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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2019

El levantamiento indgena de octubre, el agotamiento de un modelo de control social

J. Cuvi, E. Arteaga, J. Cueva y X. Maldonado
Rebelin

Las demandas de los pueblos y nacionalidades indgenas cuestionan un modelo de Estado que los excluye en forma sistemtica; no quieren programas y obras, sino una reestructuracin de las formas de poder. Luego del levantamiento de octubre, el movimiento indgena se fortalece, no solo por su cohesin y capacidad organizativa sino por haber generado una solidaridad enorme en otros sectores del pas. La madrugada del lunes 14 de octubre, una vez finalizado el paro, pobladores del sur de Quito, una zona pobre de la ciudad, despidieron a los indgenas en medio de aplausos.


Fin de un gobierno o fin de un rgimen? Eso es lo que toca definir al calor del levantamiento indgena que acaba de convulsionar al pas. Si entendemos a un rgimen como el modelo de estructuracin de las relaciones de poder durante un perodo determinado, podemos afirmar que el rgimen actual se inaugur con el ascenso al poder de Lucio Gutirrez en 2002. En ese momento fue determinante la irrupcin del movimiento indgena, que vena movilizndose desde una dcada atrs.

Gutirrez fue un militar golpista que se enanc en el movimiento indgena para llegar al gobierno. En su administracin se definieron los lineamientos generales de lo que sera el rgimen para los prximos aos: subordinacin prioritaria al capitalismo chino (sin dejar la vieja dependencia al capitalismo gringo), extractivismo, acumulacin de capital con la intermediacin del Estado, neutralizacin de la resistencia indgena, mayor concentracin de la riqueza, polticas clientelares para reducir la conflictividad social. Los gobiernos que se sucedieron durante los ltimos 17 aos han cumplido con relativa uniformidad este patrn de dominacin.

El esquema funcion mientras abundaron los recursos pblicos producto de la bonanza petrolera. Ya desde el gobierno de Gutirrez se registr una mejora notable de varios indicadores sociales y macroeconmicos. No solo por comparacin con la debacle previa, sino porque la disponibilidad de fondos pblicos permiti iniciar la aplicacin de polticas de recuperacin econmica. En ese sentido, la cada de su gobierno en 2005 obedeci ms a un desacuerdo respecto del proceso de acumulacin de capital que a un agotamiento de su administracin.

Estos desacuerdos fueron hbilmente resueltos durante los diez aos de gobierno de Rafael Correa. En ese perodo hubo mayor disponibilidad de recursos pblicos y Correa logr la aquiescencia previa de los mayores grupos de presin econmica del pas. Al margen de su retrica anti sistmica, el primer gobierno de Alianza Pas facilit un proceso de acumulacin indito en la historia del Ecuador.

El modelo, no obstante, empez a mostrar sus costuras en 2014, una vez que los precios internacionales del petrleo se desplomaron. Como la presin de los grupos de poder no ceda, el gobierno se vio obligado a tomar algunas medidas que reactivaron los lineamientos neoliberales del pasado: endeudamiento agresivo, explotacin del Yasun, alianzas pblico-privadas, visita de Hilary Clinton para restablecer puentes con los Estados Unidos, invitacin a un monitoreo del FMI y, finalmente, suscripcin de un TLC con la Unin Europea.

La reaccin social pudo contenerse gracias a un endeudamiento externo opaco e irresponsable, que permiti mantener la lnea de gasto clientelar hacia los sectores populares. Dicho de otro modo, el gobierno de Correa/Alianza PAIS pate hacia adelante la insostenibilidad del modelo. Arrinconado por los escndalos de corrupcin, apost por la impunidad promoviendo la candidatura de su exvicepresidente, Lenn Moreno.

Moreno hered una economa colapsada; eso es cierto. Lo reconoci ni bien se posesion con la clebre frase de que no le haban dejado ninguna mesa servida. No obstante, y al margen de querer descargarse de sus responsabilidades como sucesor de Correa, tuvo que darle continuidad a un modelo que persisti ms all de su voluntad. Los grupos de poder que se haban beneficiado de la bonanza desde 2002 (incluyendo las empresas trasnacionales, especialmente las chinas, a partir de la segunda dcada) seguan marcando el comps de la economa. El costo de la crisis, en tales circunstancias, deba echar mano de una respuesta que no pusiera en riesgo el esquema de acumulacin capitalista acordado desde la poca de Gutirrez.

