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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2019

Marxismo y ecologismo, Manuel Sacristn un precursor ms actual que nunca

Ariel Petruccelli
La izquierda diario


Nota de edicin: En esta colaboracin especial para el semanario Ideas de Izquierda, Ariel Petruccelli realiza un recorrido por la obra de Manuel Sacristn (1925-1985), en particular sobre su concepcin de las relaciones entre marxismo y ecologa. Abrimos de esta forma una seccin de debate en el semanario sobre el tema, en la cual publicaremos prximas contribuciones en los nmeros siguientes.

***

Para Salvador, por todo.

"Manuel Sacristn pens el ecosocialismo antes de que el trmino ni siquiera existiera" (Jorge Riechmann)

Al borde del abismo

El planeta arde. La casa est en llamas, gritan jvenes militantes ecologistas; y el conjunto de la ciudadana, a escala global, comienza a comprender que algo grande est ocurriendo. Huracanes cada vez ms devastadores azotan aqu y all. Los desiertos avanzan en Asia, en frica, en Brasil. El calentamiento global es ya una realidad que se percibe a simple vista o a simple piel. El agua potable se ha convertido en un lujo para millones de personas. Y la lista sigue, y sigue.

Imbciles, criminales, mercenarios y mercenarias bien pagados por corporaciones capitalistas persisten en seguir negando el cambio climtico. Pero ya casi nadie les cree: la cosa es obvia incluso para quien no se quiere enterar. Sin embargo los combates nunca son fciles. Las estrategias cambian. Se dice entonces por ejemplo que no est demostrado que el aumento de la temperatura sea producido por acciones humanas: son cambios propios de la naturaleza ante los que poco o nada se puede o se debe hacer. Pero la inmensa mayora de la comunidad cientfica piensa lo contrario. Y la enorme velocidad del proceso es prueba bastante clara de que el calentamiento global se debe esencialmente a emisiones de carbono producto de humanas actividades. Los acuerdos internacionales para reducir las emisiones ratifican sobradamente esta conclusin. Pero los acuerdos no se cumplen, las metas no son alcanzadas. Y la bomba est a punto de estallar.

Entonces aparece otra estrategia, vieja como el capitalismo, pero que siempre se puede remozar. Siempre til, siempre lista, siempre potencialmente eficaz: la carta nacional, el nacionalismo. Y entonces se pretende instalar que las emisiones de carbono son producto de las flatulencia de la vacas del sur (para escamotear lo que les corresponde a las automotrices del norte); se cierran las fronteras para que las hordas africanas que huyen de la miseria (ahora acrecentada por la veloz desertificacin producida por el aumento de las temperaturas) no ingresen en la pulcra Europa, o los famlicos mexicanos y centroamericanos dejen de emigrar por cientos de miles a los Estados Unidos de los sueos devenidos pesadillas. Y junto a los enfoques nacionalistas se cuela una perspectiva individualista, muy a tono con la sensibilidad posmoderna: todos y todas seramos responsables, democrticamente por igual. As de simple; as de falso. De una u otra forma la esencia discursiva es la misma: responsabilizar a cualquiera, a lo que sea, a cualquier cosa, pero evitar a toda costa que las miradas se posen en el verdadero responsable: el sistema econmico capitalista orientado por la ganancia privada y necesitado de un crecimiento econmico permanente. Porque la cosa es clara, clarsima. No hay capitalismo sin crecimiento. Esto es indudable. Pero no hay crecimiento ilimitado en un planeta finito. No menos indudable, no menos claro. El capitalismo es el verdadero enemigo de la naturaleza. El capital depreda, esto ya lo dijo Marx en pginas que muchos marxistas pasaron por alto, a las dos fuentes de toda riqueza: el trabajo y la naturaleza. Diferentes formas de reformismo ms o menos keynesiano pudieron por un tiempo atemperar el carcter antagnico de la relacin trabajo/capital. Pero el costo ha sido el arribo a una situacin catastrfica hoy ya evidente para quien no quiera cegarse de la relacin capital/naturaleza.

Ecologa y marxismo

Los problemas ecolgicos no han figurado entre las preocupaciones primeras de las izquierdas revolucionarias. Falaz sera negarlo. Y, sin embargo, empieza a ser dramticamente obvio que esto debe cambiar. Y est cambiando.

