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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2019

Tendencias en el nuevo tiempo poltico en Amrica Latina?
Crisis de la civilizacin petrolera, extractivismo predatorio y poltica del saqueo

Emiliano Teran Mantovani
Rebelin


I. Nueva fase del extractivismo y la oleada de acumulacin por desposesin

Del llamado neo-extractivismo progresista en Venezuela apenas queda hoy una burda y vaca retrica revolucionaria, que desborda un cinismo escalofriante. En esta ruta al desastre que hemos transitado en el pas, lo que viene emergiendo es un nuevo escenario del extractivismo, sui generis, uno de carcter absolutamente predatorio que difcilmente pueda ser entendido slo bajo los cdigos reduccionistas de la polarizacin, o bien de la puesta en escena y la retrica de los principales lderes poltico-partidistas.

Su contexto inmediato: la maduracin de la Gran Crisis venezolana (2013-2019), atravesada por intensas luchas por el poder (en sus mltiples escalas), un aumento de la internacionalizacin del conflicto poltico, una desestructuracin de la economa (formal) nacional, y un peligroso proceso de descomposicin de la poltica que no slo impulsa una significativa fuerza derechizante, sino tambin una mafizacin (o gangsterizacin) de la misma.

Este extractivismo predatorio no se establece por medio de una maquinaria corporativa que homogneamente, de arriba hacia abajo, controla el proceso de apropiacin/capitalizacin de la naturaleza y los territorios del pas; ni tampoco por medio de la dominacin irresistible de un sector o grupo de actores polticos nacionales. Ms bien est marcado por la multiplicidad, volatilidad, inestabilidad, fluidez, fragmentacin, precariedad; por un mosaico de conflictividades, de diversa intensidad y violencia, de coaliciones ramificadas y accidentadas; por el desgarramiento sistmico y por la trasnacionalizacin.

Pero no se confunda. A pesar de lo revuelto y movido del escenario, aqu hay una poltica. El conjunto de grupos y actores que disputan la gestin y participacin en el extractivismo, sean actores provenientes de la esfera estatal (en sus diferentes facciones), de los grupos polticos de oposicin, de grandes y medianas potencias internacionales, de grupos armados irregulares y criminales, entre otros, se orientan y operan fundamentalmente a partir de una poltica del saqueo. Esta, sea porque representa el mecanismo esencial de la accin, o porque se produce como una forma de aprovechar la vorgine dominante lo que a su vez profundiza la crisis y los factores causantes del conflicto, es la poltica compartida de los actores en disputa, y formatea el nuevo escenario del extractivismo en el pas.

Esto tiene implicaciones tremendas, en la medida en que la geografa venezolana va siendo atravesada por las lgicas de las violentas economas de enclave, por lo que presenciamos la formacin de un extractivismo de trincheras, de posiciones, de feudos, en el cual grupos del sector militar, gobiernos locales (alcaldas, gobernaciones, etc.), la criminalidad organizada, grupos armados para-estatales de diverso proceder (nacional e internacional), conforman poderes particulares (dependiendo del territorio donde se desenvuelvan) y tienen como botn los recursos, los territorios y la poblacin.

El trasfondo esencial de esta situacin es el impulso de una gran ola de acumulacin por desposesin de alcance nacional, que est pulverizando el ya vulnerado estado de derecho y provoca que el muy heterogneo y fragmentado campo de resistencias, contestaciones y luchas populares ante el expolio, sea atravesado por lgicas de guerra. Es en este sentido que hablamos de un extractivismo predatorio.

 

II. Rasgos del extractivismo predatorio

Poltica de Estado y estado de la poltica

No existe ninguna disputa entre demonios y redentores en Venezuela. En este escenario, todos los grupos de poder en pugna son diferentes expresiones de un voraz neo-colonialismo sobre la vida. El extractivismo predatorio y su poltica del saqueo deben ser entendidos en su doble dimensin: tanto como una poltica de Estado, encabezada hoy por el Gobierno de Nicols Maduro principal gestor de este proceso masivo de acumulacin por desposesin en el pas; como una expresin del estado de la poltica, en franca descomposicin y vandalizacin, la cual, aunque lo abarca, va mucho ms all del poder formalmente constituido, y se manifiesta en una multiplicidad de actores que operan desde la ilegalidad, la corrupcin, la criminalidad y la para-poltica. Ambas dimensiones estn profundamente atravesadas por el accionar de actores y lobbys internacionales, principalmente provenientes de los Estados Unidos, Rusia, China, Cuba, Colombia, Turqua, Espaa, entre otros.

