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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2019

La justa desobediencia civil contra la guerra neoliberal de Sebastin Piera
Chile arde

scar Ariel Cabezas
Rebelin


No son 30 pesos, son ms de 30 aos de abuso

Como no pensar hoy en Chile a tan solo uno das del reventn social del 18 de octubre en aquella frase que en la pelcula argentina La historia oficial (1985) uno de los estudiantes de la clase de historia, intempestivamente, le dice a la maestra: La historia la escriben los vencedores. La genealoga de esta frase est replegada en el centro de las formas con las que las revueltas populares han sido sofocadas o subordinadas al orden social dominante. La historia oficial en Chile no ha dejado de ser desde 1989, ao en que se inicia la transicin democrtica, la historia escrita por quienes disearon el modelo neoliberal ms exitoso de la regin.

La evasin del boleto del metro iniciada por los estudiantes, mayoritariamente secundarios, ha sido apoyada de manera espontnea por una sociedad civil que haba permanecido en silencio. La ruptura del silencio de las clases sociales ms desposedas rpidamente deton la dinamita contra los abusos del gobierno de Sebastin Piera. La sociedad chilena vuelve a despertar despus de que los eventos del 2006 por la gratuidad de la educacin (revolucin pingina) y la rebelin de los estudiantes universitarios (2011) pusieran en peligro la estabilidad del orden neoliberal. Un orden sostenido fundamentalmente por el pacto de las izquierdas tradicionales que se agrupan en la Concertacin y la Nueva Mayora y por una clase media con enorme capacidad de consumo y endeudamiento.

En el marco de la revuelta estudiantil contra la privatizacin desmesurada de la educacin y el robo sistemtico a los estudiantes aparecieron dirigentxs estudiantiles tales como Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Daniel Boric, Francisco Figueroa, entre otrxs. Lxs dirigentxs estudiantiles eran reconocidos por carisma poltico, formas asamblearias de organizacin, toma de decisiones y una voluntad de cambio sin precedentes. El movimiento estudiantil gener una especie de mstica y renov las prcticas de la protesta incorporando performance, batucadas y usos polticos del cuerpo que innovaron la lgica de la protesta y resistencia a la educacin heredada del pinochetismo. La innovacin de las formas de protesta y el contenido tico de la consigna del fin al lucro en la educacin permiti que el movimiento estudiantil captara el alma de una sociedad civil atolondrada y ensimismada en el consumo. El movimiento social estudiantil devolvi la ciudadana poltica a una poblacin domesticada en lo ms ntimo de su subjetividad por el sistema crediticio.

Como efecto de los trucos universitarios que un Piera joven titulado en Ingeniera Comercial aprendi en la Universidad de Harvard, el ciudadano crediticio o creditcard como lo llam Toms Moulian en su seminal ensayo El consumo me consume (1999) pas del empoderamiento que lo negaba como ciudadano poltico (pero lo realizaba en el paraso de los malls) a ser un apremiado e insignificante sujeto endeudado. El endeudamiento, la falta de una cultura que detenga las pulsiones auto-agresivas y los instintos autfagos, la culpa del moroso, la competencia liberal y desafectada hasta la crueldad han dominado la sociedad neoliberal desde la intimidad. Las deudas y el fantasma de una vejez sin posibilidades de ser vivida de manera digna son recurrentes en el oasis neoliberal de Amrica Latina. El endeudamiento con casas comerciales y bancos a propsito de las famosas tarjetas de crdito en las que est implicado el actual mandatario de Chile no deja de atormentar a ms de cinco millones de chilenos. Lo que el movimiento estudiantil del 2011 hizo fue convertir el fenmeno de la deuda en educacin sobre la denuncia al robo y el descaro con que el lucro en la educacin constituye hasta el da de hoy un fenmeno no resuelto.

