Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2019

Terror, genocidio y giro genocrtico

Yassin al-Haj Saleh
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



Desde el final de la Guerra Fra, el terrorismo se ha convertido en el principal "mal" poltico del mundo de forma tal que se ignora o incluso recompensa la violencia perpetrada por los Estados, aun cuando esa violencia alcance la escala del genocidio, escribe Yassin al-Haj Saleh.

El siglo XX fue el siglo del de colonialismo, del imperialismo y de dos guerras libradas por las potencias europeas en el escenario mundial bautizadas como Guerras Mundiales. Un siglo que fue testigo del nazismo, del fascismo y de los genocidios. Tambin fue el siglo del socialismo, de los movimientos de liberacin nacional y de la descolonizacin. Pero, por encima de todo ello, fue un siglo de conflicto poltico e ideolgico extremadamente intensos que termin en la victoria global del capitalismo.

Durante ese breve siglo, que comenz con la Primera Guerra Mundial y termin con el final de la Guerra Fra, las definiciones de maldad poltica, segn Eric Hobsbawm, fueron variando en funcin del campo al que perteneciera cada uno. Para los nacionalistas en los pases colonizados, el mal poltico estaba encarnado por el colonialismo. Para los nacionalistas y socialistas del tricontinente Asia, frica y Amrica Latina, por el imperialismo. Para los comunistas, por el capitalismo. Para Estados Unidos, por el socialismo y el comunismo. Para los liberales, por el totalitarismo. Para los demcratas en nuestros pases, por una tirana o una dictadura. En cierto modo, estas definiciones permanecen vigentes hoy, aunque estn ahora despojadas del poder de movilizacin al no poderse traducir en programas significativos de accin.

Por el contrario, desde que la Guerra Fra termin en una victoria para el capitalismo y el liberalismo, el terrorismo se ha convertido en la definicin fundamental del mal poltico, cuando no en la nica. Quin define el mal poltico hoy? Los vencedores del establishment occidental y los principales medios de comunicacin bien financiados, ambos influenciados en grado sumo por las grandes corporaciones. Casi ninguna fuerza organizada se resiste ante esta definicin; por el contrario, hay una aceptacin y adopcin casi total de la misma. Y aunque la palabra terrorismo no siempre se refiere a sus formas medioorientales o islmicas, lo hace tan a menudo que logra esta condicin resulte superflua y vaca de cualquier significado prctico.

Los propios Estados poscoloniales, incluidos los que se hallan en los dominios de Oriente Medio e islmicos, son casi unnimes al compartir este consenso de que el terrorismo es el enemigo, especialmente despus de la Primavera rabe. Algunos de ellos son Estados combatientes, como el Egipto de Sisi y la Siria de Asad. Ninguno de ellos pone objecin alguna a la etiqueta, y mucho menos intentan desarrollar una opuesta; como mucho, puede haber murmullos ocasionales sobre el terrorismo como fenmeno incompatible con el Islam. Las pocas organizaciones comunistas y socialistas restantes han perdido su antigua y poderosa concepcin del mal poltico: el capitalismo y el imperialismo. Aunque no hayan adoptado abiertamente la narrativa del terrorismo islmico como la definicin del mal, sin embargo, el agravamiento de la tendencia estatalista en su composicin les acerca estructuralmente a esta narrativa. De hecho, estas organizaciones la promueven a menudo, dado que la lucha contra el terrorismo es parte del mismo paquete que el secularismo, un estilo de vida moderno y el Estado, un paquete con el que el aejo izquierdismo ha decidido retirarse. Los grupos democrticos y liberales, para quienes la tirana es el mal, parecen haber dispersado sus fuerzas e ideas tras la derrota de las revoluciones rabes.

Sin embargo, las potencias principales en el Norte global, en Israel y otros Estados ricos ven en el terrorismo la forma primaria del mal poltico; incomparable a cualquier otro. Estos Estados pueden difundir esta visin suya en todo el mundo de una forma que otros no pueden. Para ello encuentran apoyo en la filosofa moderna de las noticias. Segn la conocida mxima de que si un perro muerde a un hombre, no sucede nada de inters periodstico, en cambio, si un hombre muerde a un perro, eso es noticia; del mismo modo, un Estado que asesina a sus individuos est en el orden natural de las cosas, mientras que los individuos que optan por emular este asesinato no es algo natural, es noticia. Se espera que los Estados maten, por lo cual se llama violencia legtima. En cuanto a los gobernados por los Estados, no deben matar, y si lo hacen, es terrorismo.

