acusados rodearon una casa precaria del barrio Unin Villa Espaa de Berazategui, un suburbio al sur del Gran Buenos Aires. All se escondan dos integrantes del rea de Prensa de la organizacin armada Montoneros. Mara Nicasia Rodrguez alcanz a refugiar en el bao a sus tres hijos: Marcela (12), Sergio (9) y Marina (de un ao y medio). Prtense bien, que mamita los quiere, les dijo, cerr la puerta y resisti el ataque a tiros junto a Arturo Alejandrino Jaimez, Silver, otro militante que viva en la casa. Ambos murieron.

Los militares acusados integraban el Batalln de Comunicaciones de Comando 601 de City Bell. Dijeron que todo ocurri durante un operativo rutinario de control poblacional. La fiscala los imput por dos homicidios calificados y haber hecho posible el calvario que padecieron los nios, un crimen de genocidio y delito de lesa humanidad.

Cuando ces el fuego, un uniformado detect que haba pichones en el nido y abri el bao. Entraron a patadas. Yo cargaba a mi hermanita. Nos sacaron con violencia, a ojos de todo el mundo. Estbamos semidesnudos, descalzos y aterrorizados, cont Marcela Quiroga. Y llor al recordar que su hermano Sergio tuvo que ver a su madre muerta. En su turno, Sergio declar entre lgrimas que los esposaron a un vehculo, que a Marcela la llamaron puta y se la llevaron.

Como tambin muri un soldado, de nombre Luis Barbusano, el Ejrcito document todo. Los militares dejaron por escrito que, como saldo inesperado, el operativo dej un blanco de oportunidad; es decir, alguien o algo til para llegar a ms blancos. Era Marcela. Y as empezaron los lancheos, como los represores llamaban a los recorridos en coche que hacan con las vctimas de tortura para que marquen a otros integrantes de la organizacin.

Me llevaron a sealar casas, lugares, vecinos, cont Marcela a los jueces. Preguntaban por mi rbol genealgico y toda relacin que podamos tener. Dije todo lo que saba. Pero algunos estaban enojados y me pedan ms. Me asust y di una direccin inventada. Entonces me llevaron a una pieza, me golpearon y me retorcieron los pezones. Yo tena 12 aos e iba por mi segunda menstruacin. Recin en 2013, al declarar en otro juicio, pude ponerle palabras a esto, que fue un abuso sexual, dice.

Criada en un hogar peronista humilde que se radicalizaba al ritmo de la poca, la nia saba muchas cosas, pero en fragmentos. Que Pern haba echado a Montoneros de la Plaza y que la vida familiar cruja, que ahora vivan en la clandestinidad y que por eso no iban a la escuela. Saba lo que eran un mimegrafo y una picana elctrica (su padre haba sido secuestrado en 1974), y que los que caan desaparecan. Ahora analiza: La prdida de la identidad empieza antes, cuando uno no puede decir su nombre porque le puede pasar algo. Algo que finalmente nos pas.

Marcela Quiroga estuvo tres meses desaparecida, controlada por los verdugos Fresco y Francs. Pas por el Regimiento de La Tablada y los centros de detencin Vesubio y Sheraton. Sufri torturas y amenazas. Debi caminar a ciegas sobre otros cuerpos y usar un bao electrificado, or los gritos de la tortura y las crisis de nervios de las detenidas arrancadas de sus hijos. Tena terror, pero no conciencia. Y una parte ma se mantena pensando que mi mam iba a volver, dijo en el juicio. Su padre, Sipriano Tallo Quiroga, sostuvo que fue posible que el arzobispo Antonio Plaza supiese dnde tenan secuestrada a su hija: Me mand a decir que iba a aparecer, y al tiempo apareci.

Los hermanos menores de Marcela estuvieron cautivos unos diez das. Ah yo tuve que hacer de mam y pap de Marina, y tena nueve aos; dijo Sergio. Desde un punto de vista cristiano, los perdono. Pero pido justicia. Finalmente, los dos hermanitos fueron localizados por su padre mediante un sacerdote que conoca juzgados por su trabajo con nios hurfanos. Marina, la beb, era hija de una pareja posterior de Nicasia (el uruguayo Guillermo Fernndez Amarillo, desaparecido). A sus tos les dijeron que la nia estaba en Chile, en manos de militares.

Entre la vida y la muerte

En 2007, el Equipo de Antropologa Forense (EAAF) identific a Nicasia en el cementerio municipal de La Plata, 60 kilmetros al sur de Buenos Aires. El Ejrcito saba su nombre, pero la sepult como N.N., uno de los mtodos de desaparicin ms usados. El proceso de buscarla fue angustiante. Por suerte la encontramos. Se le lleva flores. Pido justicia por los que no estn y por nosotros, que sufrimos el desarraigo de que nos quiten todo, cont Marina a los jueces.

El cuerpo de Silver no apareci. En el juicio se incorpor la tesis doctoral Mary, entre la vida y la muerte (Universidad Nacional de Buenos Aires, 2007), escrita por Mara Ins Snchez, una antroploga social que reconstruy los hechos y analiz los engranajes burocrticos de la desaparicin y la identificacin. Snchez lleg a la historia por una bsqueda que fue profesional y tambin personal. Su madre, Silvia Corazza, que est desaparecida, conoci y cuid a Marcela en el centro de torturas Vesubio. Corazza estaba embarazada de su segunda hija, que naci a fines de 1977 y, de milagro, pudo reunirse enseguida con su familia. Con Marcela estbamos destinadas a hermanarnos, dice Ins Snchez.

Marcela tambin conoci al escritor desaparecido Hctor Oesterheld, autor de El Eternauta, un clsico de la historieta argentina. Pese al horror, l le hablaba de literatura e historia y la haca jugar al hockey con un palito para que le diera el sol. Yo me fui y ellos se quedaron, y son estrellas que me iluminan, dice Marcela. No s cmo hice este camino terrible, pero si sobreviv es para decirlo.

Fuente: http://cctt.cl/2019/06/10/la-nina-que-sobrevivio-a-las-torturas-de-la-dictadura-argentina/



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