Esta poltica de Estado se configura hoy como un rgimen de apropiacin/extraccin, gobernabilidad y territorializacin basado en un estado de excepcin (jurdico y de facto) de perfil primordialmente militar, que se organiza en torno a la hexada: reformismo neoliberal autoritario / violencia exacerbada / des-territorializaciones / mineras / despojo generalizado / administracin de la precariedad.

El dramtico colapso de la industria y de la renta petrolera, as como del Petro-Estado, junto a la descomunal corrupcin, las tensiones polticas internas y los efectos de las sanciones impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos (principalmente desde 2017), han fragmentado el extractivismo en el pas, promoviendo una multiplicacin de operaciones de extraccin y despojo, en las cuales prevalece la minera como una actividad fundamental para la reproduccin de estructuras de poder local y nacional.

 

Convertir a Venezuela en una mina

Esta situacin determina esta poltica de Estado, la cual se expresa tanto en la programtica formal del Gobierno de Maduro, como en la proliferacin de minas irregulares que sostienen poderes locales vinculados a militares, gobernadores, alcaldes o funcionarios corruptos de alto nivel.

Respecto a lo primero, el Gobierno de Maduro ha insistido en la depredadora opcin minera como la supuesta va para salir de la crisis y diversificar la economa. Dicha opcin, que en un principio se orientaba al mega-proyecto del Arco Minero del Orinoco, se presenta en la actualidad como un ms amplio y definido mapa minero (extraccin metlica y no metlica), que ofrece al expolio prcticamente todo el territorio nacional. Sobre esto destaca la presentacin en junio de 2019 del Plan Minero Nacional 2019-2025, que sistematiza, como nunca, la meta de recuperar y aumentar la produccin a su mxima capacidad de cuanto emprendimiento minero haya disponible en el pas (oro, diamante, hierro, carbn, nquel, coltn, fosfato, feldespato, bauxita, mrmol, granito, caliza, entre otros). Esto se da en el marco de una progresiva radicalizacin neoliberal (la que hemos llamado El Largo Viraje 2014-2019) que desregula, flexibiliza y adapta crecientemente al pas a las lgicas de ajuste y a los requerimientos de las corporaciones transnacionales.

Pero esta programtica es apenas la fachada normativa y pseudo-institucional que busca recuperar y re-centralizar algunas rentas y excedentes que puedan oxigenar las precarizadas arcas gestionadas por el Poder Ejecutivo, mientras que se presenta una vitrina minera para ahora s ofrecer las verdaderas oportunidades de negocios para el capital transnacional (Plan Minero dixit). Detrs de esta fachada se revela el que es hoy, el extractivismo realmente existente: se multiplican minas y operaciones de extraccin a lo largo y ancho de toda la geografa nacional, extracciones absolutamente arbitrarias, irregulares, atravesadas por la corrupcin, el pillaje y la ilegalidad. Areneras que tienen a pobladores locales bajo amenaza; militares sacando carbn vegetal para su comercializacin; total complicidad e incluso direccionalidad de funcionarios del Estado en la extraccin ilegal de oro en la regin Guayana; emprendimientos devastadores y sin ningn control, como el de la minera de arenas en el ro Turbio; u otros que emergen bajo las sombras y en el secretismo y que generan conflictos con las poblaciones locales, como el ya conocido caso de las iniciativas de minera de cal y feldespato en el Cerro La Vieja. Son apenas ejemplos de una oleada extractiva que apunta a convertir a Venezuela en una mina.