Curiosamente, uno de los autores ms injustamente olvidados de la tradicin marxista fue un autntico precursor de la voluntad de vincular a la tradicin emancipatoria comunista del movimiento obrero y la ecologa poltica. Se trata de Manuel Sacristn (1925-1985).

Pero el traer a la memoria al autor de Panfletos y materiales no tiene que ver con un acto de reparacin histrica, aunque tambin. Sucede que Sacristn no fue solo un precursor en reflexionar y actuar sobre una problemtica que hoy es urgente. Bien miradas las cosas, su enfoque de la cuestin parece esencialmente acertado. Y adems es verdaderamente programtico: una excelente brjula, un til mapa para orientarse y para avanzar con conciencia y praxis ecolgica en la perspectiva del socialismo revolucionario. No se trata de volver a sus textos para hallar all todas las respuestas. De hecho, uno de los aspectos ms destacables del ecologismo socialista de Manuel Sacristn se funda en el llamado a estudiar los problemas con denuedo, asumiendo que no tenemos todas las respuestas. Nos insta a abandonar la fcil crtica meramente filosfica, para aplicar el mximo rigor cientfico huyendo de las simplificaciones bien-pensantes. La crtica es necesaria, indispensable, sostuvo, pero el conocimiento bien fundado no lo es menos. As lo dej claro, por ejemplo en una conferencia cuyo motivo no resulta hoy (casi cuatro dcadas despus) en absoluto extrao: Por qu faltan economistas en el movimiento ecologista? [1].

Superando las miradas puramente sensibleras de la cuestin ecolgica, las tentaciones no racionales (cuando no directamente irracionalistas), las perspectivas simplistas, Sacristn abon por un marxismo ecologista que combinaba inclaudicable firmeza en los principios con sutil e informado conocimiento. Una cosa es el amor a la naturaleza y el respeto a las culturas cosas ambas que Sacristn inst siempre a cultivar, y cultiv, otra muy diferente es la ignorancia, por buenas intenciones que se tengan. En tal sentido alguna vez dijo:

[] cuando, por ejemplo, se saca a colacin a los sioux en particular, que suelen ser ejemplo muy aducido, o a los indios de las praderas en general, se comete un grave error. Es verdad que el hombre blanco ha destruido, ha hecho la barbaridad ecolgica de la destruccin del bisonte cuando ya all haba un cierto equilibrio reconstituido, pero el bisonte era la especie dominante en la pradera porque los indios de las praderas haban hecho la barbaridad ecolgica de destruir el bosque americano para dar pasto natural al bisonte. Es decir, que la historia de la contradictoriedad de esa terrible dialctica hombre- naturaleza, vista desde la conciencia ecologista moderna, es mucho ms complicada de lo que a veces filsofos naturistas con muy buena intencin piensan, dando flanco a fciles destrucciones por parte de todos los lacayos de las compaas elctricas y de otras grandes industrias pesadas[ 2 ].

Cuando ya despuntaba el relativismo posmoderno, el todo vale, la reduccin despistada de ciencia a ideologa (con la consiguiente consecuencia de dejar en manos de las corporaciones la produccin cientfico-tcnica), el aplanamiento de todo conocimiento bajo un perezoso t tienes tu verdad y yo la ma, Sacristn supo ver con claridad tanto la potencia indubitable de la ciencia como sus peligros, y discriminar en dnde reside cada una de estas dimensiones:

[] en este final de siglo estamos finalmente percibiendo que lo peligroso, lo inquietante, lo problemtico de la ciencia es precisamente su bondad epistemolgica. Dicho retorciendo la frase de Ortega: lo malo de la Fsica es que sea buena, en cierto sentido un poco provocador que uso ahora. Lo que hace problemtico lo que hacen hoy los fsicos es la calidad epistemolgica de lo que hacen. Si los fsicos atmicos se hubieran equivocado todos, si fueran unos idelogos pervertidos que no supieran pensar bien, no tendramos hoy la preocupacin que tenemos con la energa nuclear. Si los genetistas hubieran estado dando palos de ciego, si hubieran estado obnubilados por prejuicios ideolgicos, no estaran haciendo hoy las barbaridades de la ingeniera gentica. Y as sucesivamente [ 3 ].