Aspiracin inviable a la luz de los hechos. En efecto, los problemas estructurales sin resolver tenan que aflorar tarde o temprano: una economa campesina que no fue impulsada ni reconocida con una reforma agraria integral, sino con la entrega de paquetes de compensacin para incluirla en la gran revolucin verde (kits de fertilizantes, fortalecimiento de grupos monoplicos de produccin y comercializacin de alimentos como Pronaca y La Favorita/Supermaxi, subordinacin de la alimentacin escolar a la gran empresa, reemplazo de la alimentacin escolar manejada por las familias en las comunidades, destruccin del seguro social campesino), sectores indgenas y afroecuatorianos con los peores indicadores sociales del pas y de la regin, desempleo, marginalidad urbana creciente, matriz productiva primario-exportadora. Es decir, un caldo de cultivo para el estallido social.

Hay que sealar que, a diferencia del escenario del levantamiento indgena del ao 90, hoy el Ecuador est mucho ms permeado por el narcotrfico como factor poltico. En 2017 vivimos el asesinato de tres periodistas en la frontera norte, a manos de un grupo disidente de la guerrilla colombiana dedicado al trfico de estupefacientes; el pas registra la escalofriante cifra de 42.000 desaparecidos; el sicariato y el crimen organizado se han incrementado en los ltimos aos.

Lo que acaba de suceder era previsible por la continuidad y profundizacin del gobierno de Alianza PAIS. Durante dos aos el gobierno de Moreno recurri a una desesperante ambigedad para evitar decisiones estratgicas que comprometieran su imagen interna. Mientras tanto, los sectores empresariales de derecha iban poco a poco colonizando la administracin pblica, a la par que la crisis econmica se volva cada vez ms inmanejable. Las especulaciones sobre eventuales medidas para enfrentar la crisis han sido pan del da durante el ltimo ao. En algo s coincidan todos los expertos: el modelo no daba ms. En otros trminos, el rgimen instaurado a inicios de siglo se haba agotado.

Lo que no era previsible fue la brutal represin con la que se intent frenar la movilizacin del pueblo (nacionalidades indgenas, comunidades, barrios populares). Hasta la fecha se registran al menos una decena de muertos, centenas de heridos, nios y nias perdidos y atendidos en puntos de salud improvisados, centros de salud con prohibicin de dar informacin debido al estado de excepcin, amenazas a los servidores pblicos de perder sus puestos si salen a atender. Durante doce das se instaur un autntico terrorismo de Estado, en la misma tnica con la que han respondido los ltimos gobiernos a las movilizaciones indgenas: represin indiscriminada, militarizacin del espacio pblico, guerra informtica, simbologa racista.

Finalmente, la solidaridad de las clases medias y populares en las calles de Quito, brindando albergue, alimentos y vituallas a los indgenas movilizados, nos muestra que el guion racista de la derecha empresarial no ha calado. La gigantesca marcha de las mujeres el da previo a la instalacin del dilogo entre el gobierno y la CONAIE da muestras de una reaccin social que fue determinante para forzar una salida negociada, en un momento en que la tozudez del gobierno y las acciones violentas de grupos delincuenciales haban vuelto incontrolable el conflicto.

La plurinacionalidad a la orden del da.

El desenlace de las movilizaciones fue, sin lugar a dudas, un triunfo del movimiento indgena, empezando porque sentaron al Presidente de la Repblica en una mesa comn para establecer un dilogo pblico. No solo se derog el decreto 883, que fue el detonante de las protestas, sino que se entr a discutir alternativas para salir de la crisis econmica sin golpear an ms a los sectores populares. La marcha de miles de mujeres encabezada por Blanca Chancoso, un referente histrico de los pueblos y nacionalidades indgenas, que invadi el centro financiero de la capital para visibilizar lo que los medios empresariales quisieron minimizar, evidencia la diversidad de las solidaridades y desmonta el imaginario de marginalidad que las lites quieren implantarle al movimiento indgena. Estas expresiones vuelven a colocar sobre el tapete la agenda pendiente de la plurinacionalidad.