 

El asalto a la tierra/territorio y la poltica del ms fuerte

Sin embargo, y como ya mencionamos, no se trata slo de la apropiacin minera. La poltica del saqueo es integral en la medida en la que se orienta, por un lado, de acuerdo al valor y la vocacin que puedan tener las tierras (agrcola, maderera, ganadera, turstica, etc); y por el otro, al control y dominio territorial. Ambos factores (tierra/territorio) estn polticamente entrelazados. Esto nos seala al menos tres cosas fundamentales e interrelacionadas que vale la pena destacar:

a) esta poltica constituye el marco de la violenta arremetida de persecucin y despojo sistemtico de tierras que se est produciendo en la actualidad contra los campesinos del pas, con el fin de favorecer a viejos y nuevos latifundistas. La Plataforma de Lucha Campesina, organizacin en la que confluyen diversas agrupaciones del campo venezolano, y que ha ocupado recientemente las instalaciones del Instituto Nacional de Tierras en Caracas, ha sealado ms de 100 casos de estos despojos e irregularidades que favorecen al latifundio, adems del acoso, la criminalizacin y la judicializacin que estn sufriendo los pequeos productores. Lo ms grave es que no se ha hecho justicia hasta hoy ante los ms de 350 campesinos asesinados durante el proceso bolivariano, lo cual en cambio se ha agravado en los ltimos doces meses, donde han sido ultimados 25 campesinos 6 de ellos el pasado 27 julio en el estado Barinas;

 

b) ante el colapso de la renta petrolera, es importante insistir en que el conflicto no se define simplemente por los recursos y el saqueo per se, sino fundamentalmente por una poltica que busca establecer un modo de gobernanza configurado en torno a estas lgicas del pillaje. Esto implica que para los actores que persiguen la hegemona, no basta la apropiacin econmica, si no se establece el rgimen de dominacin poltica. Todo esto revela la necesidad por parte de estos actores de asentar geogrficamente el poder y, por tanto, muestra el trasfondo de disputas por los territorios;

 

c) ante la debilidad del Estado venezolano, esta fase predatoria del extractivismo est siendo determinada por las lgicas de la imposicin del ms fuerte, lo que configura a su vez un escenario abierto de conflicto, determinado en muy buena medida por lgicas de guerra. Esto es muy significativo porque hace que, de hecho, el punto de partida de la poltica sea la extra-legalidad, la excepcionalidad. O para decirlo en otras palabras, las prcticas criminales, al menos en sentido estricto, penetran profundamente la poltica de Estado y atraviesan determinantemente el estado de la poltica hoy.

 

Violencia sistemtica en expansin y federacin del saqueo

En esta fase predatoria del extractivismo en Venezuela, la violencia juega un rol central. Es la mediacin poltica principal. Violencia exacerbada, masiva, sistemtica. Violencia acompasada con los nuevos tiempos para Amrica Latina y las crecientes tensiones geopolticas. Violencia transversal, que determina tanto la poltica de Estado como el estado de la poltica.

El Gobierno de Maduro escala cada vez ms en el despliegue cuantitativo y cualitativo de la violencia. Todo este avance de la acumulacin por desposesin se viene haciendo bajo una intensa represin fundamentalmente contra los grupos sociales que ofrezcan resistencia en la cual podemos destacar el rol de los cuerpos de seguridad especiales (como es el caso del FAES) o de grupos para-estatales o para-policiales diversos, muchos de ellos denominados mal llamados colectivos. El FAES (iniciales de Fuerzas de Acciones Especiales) est siendo empleado para numerosas operaciones de contencin de la protesta en el pas, por medio de procedimientos militares y actuando como un ejrcito de ocupacin, con formatos de ataque letal mediante los cuales realizan ejecuciones extrajudiciales. Estos cuerpos de seguridad no distinguen si sus objetivos son opositores al gobierno o chavistas que lo apoyan, como se dio con el desalojo violento de campesinos chavistas que intentaban recuperar sus tierras en el estado Gurico y la retencin del vocero campesino Jess Osorio. Por otro lado, el papel de los grupos armados para-estatales, que pueden ser provenientes de organizaciones polticas, funcionarios vestidos de civil, hampa, policas, entre otros, ha sido primordialmente de amedrentamiento en las protestas de diverso tipo que se dan contra el gobierno.