La ciencia es potente porque es epistemolgicamente slida. Esto es lo que la hace poltica y socialmente peligrosa. No se trata, pues, de denunciar o renunciar a la ciencia, sino de colocarla al servicio de las humanas necesidades, antes que de la acumulacin de capital (recrear la alianza entre el movimiento obrero y la ciencia). Cuando ya comenzaban a proliferar enfoques romnticos que idealizaban el pasado, la naturaleza o a otras culturas supuestamente armnicas por medio de enfoques ideolgicos que tendan a rechazar el conocimiento cientfico en s mismo, Sacristn apel a un doble compromiso. Y por eso supo decir sin subterfugios: Al pie de la letra, me parece falso que solo en la ciencia sea posible la comparacin. Lo que solo es posible en la ciencia es la valoracin comparativa. Todas las culturas estn igual de cerca de Dios, dijo Ranke. Hay que aadir: pero no todas las ciencias [4]. Y con esto de fondo, extrajo conclusiones poltico-ideolgicas no menos sugerentes:

Desde este punto de vista moral, los etnlogos estructuralistas tienen, en mi opinin, toda la razn, pero, en el siglo en que estamos, lo que ms nos amenaza es la confusin mental y hay que intentar ser claros, hay que intentar saber, a la vez, que uno est a favor del indgena cruelmente arrancado a su mundo y su naturaleza y en contra de que se diga que la ignorancia es consciencia.Que esto es ms complicado que ser unilateralmente cientificista o anficientificista? De acuerdo. Pero me parece que el problema de nuestra sociedad y nuestra cultura ha llegado ya a tal grado de complicacin que hay que empezar a no ser simplistas y aceptar, a la vez, que uno tiene que jugrselas por los indios de Brasil y tambin por la conciencia cientfica del espritu revolucionario [ 5 ].

Apelar a este doble compromiso es hoy en da tan necesario como hace 40 aos, y ms urgente. Y conviene reparar qu significa el jugrselas de Sacristn. En nuestros tiempos de academicismo sin compromisos polticos o con compromisos dentro de lo permisible, hay que recordar que Manuel Sacristn desarroll casi toda su vida bajo la bota del franquismo, contra el que milit sin ninguna tregua, y s con renuncias y costos. En dos ocasiones -en 1956 y en 1965- rechaz Sacristn atractivos ofrecimientos de centros universitarios extranjeros de primer nivel para elegir la dura y (materialmente) pobre vida de combatiente del PSUC (el partido de los comunistas catalanes) en la Espaa dictatorial. Cuando Manuel Sacristn deca jugrsela, era jugrsela. Sin comillas.

La comprensin cabal de los problemas ecolgicos entraaba para Sacristn la necesidad de asumir profundas transformaciones, no solo sociales, sino tambin personales. Para l ya era muy claro, a finales de los aos setenta, que lo personal es poltico. En una conferencia de 1983 afirm:

Un sujeto que no sea ni opresor de la mujer, ni violento culturalmente, ni destructor de la naturaleza, no nos engaemos, es un individuo que tiene que haber sufrido un cambio importante. Si les parece, para llamarles la atencin, aunque sea un poco provocador, tiene que ser un individuo que haya experimentado lo que en las tradiciones religiosas se llamaba una conversin [ 6 ].

Y luego precis, como para que nadie se llamara a engao:

[] mientras la gente siga pensando que tener un automvil es fundamental, esa gente es incapaz de construir una sociedad comunista, una sociedad no opresora, una sociedad pacfica y una sociedad no destructora de la naturaleza. Por qu? Porque se trata de bienes esencialmente no comunistas, como dira Harich. Imagnense ustedes 1.000 millones de chinos, cada familia, con su coche; a 4.000 millones de habitantes de la tierra, cada familia, con su coche. Eso es insostenible. La Tierra solo puede soportar eso si muchos no tienen coche [ 7 ].

Consecuente con este diagnstico informado y realista, Manuel Sacristn no se privaba de extraer las consecuencias polticas incluso en el plano personal, en la propia vida privada:

[] esto conlleva un corolario para el militante de izquierda en general, obrero en particular, comunista ms en particular: el ponerse a tejer, por as decirlo, el tener telar en casa: no se puede seguir hablando contra la contaminacin y contaminando intensamente [ 8 ].