El reventn de los estudiantes, sin duda, fue en parte facilitado por el primer gobierno de Piera que derrot al candidato de la concertacin (Eduardo Frei-Ruiz-Tagle) y se hizo con un gobierno que en materia de programas polticos y sociales no se distingua mucho del de su antecesora Michel Bachelet, quien tuvo que lidiar con el reventn de ms de ochocientos mil estudiantes secundarios el 2006. Pero quiz se pueda decir que para los estudiantes del 2011 fue ms fcil reconocer en la derecha de Piera un enemigo cuyos vnculos con las evasiones millonarias y el descaro en el negocio de la educacin privada haban sido mayores que la complicidad del gobierno de Bachelet con el modelo heredado de la dictadura de Pinochet. Se sabe, por ejemplo, que Piera est, entre varios delitos ms, involucrado en la evasin de 2.862 millones de pesos chilenos. Esto no solo lo convierte en uno de los mayores evasores de impuestos de la nacin, sino tambin en uno de los ms grandes gnsteres de la poltica chilena.

La rebelin social del 2011 se hizo contra la poltica gansteril de Piera y bajo su gobierno la ciudadana recuper la dignidad de la poltica. La sociedad civil de chilenos y chilenas junto al movimiento social de estudiantes del 2011 desencadenaron uno de los acontecimientos polticos ms importantes del siglo veintiuno. El 2011 la crisis escal rpidamente y la consigna del fin al lucro en la educacin no solo pareca irrenunciable, sino que adems, logr acoplarse a movimientos sociales preocupados por el negocio de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones). La rebelin de los estudiantes logr sensibilizar a los sectores ultrajados por el robo legalizado de uno de los negocios ms rentables en toda la historia de los ultrajes del modelo neoliberal. Una AFP es un negocin an ms rentable que la posesin de un banco. Si Bertolt Brecht hubiese vivido el tiempo de las AFP en Chile hubiese tenido que modificar su frase y decir: Robar una AFP es un delito, pero ms delito es fundarla.

Las AFPs encargadas de inmunizar y velar por las pensiones de hombres y mujeres que durante toda su vida trabajaron y que con suerte han llegado sanos a su vejez viven vampirizadas por una institucin cuyo nico fin es el lucro a travs del robo de la vida ajena. Este fenmeno tiene exactamente las caractersticas de lo que en el lenguaje del marxismo se conoce como capitalismo por desposesin. El vampirismo de las AFP surgi justo en el momento en que el mundo de vida de la sociedad chilena comenzaba a ser completamente tomado por la razn neoliberal. En los aos ochenta la fundacin de las AFP coincide con la precarizacin laboral y el intento de la dictadura por resolver el desempleo a travs de lo que se conoci como el Programa de Ocupacin para Jefes de Hogar (POJH). Vampirismo y desposesin de la vida de millones de chilenas y chilenos han sido prcticas institucionalizadas desde los primeros aos de la dictadura.

Sin embargo, tal como lo muestra el libro de Toms Moulian, Chile actual: Anatoma de un mito (1997), es solo en los aos ochenta que el dispositivo de terror (golpe militar, torturas y desapariciones) logra entrelazarse al dispositivo de saber (Constitucin de 1980), esto es, una sofisticada mquina conceptual cuya potencia ha permanecido en el tiempo asegurando un poder ilimitado a las Fuerzas Armadas y a las instituciones neoliberales que vampirizan y desposeen de las posibilidades de una vida democrtica a la mayora de los chilenos. Las AFP son una de las peores cloacas destinadas a denigrar la vida. Se trata de un tipo de institucin que degrada la vida mediante el robo de la energa de vida humana para convertirla en capital que se usa para el enriquecimiento de gnsteres de cuello y corbata. El movimiento social contra las AFP es un movimiento contra una de las peores herencias de la dictadura. Este movimiento no siempre aparece vinculado a otros movimientos de protestas. Su lucha bsicamente consiste en que el sistema de pensiones debe pasar a manos del Estado. Para que esto llegue a ocurrir habra que cambiar prcticamente todo el sistema institucional heredado de la dictadura y consolidado durante la llamada transicin a la democracia.

Una de las instituciones que habra que cambiar de raz y que es parte de los ms sentidos malestares de la ciudadana es el sistema de Isapres. Las Isapres constituyen verdaderas mquinas de extraccin de dinero ganado con el sudor de las chilenas y chilenos, y funcionan generando todo tipo de corruptelas entre el negocio de los mdicos que producidos por un sistema orientado a la ganancia del dinero la mayora ya no trabaja por vocacin y el del incremento de la tasa de ganancia de farmacias orientadas al lucro. La salud no es un bien social garantizado, sino el privilegio de las clases medias y acomodadas. Pero en un pas donde la salud es tambin uno de los negocios rentables del sistema neoliberal nadie puede sentirse seguro. Los mdicos no son confiables, nunca se est seguro de si el examen que le han pedido es parte de las estrategias de extraccin de dinero o si es realmente una necesidad del conocimiento mdico.