La teora del choque de civilizaciones que surgi despus del final de la Guerra Fra como base potencial para un nuevo orden internacional hizo que la civilizacin islmica, que se deriva de la religin islmica, estuviera entre los grandes enemigos de Occidente, de hecho es el primero. Se produjo en un momento en el que la violencia practicada dentro de las sociedades musulmanas contra las juntas gobernantes o las fuerzas e intereses occidentales haba llegado a ser casi exclusivamente islamista, culminando una tendencia que comenz a principios de la dcada de 1980. Esto a su vez fue el resultado de las repetidas derrotas infligidas por Israel y su patrn estadounidense en todas y cada una de las formas de resistencia rabe secular, ya fuera en la salida de la OLP de Beirut en 1982, o en el rgimen secular de Hafez al-Asad, asignando al grupo islmico chi libans Hizbollah la tarea de luchar contra Israel a expensas de la resistencia izquierdista libanesa original.

La islamizacin de la lucha armada en nuestra parte del mundo y la creciente conciencia de civilizacin en Occidente indican un cambio hacia un nuevo paradigma que yo llamo genocracia. Es el gobierno de lo que los griegos denominan genos (la raza o el parentesco) en lugar del demos (la ciudadana), y vemos que ha ido erosionando la democracia en Estados Unidos, Reino Unido, India y cada vez ms en Europa. Y ha hecho que el cambio democrtico en Oriente Medio sea extremadamente difcil. Israel y la familia Asad en Siria ya practican el gobierno genocrtico, al igual que muchos otros pases rabes y musulmanes. Vale la pena mencionar que el autor de la tesis del choque de civilizaciones, Samuel Huntington, escribi ms tarde otro libro sobre la identidad estadounidense, Who are We?, en el cual los inmigrantes hispanos eran percibidos como un peligro primario. Desde entonces, se ha llamado a Huntington el profeta de la era de Trump. Volver a este giro genocrtico ms tarde.

Durante algn tiempo despus del final de la Guerra Fra, pareca que las dictaduras eran un mal poltico y que el bien poltico global era la democracia. Sin embargo, desde el primer da de esta era de nuevo orden mundial, predicada por la primera administracin Bush, el terrorismo se introdujo como otro mal. En diez aos, la dictadura haba disminuido como diagnstico del mal, siendo reemplazada por el terrorismo. Cuando Estados Unidos ocup Iraq en la primavera de 2003, la administracin de Bush hijo se content con llamar a Saddam Hussein dictador brutal que asesinaba al pueblo iraqu e invent una supuesta relacin entre su rgimen y al-Qaida, que haba perpetrado su espectacular ataque terrorista en Nueva York un ao y medio antes. En cierto sentido, nos enfrentamos aqu con una profeca autocumplida. Se habla sobre terrorismo y se busca organizar la poltica internacional para enfrentarlo, presionando a los Estados a tal fin porque se necesita un enemigo y, por supuesto, el enemigo no tarda mucho en aparecer. Estados Unidos fracas en Iraq, que fue realmente entregado a Irn, y el pas que haba sufrido un asedio de doce aos, seguido de una guerra que aniquil su infraestructura y disolvi su Estado, se convirti en un entorno favorable a al-Qaida y otros grupos parecidos.

A medida que la experiencia iraqu de los estadounidenses se centraba en la lucha contra el terrorismo, la disolucin del Estado iraqu, incluido el ejrcito, comenz a parecer un grave error. El Estado, y especialmente el ejrcito y las fuerzas de seguridad que alguna vez fueron percibidos como agentes del mal, parecan ser ahora el antdoto contra el terrorismo. Lo que era enemigo de la democracia en nuestros pases -los aparatos de violencia y asesinato, o los aparatos estatales represivos, como los llam Louis Althusser- se convirti en la solucin al problema terrorista. La democracia fue relegada al olvido.