El filsofo de la mesura radical

Pero su compromiso poltico no se basaba en un dogma. Su compromiso intelectual y emocional con la tradicin marxista-comunista entraaba un permanente ejercicio de auto-crtica. Su clebre conferencia Sobre el estalinismo dice mucho al respecto [9]. Pero aqu nos ocupa su abordaje ecolgico. En su Comunicacin a las Jornadas de Ecologa y Poltica de 1979, en seis apretados puntos, esboz un verdadero manifiesto de marxismo ecolgico (que, todo sea dicho, en su momento no fue objeto de mucha comprensin por parte de las organizaciones de la izquierda radical). En el punto nmero uno pona las cartas sobre la mesa:

La principal conversin que los condicionamientos ecolgico proponen al pensamiento revolucionario consiste en abandonar la espera del Juicio Final, el utopismo, la escatologa, deshacerse del milenarismo. Milenarismo es creer que la Revolucin Social es la plenitud de los tiempos, un evento a partir del cual quedarn resueltas todas las tensiones entre las personas y entre stas y la naturaleza, porque podrn obrar entonces sin obstculo las leyes objetivas del ser, buenas en s mismas, pero hasta ahora deformadas por la pecaminosidad de la sociedad injusta. La actitud escatolgica se encuentra en todas las corrientes de la izquierda revolucionaria. Sin embargo, como esta reflexin es inevitablemente autocrtica (si no personalmente, si en lo colectivo), conviene que cada cual se refiera a su propia tradicin e intente continuarla y mejorarla con sus propios instrumentos. En el marxismo, la utopa escatolgica se basa en la comprensin de la dialctica real como proceso en el que se terminan todas las tensiones o contradicciones. Lo que hemos aprendido sobre el planeta Tierra confirma la necesidad (que siempre existi) de evitar esa visin quilistica de un futuro paraso armonioso. Habr siempre contradicciones entre las potencialidades de la especie humana y su condicionamiento natural. La dialctica es abierta. En el cultivo de los clsicos del marxismo conviene atender a los lugares en los que ellos mismos ven la dialctica como proceso no consumable [ 10 ].

Marxismo depurado, podramos decir. Atento a las terribles seales de la realidad pero slidamente parado en los principios: no engaar, no engaarse. Por eso poda concluir afirmando que hemos de ver que somos biolgicamente la especie de la hybris, del pecado original, de la soberbia, la especie exagerada. El desarrollo capitalista entraa, necesariamente, desmesura. Y una desmesura potencialmente auto-destructiva de la propia especie humana. Ante ello, el Sacristn ecolgicamente consciente reivindicar el valor de la mesura. Apel, pues, al desarrollo de una tica revolucionaria de la mesura y la cordura. Esto es, mesura en el consumo, mesura en la relacin con la naturaleza, mesura en la produccin de bienes. Pero la mesura no se contrapona al radicalismo. Al contrario, Sacristn asuma que en trminos ecolgicos haba que ser muy radical. Los problemas son tales, y de tal magnitud, que no hay ni tiempo para el gradualismo ni es sensato el reformismo. La crisis ecolgica en la que se estaba sumergiendo la humanidad era una crisis que exigira soluciones radicales, revolucionarias. Y no es que esperara Sacristn grandes e inminentes xitos del movimiento obrero revolucionario. Ms bien al contrario, en 1981 declar sin atenuantes que se vivan tiempos de derrota, y que nadie de su generacin vivira cambios sociales progresivos. Ello no obstante, y a pesar del slido posicionamiento del capitalismo y del naciente neo-liberalismo, la dialctica perversa del desarrollo capitalista continuara operando: el capitalismo llevara ineludiblemente a una situacin de crisis ecolgica colosal. Poda dudar Sacristn de si se hallaran soluciones a tiempo. De lo que no dudaba es de que las soluciones, si las hubiera, tendran que ser revolucionarias. Vale decir, con cambio radical de las estructuras econmicas y con modificacin sustantiva de las finalidades sociales. Tampoco dud respecto a que el movimiento obrero debera ser un actor clave. En tal sentido escribi:

Las clases trabajadoras [] se tienen que seguir viendo como sujeto revolucionario no porque en ellas se consume la negacin absoluta de la humanidad, negacin a travs de la cual vaya a irrumpir la Utopa de lo ltimo, sino porque ellas son la parte de la humanidad del todo imprescindible para la supervivencia [ 11 ].

