Portada :: Ecuador
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2019

El otro proceso comunitario

Juan Montao Escobar
Rebelin


Homo fugit velut umbra [1]

Somos los seres fieros que nos necesitamos

El da de san Juan, se celebra en junio, mi padre sola mandarme a latiguear a los rboles para mantener o aumentar calidad y rendimiento de los frutos. En serio, era un ritual de cumplimiento obligatorio. Ahora no recuerdo las susurrantes frases del recordatorio ecolgico bienhechor, a punta de latigazos, a cada rbol frutal o maderable; pero hacan referencia a la obligacin de ser buenos productores, pero no todo era castigo tambin se los abonaba con desechos vegetales y orina.

Ese ritual, sin explicacin precisa, se dej de cumplir por el fallecimiento de mi padre. Aos ms tarde entend la bioqumica afectiva del ritual: somos seres que nos necesitamos y a la vez demandantes fieros. Dos componentes antropolgicos se juntaban: religiosidad (catolicismo + hilachas de afrocreencias) con agroecologa (organizacin consecutiva de alguna vida situacional desde ciencias y saberes). En el ritual de los latigazos hay verdades de ciencias explicadas con esa alegora, es posible que por el laberinto de las andaduras perdiera el ax de origen y por eso se sustituye con el da de celebracin de san Juan (uno de los tantos Juanes canonizados). Este dilogo de demandas de sostenibilidad comunitaria se salda con el castigo por el incumplimiento de esa otra parte de la existencia ecolgica. Tambin se interpretara como el dominio tirnico del humano sobre la vegetacin. En qu parte se cambi al Bambero protector por el san Juan spero y exigente?

Cierto sandungueo sincrtico

Algunas memorias histricas construyen la religiosidad y espiritualidad de las comunidades negras de la costa pacfica colombo-ecuatoriana, con prstamos de otras realidades religiosas adaptadas o absorbidas en su totalidad; con los atisbos culturales al asentarse en el territorio para sus propios alcances cotidianos comunitarios; con la vecindad de aquellas religiones dominantes y dominadoras, perturbadoras de los ritos; con la irrupcin de prdicas que privilegian el miedo a la divinidad suprema por su tirana e intolerancia con las debilidades humanas. Todo ello hostiga, arrincona, suprime u obliga al replanteo de los conceptos religiosos y espirituales en las comunidades urbanas y rurales. Dos memorias histricas sustentan o sustentaron esa religiosidad por fuera del catolicismo ms doctrinario. Una, dificultades extremas de siglos. Y otra, festividades reinventadas que, sin (o al revs) estorbarse, persisten en el imaginario comunitario. An.

Estas materias espirituales, entendidas por el grupo social dominante como supersticiones (o supercheras), crean cultos en las marginalidades habitadas por grupos tnico-sociales. Y son banalizadas como veneraciones paganas, adoraciones de ignorantes o espacios espirituales para el entretenimiento acadmico demostrando as una injustificable arbitrariedad epistemolgica al mismo tiempo que anacrnico eurocentrismo. No se trata solo de fe, ese dispositivo irracional para justificar nuestras creencias religiosas, es el cmo de la recomposicin sin fin del equilibrio de la existencia en su versin fsica y espiritual (o considerando cierto aspecto energtico). La invalidacin poltica o aceptacin extica de unas ritualidades empobrece el anlisis histrico del desarrollo cientfico, social, cultural y poltico de los pueblos. Tambin, en el caso de las comunidades negras de Colombia y Ecuador, es el potencial productivo y progresista de la resistencia de las comunidades negras mediante la suma de particularidades culturales localizadas en el territorio, para sobrevivir como personas y memoria fiable.

Nuestra religiosidad y espiritualidad, con sus tropiezos e intrusiones, fue una estrategia particular de adaptacin de los esclavizados africanos en el nuevo contexto americano [2] . A esa estrategia se articul el conocimiento de la religin y los motivos de los esclavizadores para sostener su humanidad en el inhumano dominio, el necesario distanciamiento y la obligada aproximacin a la imposicin colonialista (cierto sandungueo sincrtico), trabajar por la disminucin de la desconfianza de los amos y por lo mismo disminuir la brutalidad del trato al observar algn fervor cristiano (o catlico para precisar) y mantener la resistencia emancipadora por todos los medios posibles.

Nos hicimos de aqu

La africanidad esclavizada y liberta debi negociar, resquemores por dentro y sentimientos controlados por fuera ( koyokela ngai nkanda [3] ) , aquellos aspectos que les acercaran a cosmovisiones dispares hasta conformar una narrativa ms o menos comn, ms o menos abierta para no traicionar sus orgenes y aceptar desde el catolicismo aquellas bases de ritualidad muy cercanas a su sentir. Un cambio cultural decisivo? Sin dudas, sin embargo flexible hasta donde mente y corazn lo permitieron. J. Antn Snchez lo explica de esta manera: Este cambio cultural pudo haber implicado la deconstruccin de sus paradigmas autctonos de identidad y la recreacin de una nueva visin cultural que exigi la asimilacin de otras costumbres anta las nuevas condiciones de vida, mediante un proceso de sincretismo [4] .

Esa renovadora y a la vez controversial espiritualidad y de religiosidad debi cumplir la funcin qumica sublime, en individualidades y comunidades, de motivar el apego a la existencia, mucho ms all de una simple sobrevivencia o sea un hacerse de aqu [5] como cualquiera de los otros seres del territorio. Habitar el espacio para siempre, fomentar territorialidad (fsica + metafsica). Se naturaliz corazn adentro el veneno del colonizador con los vestigios sagrados ancestrales; por fin, se encontr compensacin en algunos puntos del nima colectiva. Sin renunciamientos y otorg inevitable preferencia a la imposicin religiosa colonizadora. Hasta dnde ambas espiritualidades hallaron una venerable simbiosis? O quizs no fue asociacin profunda sino colonizacin de uno de los opuestos?