La solidaridad de los quiteos con los indgenas movilizados desbord las expectativas. En varias universidades se aloj, protegi y aliment a miles de mujeres, nios y hombres que durante doce das resistieron a la represin en las calles. Fueron grupos de jvenes estudiantes que asumieron un compromiso no solo humanitario, sino poltico: el reconocimiento de los derechos colectivos de un sector social que no vino a invadirnos, como perversamente quisieron describirlo las lites ms reaccionarias y racistas de la ciudad, sino a presentarnos una realidad diferente. Una realidad que es parte sustancial de este pas.

Si durante doce aos el gobierno de Alianza PAIS ha intentado reducir el sujeto colectivo a la individualidad ciudadana, el paro nacional liderado por los indgenas nos restaura el valor de la comunidad: el parque del Arbolito con sus cocinas comunitarias, las universidades convertidas en zonas de paz y acogida, el sostn de las mujeres y el cuidado compartido. Los das de movilizacin dejan otra enseanza fundamental: aquellos jvenes urbanos que durante una dcada vivieron adormecidos por el consumismo, experimentaron en carne propia las lgicas de dominacin del sistema: represin, brutalidad policial, irrespeto a la diferencia. Tambin descubrieron que ms all de los muros simblicos de las urbes hay un mundo que desafa la ofensiva depredadora del capitalismo, que cuida el agua, la naturaleza y la biodiversidad, que se opone con razn a la ofensiva minera y petrolera.

La visin paternalista de las clases medias urbanas cambiar. No se trata de caridad, sino de justicia. La deuda de ms de 500 aos no puede soslayarse con una respuesta administrativa y asistencial desde el Estado. Las demandas de los pueblos y nacionalidades indgenas cuestionan un modelo de Estado que los excluye en forma sistemtica; no quieren programas y obras, sino una reestructuracin de las formas de poder. Luego del levantamiento de octubre, el movimiento indgena se fortalece, no solo por su cohesin y capacidad organizativa sino por haber generado una solidaridad enorme en otros sectores del pas. La madrugada del lunes 14 de octubre, una vez finalizado el paro, pobladores del sur de Quito, una zona pobre de la ciudad, despidieron a los indgenas en medio de aplausos.

A pocos das del paro los impactos cotidianos son evidentes: el precio del transporte volvi a sus cifras anteriores, al igual que el precio de los alimentos bsicos. Las diferencias medidas en centavos son cruciales para la economa familiar campesina y popular urbana.

Testimonio desde Cotacachi

El lunes 7 de octubre viajamos a Quito desde Cotacachi, sierra norte del Ecuador, en una caravana integrada por unos dos mil representantes de las comunidades de la Unin de Organizaciones Campesinas de Cotacachi (UNORCAC) y de Intag, zona subtropical del cantn que resiste a la minera por ms de 20 aos. Fuimos a integrarnos a las movilizaciones indgenas. A lo largo de la ruta se nos sumaron compaeros y compaeras de las comunidades indgenas de Otavalo y Tabacundo. La ruta estaba totalmente bloqueada por barricadas, pero pudimos pasar gracias a que tenamos un salvoconducto de la Federacin Campesina e Indgena de Imbabura (FICI). Entend que estbamos viviendo la plurinacionalidad.

A lo largo de los 100 kilmetros de recorrido fue impresionante el apoyo de las comunidades indgenas de Imbabura y Pichincha, y tambin de comunidades no indgenas como Tabacundo y Guayllabamba. Aplaudan y nos entregaban agua y comida. En el ingreso a Quito haba varios cortes de la ruta; en Carapungo, barrio popular y con fuerte poblacin indgena, la gente se uni a la caravana. Tardamos ms de una hora en cubrir el tramo de alrededor de un kilmetro entre Llano Chico y el intercambiador de Carapungo.

A lo largo del viaje convers con varios dirigentes indgenas que venan en el camin que nos prestaron unos comerciantes de ntag. Los dirigentes no tienen nada que ver con el corresmo; an est vivo el recuerdo de cmo las organizaciones indgenas fueron brutalmente perseguidas por Correa, cmo muchos dirigentes fueron criminalizados e incluso encarcelados. No descartan la infiltracin de elementos nefastos del corresmo, que pretenden pescar a ro revuelto, pero el financiamiento de la caravana vena de las organizaciones, las comunidades y de algunos gobiernos municipales.