El Estado -y particularmente lo que Hillary Clinton llamara ms tarde en el caso de Siria la infraestructura de seguridad; es decir, las agencias de tortura y asesinato- se convirti en el socio en la lucha contra el terrorismo y, por lo tanto, lo mximo que se poda pedir al rgimen de Asad antes de la revolucin fue que cambiara su comportamiento (frente a los poderosos del mundo, no frente a sus desafortunados sbditos). Hoy, 102 meses despus de una revolucin imposible, de una guerra y asesinatos en masa, la situacin es apenas diferente. Debido a la aplicacin ciega de la leccin iraqu en el contexto sirio, las potencias occidentales no han hablado de democracia ni de cambio democrtico respecto a Siria. Esto a pesar del hecho de que lo que estall en Siria en 2011 fue una revolucin popular que fue creciendo de abajo arriba contra un rgimen genocrtico de talante genocida.

Muchos aos antes de la revolucin siria, la seleccin del terrorismo como enemigo, la Guerra contra el Terror como poltica y la infraestructura de seguridad del Estado como solucin de las principales potencias del sistema internacional eran inmensamente convenientes para Rusia, donde Vladimir Putin necesitaba la destruccin de Chechenia para convertirse en el hroe de la resurreccin de Rusia como potencia mundial. Tambin era conveniente para China, contra cualquier tendencia separatista por parte de los ciudadanos musulmanes; como tambin era el caso de los gobernantes nacionalistas de derechas hindes de la India; y, por supuesto, para Israel, que considera que todas las formas de resistencia contra su sistema de apartheid son terrorismo (una visin que EE. UU. comparte). Y, asimismo, para los Estados ms ricos de Europa, que carecan de una direccin poltica distinta. Tras el 11-S y los atentados de Madrid y Londres, el terrorismo se convirti tambin aqu en el problema, adems de la oleada creciente de islamofobia y temor hacia las comunidades musulmanas locales.

El rgimen de Asad en Siria encontr un instrumento muy til en la narrativa de la Guerra contra el Terror. En el verano de 2012, las leyes contra el terrorismo reemplazaron al Estado de emergencia que haba estado en vigor durante unos cincuenta aos con el pretexto de que Siria estaba en guerra con Israel. En la primera semana de julio de 2012, se emitieron tres leyes antiterroristas en el contexto de la guerra del rgimen contra la revolucin. De esta manera, el rgimen se present como un socio legal y activo en la guerra mundial contra el terrorismo. Un gran nmero de revolucionarios sirios fueron asesinados en nombre de estas leyes antiterroristas, leyes que an persiguen a un nmero an mayor de hombres y mujeres. La Guerra contra el Terror forma asimismo la gran narrativa del rgimen de Sisi en Egipto, que se hizo con el poder mediante un golpe militar contra el presidente electo, Muhammad Morsi, un islamista de la Hermandad Musulmana.

Las prioridades de los poderosos son las prioridades poderosas. Cuando Estados Unidos decide que la Guerra contra el Terror es una prioridad, se convierte en una prioridad internacional. As es como se ha producido una transformacin significativa; a saber, la securitizacin de la poltica, mediante la cual la poltica se centra en las operaciones de seguridad y en la confrontacin de grupos terroristas o de sus clulas durmientes. Lo que tenemos aqu no es una guerra librada entre ejrcitos convencionales y coaliciones internacionales; ni conflictos polticos potencialmente graves; sino ms bien la concesin de carte blanche a las agencias de inteligencia para que traten a los inmigrantes y ciudadanos de otros Estados, particularmente a los de Oriente Medio, de una manera que los convierta en Homo Sacer  sin derechos y sin hogar (segn el concepto de Giorgio Agamben). El Oriente Medio rabe fue vanguardista en este sentido de securitizar la poltica; despus de todo, es un paraso para los genocidas, la privacin de derechos y la inmunidad de los crmenes; representa el futuro del mundo en la era de la Guerra contra el Terror. Hoy en da, los presos polticos del mundo, que ayer eran los comunistas, son ahora los islamistas.