Las Isapres han convertido los hospitales en casinos en los que el paciente va a probar su suerte. Nadie est seguro en un hospital donde la mayora de los mdicos que trabajan en el sistema privado han dejado de profesar su saber mdico por vocacin y lo han convertido en el medio para ensanchar ganancias a costa de la vida de la ciudadana. En un pas que funciona sin equidad en salud, si no se tiene un mdico amigo todo mdico te parecer un mata-sanos. Este sistema de salud privatizado hasta el tutano y orientado sin piedad al lucro deja fuera de este bien social a las clases subalternas, a los ms desposedos, a los inmigrantes que deben morir en la indignificacin del mundo de vida. El sistema de salud estatal es uno de los ms dbiles de Amrica Latina y bajo las condiciones del neoliberalismo extremo no tiene ninguna posibilidad de prosperar. Las Isapres son uno de los ncleos neurlgicos del sistema neoliberal y junto a las AFP y el endeudamiento bancario componen el malestar de la sociedad chilena o lo que algunos seguidores de Pierre Bourdieu suelen llamar violencia estructural y estructurante.

Esta violencia ha venido estructurando la sociedad chilena desde antes de que se produjera el pacto democrtico con los militares el ao en que pareca que la democracia despus de 17 aos de una dictadura genocida se consolidaba trayendo la alegra segn la famosa consigna del NO. La alegra nunca lleg y lo que se impuso, siguiendo la lectura, por ejemplo, de analistas como Nelly Richard y, recientemente, Miguel Valderrama fue la postdictadura. Este concepto, en su complejidad, designa la imposibilidad de dejar de hablar de la continuidad de la dictadura. Si el concepto tiene algn sentido, ms all de toda su problemtica con la memoria de una izquierda en duelo o derrotada, lo tiene como concepto que tensa el dispositivo de la democracia. En otras palabras, el Chile actual que logr configurarse a travs del dispositivo del terror y el dispositivo del saber (constitucin del 80) requera un tercer dispositivo; el dispositivo de la democracia. Es este dispositivo el que asegur el Frankenstein de lo que conocemos como sistema neoliberal y del que hoy el dispositivo de la democracia parlamentaria es su ms fiel sostenedor.

La democracia asegur la imperceptibilidad del primer dispositivo y la elasticidad del segundo en el simulacro del dispositivo de la democracia. Ha sido la democracia pactada con la dictadura cvico-militar la que le ha dado respiracin a la idea de la postdictadura, es decir, a la dictadura que no deja de pasar porque ninguno de sus dos dispositivos ilegtimos y antidemocrticos fueron destruidos. La historia oficial ha sido la historia escrita por los vencedores. Lo siniestro de la historia del neoliberalismo en Chile es que el espacio de la democracia ha sido siempre el espacio reterritorializado por la dictadura cvico militar. La izquierda tradicional (Concertacin y Nueva mayora) no produjo el orden neoliberal y, sin embargo, lo legitim ponindolo en marcha desde 1989 hasta el da de hoy en el que a un gnster de la poltica se le ocurre sacar a los militares como en los mejores tiempos de la dictadura de Pinochet. Piera y su ministro del interior pueden decretar un estado de excepcin constitucional, precisamente porque el estado de excepcionalidad es lo que la democracia nunca logr abolir, es decir, el dispositivo del terror con el que se inici en 1973 la operacin masacre siempre ha estado en la esencia de la democracia en Chile.

El terror ha mutado, sin duda, y ha obtenido sus movilidad en la desafeccin y la crueldad de las instituciones neoliberales. La desafeccin y la crueldad neoliberal no solo amenaza las posibilidades de la vida laboral, la salud, la vivienda, la educacin, tambin estn amenazados y en vas de extincin los espacios pblicos y los servicios vitales para la existencia del mundo de vida. El exceso de vehculos, la contaminacin, el encarecimiento de servicios bsicos como el agua y la luz, la desposesin y captura de los espacios de recreacin comn como lagos, parques y playas, la desposesin y captura de los medios de comunicacin masiva. El dispositivo de la democracia neoliberal subsumido en la lgica de la desafeccin y la crueldad ha puesto en peligro sistemticamente patrones mnimos de civilizacin.

