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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2019

La cancha marcada

ngel Cappa
Rebelin


Un revoloteo de periodistas, tertulianos, opinadores, analistas e informadores mostraban su alboroto por radio y televisin, momentos antes de que empiece la primera sesin de investidura en el Congreso espaol. Todos compartan una aspiracin que segn ellos era de toda la ciudadana: la necesidad inmediata de que haya un gobierno. De que haya un acuerdo, de que haya un pacto. Qu acuerdo y qu pacto? Es igual, uno. Qu gobierno? No importa, uno. Ese gobierno y esos pactos y acuerdos, segn la opinin de los respetables periodistas y analistas y tertulianos y opinadotes varios, dara estabilidad al pas. Qu significa? No importa, es importante.

Cuando ya estaba por convencerme de esas necesidades tan sensatas y convenientes y mas todava viniendo de opiniones tan respetables y valiosas, surgi la voz de Iaki Gabilondo, que fren un poco tanto entusiasmo por la inmediatez de un gobierno.

Dijo ms o menos que no tenemos que olvidarnos que cualquier gobierno que surja tendr estrecho margen de maniobra. No me acuerdo si dijo muy estrecho margen, pero sigamos. Agreg Gabilondo con la serenidad de su prestigio y la seguridad de su experiencia, que el gobierno elegido por los parlamentarios est sujeto a las normas y leyes de la Unin Europea y que, adems, estamos integrados al euro lo que estrecha an mas nuestra independencia de accin (no son palabras textuales, pero si el sentido de lo que dijo). Por si no estaba claro, compar este asunto con un partido de ftbol: la cancha est marcada seal y no podemos sobrepasar los lmites.

Iaki Gabilondo me hizo pensar, una vez ms. Yo creo que tambin a todos los que lo hayan escuchado.

Entonces, me dije, podramos decir que nuestra democracia est limitada, que jugamos dentro de los mrgenes de la cancha marcada.

Qu es entonces lo que elegimos?

Elegimos entre las posibilidades que nos ofrecen y que ninguna excede los lmites impuestos.

Claro que no es lo mismo que decida el PP o que lo haga el PSOE, aunque ambos partidos jueguen en la misma cancha.

En vez de cancha digamos las cosas por su nombre, digamos capitalismo. Imaginemos el capitalismo como un gran crculo. Todo lo que est dentro del crculo est permitido, nada se permite fuera de ese crculo.

No es lo mismo gozar de ciertas libertadas sociales que no tenerlas. Por supuesto. No es lo mismo un salario mnimo de 600 euros que otro de 900, desde ya. No es lo mismo encontrarte en una manifestacin a un polica malo que a otro bueno, indudablemente.

Siguiendo con ese pensamiento imagin a los polticos en el Congreso como en un gran escenario. Rodeados de informadores que nos dicen lo que los polticos quieren decir cuando dicen lo que dicen. O sea, los polticos-actores decidiendo el presente y futuro de nuestras vidas, mientras nosotros ocupamos el lugar de los espectadores de nuestras propias vidas. Peor todava, espectadores que reciben una interpretacin de lo que sucede, a cargo de analistas, tertulianos, opinadotes, periodistas, etc.

Con razn Jos Luis Sampedro deca que si la democracia no recae en el pueblo no es democracia, y que la democracia espaola reside en los banqueros.

Con razn Saramago afirmaba que capitalismo y democracia son incompatibles.

A todo esto, desde el crculo empresarial alertaban de que un gobierno del PSOE con la izquierda radical ? (tal vez se refera a Unidas Podemos aunque nada de lo que propone va ms all del capitalismo), sera terrible para el pas. No est de ms recordar que el pas, para las lites dominantes, son ellos y que lo que es bueno para ellos por lo tanto, es bueno para el pas. Lo cierto es que, por las dudas, el crculo empresarial adverta de las marcas de la cancha.

Mientras tanto Pedro Snchez y Pablo Iglesias se acusaban mutuamente de no querer llegar a un acuerdo y peleaban dialcticamente un ministerio mas o menos sin que nosotros, los espectadores, supiramos qu propona cada uno para gobernarnos mejor.

El llamado trifachito miraba la escena bochornosa lleno de ntima satisfaccin porque no esperaba un desencuentro tan infantil como el que ofrecan los que estn en el lmite no dira opuesto porque me parece demasiado, pero si mas alejado.

El crculo empresarial, o sea los empresarios, seguramente observando el desenlace de la disputa detrs del humo de sus soberbios puros, sentiran la misma satisfaccin que los genuinos defensores de sus intereses (el trifachitopor si quedan dudas). Por todos los medios a su alcance ya haban expresado su deseo (y sabemos que sus deseos son rdenes) de que Ciudadanos forme parte con el PSOE del futuro gobierno, en nombre de la estabilidad, que quiere decir que a nadie se le ocurra hacer olas.

Finalmente pens que esta democracia parlamentaria, que fue til durante 40 aos, necesita una renovacin con urgencia. Un cambio que nos haga participar a nosotros no solo para elegir a los supuestos representantes, sino tambin para tomar parte de vez en cuando, directamente. Una profundizacin para que en realidad decidamos libremente, sin lmites y sin la cancha marcada.

En otras palabras, para que la democracia sea democracia y no un espectculo meditico del que no formamos parte.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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