Esta prioridad dada al terrorismo no va simplemente en funcin de la amenaza genuina a la seguridad que plantea, sino que tambin resulta de utilidad a la hora de consolidar el sistema dominante y, de hecho, de unir filas detrs de sus lites principales para enfrentar una amenaza sin forma. Las estructuras de produccin y el sistema de control poltico y privilegios sociales requieren de una estabilidad armada, reprimiendo por ello sin cesar los desafos que enfrenta. La movilizacin pblica contra el enemigo terrorista ayuda a enmascarar las fuentes de discriminacin y desigualdad en el sistema a fin de frenar sus contradicciones y evitar su explosin. El terrorismo responde muy bien a esta necesidad de movilizacin, ya que combina la cualidad fantasma y sin forma que le permite existir alrededor de cualquier esquina, con el hecho de que al final resulta ser una amenaza limitada en comparacin con cualquier guerra convencional y no tiene principio ni fin, las guerras s. Desempe el papel de caza de brujas para consolidar los poderes de la iglesia en tiempos anteriores. El sistema funciona de esta manera porque el terrorismo puede ser una justificacin til para un Estado de sitio global o Estado de excepcin (como lo llam Agamben), colocando a las sociedades en su totalidad bajo vigilancia y represin poltica. Juntar el terror con el Islam facilita el giro genocrtico, cuyo objetivo es nuevamente unificar el genos dominante contra inmigrantes y extraos.

Nuevos espacios de excepcin

Los destinatarios de esta securitizacin global de la poltica y el Estado de excepcin no son en modo alguno los islamistas, los supuestos terroristas, sino todas las personas desfavorecidas del Oriente Medio. En realidad, los islamistas estn entre los principales beneficiarios de esta situacin. Porque cuando tratas a todo el mundo como sospechoso a causa de su supuesta religin, ests haciendo de hecho un servicio a los terroristas genuinos, de la misma forma que el propio terrorismo castiga necesariamente al inocente y solo castiga a los criminales por coincidencia o accidente.

Esta securitizacin de la poltica y el castigo colectivo en ninguna parte es ms clara que en los consulados occidentales y en los tipos de informacin requeridos de los solicitantes de visado sirios y posiblemente de otros pases de Oriente Medio, con la posibilidad de ser rechazados ms tarde (o antes); y luego estn los aeropuertos, donde esos pasajeros se enfrentan a modos terribles de discriminacin. Este aspecto del sistema internacional deviene invisible en los medios de comunicacin occidentales. El mundo est realmente dividido en titulares de pasaportes que son bienvenidos, similar a una llave maestra para cada puerta o passe-partout; a continuacin, los titulares de pasaportes que no son bienvenidos pero que, sin embargo, pueden pasar; y despus hay un tercer grupo con pasaportes que no son bienvenidos ni abren ninguna puerta, no al menos sin un intenso examen y escrutinio. Hay un primer mundo por encima de la ley, un segundo mundo sujeto a la ley y un tercer mundo por debajo de la ley, sin proteccin legal. Hay espacios de excepcin que Agamben no vio: aeropuertos y consulados, sin mencionar toda la regin de Oriente Medio.

El mundo de la Guerra contra el Terror

Sabemos muy pocos detalles sobre la coordinacin de seguridad que se produce entre los Estados que libran la Guerra contra el Terror. El mundo de la Guerra contra el Terror es el mundo del secretismo, violencia y asesinato. Sabemos, por ejemplo, gracias a Wikileaks, que el rgimen de Asad se ha infiltrado previamente en grupos sospechosos de actividad terrorista, y que no se apresura a atacarlos como hacen los estadounidenses, segn se jact el alto asistente de la seguridad de Asad, Ali Mamlouk, ante funcionarios estadounidenses en febrero de 2010, un ao antes de la revolucin. Cientos de ellos, dijo Mamlouk, haban sido arrestados como consecuencia. Es significativo que el terrorismo islamista fuera una causa compartida que haba acercado a las dos partes antes de la revolucin.

Por los mismos motivos de la lucha contra el terrorismo, ciertos Estados europeos, como Italia, buscan ahora reanudar el contacto con ese rgimen empapado en la sangre de sus sbditos. El presidente francs, Emmanuel Macron, hizo una declaracin vergonzosa en este sentido en junio de 2017, diciendo que Asad era un enemigo del pueblo sirio pero no un enemigo de Francia, y agreg que no vea alternativa legtima al gobierno de Asad. Es decir, no vea alternativa al enemigo del pueblo sirio como gobernante legtimo del pueblo sirio. Macron agreg despus que Francia haba sido coherente desde el principio en la lucha contra un solo enemigo, que era el Daesh. En otras palabras, el terrorismo es un problema nuestro, la matanza de sirios es un problema de los sirios. Nuestro enemigo es el Daesh, Asad es enemigo de los sirios, pero esto no lo convierte en ilegtimo.

