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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2019

La importancia de la memoria histrica europea para el futuro de Europa
No es lo mismo

Rafael Poch de Feliu
Blog personal

Cmo el Parlamento Europeo aprueba la versin de la historia de la Segunda Guerra Mundial de la derecha polaca, de acuerdo con los planes estratgicos de Estados Unidos en el continente.


Con su resolucin de 19 de septiembre sobre la Importancia de la memoria histrica europea para el futuro de Europa, el Parlamento Europeo, ha dado un nuevo y vergonzoso paso en la reescritura de la historia europea. A iniciativa de 19 diputados, 18 de ellos polacos y uno letn, una feliz coalicin de conservadores, liberales, nacionalistas, socialdemcratas y algunos verdes, aprob, por 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones, un retroceso ideolgico hacia los peores tiempos de la guerra fra, en palabras de la Federacin Internacional de combatientes de la Resistencia (FIR).

La resolucin afirma la curiosa tesis de que La Segunda Guerra Mundial fue el resultado directo del infame Tratado de no Agresin nazi-sovitico de 23 de agosto de 1939, tambin conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop. La Unin Sovitica y la Alemania nazi, los dos principales adversarios de la Segunda Guerra Mundial, son de nuevo presentados como gemelos: dos regmenes totalitarios que compartan el objetivo de conquistar el mundo, repartirse Europa en dos zonas de influencia. Poniendo un nuevo signo de igualdad, se pide a los estados miembros que conmemoren el 23 de agosto como Da Europeo de las Vctimas del Estalinismo y del Nazismo a escala tanto nacional como de la Unin, y se llama a elevar los nimos blicos agitando a las generaciones ms jvenes para fomentar la capacidad de resistencia ante las amenazas modernas que se ciernen sobre la democracia.

Una vieja ideologa de nuevo funcional

Esta amalgama no tiene nada de inocente y est directamente relacionada con las actuales y artificiales tensiones de nueva guerra fra a las que han conducido un cuarto de siglo de marginacin de Rusia de un sistema de seguridad atlantista contra ella dirigido, va ampliacin de la OTAN, abandono de acuerdos de desarme e instalacin de infraestructuras militares junto a sus fronteras. Tampoco es algo nuevo.

En el pasado, poner el signo de igualdad entre nazismo y comunismo fue extremadamente funcional en el periodo de posguerra, cuando el frente aliado de la coalicin anti Hitler del que la URSS era pilar fundamental, se fractur dando lugar a la nueva tensin entre potencias del mundo bipolar que conocemos como guerra fra entre Estados Unidos y la URSS. El paralelismo y la equivalencia entre nazismo y comunismo estalinista rehabilit a los ex nazis alemanes que construyeron la Repblica Federal Alemana , integrndolos en la primera lnea del frente comn anticomunista en Europa. Gracias a la teora de los totalitarismos de uno u otro signo , los ex nazis fueron eximidos de la mitad de su culpa: por un lado eran culpables de atrocidades, pero por el otro haban sido precursores en la lucha contra el nuevo enemigo, al que se haban anticipado identificndolo aunque fuera desde una ideologa algo equivocada . En Alemania occidental, donde apenas hubo desnacificacin, un pequeo ejercicio verbal de arrepentimiento, les bast para convertirse en cristiano-demcratas, liberales e incluso socialdemcratas, no solo sin renegar de su pulso contra el comunismo, sino reivindicndolo. Franco sac buen partido de ese mismo recurso reciclando la criminal alianza de su rgimen con las potencias del eje para convertir a Espaa en base militar aeronaval del mundo libre y reserva espiritual de Occidente .

Mantener la divisin continental

Ahora esa misma ideologa, que en la Europa de los aos, sesenta, setenta y ochenta habra sido considerada desvergonzado disparate reaccionario, avanza impulsada por la dinmica de nueva tensin con la Rusia postsovitica (cuyo comunismo es igual a cero), acusada de amenazar Europa pese a que su gasto militar es ms de catorce veces inferior al del conglomerado noratlntico que la rodea. En este despropsito, que retrata un aspecto del regreso de la Europa parda, no hay nada de casual.

