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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2019

Policas y burcratas: dos frentes de batalla de la 4T

Ricardo Orozco
Rebelin


Uno de los fenmenos que mejor ejemplifican las transiciones polticas en la mayor parte de los Estado occidentales es el que gira en torno de las resistencias presentadas por los sectores burocrticos a las plataformas de gobierno en turno. Entre ms amplios y ms profundos sean los reacomodos de intereses introducidos en este mbito por un mandatario y su gabinete, mayores son los descontentos, las fricciones y las resistencias con las que contesta la burocracia del rgimen anterior en cuestin. La razn? Todo proyecto de gobierno requiere de una burocracia que le sea efectiva no slo en la legitimacin de los fundamentos ideolgicos que le dan sustento y aceptacin entre el resto de la ciudadana, sino, adems y fundamentalmente, en los trminos operativos y administrativos que busca promover. Despus de todo, un gobierno sin una administracin pblica que cierre filas con l, en cualquiera de sus niveles y rdenes, es simplemente incapaz de operar.

En Mxico, la transicin de intereses planteada por el gobierno de Andrs Manuel Lpez Obrador ha pasado los ltimos seis meses (los nicos seis que lleva siendo, efectivamente, gobierno) reacomodando a las burocracias que construyeron los ltimos dos sexenios haciendo uso de los recortes presupuestales y de la ms general apuesta de ahorro de los dineros pblicos denominada Austeridad Republicana. Pero no slo, pues adems de las mltiples victimas que ya han arrojado los despidos de personal no indispensable para cubrir con las necesidades y las demandas administrativas, de gestin y operativas de la 4T, en los puestos pblicos no definitivos en los que an se mantuvieron mrgenes de maniobra amplios para reemplazar a personal viejo por nuevo se ha sustituido a esa fuerza laboral por personalidades afines, prximas y de confianza a los mandos en turno.

En general, tales movimientos no son para sorprenderse y mucho menos para escandalizarse. Es un hecho que, en la forma en la que se ha concebido al servicio pblico mexicano durante aos, un factor esencial es el de aceptar que burcratas van y burcratas vienen de acuerdo con la cercana que estos tengan con los hombres y las mujeres al mando dentro de las dependencias pblicas, en sus mltiples jerarquas administrativas. Lo nuevo, lo hasta cierto punto indito en la historia reciente de este pas (y slo en la reciente, porque en el largo plazo es un hecho que ocurri en diversas ocasiones) es que la profundidad y la amplitud de los reacomodos gestionados se est orientando hacia el estricto desplazamiento de los trabajadores y las trabajadoras al servicio del Estado fuera de sus circuitos laborales.

Es decir, la novedad radica en que, contrario a la regla que rigi en los ltimos cuatro sexenios, en donde la burocracia simplemente creci desmedidamente (por la creacin de entidades y organismos, por el seccionamiento de direcciones y unidades en dos, tres y hasta ms subdivisiones, por la duplicacin de puestos, etc.), en este gobierno, el mandato es despedir y no contratar ms (o por lo menos no en los niveles anteriores, y todo dentro del marco de que las contrataciones sean, apenas, para reemplazar a la fuerza laboral, y no para engrosarla). La cantidad de orfandades que esa prctica ya ha producido es de alrededor de los cien mil despidos; dato que, por s mismo, ya parece excesivo. Sin embargo, si ste se pone en perspectiva, frente al ms de milln y medio de trabajadores del Estado, resulta eclipsado.

Es, en apariencia, una contradiccin ideolgica que haya sido con los gobiernos ms neoliberales de Mxico con los que la burocracia terminara creciendo de manera tan apresurada, y que ahora sea un gobierno que levanta la bandera de la izquierda el que busca reducir esa magnitud. Y es que, en efecto, el solo hecho de que el gobierno de Lpez Obrador est despidiendo a personal contrasta profundamente con, por ejemplo, el incremento tan amplio que se dio en el nmero de trabajadores pblicos durante los dos sexenios pasados; pues de contarse con un milln doscientos mil empleados y empleadas en 2006, diez aos despus se termin con un milln quinientos sesenta y siete mil trescientos ochenta y un servidores y servidoras pblicas. Si ese incremento se corresponde con las exigencias que le plantea al Estado el igualmente acelerado crecimiento de la poblacin, de la actividad econmica, de la complejidad de los procesos sociales y con las necesidades demandadas en cada aspecto de la vida cotidiana de la ciudadana es algo que an queda por descifrar.