El resultado de esto ha supuesto un acorralamiento de la ciudadana y las organizaciones de base que protestan no slo antes las muy precarias condiciones de vida actuales, sino tambin para aquellos que resisten a esta poltica del saqueo. Ejemplos de ello lo conseguimos en las resistencias del pueblo indgena pemn por la autodeterminacin en sus territorios, con la consiguiente respuesta gubernamental de militarizacin, amedrentamiento, torturas, tratos crueles y degradantes e incluso el asesinato de integrantes de este pueblo; en la situacin de acoso y criminalizacin que, sea por accin u omisin, se produce contra las comunidades yukpa familiares de Sabino Romero y Carmen Fernndez; en la criminalizacin del movimiento campesino por parte de voceros gubernamentales; o en la voraz cooptacin de comunidades indgenas para que aprueben el Arco Minero del Orinoco, aprovechando su muy precaria situacin humanitaria; entre otros.

Pero como ya se ha dicho, todo esto se solapa con la violencia generada desde los actores que operan ms all del rgimen formal: bandas criminales locales controlan, con formas de violencia extrema, buena parte de las minas de oro del sur venezolano; grupos armados vinculados a los poderes del latifundio son sealados por las organizaciones campesinas como los responsables del asesinato de decenas de sus integrantes; disidentes provenientes de las FARC penetran territorios venezolanos, dedicndose a actividades delictivas; del mismo modo, integrantes del ELN operan en territorio nacional, incluyendo en las minas; paramilitarismo colombiano ejerce la fuerza en numerosos territorios fronterizos del pas, interesados tanto en el contrabando transfronterizo, como en el posicionamiento colombiano/estadounidense en territorio venezolano; y diferentes formas del crimen organizado transnacional y el narcotrfico, siendo este ltimo el encargado de mantener y controlar las rutas de trnsito de la droga hasta los puntos de desembarco regional. Cabe destacar que, el contrabando transfronterizo es muy significativo (principalmente hacia Colombia) y que fomenta que los commodities extrados en Venezuela (madera, gasolina, cultivos como la palma aceitera, especies protegidas, etc.) sean mejor vendidos en el pas vecino, dado las enormes diferencias existentes entre el valor del bolvar y el peso colombiano (o el dlar).

Sobre todo lo dicho, es fundamental destacar al menos tres cosas: una, que si bien muchos de estos grupos estn en confrontacin y rivalizan entre ellos, otros ms se articulan y cooperan mutuamente en pro de intereses particulares. Esto hace estallar la limitada interpretacin de la polarizacin poltica que slo ve disputas entre chavistas y opositores, o bien entre Venezuela y el Imperio estadounidense. El entramado del conflictivo escenario poltico venezolano es mucho ms complejo y movible que eso.

Dos, que la frontera entre lo legal y lo ilegal, entre lo formal y lo informal, se ha hecho en extremo borrosa, y antes que ser slo una condicin anormal, se ha vuelto la normalidad. El caso venezolano revela como la extra-legalidad es la norma y es el factor determinante del extractivismo realmente existente. El Arco Minero del Orinoco es un ejemplo emblemtico de ello.

Tres, que estas dinmicas descritas son multi-escalares, fluidas y transfronterizas, en la cuales, las disputas territoriales e intereses locales, que tienen sus propias particularidades, dinmicas y tiempos, se articulan con poderes de ms amplia escala, como los gobiernos locales o regionales, el Poder central estatal, las corporaciones transnacionales, las potencias imperiales, los mercados y rutas transfronterizas, el crimen organizado transnacionalizado, entre otros. En el caso venezolano, la precariedad estatal y la diversidad de actores en disputa ha configurado un mapa de coaliciones de poder que, por un lado establece regmenes locales basados en concesiones otorgadas desde arriba, que sostienen la poltica del despojo; y por otro lado, conforma canales entre poderes que permite cierta transmisin de riqueza y poder hacia los precarizados mandos centrales o esferas de poder ms altas. Todo esto ha generado la formacin de una especie de federacin del saqueo.