El malestar contra Piera es tambin un malestar con este dispositivo de cultivo de la vida hedonista mediante el acceso de rapia de dinero por parte de una clase media frustrada y sin, muchas veces, la comprensin poltica de que el cultivo de la vida hedonista es el comienzo del fin de cualquier proyecto de modernidad, de cualquier posibilidad de imaginar una civilizacin. La clase media, compuesta, en el Chile de hoy por un sector importante de jvenes que no vivi el terror de la dictadura y que, por lo mismo, no tiene miedo a desafiar a Fuerzas Especiales de Carabineros ni a los militares que el gobierno cobarde de Piera ha sacado a la calle, activando el recuerdo del dispositivo del terror, junto a los sectores ms desposedos de los usuarios del metro de Santiago es la que ha provocado el rechazo a un gobierno de ineptos. La desobediencia civil ha recompuesto el rechazo a la violencia neoliberal.

As la guerra que desde el dispositivo de la democracia evoca Sebastin Piera estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable no es muy distinta de la que su mentor en los peores aos de la dictadura sentenciaba si estamos en guerra seores, si la guerra no ha terminado. Se equivocaban algunos jvenes socilogos chilenos, ansiosos por rditos en el sistema electoral, cuando decan que en Chile Pinochet es algo que est en el pasado. La guerra de Piera tiene su origen en el terrorismo de Estado que en Chile se ha prolongado. La defensa legtima de una sociedad civil que padece descontento generalizado y el simulacro de democracia y equidad no se detendr. Las clases subalternas y la clase media frustrada que conforma la mayora de los chilenos y chilenas, al igual que lo hicieron el 2006 con la revolucin Pingina y el 2011 con la rebelin contra el lucro en la educacin, han despertado de la ilusin de que el neoliberalismo es un proyecto deseable y, ms an, vivible. Este despertar que emerge como desobediencia no solo es legtimo, sino deseable para un pas que dominado por la herencia del pinochetismo carece de porvenir.

La evasin del boleto de metro, la asonada diaria de cacerolas de los sectores populares y la clase media descontenta, han desatado la rabia contenida, acumulada desde el mundo de vida cotidiano, desde el uso diario de los servicios de transporte pblico, desde el estrs y la violencia que significa conducir en una ciudad altamente contaminada y desbordada por el parque automotriz. La sensacin de estos conductores es muy prxima a la de Michael Douglas en el film Un da de furia [Falling Down] (1993); es precisamente esa mosca en el auto que irrita la furia del protagonista con la que da a da deben lidiar todos los chilenos y chilenas. La mosca representa las complejidades de una sociedad que ha ido cambiando y que se privilegia de la migracin de los hermanos y hermanas de ese dolido y desgarrado Hait al que le debemos el haber iniciado los primeros connatos emancipadores de la regin en el siglo XIX y del que la sociedad chilena deber aprender. Deber aprender a abrirse a modos de hospitalidad que no tienen ninguna cabida en el espacio de la democracia neoliberal que hoy lidera la derecha extremista de Sebastin Piera. Entre los miles de inmigrantes latinoamericanos estn tambin los venezolanos que creen en el mito del milagro de la economa chilena y que avalados por el odio que promueve la derecha chilena gritaban a fines de febrero del 2019 comunistas maricones, les mataron sus parientes por huevones; tampoco ellos podrn tener una vida digna en un sistema neoliberal como el chileno. El oasis de Amrica Latina se ha derrumbado y el odio contra los desposedos que claman por un mundo de vida que permita a todxs gozar de los bienes comunes est amenazado. Es lo que deben entender los amigxs que vienen de Venezuela a integrar las filas de la uberizacin de la ciudad de Santiago, pero sobre todo, es lo que debe tambin entender la casta de derecha e izquierda que se han acomodado en un sistema poltico que ya no da a basto, que se desborda por todos lados produciendo la posibilidad de que el neofascismo sea, en el Chile actual, un fenmeno mucho peor que el que recientemente pudimos ver ficcionalizado en el film Araa (2019) de Andrs Wood.

