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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2019

De qu paz podemos hablar si las instituciones perpetan la opresin de clase, bloqueando cualquier espacio poltico a una oposicin digna de ese nombre?
FARC de la rosa y FARC del fusil

Geraldina Colotti
La Pluma


Con un largo documento de anlisis [ver aqu], las FARC vuelven a ser Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejrcito del Pueblo, y dejan a [email protected] compa[email protected] que no comparten su eleccin el acrnimo Farc (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Comn) con el que se haban transformado en el partido poltico de la rosa con la estrella en el centro, en agosto de 2017. De este modo, se consuma una escisin larga y problemtica que, a partir del grupo dirigente, ha mostrado progresivamente diferencias explcitas de mrito y mtodo que no han encontrado composicin.

De un lado est el ex subsecretario de las Farc, Ivn Mrquez, quien ha vuelto a tomar las armas junto con otros dos lderes histricos, Jess Santrich, recientemente liberado de prisin, y Hernn Daro Velsquez, apodado El Paisa. Del otro se encuentra Rodrigo Londoo, presidente del partido poltico Fuerza Alternativa Revolucionaria del Comn, que rechaz el regreso a las armas para reiterar que la mayora de los ex guerrilleros tiene la intencin de cumplir los compromisos asumidos con los acuerdos de paz de 2016.

Ambos grupos se refieren al espritu de los orgenes, representado por la figura del fundador, Manuel Marulanda (Tirofijo), fallecido en 2008. Las FARC de Mrquez hablan de una segunda Marquetalia, una refundacin de la guerra de guerrillas en la continuidad de los principios que inspiraron su formacin hace ms de cincuenta aos. Las de Londoo replican que Marulanda nos ense a cumplir nuestra palabra, y que su palabra, hoy, es paz y reconciliacin. La paz del sepulcro, desafortunadamente, que se impuso despus de la firma de los acuerdos del 2016, segn un guion ya visto en Colombia, y que desde entonces ya ha provocado la muerte de 500 lderes campesinos e indgenas y 150 exguerrilleros.

Este es el primer punto de reflexin, que se refiere al anlisis de la correlacin de fuerzas y al balance de la viabilidad de la transicin poltica tres aos despus de los acuerdos de La Habana. Qu posibilidades tienen los pocos parlamentarios de las FARC de tener un impacto en un sistema txico y bloqueado, como el colombiano, que permanece desde el asesinato del lder liberal Jorge Eliecer Gaitn, que tuvo lugar en abril de 1948? Qu esperanzas quedan en los acuerdos de paz reducidos a una mera enunciacin en un contexto internacional en el que el Estado colombiano mantiene en Amrica Latina el mismo papel de gendarme que Israel tiene para el Medio Oriente?

Qu posibilidad tiene la fuerza revolucionaria alternativa para abrir un debate en la izquierda y en la sociedad colombiana, sobre la necesidad de un cambio estructural si la transicin poltica no ha conducido a un balance real, a una discusin sobre el mrito, fuera de la retrica de paz y conciliacin que ha garantizado sobre todo los intereses de las cpulas militares? Las zonas desmilitarizadas en las que debera haberse organizado esto encuentro han visto ms boicots que respaldos.

Los espacios de viabilidad poltica en seguridad para una verdadera fuerza revolucionaria alternativa se han reducido progresivamente a cero. La amenaza de extradicin contra Santrich probablemente ha acelerado la decisin. Las condiciones insoportables de los presos polticos y las de Simn Trinidad, rehn de USA, ciertamente han pesado mucho.

La cuestin de la entrega de armas, que segun el grupo de Ivn Mrquez debera haber sido gradual, fue adems, un elemento de divisin con la otra parte de la organizacin. En una guerra no convencional, tratar con armas o sin ellas no es poca cosa, como lo seal la otra organizacin histrica de la guerrilla colombiana, el ELN, que particip tambin en negociaciones, pero permaneciendo operativa.

Lo hemos visto, en otro contexto, tambin en Italia, donde la guerrilla derrotada y desarmada no pudo pesar en la batalla por una solucin poltica revolucionaria al conflicto de clases de la dcada de 1970, que nunca despeg. Y entonces el elemento simblico de la continuidad, que se debe asumir antes de que todo se disperse en una competencia en la que el enemigo dicta los tiempos y las modalidades, tiene su importancia.