 

III. Qu nos muestra Venezuela de este nuevo tiempo poltico en Amrica Latina y el Caribe?

La derechizacin del Gobierno bolivariano y los lastres de la izquierda

El devenir del proceso bolivariano nos ha llevado hasta este desastre que se vive en el pas, hasta este largo laberinto del cual an se busca desesperadamente una salida. As como es indiscutible que este ha sido un proceso muy conflictivo y que este terrible resultado ha sido tambin construido por otros actores polticos a parte del Gobierno bolivariano (poderes econmicos locales tradicionales, partidos polticos de oposicin nacional, derechas regionales, poltica exterior estadounidense, grandes capitales financieros transnacionales, etc.), del mismo modo es indiscutible que ha sido el propio Gobierno el principal responsable de esta situacin, allanndose el camino a ella incluso desde el perodo de Chvez. No es posible eximirlo de este desastre, como tratan algunos. Pero incluso hay que sealar algo an ms grave: en el perodo de la Gran Crisis que se inaugura a partir de 2013/2014 hasta nuestros das, se genera un extraordinario despliegue de lgicas del saqueo y el desfalco impulsadas desde las estructuras de poder del Estado que ya existan previamente y se sealan como una de las causas coyunturales de dicha crisis, las cuales, ante la suma de intereses y circunstancias acaecidas, terminaron asentando la poltica del saqueo como sistema de gobierno. En el marco del proceso de descomposicin poltica y derechizacin del Gobierno bolivariano, antes que poner en primer lugar la solucin de la crisis, se ha priorizado el mantenimiento del poder a toda costa, por lo que se fue reorganizando conscientemente el extractivismo hacia esta forma predatoria, administrando la sociedad desde la precariedad y el estado de excepcin militarista, con un alto componente criminal. El actual Gobierno de Maduro es absolutamente funcional al capital forneo y la apertura de nuevos procesos de re-colonizacin, principalmente vinculados a China y Rusia, lo que no es del agrado del Gobierno de los Estados Unidos, que considera a Venezuela como parte de su patio trasero.

El caso de Venezuela ha sido muy sensible para las izquierdas en el mundo, para sus agendas, su legitimidad y reputacin, que hoy se encuentran en un proceso de reflujo y estancamiento, mientras sectores de derecha y extrema derecha han crecido en la regin. Sobre esto, de manera general pueden destacarse dos tensiones que evidencia el caso venezolano. La primera, seala que el proceso de derechizacin en Venezuela, antes que darse por la llegada de un nuevo Presidente de derecha (como ocurri en el caso argentino o brasilero), fue generndose desde el propio seno del proceso bolivariano, y sectores de las izquierdas tienen parte de responsabilidad en esto, al acordar que la poltica correcta era no slo apoyar y acallar sus crticas, ante el avance de casos de corrupcin, errores de gestin y represin a organizaciones sociales, sino incluso sealar, criminalizar y tratar de neutralizar las crticas que otras izquierdas s realizaron. Esto vuelve a evidenciar que la autocensura y el rol policial es un terrible camino para estos sectores contra-hegemnicos.

La segunda, y en relacin a lo anterior, nos muestra que parte de las izquierdas no han sabido hasta hoy rechazar a un Imperio criminal como el de los Estados Unidos (y sus aliados), sin terminar dando sostn a un gobierno autoritario que, en nombre del socialismo y la revolucin, impulsa polticas neoliberales, saquea el pas, favorece al capital transnacional, mientras persigue trabajadores, indgenas y campesinos. Los pueblos, en sus luchas concretas y anhelos emancipatorios, sencilla y lamentablemente no tienen slo un enemigo.

 

Venezuela es un sntoma del nuevo tiempo latinoamericano

Pero, adems de los debates en la izquierda qu nos dice Venezuela de este nuevo tiempo poltico en Amrica Latina y el Caribe? Una de las grandes preguntas que surgen es si esta fase predatoria del extractivismo es slo la expresin de una crisis localizada y coyuntural, o si bien revela los factores constitutivos de un nuevo perodo histrico que se despliega en el siglo XXI.

