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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2019

Puerto Rico en llamas

Atilio A. Boron
Rebelin


La insurgencia popular en Puerto Rico derroc a un gobierno corrupto, reaccionario y servil, que toler con cabeza gacha el desprecio y los insultos de Donald Trump con ocasin del huracn Mara, en septiembre de 2017, y la ayuda humanitaria que el magnate neoyorquino fue personalmente a distribuir. Dado que la Constitucin puertorriquea de 1952 no prev el llamado a elecciones en casos como el actual el mandatario renunciado deber designar, antes del 2 de Agosto, a su sucesor. Una renovada presin popular podra hacer saltar por el aire la normativa colonial y forzar la instalacin de un gobierno de transicin pero parece muy poco probable que tal cosa pueda ocurrir. Otras alternativas, como una convocatoria a una Asamblea Constitucional, parecen ms cercanas a la realidad, como se ver ms abajo. El factor aglutinante de las imponentes protestas callejeras fue la descarada corrupcin del gobernador Ricardo Rossell, el fenomenal endeudamiento en que ha cado el gobierno de la isla y la filtracin de sus chats reveladores de su homofobia, su misoginia y su desprecio por las principales figuras de la oposicin e inclusive por las vctimas del huracn.

Lo anteriormente expuesto potenci los crnicos problemas sociales que afectan a ese maravilloso pas, que logr frustrar el proyecto estadounidense de romper con sus tradiciones culturales, sus formas de sociabilidad, su lengua, su arte, su gastronoma, su msica y sus bailes y convertirlo en una rplica caribea de Atlantic City. Haca falta contar con una frrea identidad nacional para resistir durante ms de un siglo las presiones imperiales. Filipinas, otro de los trofeos de la guerra hispano-estadounidense, pese a ser mucho ms poblada y extensa que la Isla del Encanto no resisti el embate cultural, poltico y econmico de EEUU. Puerto Rico s, y por eso es una nacin tan latino-caribea como la que ms.

Dicho lo anterior cabra preguntarse por qu las grandes movilizaciones de estas ltimas semanas no tuvieron en su agenda la cuestin del status colonial de Puerto Rico. Hay muchas razones para ello. El tema fue sometido a plebiscito popular en cinco ocasiones: en tres de ellas 1967, 1993 y 1998 la mayora se inclin por mantener la condicin de Estado Libre Asociado, engaosa frase si la hay para un pas que es una colonia de Estados Unidos y que no es ninguna de las tres cosas que proclama la frmula del ELA, pergeada por los norteamericanos y sus aliados en la isla, principalmente Luis Muoz Marn, quien fuera el primer gobernador electo de Puerto Rico. En un nuevo referndum convocado en el 2012 triunfaron los partidarios de la estadidad, o sea, la anexin a EEUU, pero las irregularidades en el proceso electoral y la glida indiferencia de la Administracin Obama ante este resultado condenaron el asunto al olvido. En 2017, el quinto referendo, la estadidad obtuvo un triunfo aplastante: 97 por ciento de los votos, pero con una bajsima tasa de participacin que ni lleg al 23 por ciento que lesionaba gravemente la legitimidad del veredicto de las urnas. Al igual que en el 2012, irregularidades en la confeccin del padrn y ahora el militante desprecio de Trump consagraron la inutilidad de esa consulta popular.