Quienes confunden los principios con el dogmatismo y la demagogia, ignorando el terreno de la tctica, ignorando la combinacin necesaria de formas de lucha segn el contexto histrico, seguramente pierde el hilo conductor de la historia. Por esta razn, la decisin de entablar las negociaciones con el gobierno colombiano en 2012, como en otros tiempos en el pasado, y de contar con el apoyo de un contexto latinoamericano que estaba en pleno apogeo, tuvo su relevancia. En lugar que recurrir al ostracismo, necesitamos como siempre, reflexin y balance.

Hemos ganado la ms bella de todas las batallas. La guerra con las armas termin, ahora comienza el debate de ideas, coment el entonces negociador de las FARC, Ivn Mrquez, despus del anuncio del acuerdo alcanzado en La Habana en agosto de 2016. Y en el nivel de confrontacin de lneas y de batalla de ideas, ciertamente deben enmarcarse las opciones de los dos campos revolucionarios, que se medirn en la realidad colombiana.

Ya durante la discusin de las negociaciones, se hizo evidente la diferencia entre quienes definan la fase que seguira como post-conflicto y quienes hablaban de post-acuerdo, conscientes de que el juego para un cambio estructural en la sociedad colombiana se trasladara al terreno poltico, pero abriendo una nueva fase de confrontacin con los poderes de siempre.

Y ya en septiembre, durante la ceremonia pblica para la firma de los acuerdos, en Cartagena, el rugido de los aviones militares que se alzaron en vuelo cuando las FARC dieron su discurso, insinu que el juego sera cuesta arriba. Y, en diciembre, despus de recibir el Premio Nobel de la Paz, el ex presidente colombiano Juan Manuel Santos solicit la adhesin de su pas a la OTAN. En ese momento muchos recordaron el aumento de las ejecuciones extrajudiciales cuando era ministro de Defensa de lvaro Uribe y el asesinato del comandante de las Farc-Ep Ral Reyes, el 2 de marzo de 2008, durante el bombardeo de un campamento guerrillero en Ecuador, en la frontera con Colombia. La idea de paz de Santos surgi tambin de la investigacin llevada a cabo por el gobierno bolivariano (de Venezuela) sobre su papel en la cobertura de los atentados con drones explosivos poco antes de dejar la presidencia a Duque, en agosto de 2018.

Lo del llamado postconflicto pareca tomar la forma de un negocio lucrativo, que tambin involucrara a los pases de Europa, en la mezcla habitual de multinacionales, compaas de seguridad privadas, ejrcitos humanitarios y grandes ONG encargadas del control social.

Una lgica que tambin fue evidente en una mega conferencia que tuvo lugar en Roma en diciembre de 2016, a la que asistieron representantes gubernamentales y fiscales de toda Amrica Central, y en la que intervino el entonces presidente Santos, recin premiado con el Nobel.

La conferencia se titul Legalidad y seguridad en Amrica Latina: estrategias, experiencias compartidas, perspectivas de colaboracin. En ese momento, solo representantes de El Salvador y Nicaragua hablaron durante unos minutos, frente a las cpulas de todas las fuerzas policiales italianas, sobre las causas que producen la delincuencia y el terrorismo. El acuerdo firmado entre Colombia y la OTAN, incubado en los aos en que Santos fue ministro de Defensa de Uribe, establece un entendimiento comn contra el crimen organizado y el terrorismo, basado en el intercambio de informacin durante las misiones humanitarias, las misiones relacionadas con los derechos humanos, la justicia militar, as como ayuda en la lucha contra los delitos relacionados con las drogas y algunos cambios en el sector de la defensa.

Es la filosofa que gua las intervenciones humanitarias, con las que enmascara la injerencia imperialista en las guerras de un nuevo tipo. Un disfraz fcilmente adaptable al rumbo impuesto por la llegada de Trump, que est pisoteando las instituciones internacionales, reemplazndolas por otras artificiales, en abierto contraste con la misma legalidad burguesa.