No es que a las democracias occidentales les guste Asad. Con toda probabilidad, sus lderes le desprecian. Sin embargo, el efecto genocrtico combinado con la securitizacin de la poltica y la islamizacin del terrorismo les hace capaces de cooperar (o al menos tolerar) con regmenes genocidas que asesinan exclusivamente a sus sbditos musulmanes. El pluralismo tradicional en el que se basaron las democracias despus de la Segunda Guerra Mundial (incluida la clase trabajadora y los comunistas dentro del Estado-nacin) se ve desafiado por una nueva pluralidad excluida, compuesta por inmigrantes, personas de color y refugiados. Utilizo el trmino giro genocrtico para conceptualizar esta exclusin. Es por esta razn que las genocracias occidentales han elegido a Bashar al-Asad para nosotros los sirios; el hombre que ha estado eligiendo a su propio pueblo para masacres y desplazamiento forzado durante ocho aos y medio. El mal poltico de una genocracia son los otros genos, que han sido musulmanes durante las ltimas tres dcadas. Para ilustrar el giro genocrtico con una ancdota, permtanme mencionar lo siguiente: al menos en diez ocasiones he escuchado a europeos y estadounidenses bienintencionados comentar que Bashar estudi en Gran Bretaa y, por lo tanto, se supona que era un reformador; entonces, qu hizo que se convirtiera en tal monstruo? Esto es, por decirlo simplemente, autoadulacin, narcisismo y una especie de fanatismo tribal. Es tambin el ethos de la genocracia. Adems del giro genocrtico, la securitizacin de la poltica hace que el elemento demo- disminuya en la democracia y que la -cracia aumente en su composicin. Un Estado de pura -cracia sin demo es algo deseable para esos rabes y musulmanes de all.

La securitizacin de la poltica

El punto importante al que quiero llegar es que considerar el terrorismo como el mal poltico fundamental, y el Estado como el bien poltico, hace que toda la violencia practicada por los Estados se haga invisible aunque alcance el nivel del exterminio, un umbral ya alcanzado (y superado) en Siria. Esta es una puerta a travs de la cual el fascismo parece entrar con confianza en Egipto, por ejemplo, cuyo presidente pudo decirle al presidente del Consejo Europeo en febrero de 2019 que los europeos no deben interferir en nuestros asuntos, porque tenemos nuestra propia humanidad, moral y valores, y vosotros los vuestros; esto se produjo solo cuatro das despus de que su rgimen ejecutara a nueve jvenes egipcios.

Adems, el exterminio en masa y el fascismo no son acontecimientos accidentales que ocurren muy lejos, por all, en el Oriente Medio. Son un producto estructural de un sistema internacional que ha hecho de la Guerra contra el Terror su gran narrativa y de la violencia estatal su antdoto. En otras palabras, hay mucha maldad poltica en el diagnstico occidental e internacional del terrorismo como el mal poltico central. El gobierno de Obama trat al Daesh como un mal mayor, y trabaj para reclutar a sirios para combatirlo con la condicin de que no lucharan contra el rgimen responsable del 90% de la cifra de muertos sirios; un ejemplo que ilustra cun cierto es que el terrorismo es siempre el mal, y el Estado es siempre el antdoto, aunque este ltimo est privatizado y sea genocida. En efecto, el gobierno de Obama neg la capacidad moral y poltica de los sirios, su derecho a decidir quin es su propio enemigo y cul es el mal mayor en su pas. Esto es fundamentalmente antidemocrtico; de hecho, es una perpetuacin de la criminalidad desenfrenada de Asad por otros medios.

Y hunde sus races en las profundas desigualdades del sistema internacional, consolidadas por el ascenso de la genocracia y el declive de la democracia en todas partes. No se permite definir el mal a quienes realmente lo padecen, sino a los poderosos, que en la mayora de los casos practican ellos mismos una gran cantidad de maldades, como ocurre con Estados Unidos, Israel, Rusia, Irn y los asadistas. Esto es como dejar la decisin de si la tortura es buena o mala a las agencias de inteligencia de Asad, o dejar que los acosadores sexuales masculinos juzguen la moralidad del acoso. Desde luego, el derecho a determinar el mal debera estar en manos de quienes estn expuestos a l: sirios, palestinos, egipcios, mujeres y muchos otros. Esto en forma alguna absuelve al terrorismo del mal, sino que hace de su resistencia una cuestin de defender la justicia para sus vctimas y de rechazar la impunidad para los delincuentes. Es revelador que los funcionarios occidentales o de la ONU no hayan dicho ni una palabra sobre un tribunal especial para los criminales del Daesh, o sobre obtener justicia para las vctimas del terrorismo de Daesh en Siria, Iraq y el resto del mundo. Hablar de tal justicia planteara inevitablemente una serie de preguntas sobre la justicia en otros lugares como, por ejemplo, para las vctimas de Bashar, Putin y el rgimen iran.