El neoliberalismo y su forma democrtica, sostenida por el dispositivo de una guerra contra un enemigo implacable no es otra que la guerra fratricida contra las poblaciones desposedas de un mundo de vida posible y deseable en medio de una catstrofe global. Las asonadas de protesta social que han dicho basta a los abusos, basta al despojo de la vida, basta a la persecucin de vendedores ambulantes, basta al abuso y la violencia que la polica de carabineros ejerce como prolongacin de la violencia clasista y racial en los inmigrantes, en las mujeres, en los estudiantes. La guerra de la que habla Piera es una guerra que l y su gobierno hacen en nombre del Orden constitucional ilegtimo de 1980, de los negocios millonarios con las transnacionales, de los privilegios del empresario-gnster que denigra el Estado y lo pone a disposicin de los interesas de las oligarquas financieras del capitalismo nacional. Esa guerra es la guerra contra la sociedad civil entera. Lo dems es el montaje justificatorio que con ayuda de los medios de comunicacin, aliados a la empresa neoliberal, producen las imgenes de los incendios, promueven la infiltracin de los supuestos grupos anrquicos que provocan el desorden y los ataques de vandalismo... Piera tiene a su servicio los canales de televisin mediocre que masifican imgenes del caos mientras l saca con la entereza del legado de la democracia de Pinochet los militares a las calles para sitiar avenidas principales, parques de recreacin para infantes, las grandes alamedas y los centros comerciales, asustados por el desmadre de los saqueos.

La guerra de Piera es la misma que el alcalde Felipe Alessandri (Municipio de Santiago) en complicidad con el Ministerio de Educacin llevaron a cabo contra los estudiantes secundarios del Instituto Nacional. La guerra que tortura y reprime a estudiantes no solo es una guerra injusta, sino inmoral, descarada, una guerra desalmada contra la civilidad, contra patrones mnimos de convivencia social. La guerra de Piera y antes la del gobierno de la Concertacin Democrtica es la guerra racista contra las comunidades mapuches en el sur de Chile, una guerra que sigue derramando sangre en complicidad con el capital de empresas forestales y el Estado de Chile. Es una guerra a la que con toda razn el socilogo Tito Tricot en su ensayo Aukan. Violencia histrica chilena y resistencia mapuche (2017) ha llamado guerra de baja intensidad por parte de un estado terrorista que asesina y siembra el terror en la regin de la Araucana. La guerra que promueven Piera y su gobierno es una guerra fratricida, es una guerra en que el enemigo implacable son y somos todxs lxs chilenxs.

El toque de queda decretado por la derecha extremista de Piera desoculta la verdad de la democracia militarizada del neoliberalismo chileno. Pero tambin desoculta el compromiso de la televisin amarilla a la que, sin duda, se le opone el trabajo espontaneo de resistencia en las redes sociales. Militares contra cacerolas, bocinas contra los fusiles son las armas de la desobediencia civil. La manera que la sociedad civil ha respondido a la guerra de Piera ha sido mayoritariamente con cacerolas. En la memoria de las protestas de comienzos de los ochenta la historia de la cacerola es la historia del conato de resistencia popular que logr unir a la izquierda y poner fin a la dictadura de Pinochet. Ha sido la cacerola y no la hipostasis meditica de los incendios probablemente muchos de ellos producidos por el montaje del propio gobierno el arma que la poblacin chilena ha encontrado para articular el clamor de la protestas contra un sistema inviable.

El toque de queda que decret Piera ha activado la memoria del viejo terror, los monstruos que hicieron doler la carne viva de millones de chilenos y chilenas que creyeron en el gobierno popular de Salvador Allende. Pero esta memoria no es solo la memoria de los que vivieron el golpe y que a costa de arriesgar su vida lucharon por el retorno de la democracia. La memoria de la resistencia es heredada a los jvenes y esto tiene una potencia insospechada porque los jvenes, los estudiantes no tienen miedo al toque de queda. El estado de excepcin de la constitucin ilegtima les es extrao. Si los estudiantes han liderado los acontecimientos ms importantes del 2006, el 2011 y el de la evasin al boleto del metro es porque el miedo les es ajeno. El gobierno de Piera tendr que lidiar con ellos. Qu har? Los va a asesinar como lo hizo la dictadura de Pinochet? Va a degollar a sus profesionales honestos y en resistencia? Encerrar en la crcel a millones? Reproducir los campos de concentracin? Encerrar a nuestrxs msicos en el estadio que hoy lleva el nombre de Vctor Jara? Los estudiantes no pueden quedarse solos, su consigna Basta de neoliberalismo en Chile debe calar de manera profunda en los sectores de esa izquierda que, si bien ha colaborado en mantener el dispositivo de la democracia neoliberal, debe sumarse a una demanda que deber ser de largo aliento.