Venezuela podra tambin ser vista, tal vez, como la ms clara expresin de la crisis de la civilizacin petrolera. Si se quiere, tambin evidencia muy bien los probables escenarios (ya no tan futuros) del antropoceno: colapso energtico, caos sistmico, migraciones masivas, disputas por los recursos, etc. Luego, podemos analizar en detalle la especificidad latinoamericana, y advertimos que en Venezuela lo que colapsa es precisamente una sociedad basada, con un alto sesgo, en el modelo extractivista/rentista/dependiente y lo que estallan son las contradicciones sociales, econmicas, culturales, geogrficas y polticas propias de nuestras sociedades perifricas (como la dependencia alimentaria, las desigualdades y marginacin social, fuerte informalizacin de la economa, violencia endmica, expansin de la criminalidad, entre otras). Esto nos remite a pensar en dos factores: uno, ante la intensificacin histrica de las contradicciones inherentes de nuestras sociedades, es necesario resaltar la inviabilidad de las economas dependientes y de cmo la apuesta extractivista/rentista es ms riesgosa y nos va a salir cada vez ms cara. Dos, ya es por tanto, una cuestin de sobrevivencia comenzar un trnsito post-extractivista y post-capitalista en la regin, que incluya adems elementos de adaptacin y resiliencia ante los tiempos por venir (ej. el cambio climtico). Lamentablemente, caminamos en sentido contrario.

Otro elemento a evaluar es el problema de la derechizacin. La del Gobierno bolivariano no est desconectada de la ola reaccionaria que tensiona al mundo. En este sentido, conviene ms analizar estos procesos de derechizacin como una reaccin y sntoma de la crisis global; pero tambin cmo esta se refleja no slo en los gobiernos o partidos contendientes, sino en diversos mbitos de la vida socio-poltica. Las polticas de Donald Trump o la radicalizacin de la avanzada contra la Amazona por parte de Bolsonaro, no son, en esencia, diferentes de la exacerbacin del extractivismo en toda Amrica Latina, de la poltica del saqueo del Gobierno de Maduro, o de la explosin del crimen organizado transnacional en nuestra regin. Todos comparten lgicas de despojo altamente patriarcalizadas y autoritarias, que van extremndose tanto en las formas de violencia, en la devastacin de la naturaleza, como en la asfixia a los ya precarios sistemas democrticos.

As que, hay muchas ms cosas que mirar adems de los gobiernos, partidos y lderes polticos, cuando se trata de reflexionar sobre este nuevo tiempo en la regin. Venezuela nos muestra que, desde las entraas de los procesos tambin germinan formas de derechizacin. La gran expansin y creciente penetracin de las economas ilcitas en los territorios y las prcticas sociales y comunitarias se replica en toda la regin, con mucha fuerza en Centroamrica, Brasil, Colombia, Mxico y Per, y de manera creciente en Ecuador, Bolivia, Argentina, Costa Rica, Paraguay. Estas se conectan con los altos niveles de corrupcin estatal de nuestros pases y conforman coaliciones de poder, gobernanzas criminales, nuevas geografas del despojo. Transforman la fisionoma de los Estados latinoamericanos y de la poltica en general, los cuales estn respondiendo con menos democracia y ms militarizacin y estado de excepcin. A eso nos enfrentamos.

 

Cmo nos enfrentamos a esto? Pueblos en movimiento, nuevas subjetividades y el horizonte de lo comn en tiempos de tormenta

El escenario, como ya se evidencia, es bastante complejo y las preguntas son mucho ms numerosas que las respuestas. Pero en todo caso, no nos conviene mirar solamente lo que domina, lo que agrede, lo que amenaza. Este nuevo tiempo poltico no lo define nicamente la violenta derechizacin. Hay que resaltar tambin aquello que se opone, que re-existe, que construye alternativas, que las transita en el ahora (por tanto, hablamos de cosas que van mucho ms all de los partidos de izquierda, o de si Cristina va a volver o no en Argentina).