El Estado terrorfico

Es posible que llamemos terroristas a estos Estados? O que hablemos de terrorismo de Estado? El problema aqu es que se corre el riesgo de ocultar una realidad profundamente arraigada hoy: que todos los Estados estn desarrollando caractersticas terroristas, o estn abriendo las puertas de la excepcin para enfrentar la inmigracin, por ejemplo, con el pretexto del terrorismo; una excepcin que ahora se ha convertido en un estndar global. El monopolio excepcional del Estado sobre la violencia al margen de la legitimidad es ahora una estructura profundamente arraigada que tienta a las organizaciones terroristas a imitar y emular a los Estados. Es cierto que no todos los Estados son iguales en la prctica de la violencia extralegal. Sin embargo, los Estados que nicamente practican la violencia legtima se muestran indulgentes con sus homlogos ilegtimos. De hecho, los necesitan, como espacios complementarios en el marco del rgimen global de excepcin, para romper el fundamento moral y legal de la objecin a la violencia extralegal que los Estados fueron pioneros en desarrollar mucho antes que los terroristas. El contexto en el que EE. UU. envi a sospechosos de terrorismo a Estados como Siria y Egipto para que les torturaran despus del 11 de septiembre, es el mismo en el que se necesitaba un espacio de excepcin como la Baha de Guantnamo, es decir, tanto a nivel interno como externo. Ese fue el mismo contexto en el que se toler la tortura de sospechosos, bajo el eufemismo de tcnicas mejoradas de interrogatorio. Es un contexto de violencia ilegtima practicada por los Estados que otorga plena legitimidad al terrorismo nihilista.

Concluir con dos puntos que me parecen fundamentales en la era del terror, el exterminio, la migracin y la securitizacin de la poltica (uno debera agregar el calentamiento global).

El primer punto es que el Estado actual es la base de la dependencia y esta dependencia es ahora poltica ms que econmica, en contraste con lo que sucedi durante una generacin despus de la descolonizacin. Quien posee el Estado gana y obtiene legitimidad a la Macron. En la era de la Guerra contra el Terror, los Estados son legtimos por definicin aunque dependan cada vez ms de la excepcin. De hecho, la excepcin se est normalizando o se est convirtiendo en la regla, tal como Walter Benjamin pudo apreciar en Europa entre las dos guerras. Por el contrario, toda resistencia a la tirana o los Estados genocidas es relegada a la ilegitimidad. Esto fortalece an ms a los actores que ya son fuertes: especialmente a los Estados, incluidos los que asesinan en masa o los genocidas, al tiempo que debilita a los movimientos de resistencia ya dbiles y a las fuerzas antitirnicas, lo que en muchos casos conduce a su degeneracin real (adoptando formas nihilistas o domesticadas). En este sistema, Asad se encuentra a s mismo como miembro natural, y seguir sindolo mientras la narrativa del terrorismo permanezca como el mal poltico fundamental. En verdad, Asad es hoy un pionero de la Guerra contra el Terror de una manera que lo convierte en un miembro ms normalizado que otros, por lo que, en todo caso, merece ser recompensado en lugar de rechazado.

En el sistema internacional de dependencia poltica o imperialismo poltico que securitiza la poltica, los refugiados, los exiliados y los inmigrantes somos transformados en un proletariado poltico despojado de los derechos de formar agrupaciones polticas y buscar la libertad. Peor an, los ms vulnerables de entre nosotros se enfrentan a deportaciones forzadas, como los gobiernos libans y turco estn haciendo ltimamente con los sirios, y como a muchas potencias europeas les gustara hacer tambin. (A pesar de su entusiasmo general por castigar a Turqua, ninguna de ellas conden las ltimas acciones de Ankara; porque saben bien que han estado implicadas en el crimen desde el acuerdo de 2016 entre la UE y Turqua.) Hoy, la migracin se ha convertido cada vez ms en el peligro fundamental, en la misma medida que el terrorismo es el mal fundamental.