La izquierda acomodada y tradicional debe desacomodarse, debe volver a pensarse como una alternativa a la democracia neoliberal. Los militantes que an creen en los bienes comunes que se necesitan para que el mundo de vida prolifere requiere del entrelazamiento fuerte entre las organizaciones estudiantiles y los movimientos sociales. La izquierda acomodada debe pasar a constituir su desacomodo pensando la posibilidad de una nueva institucionalidad, de un nuevo gobierno que recupere el sentido de la democracia y la igualdad social. La izquierda no puede seguir tolerando dentro de sus filas a senadores que supuestamente son socialistas y que, antes de que el Ministro del Interior de la derecha se pronunciara, llamaba a reprimir a los estudiantes que evadan el pago del boleto del Metro. Esa izquierda es la que hay que abandonar. Los movimientos sociales deben buscar sus aliados en los sectores que han entendido la desobediencia civil de la evasin y el reventn social de la sociedad chilena como una crtica al sistema neoliberal en su conjunto. Esos sectores de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), del Movimiento Feminista, del PC (Partido Comunista) y del FA (Frente Amplio), entre otros, han dado muestra de que no se inscriben en la mediocridad de una izquierda (neoliberal y electoralista) incapaz de estar a la altura de los movimientos sociales y de los estudiantes y su justa desobediencia en el 2006, el 2011 y hoy, en el 2019, en el Instituto Nacional y en los que detonaron la revuelta popular por las evasiones en el Metro.

La estrategia de los gobiernos que han ayudado a sostener la democracia neoliberal ha sido siempre la de parcializar, fragmentar, reducir las luchas a reivindicaciones y normalizar la sociedad neoliberal hasta un prximo reventn. Sin embargo, quiz, sea hora de que este reventn escale hasta la huelga general y se convierta de una vez en la posibilidad de un mundo de vida en el que ni la represin a los estudiantes, a los vendedores ambulantes, a los inmigrantes haitianos, a las mujeres que luchan, a las disidencias sexuales, a los obreros de la minera y de la pesca, a los mapuches, a las minoras tnicas, ni los estados de excepcin tengan lugar. Para que eso ocurra la izquierda (no tradicional y anti-neoliberal) y los movimientos sociales deben ocupar las instituciones capturadas por un sistema que se sostiene sobre el simulacro del dispositivo de la democracia. Piera no solo debe renunciar y convocar a elecciones, la izquierda debe iniciar un nuevo comienzo por fuera de todo el acomodo que ha caracterizado los largos aos de militarizacin en Chile y que hoy encuentran su verdad en la artimaas del gobierno militar de Piera. Esto significa que para ser hoy de izquierda no es suficiente recitar el ABC del neoliberalismo hay que pasar a la consolidacin de un gran movimiento ciudadano que haga desde la estructuras parlamentarias heredadas del rgimen de Pinochet una asamblea constituyente que derogue la genealoga ilcita de una constitucin que protege a los oligarcas de siempre y militariza la vida de la sociedad chilena.

La asonada de cacerolas y la revuelta popular es el derecho legtimo de la inmensa mayora de chilenas y chilenos a la autodefensa de una violencia estructural y estructurante. Pero habr que pasar de la rabia y la desobediencia a las estrategias que permitan una articulacin poltica capaz de fundar un mundo de vida con instituciones orientadas a la vida en comn. Es la hora de declarar el comienzo del fin de una sociedad oprobiosa, injusta y basada en las enormes desigualdades sociales. Que las cacerolas suenen hoy toda la noche en los odios insensibles de los continuadores del legado de la dictadura y que comience el clamor de una nueva constitucin para Chile.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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