Las comunidades indgenas son las ms pobres de Ecuador. La exclusin y desigualdad se las sufre como en ningn otro sector social. Cientos de aos han pasado sin que se resuelvan.

Nuestro regreso a Cotacachi, ocho das despus, estuvo marcado por muchos sentimientos, principalmente la alegra de haber sido parte de un momento histrico para el pas, para Amrica y el mundo. Nuestra presencia en las calles fue ms que nada una escuela de solidaridad, de empata, de humildad; una escuela que nos ense que el pas tiene otras caras, muy hermosas. El reencuentro y la cercana con todos nos transform. Terminamos con la imagen de ser parte de esas naciones y de este pas, muy diferente a la de la violencia, la corrupcin, la farndula y el arribismo que nos muestran los medios.

Tambin fue una escuela poltica. Muchos criterios se aclararon, las mentiras de las lites se develaron, develamos las trampas que intentaron ponernos como sociedad, entre el humo de las bombas lacrimgenas y las llantas descubrimos algunas verdades ocultas: las de los pueblos oprimidos que luchamos juntos y, sobre todo, la fuerza que nos empuja a ser actores vivos de las transformaciones.

Regresamos a Cotacachi y a ntag a reencontrarnos con nuestros hijos, hermanos y hermanas, quienes tambin resistieron cerrando vas y solucionando el desabastecimiento, haciendo fuerza para que sus hijos y hermanos regresen con vida. Tambin reconocemos el dolor, la honra y el recuerdo de nuestros muertos; de las ocho personas que murieron, que dejaron su vida en la protesta, en la construccin de su propia historia. Nos quedan los ocho presos polticos de Cotacachi, cuyo delito fue exigir sus derechos y responder a la violencia que impuso el Estado.

Testimonio desde las calles de Quito

En el parque del Arbolito haba unos diez mdicos y entre 40 y 50 estudiantes voluntarios brindando atencin a los heridos. Tambin haba brigadas en las universidades Catlica, Salesiana y Central. La Universidad Central abri las puertas del coliseo quiz ms por la presin social, luego de que las otras universidades se convirtieron en lugares de acogida. Las autoridades negaron el pedido de algunos estudiantes de abrir la facultad de Medicina, que habra sido estratgicamente importante para guardar los insumos y atender pacientes menos graves.

En el centro de la ciudad se instalaron varios puntos mviles: en San Blas, en el colegio Meja, cerca de del Palacio de Gobierno, en la Baslica, los ms importantes; grupos de ocho personas en promedio recorran las calles para atender a quienes no podan llegar a los albergues.

En el parque del Arbolito se dieron al menos cien atenciones diarias. Se atendi muchos asfixiados, heridos por perdigones o bombazos, esguinces, fracturas, contusiones y quemaduras. Hubo heridos que necesitaron suturas y curaciones. Tambin hubo heridos graves: varios con paro cardio-respiratorio que requirieron reanimacin cardio-pulmonar; otros, con traumatismo craneano grave, fracturas expuestas, amputaciones traumticas por explosiones y golpes, tuvieron que ser trasladados de urgencia a un hospital. Todo esto en medio del gas y la movlizacin, en camillas improvisadas con mantas o colchones, en camionetas de voluntarios porque la Cruz Roja decidi no prestar ms sus ambulancias.

En los recorridos por las calles tambin encontramos heridos por perdigones o por golpes. Varios de ellos requirieron ser suturados en la vereda o en los zaguanes. Recibimos muestras de solidaridad inenarrable de parte de la gente, que en los recorridos por las calles nos ofreca agua y alimentos.

No hubo coordinacin entre las universidades para la atencin; por lo menos, no formal. En el parque del Arbolito estuvimos estudiantes voluntarios de todas las universidades de pre y posgrado y de varias carreras; mdicos del sector pblico y privado; y socorristas de la Cruz Roja que al llegar se sacaron el uniforme porque teman ser reconocidos por su institucin, que no respald su presencia.

Nota: Artculo elaborado por integrantes de ALAMES Ecuador y por el Observatorio Minero Social y Ambiental del Norte del Ecuador (OMASNE).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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