La clase trabajadora deba ser vista, y tendra que verse a s misma, como sustentadora de la especie, conservadora de la vida. En esta lnea de pensamiento, Sacristn explor las opciones polticas, proponiendo simultanear prcticas indispensables a dos niveles: el del ejercicio del poder estatal [12] y el de la vida cotidiana. Ambos necesarios, ambos insuficientes sin la complementariedad del otro. Pero tambin aclar:

Las dos prcticas complementarias han de ser revolucionarias, no reformistas, y se refieren especficamente al poder poltico estatal y a la vida cotidiana. Es una conviccin comn a todos los intentos marxistas de asimilar la problemtica ecolgico-social que el movimiento debe intentar vivir una nueva cotidianeidad, sin remitir la revolucin de la vida cotidiana a despus de la Revolucin, y que no debe perder su tradicional visin realista del problema del poder poltico, en particular estatal [ 13 ].

Problemas colosales, soluciones radicales. Pero se trata de un radicalismo no alocado, un radicalismo cientficamente informado y mesurado. Su perspectiva poltica ahondaba todava analizando problemas conexos, que siguen siendo hoy nuestros problemas. Por ejemplo sostuvo que la crisis ecolgica aumenta la validez y la importancia del principio de planificacin global y del internacionalismo.

Manuel Sacristn ya lo saba: el crecimiento econmico ilimitado es una ilusin criminal. Lo que nuestra especie y el resto de las especies que comparten con nosotros este planeta necesitan es un reparto igualitario de las riquezas (que no son pocas) y de los esfuerzos, reducir las actividades industriales y el consumo superfluo, planificar la economa y equilibrar el metabolismo socio-natural. Nada de esto es posible sin abolir el capitalismo como modo de produccin.

Fredric Jameson dijo alguna vez que hoy en da es ms fcil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Pues bien, hay que atreverse a imaginar el fin del capital. Al menos para empezar. Y quiz no nos quede mucho tiempo.

Notas:

[1] Manuel Sacristn, Por qu faltan economistas en el movimiento ecologista?, en su Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Barcelona, Icaria, 1987, pp. 48-56.

[2] Manuel sacristn, Reflexin sobre una poltica socialista de la ciencia (1979), en su Seis conferencias, Edicin de Salvador Lpez Arnal, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, pp. 64-65.

[3] Manuel Sacristn, Reflexin sobre una poltica socialista de la ciencia (1979), en su Seis conferencias, op. cit., p. 62.

[4] Observacin de lectura. Documentacin del autor depositada en la Biblioteca de la Facultad de Econmicas y Polticas de la Universidad de Barcelona (Espaa). Reproducido en Manuel Sacristn, Aforismos. Una antologa de textos de Manuel Sacristn Luzn, Edicin seleccin y notas de Salvador Lpez Arnal, edicin digital en el sitio Rebelin, disponible en http://www.rebelion.org/docs/44140.pdf, p. 40.

[5] Manuel Sacristn, Algunas actitudes ideolgicas contemporneas ante la ciencia (1969), en M. Sacristn y F. Fernndez Buey, Barbarie y resistencias. Sobre movimientos sociales crticos y alternativos, Vilassar de Mar, El Viejo Topo, 2019 (Edicin de Salvador Lpez Arnal y Jordi Mir), pp. 44-45.

[6] Manuel Sacristn, Tradicin marxista y nuevos problemas, en Seis conferencias. Sobre tradicin marxista y nuevos problemas, op. cit., p. 139.

[7] Ibdem, p. 140.

[8] Manuel Sacristn, Aforismos. Una antologa de textos de Manuel sacristn Luzn, op.cit., p. 58.

[9] En el dilogo abierto luego de la intervencin de Sacristn, ante un pblico integrado mayormente por antiguos y actuales militantes comunistas, el filsofo afirm ante una pregunta: [...] el estalinismo ha sido una tirana sobre la poblacin sovitica, una tirana asesina sobre el proletariado sovitico y conservar la nostalgia de eso es estpido y criminal. Ver Manuel Sacristn, Sobre el estalinismo, en su Seis conferencias. Sobre tradicin marxista y nuevos problemas, op. cit., p. 46.

[10] Manuel Sacristn, Comunicacin a las Jornadas de Ecologa y Poltica (1979), en su Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Barcelona, Icaria, 1987, p. 14.

[11] Ibdem, p. 14.

[12] Sacristn nunca renunci a la perspectiva de que la realizacin del socialismo implicara una ruptura con el sistema socio-poltico vigente. Fue crtico del llamado euro-comunismo y de los pactos de la Moncloa.

[13] Ibdem, p. 16.


Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Marxismo-y-ecologismo-Manuel-Sacristan-un-precursor-mas-actual-que-nunca

 



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