Algunos pases del Este de Europa, enemigos histricos de Rusia son utilizados para la estrategia de divisin continental impulsada desde Washington. Es sabido, y los documentos oficiales de los estrategas de Washington as lo proclaman desde hace aos, que imposibilitar el ascenso de la Unin Europea como sujeto autnomo, por ejemplo con una poltica independiente en Oriente Medio, es el objetivo estratgico de Estados Unidos en el continente, por lo que es imperativo mantener una tensin artificial con Rusia. Una relacin normalizada de la Unin Europea con la nacin ms poblada de Europa y la ms rica en recursos, adems de su principal suministrador energtico, es condicin sine qua non para esa hipottica autonoma.

Los gobiernos de pases como Polonia y las repblicas blticas actan como el caballo de Troya de ese propsito, con el que sus gobiernos ultraconservadores sintonizan -por razones histricas bien comprensibles dada la tormentosa relacin de esos pases con Rusia en el siglo XIX y XX. Su ingreso en la OTAN y en la UE fue priorizado desde Estados Unidos por esa razn y sus gobiernos tienen en ese papel de acicate anti ruso su principal carta de influencia en Washington y en Bruselas. Es significativo que la resolucin llame a fomentar, en particular entre las generaciones ms jvenes, la fuerza de resistencia ante las amenazas modernas que se ciernen sobre la democracia, dando por buena la leyenda de la amenaza rusa sobre Europa que esos pases proclaman de forma histrica, as como apelando a tomar firmes medidas ante la guerra de la informacin librada contra la Europa democrtica con el objetivo de dividirla, es decir a silenciar el aparato de propaganda ruso en el continente que asegura un pluralismo de propagandas que debilita los monopolios establecidos.

La desvergenza de los diputados polacos, y la tontera de los diputados que han votado esta resolucin muchos de ellos seguramente sin leerla o sin entenderla, llega al extremo de solicitar la declaracin del Dia Internacional de los hroes de la lucha contra el totalitarismo, el 25 de mayo, aniversario de la ejecucin de un militar anticomunista polaco, Witold Pilecki, que fue internado en Auschwitz por los nazis en una rocambolesca historia y posteriormente ejecutado por los comunistas polacos como agente militar del gobierno polaco en el exilio. Aqu la intencin que se adivina es eminentemente nacional: blanquear la escandalosa complicidad polaca en el holocausto, as como la sintona de la Polonia de preguerra con los nazis, con quienes firm un acuerdo de no agresin en 1934. Polonia fue cmplice en la desmembracin nazi de Checoslovaquia en 1938 y sus dirigentes tuvieron una gran responsabilidad en la posterior ruina de su nacin, algo de lo que se prefiere no hablar . Europa debe odiar a los rusos, de acuerdo con el nacionalismo polaco, y para ello se falsifica y manipula lo que haga falta.

Totalitarismos de uno u otro signo

La llamada teora de los totalitarismos intent explicar el hecho histrico de que en el siglo XX algunos sistemas tuvieron un nivel de coercin y control poltico tan superior al de la mayora de las dictaduras, que merecan una nueva categora. Pero el trmino totalitarismo no tiene un claro contenido y s claros inconvenientes. Uno de ellos es que no es un concepto histrico, sino propagandstico cuyo uso se generaliz durante la guerra fra. En la prctica sirvi para rehabilitar a los nazis y movilizar a Occidente contra el comunismo. Desde ese trmino, los propagandistas occidentales introdujeron la idea del comunismo y el estalinismo como despotismos sin relacin alguna con el pasado, obviando toda explicacin histrica. La historia de la autocracia y el absolutismo rusos, con una larga tradicin secular y de la que el estalinismo fue genuina expresin en las condiciones tcnicas del siglo XX, simplemente desapareci en beneficio de una cruzada ideolgica encaminada a demonizar la peligrosa idea de la nivelacin social.

Fue as como una teologa de la maldad explic, por ejemplo, la compleja historia del acuerdo germano-sovitico de agosto de 1939, que viene despus, y no antes, de acuerdos similares de no agresin firmados por Polonia con los nazis contra la URSS, o del espectculo de Munich que convenci definitivamente a los soviticos de que los liberales occidentales acabaran alindose con los nazis contra la URSS, o por lo menos dejndoles hacer en el Este, tal como el propio Hitler confirma en sus reflexiones pstumas transcritas por su ltimo secretario personal, Martin Bormann.