Cmo interpretar estos sorprendentes resultados? Primero hay que recordar que el status colonial le otorga a los puertorriqueos la condicin de ciudadanos de Estados Unidos y, por consiguiente, la posibilidad de entrar y salir del territorio estadounidense sin visas ni obstculo alguno. En una parte del mundo dnde la migracin a la metrpolis imperial moviliza a millones de personas cada ao poniendo inclusive en riesgo su vida, precisamente como consecuencia de las polticas neoliberales que Washington impone a los pases de Nuestra Amrica, la ciudadanizacin si bien incompleta de la poblacin boricua se convierte en un poderoso atractivo para mantener el status quo y archivar para tiempos mejores las aspiraciones independentistas, all dnde la hubiere. Simn Bolvar advirti precozmente el nefasto papel que Estados Unidos jugaba en la regin y lo dej sellado en una frase contenida en la carta que le enviara desde Guayaquil al Coronel Patricio Campbell el 5 de Agosto de 1829 y en la cual deca que los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la Amrica de miserias en nombre de la libertad. La historia le dio la razn al Libertador y la poltica de Washington hacia esta regin desde comienzos del siglo veinte fue sostener a travs de sangrientas dictaduras un orden neocolonial surcado por la ancestral explotacin de nuestros pueblos y las seculares injusticias y opresiones heredadas de la poca colonial, mismas que la modernizacin introducida por el capitalismo dependiente propiciado por el imperialismo norteamericano no hizo sino agravar y, por lo tanto, alimentar una tan tumultuosa como interminable migracin hacia Estados Unidos como nica alternativa real de sobrevivencia en las empobrecidas regiones al sur del Ro Bravo. La sumisin a la Roma americana se hizo efectiva a travs de su permanente apoyo a las sangrientas dictaduras que asolaron a la regin y en la interminable sucesin de invasiones, golpes de estado, magnicidios, operaciones desestabilizadoras, sabotajes y bloqueos econmicos dispuestas por la Casa Blanca o, ms recientemente, a travs de los ms refinados pero igualmente letales golpes blandos casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, con peculiaridades muy sui generis en Ecuador- o en la imposicin de polticas inspiradas en el Consenso de Washington, en las ltimas dcadas del siglo pasado, y reactivadas recientemente cuando la oleada progresista que sign la poltica latinoamericana desde la asuncin de Hugo Chvez a la presidencia de Venezuela, a comienzos de 1999, experiment un importante retroceso que la tarda incorporacin del Mxico de Lpez Obrador al as llamado ciclo progresista no alcanza a compensar. En una situacin as se comprende que las millones de vctimas del desarrollo capitalista en la periferia traten de encontrar un futuro en la metrpolis imperial.

Decamos ciudadana incompleta o de baja intensidad porque a diferencia de los otros ciudadanos estadounidenses los de Puerto Rico carecen de los atributos que hacen a la soberana popular: no pueden elegir a los miembros del Senado o la Cmara de Representantes del Congreso de Estados Unidos y tampoco estn habilitados para participar en las elecciones presidenciales de ese pas. Son ciudadanos de segunda, pero conservan el dudoso privilegio de servir como reiteradamente lo hicieron- en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Se estima que poco menos de un 10 por ciento de las destacadas en Vietnam eran puertorriqueos, mientras que en la poblacin total los boricuas representaban apenas el 1.5 por ciento. Es evidente dnde Washington fue a buscar su carne de can.

La combinacin entre las facilidades migratorias y la permanente y aplastante propaganda del imperio penetraron profundamente en la conciencia de las masas populares. Agrguese a lo anterior el hecho de que como ciudadanos polticamente impotentes an as tienen acceso a un amplio repertorio de polticas de welfare financiadas con fondos federales y administradas de manera clientelstica tanto por el Partido Nuevo Progresista como por el Popular Democrtico que gobernara en el pasado. Esto incluye educacin gratuita, cupones de alimentos, vivienda subsidiada o simplemente gratuita y bajo ciertas condiciones a perpetuidad, un cuantioso programa de seguros de desempleo y de atencin mdica como Medicare y Medicaid, mismos que brillan por su ausencia en gran parte del Caribe con la excepcin de Cuba. Este dato es crucial para comprender las inquietudes que provoca en amplios sectores de las capas populares una eventual independencia de Puerto Rico -y con ello la prdida de los beneficios que otorga la ciudadana norteamericana. En otras palabras, el rechazo a la estadidad ha sido comprado con aquellas polticas que los gobernantes y altos funcionarios estadounidenses calificaran de populistas si se aplicaran en algn otro pas latinoamericano. Polticas que, gestionadas de modo clientelar, han tenido como resultado una significativa destruccin del tejido social. Un ejemplo: investigaciones sociolgicas demuestran que en algunos hogares hay tres generaciones de personas que jams trabajaron en sus vidas y que han vivido a lo largo de dcadas de del welfare del amo estadounidense. Por ltimo no hay que olvidar que el imperio, a travs de su control monoplico de los medios de comunicacin ha alimentado sistemticamente, y con gran eficacia, la idea racista de que las y los boricuas son incapaces de autogobernarse y que de hacerlo conduciran a Puerto Rico a una debacle equivalente a la que padece Hait.

A todas las consideraciones anteriores hay que agregar que Washington nunca manifest la intencin de otorgar la estadidad a la isla. Tal cosa convertira en los hechos a Estados Unidos en un estado plurinacional, al estilo boliviano y eso es inaceptable por completo tanto para su clase dominante como para amplias mayoras de la opinin pblica, mxime en medio de la ola de xenofobia que envuelve al pas y que demaggicamente fogonea Donald Trump. Adems, as como estn las cosas la Casa Blanca consigue sin esfuerzo lo que ms desea: contar con un punto de apoyo estratgico para la geopoltica del Gran Caribe con las doce bases militares instaladas en la pequea isla. Adems sus empresas se benefician porque tributan tasas impositivas ms bajas y pueden transferir ganancias a sus matrices sin obstculo alguno; y si bien la ayuda federal al pas caribeo es importante lo cierto es que hechas las sumas y restas Puerto Rico sale perdiendo y EEUU ganando.

La paradoja, a resolver en el futuro, es la construccin de una fuerza independentista con capacidad de expresar en la arena poltico-electoral el ferviente nacionalismo y, por momentos, el nada velado antiamericanismo- que caracteriza a la nacin boricua. En los acontecimientos de las ltimas semanas ha adquirido protagonismo un nuevo partido, percibido con esperanza por muchos de quienes se movilizaron y tomaron las calles de Puerto Rico. Se trata de Victoria Ciudadana, punto de convergencia de diversos sectores e inclusive de algunos viejos y respetados partidos minoritarios que luchan por la independencia. He sido informado que en esa nueva formacin poltica hay muchas personas creen en la independencia o en una soberana nacional acotada, una suerte de repblica soberana pero an as manteniendo su asociacin con Estados Unidos. La complejidad de la composicin de Victoria Ciudadana no permite levantar sin ms las banderas del independentismo, por lo cual se ha llegado un compromiso de promover la convocatoria a una Asamblea Constitucional para discutir el status de la Isla. Tema, que por supuesto, ha encontrado una respuesta pblica favorable y podra tener imprevisibles desenlaces pero que en todo caso sera el principal si no el nico- punto de coincidencia y unificacin de quienes constituyen esa fuerza poltica.

  Un elemento que agrega complejidad a la ya de por s enrevesada coyuntura poltica actual est dado por el hecho de que hasta ahora al menos las grandes movilizaciones no han hecho crecer de modo significativo la adhesin al independentismo. Es ms, no son pocos los protagonistas de aquellas luchas que sealan que hasta podra producirse un efecto exactamente contrario puesto que algunos creen que con el triunfo de la estadidad la ciudadana boricua pasara a gozar de los mismos derechos y habilitaciones que se garantizan para los dems estados de la Unin Americana. Llegan inclusive a escucharse voces que dicen que ante el maltrato sufrido a manos del equivalente isleo de los Republicanos (el Partido Nuevo Progresista del gobernador Rossell) y de la Administracin Trump un eventual triunfo de los Demcratas en las prximas elecciones presidenciales norteamericanas abrira el paso para poner fin a la ciudadana inconclusa. El hecho de que la joven congresista estadounidense de ascendencia puertorriquea, Alexandria Ocasio-Cortz, una estrella en ascenso en el firmamento poltico de su pas haya declarado este pasado sbado 27 de julio que esto (el triunfo de las grandes movilizaciones populares) es solo el comienzo de un proceso de descolonizacin, un proceso de autodeterminacin en el que la gente de Puerto Rico comienza a tomar su propio autogobierno en sus propias manos" aade a la complejidad de la situacin pues en anteriores ocasiones se haba manifestado a favor de la estadidad con el argumento que de ese modo los puertorriqueos accederan a los mismos derechos que cualquier ciudadana o ciudadano de Nueva York o cualquier otro estado de la Unin.

En suma, no nos equivocaramos si concluyramos que Puerto Rico es una nacin sin estado (por supuesto que no es la nica: ah estn los casos del Pas Vasco y Catalua, sin ir ms lejos) y, me permitira agregar, un pas con una slida identidad nacional en busca de un instrumento poltico que la organice y represente. Pero esto es algo que, por ahora, no se vislumbra en el horizonte actual. Aunque nadie debera sorprenderse si la dialctica de la crisis gran maestra de los pueblos- produjera un sbito alto en la conciencia de las y los boricuas, y lo que hasta ayer pareca impensable hoy se convirtiera en algo factible. Claro est que el clientelismo del welfare y el pnico a perder esas ventajas conspiran fuertemente en contra del impulso independentista. Pero si tal cosa llegar a ocurrir, si esa Asamblea Constitucional llegara a avanzar en esa direccin sobre los hombros de una gran movilizacin popular producira un verdadero terremoto en el tablero geopoltico regional y las reacciones de la Casa Blanca seran de una desenfrenada belicosidad. Conjeturar sobre este asunto ya es algo que excede los lmites que me propuse para esta nota.

Notas:

* Agradezco Carolyn M Thomas, Esterla Barreto Cortez y Luz Miranda por las informaciones que me proporcionaron para elaborar esta nota. Por supuesto, los errores fcticos o de interpretacin que pudieran existir en este escrito son de mi exclusiva responsabilidad.

** Una versin resumida de esta nota apareci en la edicin de Pgina/12 del 28.7.2019

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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