El contagioso movimiento de mujeres que crece en varios rincones de la regin; los ya numerosos procesos de consultas populares en Colombia (que se replicaron reciente y exitosamente en Ecuador); el movimiento campesino, las movilizaciones estudiantiles y la Minga indgena del Cauca, nuevamente en Colombia; los movimientos urbanos en Brasil (como el Movimiento Pase Libre); las mltiples movilizaciones y organizaciones sociales que han logrado neutralizar el conjunto de proyectos mineros en el Per; el movimiento mapuche de recuperacin de tierras, en Temuco (Chile); o la Marcha Campesina y la Plataforma de Lucha Campesina que en Venezuela, desde el ao pasado, se ha movilizado, ocupando instituciones y por la recuperacin de tierras, generando solidaridades de otras organizaciones sociales y enarbolando su lucha contra el latifundio. Son algunos ejemplos. Muchos o pocos, fuertes o dbiles, estables o efmeros, son estos movimientos el principal bien de re-existencia que tenemos en la regin.

Pero adems de ellos, emergen tambin mltiples formas de descontento, de rebelda, de solidaridades en red, que tienen otros tiempos, otros cdigos, otras definiciones. Qu sujetos, qu potencialidades surgen de las sostenidas protestas que se desarrollan en Honduras al menos desde 2017? Qu nuevas subjetividades aparecen de las protestas contra Daniel Ortega en Nicaragua? Qu otras de las movilizaciones que derrocaron a Ricardo Rosell en Puerto Rico? O qu podra emerger de un cierto desgaste de la polarizacin poltica en Venezuela, que ha abierto el camino a que actores polticos y organizaciones comiencen a establecer canales, puentes y alianzas para salir de la crisis?

Lo cierto es que existen nuevas subjetividades, otras formas de politicidad, expresiones de solidaridad que son ms movibles que estables, que parecen no tener la forma esperada y una ms clara definicin ideolgica para algunas izquierdas, por lo que no son consideradas como sujetos vlidos para una potencial transformacin emancipatoria. El debate sobre el movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia ha expresado estas tensiones. Por otro lado, existen tambin contradicciones que, con la agudizacin de la crisis, se intensifican en el seno de las organizaciones sociales, lo que tambin se presenta como una tensin en la valoracin sobre las potencialidades emancipatorias. Por ejemplo, numerosas comunidades del pueblo indgena pemn, en el sur de Venezuela, ha luchado frreamente por el derecho a la autodeterminacin en sus territorios ancestrales. Mediante su lucha han logrado desplazar a bandas criminales y militares corruptos que en sus territorios practicaban la minera ilegal de oro. En su lugar, han ocupado las minas y reiniciado la actividad minera, con motobombas y mercurio, ahora para el usufructo de sus comunidades. Varias organizaciones sociales que acompaan a los pueblos indgenas los han apoyado.

Lo esencial de esta discusin es no slo reconocer que el campo popular es contradictorio e hbrido, y probablemente lo sea cada vez ms, sino que el propio antagonismo est en disputa (y en dicha disputa participan inclusive las derechas). Estas nuevas potencialidades, a qu proyecto pueden tributar? Es viable hoy un gran programa emancipatorio en el que confluya la enorme heterogeneidad de subjetividades que buscan un cambio? A parte de esta ltima gran pregunta, es claro que entre los retos fundamentales siguen estando las posibilidades de una articulacin amplia en la diversidad, que logre sumar fuerzas lo suficientes para enfrentar tanto las fuerzas polticas conservadoras/reaccionarias como el sistema econmico global, que funciona en mltiple escalas.

Lo nico que nos queda es lo comn: nuestra casa comn, que abriga y envuelve la vida que nos hermana; nuestras memorias ancestrales, nuestro hacer para la reproduccin de la vida, que slo es posible, en su esencia socio-ecolgica, si se construyen en colectivo. Si la depredacin capitalista se radicaliza, parece necesario radicalizar la apuesta por lo comn. Defendiendo lo comn existente, las ltimas fronteras materiales, culturales y espirituales de los pueblos; y retejer incesantemente en todo lo que ha sido desgarrado por esta lgica civilizatoria, pero tambin en todo lo nuevo que emerge, que es fluido, contradictorio, maleable, que migra y es nmada.

Si la palabra democracia an tiene sentido, todo impulso emancipatorio ante y contra la hidra capitalista tiene que ser por ms democracia, nunca por menos. Siempre ms, ms democracia.

 

* Emiliano Teran Mantovani es socilogo venezolano, miembro del Observatorio de Ecologa Poltica de Venezuela e investigador asociado del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes Universidad Central de Venezuela).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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