Esto se vio claramente con la agresin contra la Venezuela bolivariana, que fue golpeada por verdaderas operaciones de piratera internacional llevadas a cabo con la complicidad de los gobiernos capitalistas vasallos de los USA. Las dificultades en que se encuentra el campo progresista en Amrica Latina, el ataque contra los organismos de la cooperacin sur-sur, debido al retorno a la derecha de los dos grandes pases, Argentina y Brasil, con la desercin de Ecuador tras la traicin de Lenin Moreno, y con la expulsin de Venezuela de Unasur y Mercosur, ha reducido en gran medida la incidencia de quienes, a partir de Chvez, haban trabajado por un paso poltico en Colombia, pero que mantendra la puerta abierta a un cambio estructural. Por otro lado, tanto la perspectiva de una reforma agraria como la de una Asamblea nacional constituyente fueron ahogadas progresivamente en sangre.

Juan Manuel Santos ha pedido a la JEP (la Jurisdiccin Especial para la Paz, vigente en Colombia desde marzo de 2017, cuando el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparacin y No Repeticin, fue aprobado por el Senado) nuevas rdenes de arresto para los tres dirigentes de las FARC, definidos como desertores. Su llamado a los dos ex presidentes, el uruguayo Pepe Mujica y el espaol Felipe Gonzlez, para que evalen el estado de los acuerdos de paz pero suena grotesco, considerando el papel activo en la injerencia imperialista mantenido por Felipe Gonzlez en el continente.

Para el partido Farc que ha decidido mantenerse dentro de la legalidad, volver a tomar las armas es una propuesta delirante en el contexto internacional actual. Sin embargo, el largo documento de anlisis presentado por Ivn Mrquez, dej ver que el elemento militar es solo uno de los temas propuestos en el programa de refundacin de la guerrilla. Surge una visin amplia, una especie de llamado a la unidad nacional contra las fuerzas reaccionarias, en el que la actividad clandestina se conjuga con una reconstruccin poltica desde abajo en los territorios y en el campo. Clandestinos por el enemigo, pero no por las masas, en suma. Una visin que se acerca a la de la otra guerrilla histrica, el ELN, con el cual las FARC estn abriendo un acuerdo.

Luego estn las crticas de quienes temen que el regreso a las armas de las Farc acelere la agresin armada contra la Venezuela bolivariana, que siempre ha sido acusada de financiar el terrorismo. Un argumento que nos parece dbil, considerando el papel permanente del gobierno colombiano en la desestabilizacin del pas vecino, llevado a cabo durante todos estos aos. La conferencia de prensa del ministro de Comunicaciones de Venezuela, Jorge Rodrguez, proporcion ms evidencias sobre otros atentados tambin organizados en agosto a partir del territorio colombiano, y frustrados por la inteligencia bolivariana.

El hecho de que Duque, un ttere de Uribe y de USA, haya decidido ospedar la banda de Guaid y sus compinches en Bogot para inventar a un gobierno de transicin 2.0, es otro sabotaje explcito de la propuesta de dilogo lanzada por ensima vez por Maduro a una oposicin golpista que en cualquier pas del mundo ya estara en la crcel.

Precisamente, la creciente agresin contra Venezuela muestra lo difcil que es mantener la paz combinndola con la justicia social si ests en el gobierno de un pas. De qu tipo de paz podemos hablar en Colombia, donde las instituciones se utilizan para perpetuar la opresin de clase, bloqueando cualquier espacio de actuacin poltica segura por parte de una oposicin digna de ese nombre?

Ivn Mrquez motiv la eleccin de retomar las armas apelando al derecho universal que garantiza a todos los pueblos del mundo a levantarse en armas contra la opresin, y como una forma de defensa de las comunidades rurales y urbanas, a merced del paramilitarismo despus la desmovilizacin de la guerrilla. Enumer, en una visin marxista, las tantas traiciones perpetradas a lo largo de la historia por los gobiernos colombianos contra el proyecto de construccin de la Patria Grande promovido por Bolvar. Al mismo tiempo, agradeci a todos los actores polticos que contribuyeron al proceso de paz que la oligarqua colombiana se dedic a demoler, y dej la puerta abierta al dilogo, incluso con esa parte de la organizacin que decidi quedarse en el terreno legal.

Devolviendo al remitente las acusaciones de Duque y socios, el gobierno bolivariano tambin ha reiterado su deseo de favorecer un nuevo camino de dilogo, que, sin embargo, no ser para maana y cuyo resultado depender de la acumulacin de fuerzas de quienes luchan para lograr un verdadero cambio de rumbo en Colombia.


Fuente: lAntidiplomatico



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