Lo que es un hecho, no obstante lo anterior, es que, muy a pesar del dogma neoliberal defendido en el discurso y en la prctica de polticas pblicas en la ltima dcada, para la casta poltica que gobierna este pas, ya no slo los puestos de eleccin popular son un privilegio de clase al que hay que defender y, en la medida de lo posible, mantener en un delicado equilibrio en el que el numero de beneficiados se ensanche de vez en vez, pero sin llegar a ser un espacio de dominio pblico general, o al que cualquiera sea capaz de acceder, sino que, adems, aquellos pertenecientes al ramo de la administracin pblica tambin lo son. Los sueldos de burcratas mayores a los de diputados, senadores o secretarios de Estado y la cantidad de asesores por poltico en cada dependencia, son apenas dos coordenadas que dan cuenta de que el servicio pblico ha sido reivindicado por gobiernos pristas y panistas como un modus vivendide clase.

Ese modus vivendi privilegiado, por supuesto, no es una generalidad que se extienda a todas las capas de la administracin pblica (aunque no habra que desconocer, sin embargo, que son un sector que se encuentra en mejores condiciones laborales que el promedio de la poblacin; sobre todo en lo concerniente a las prestaciones y otros derechos conquistados a lo largo de los aos). Y es que, los verdaderos privilegios se encuentran acotados a crculos reducidos, hermticos, a los que aun formando parte de la propia burocracia es difcil acceder por otra va que no sea el nepotismo (o su versin ampliada: el compadrazgo). De cualquier manera, lo que es un hecho, hoy, es que cien mil personas tenan un empleo relativamente bien remunerado a principios del 2019, y hoy ya no (habra que hacer un seguimiento sobre el nmero de personas que lograron reinsertarse al mercado de trabajo en este periodo). Para ponerlo en perspectiva, es un tercio del nmero de empleos formales registrados para el mismo periodo de seis meses.

Ahora bien, en esta batalla, el frente ms reciente que se ha abierto para el gobierno en funciones est del lado de uno de los sectores ms sensibles tanto para la estructura estatal como para la ciudadana: el de los cuerpos de seguridad pblica. Es el caso, pues, de la Polica Federal y la actual posicin de protesta en la que se encuentra, por causa de la reorganizacin que se est implementando en la estrategia de seguridad a travs de las actividades de la Guardia Nacional.

De acuerdo con el posicionamiento oficial de los sectores en resistencia, lo que le estn discutiendo al gobierno de Andrs Manuel tiene un carcter estrictamente laboral: las primas vacacionales, las prestaciones que complementan el sueldo base de menos de cinco mil pesos mensuales que perciben, la prestacin de contar con cinco das inhbiles por veinticinco de trabajo al hilo, la antigedad y el rango conquistados, etc., son algunos de los puntos nodales que han colocado sobre la mesa de discusin. En esto, para decirlo claro, han presentado una estrategia de colectivizacin y unificacin ms palpable, precisa y concreta de la que hasta ahora no ha sido posible ver en otros mbitos de la administracin pblica.

El problema con la Polica Federal viene dado, en parte, del entendido de que el nico documento rector del proceso de integracin de la Guardia Nacional (Acuerdo por el que se establecen los elementos de la Polica Federal, de la Polica Militar y de la Polica Naval que integrarn la Guardia Nacional) establece ciertas directrices muy precisas para las Policas Militar y Naval, pero no para la Federal. Tal es el caso del respecto a los grados alcanzados en sus instituciones de origen, las prestaciones y servicios de los que son beneficiarios, el reconocimiento de las capacitaciones tomadas en el marco de la Guardia Nacional y dems. De ah, entonces, que los reclamos de los integrantes de la Polica Federal se estn centrando en ese trato diferenciado y en los mltiples vacos que han quedado a raz del acuerdo en comento.

Ms all de eso (que es de suma importancia si el gobierno desea tener elementos competitivos en su nuevo cuerpo de seguridad militarizado), sin embargo, lo que realmente parece estar de fondo en las inconformidades planteadas por la Polica Federal es que el proceso de incorporacin de estos elementos a la Guardia Nacional supone, de facto, un alistamiento (aunque sea temporal) a una institucin castrense, tanto por el entrenamiento que recibirn como por la cadena de mando a la que sern sometidos, la disciplina a la que se les sujetar y el estilo de vida encuartelado que privar en su vida diaria. Pero tambin, y sobre todo, por las labores de combate directo al crimen organizado en las que se pretende ocuparlas.