Tras la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, la teora del totalitarismo se utiliz para presentar al nazismo y al comunismo estalinista como hermanos gemelos, ignorando la diferencia ideolgica fundamental; que no puede haber un buen nazismo, contrario a todo planteamiento humanista, pero s un buen socialismo que desarrolle ideales humanistas radicalmente antagnicos con el antihumanismo estalinista.

El punto de vista de Primo Levi

Todo esto era bastante banal en la Europa de la guerra fra. En uno de los libros ms importantes del siglo, la Triloga de Auschwitz (1971), Primo Levi, un superviviente de aquella catedral de la historia europea, relataba en estos trminos las diferencias entre los Lager alemanes y los soviticos. La principal, deca, consiste en su finalidad:

Los Lager alemanes constituyen algo nico en la no obstante sangrienta historia de la humanidad: al viejo fin de eliminar o aterrorizar al adversario poltico, unan un fin moderno y monstruoso, el de borrar del mundo pueblos y culturas enteros. A partir de mas o menos 1941, se volvieron gigantescas mquinas de muerte: las cmaras de gas y los crematorios haban sido deliberadamente proyectados para destruir vidas y cuerpos humanos en una escala de millones; la horrenda primaca le corresponde a Auschwitz, con 24.000 muertos en un solo da de agosto de 1944. Los campos soviticos no eran ni son, desde luego, sitios en los que la estancia sea agradable, pero no se buscaba expresamente en ellos, ni siquiera en los aos ms oscuros del estalinismo, la muerte de los prisioneros: era un hecho bastante frecuente y se lo toleraba con brutal indiferencia, pero en sustancia no era querido; era, en fin, un subproducto debido al hambre, el fro, las infecciones, el cansancio. En esta lgubre comparacin entre dos modelos de infierno, hay que agregar que en los Lager alemanes, en general, se entraba para no salir: ningn otro fin estaba previsto ms que la muerte. En cambio en los campos soviticos siempre existi un trmino: en la poca de Stalin los culpables eran condenados a veces a penas largusimas (incluso de quince y veinte aos) con espantosa liviandad, pero subsista una esperanza de libertad, por leve que fuera.

De esta diferencia fundamental nacen las dems. Las relaciones entre guardias y prisioneros, en la Unin Sovitica, estn menos deshumanizadfas: todos pertenecen al mismo pueblo, hablan la misma lengua, no son superhombres e infrahombres como bajo el nazismo. Los enfermos, an mal, son atendidos; ante un trabajo demasiado duro es concebible una protesta, individual o colectiva; los castigos corporales son raros y no demasiado crueles: es posible recibir cartas y paquetes de vveres de casa; en una palabra, la personalidad humana no est negada ni se pierde totalmente. En contraposicin, al menos por lo que haca a los judos y gitanos, en los Lager alemanes el exterminio era casi total: no se detena ni siquiera ante los nios, que murieron por centenares de miles en las cmaras de gas, caso nico entre las atrocidades de la historia humana. Como consecuencia general, los niveles de mortandad resultan bastante diferentes en los dos sistemas. Al parecer, en la Unin Sovitica, en el periodo ms duro, la mortandad era de un 30 por ciento de la totalidad de los ingresados, un porcentaje sin duda intolerablemente alto; pero en los Lager alemanes la mortandad era del 90-98 por ciento.

En conclusin, los campos soviticos siguen siendo una manifestacin deplorable de ilegalidad y deshumanizacin. Nada tienen que ver con el socialismo sino al contrario: se destacan en el socialismo sovitico como una fea mancha; han de considerarse ms bien como una barbarie heredada del absolutismo zarista de la que los gobiernos soviticos no han sabido o no han querido liberarse. Quien lea las Memorias de la casa de los muertos , escrito por Dostoyevski en 1862, no tendr dificultad en reconocer los mismos rasgos carcelarios descritos por Solzhenitsin cien aos despus. Pero es posible o, ms bien, es fcil imaginar un socialismo sin Lager: en muchas partes del mundo se ha conseguido. No es imaginable, en cambio, un nazismo sin Lager .

La historia es una obra en construccin. Cada generacin, grupo social y nacin, la reescribe a su medida constantemente. A lo que asistimos hoy en la Unin Europea es a la reescritura de una versin de la historia de la Segunda Guerra Mundial de la derecha polaca, acorde con los planes estratgicos de Estados Unidos para mantener al continente divido y en tensin interna.

(Publicado en Ctxt)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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