La consecuencia es que hoy la independencia poltica no es lo que era anteriormente en el perodo de descolonizacin. Al contrario, la independencia requiere trabajar para erradicar el Estado global de emergencia y la securitizacin de la poltica, as como para destronar a los Estados como espacios exclusivos para la poltica y hacer que prescindan del concepto de soberana y del monopolio de la violencia. La combinacin de estos dos -soberana y monopolio de la violencia- es genocida.

Por cierto, la izquierda tradicional heredada del siglo XX parece completamente incapaz de luchar contra un mundo que presencia una transformacin genocrtica. Nos remontamos al siglo XX y sus conflictos, y al principio de soberana todava imaginado como opuesto a la subordinacin poltica, sin ver sus implicaciones genocidas hoy y su dependencia esencial de la excepcin; sin percibir que la soberana sobre las personas gobernadas es ahora la verdadera forma de subordinacin; en recuerdo de todo lo que es viejo izquierdismo reaccionario.

En su actual composicin, el sistema del imperialismo poltico tiende a cerrarse, sin que haya forma alguna de resistencia excepto el terrorismo (la forma de resistencia ms degenerada), que lo fortalece an ms y sirve a su narcisismo y a su rechazo de cualquier alternativa.

En un momento en el que el terrorismo elitista y nihilista ayuda a que un sistema internacional extremista y elitista se reproduzca, es cada vez ms urgente crear movimientos de resistencia emancipadores para enfrentar a gobiernos de asesinato masivo y terror, racismo, calentamiento global y nuevo imperialismo poltico.

El segundo punto postula que el giro genocrtico abre el camino al genocidio. Esto lo sabemos muy bien en Siria (sectario no significa secular, como tienden a pensar los islamfobos), y de ninguna manera es diferente en otras partes de un mundo sirianizado. El genocidio es continuacin de la genocracia por otros medios ms asesinos. El mal poltico mayor de nuestros tiempo no es el terrorismo sino esta tendencia global genocrtica y genocida que experimentamos hoy.

En resumen, la designacin del terrorismo como mal poltico coincide con la securitizacin de la poltica, que hace invisible la violencia estatal y allana el camino al genocidio. En la medida en que el terrorismo se ha convertido en sinnimo de terrorismo islamista, ha provocado una hostilidad internacional hacia la democracia en nuestra regin, el aumento de la islamofobia en todo el mundo y la resistencia a las nuevas formas de pluralismo de las que depende el futuro de la democracia. Si parece que las lites polticas del Norte global, y de hecho de todas partes, han ido deteriorndose rpidamente en las ltimas dos dcadas, creo que esto est estrechamente relacionado con la naturaleza de las prioridades globales y el avance de las fuerzas reaccionarias en todo el mundo como resultado de estas prioridades mal elaboradas.

El terrorismo es realmente un mal, pero es solo una cara de una estructura global que produce diversas formas de discriminacin, desigualdad y racismo. Esta estructura progresivamente genocrtica es el mal fundamental, y lo que la hace an ms importante es su pretensin de virtud mediante la lucha contra entidades salvajes como el Daesh y al-Qaida; algo que hace que incluso Estados que asesinan en masa, como Asad, y Estados racistas como Israel, y Estados reaccionarios imperialistas como Rusia y Estados Unidos, y Estados ultra reaccionarios como Irn, sean fuerzas del bien. Nos corresponde aqu hablar de la banalidad del bien: irreflexiva, inconsciente y esencialmente incapaz de pensar desde la posicin de los dems, como Hannah Arendt formul en su idea sobre la banalidad del mal. Uno se ve abocado preguntarse: si esto es el bien, qu tiene de malo el mal?


(Nota del editor de Al-Jumhuriya English: El presente artculo es la versin editada de la charla ofrecida por el autor en Pars el 4 de septiembre pasado. Una versin ampliada del texto en lengua rabe puede consultarse aqu. Traducido al ingls por Alex Rowell.)

Yassin al-Haj Saleh es un escritor sirio, expreso poltico y cofundador de Al-Jumhuriya. Su ltimo libro es La revolucin imposible (Ediciones del Oriente y del Mediterrneo)

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/terror-genocide-and-%E2%80%9Cgenocratic%E2%80%9D-turn

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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