Y es que, si bien es cierto que los ltimos dos sexenios se caracterizaron por una intensiva y progresiva militarizacin de los cuerpos de seguridad pblica ciudadanos, y tambin por su uso en el combate armado al crimen organizado (dos aspectos, en consecuencia, que no son nuevos para la Polica Federal), tambin lo es que la manera en que aquello operaba es por completo distinta al nuevo modelo que se est operando va la Guardia Nacional. En parte, no slo porque estos elementos ahora debern de renunciar a la relativa autonoma con la que contaban en las operaciones de seguridad que les eran asignadas pues ahora trabajaran hombro a hombro con elementos militares, en las mismas operaciones y bajo los mismos estndares, sino, tambin, porque, de facto, estaran ellos mismos militarizando su propio actuar y el resto de su vida (algo que, si hubiesen deseado desde el principio de su carrera, no habran optado por ingresar a una institucin civil).

En este sentido, el gobierno de Lpez Obrador est empujando con fuerza en esa direccin porque est convencido de que la disciplina y la operacin militar son la real solucin al problema de violencia que viven los mexicanos y las mexicanas (respuesta calcara al carbn de la lgica militarista de Felipe Caldern), pero tambin porque es un hecho innegable que el desempeo de esta polica, si bien es relativamente mejor que el de las estatales y las municipales, tambin se encuentra marcado por una historia de varios aos de corrupcin, violencia y colusin con el crimen organizado al que hoy dicen haber estado combatiendo desde siempre.

Sin duda, como en el caso de la burocracia, la regla general debe contar con mltiples salvedades. Y en esto, los elementos de la Polica Federal han sido insistentes, exigiendo pruebas al presidente que respalden sus dichos sobre la corrupcin y la podredumbre imperante en la corporacin, por un lado; y argumentando que existen miles de elementos que son honestos, profesionales y capaces (ms all de su obesidad, argumentan, en un empleo que, por definicin, requiere de altos estndares en trminos de salud y desempeo fsico). Sin duda! La falsedad en ese argumento es, sin embargo, que las deficiencias que se estn sealando en la corporacin no parten del diagnstico personalista de las fuerzas de tropa, sino de las estructuras que administran a la propia institucin en favor de grupos criminales. Y eso, hay que ser claros, no pasa por el cariz del reconocimiento de esfuerzos individuales en la tropa.

Es claro que uno de los rasgos que ms est perturbando a estos elementos en resistencia tiene que ver con el rgimen de vida que llevaran introducindose en los canales de operacin castrenses. Y por ello no es casual que estn haciendo tanto nfasis en que no slo no se les evale su desempeo y competitividad de manera diferenciada a la de los elementos del ejrcito, sino que, simplemente no se les realicen evaluaciones tan estrictas (el tema de la masa corporal es clarsimo en este sentido). Y es que si bien en las instituciones castrenses nacionales tambin abundan los ejemplos de elementos con sobrepeso, con problemas de salud serios (y similares o derivados), la generalidad de estos se dan en funciones administrativas y no operativas, como ocurre con la Polica Federal.

Por eso, adems, cuando estos elementos alegan que mantienen un nivel de preparacin y capacitacin con certificacin y reconocimiento internacional (en Rusia, Israel y Estados Unidos), habra que recordar slo dos coordenadas:

  1. A lo largo de la guerra en contra del narcotrfico, en los sexenios pasados, fueron cuatro veces ms los enfrentamientos en los que se embarcaron elementos del ejrcito que los que fueron desempeados por la Polica Federal.
  2. En trminos de su letalidad, la Polica Federal se mantuvo uno a uno en el nmero de muertes causadas por enfrentamiento; es decir, un civil asesinado por un federal y un federal asesinado por un civil. Comparado este dato con el del ejrcito, para esta institucin el nmero fue de cuatro civiles asesinados por militares y un militar asesinado por civiles. Esto es, el ndice de letalidad del ejercito siempre ha sido mayor que el de la Polica Federal: aquel es ms eficiente para matar a sus oponentes que sta.

En la lgica de la estrategia de seguridad de la 4T, la Polica Federal es mucho menos eficiente que el ejrcito para cumplir las labores que el contexto de violencia demanda (no debe pasarse por alto que el discurso se ha ido endureciendo para exaltar cada vez ms la importancia de las fuerzas castrenses en este rubro). De ah su empuje por desaparecer a una corporacin que no nicamente le es ineficiente (muy poco letal), sino, adems, que le representa una carga en temas de corrupcin y colusin con el crimen organizado. Lograr su integracin a la Guardia Nacional es una salida fcil. Y el xito de esta operacin depender del estira y afloja con el que se postren ante el gobierno los policas en resistencia.

Ricardo Orozco, Consejero Ejecutivo del Centro Mexicano de Anlisis de la Poltica Internacional, https://cemapinternacional.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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