En estas lneas no es difcil establecer una comprensin del irrenunciable anhelo de mujeres y hombres africanos de retornar a sus ciudades o pueblos, porque algunos nacieron o se criaron en el cautiverio, aquello pudo afectar total o parcialmente sus esperanzas de volver, pero tambin reactivar nuevas empatas y afectaciones desmoralizantes de sus creencias. Adems debi interferir en la ligazn con sus anteriores comunidades y la produccin cultural prstina. Las circunstancias trgicas de sus cuerpos aprisionados causaron modificaciones angustiosas en la explicacin existencial y los procesos esenciales. Su pensar estaba comprometido por las dudas de la continuidad prolongada y problemtica de la existencia sin vislumbre de libertad.

Aos despus en territorios ajenos an, religiosidad y espiritualidad se fundieron en las razones de sus mitos; es ms, sintieron que eran verdaderos protagonistas de los avatares de las leyendas de fogata comunitaria, pero nada ms que con el aval de la desgracia inesperada. El nuevo modo de produccin los comprometa hasta la extincin y la perpetuidad de olvidarse de quines eran. Es cuando se refunda la memoria colectiva que nunca ms perderan de vista a las generaciones por venir ni el ayer cunado empezbamos a ser aquello que ahora somos, segn el Abuelo Zenn.

Realidad trascendental

El Maestro Juan Garca Salazar defini as nuestra memoria colectiva: Memoria colectiva es un saber colectivizado [] es el afianzamiento, es la verificacin de que es un hecho ancestral porque toda la gente lo conoce, es la que nos permite continuar [6] . Es el saber de las comunidades negras del pacfico colombo-ecuatoriano. Corriente pedaggica y didctica de bio-permanencia en un espacio con todos los tiempos posibles, constructora de la realidad trascendental   (Lewis Gordon, en Existentia Africana. Understanding Africana Existential Though. Nueva York: Routledge, 2000).

Aquello que hemos referido hasta ahora cabe considerarse como el proceso de las comunidades negras (PCN) en su tarea emancipatoria, todava actual. Religiosidad y espiritualidad, con sus seales de diferentes orgenes, son los resultados de una insurgencia intelectual inicial de personas deshumanizadas transportadas en bodegas de barcos europeos, su venta en los puertos de arribo, el traslado al fondo de las minas de oro o a las plantaciones. Ese trasiego sum tiempos de oralidad para no desterrar del todo a sus deidades o confundirlas para siempre con los santos catlicos. Era existencia o inexistencia, algo peor que la muerte.

Angelina Pollak-Eltz afirma que Aunque hoy en da los nombres de las antiguas deidades africanas [] se han perdido, en la oscuridad, se notan rasgos muy fuertes, sobre todo en la veneracin de San Juan en el tiempo de solsticio de verano y de San Benito durante la poca de navidad, o sea, del solsticio de verano [7] . Ocurre en Venezuela y en la costa colombo-ecuatoriana. Los rituales se acompaan de oraciones hermticas y tienen sus tiempos fijos de cumplimiento, sus ejecutores son receptores directos de esas sabiduras y ciencias, debieron tener templanza para soportar burlas y acoso de toda clase de autoridad extraa.

El cambio de oficio de los santos catlicos

El reactivado proceso de comunidades negras, en los aos 70 del siglo XX, por jvenes de uno y otro lado de la raya (frontera de Colombia y Ecuador), es la continuidad secular emancipadora de cimarrones, mujeres y hombres, que oponan toda la carga de memoria a la imposicin del olvido. El disfraz sincrtico ayud como lo refiere A. Pollak-Eltz: (los) santos sustituyen a antiguas deidades africanas, asociadas a la fertilidad de la tierra y a la lluvia [8] . Reaparecen divinidades definidoras de destinos terrenales, protectoras del agua, de los animales, de los rboles; dueas de los secretos de las plantas curativas, dibujadoras del vuelo de las aves y hasta de los principios tcnicos de la construccin de instrumentos musicales. Es el espacio biofsico, el territorio ancestral, en donde uno descubre en que en cada recodo de ro, en cada vuelta de camino, en cada rbol, en cada vertiente se presiente la presencia de un personaje mitolgico de los tantos que en los territorios sembraron (cursiva de JME) nuestros mayores [9] . A. Pollak-Eltz coincide en que son los espritus purificadores de los antepasados (Ancestros, JME), quienes vuelven una vez al ao a la tierra (o al territorio, JME) para traer bienestar y fertilidad a los parientes vivos [10] . Esos espritus purificadores son las nimas benditas?

Notas: 

[1] El hombre huye como una sombra. Frase escrita en el prtico del cementerio municipal de Esmeraldas.

[2] Religiosidad afroecuatoriana, John Antn Snchez, Edicuatorial, Quito, p. 58.

[3] Enojarse consigo mismo.

[4] Op. Cit., p. 58

[5] Verso de Antonio Preciado

[6] Memoria colectiva, escritura y Estado. Prcticas pedaggicas de existencia afroecuatoriana, Catherine Walsh y Juan Garca Salazar. Cuadernos de Literatura Vol. XIX N 38, julio-diciembre 2015, pp. 83-84

[7] El catolicismo popular en Venezuela , Angelina Pollak-Eltz, http://gumilla.org/biblioteca/bases/biblo/texto/SIC1973354_155-157.pdf

[8] Op. Cit.

[9] Desterritorializacin, semillas y siembras ancestrales, Juan Garca Salazar. Documento cedido al autor para ampliar sus estudios. 

[10] Op. Cit.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter