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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2019

De regreso a octubre, sobre la coyuntura chilena de octubre de 2019

OPECH
Rebelin


En un mes plagado de historia poltica, manifestaciones inditas se estn desarrollando en las calles de Chile. Lo que comenz como evasiones masivas (no pago de pasaje) de estudiantes secundarios en el Metro de la capital se ha tornado en una rebelin popular, sometida a una respuesta represiva que tiene en la calle a los militares por primera vez desde el fin de la dictadura. Sin una salida poltica clara, a diferencia del reciente estallido en Ecuador, el transcurso del movimiento es incierto. Las siguientes lneas son un esbozo parcial y fragmentado de lo que estamos viviendo en el pas, con el nimo de sistematizar algunos de los rasgos que caracterizan la coyuntura.
 
Acto #1: Evadir, no pagar / otra forma de luchar
 
Casi todos los grandes estallidos sociales postdictadura han sido gatillados por el movimiento estudiantil secundario. No es casual que el presente Gobierno y la municipalidad de Santiago (centro de la capital del pas) vengan librando una guerra contra las y los jvenes, sometindolos a estados de guerra, con la polica militarizada custodiando/provocando Liceos, tras la instalacin de la Ley Aula Segura para facilitar las expulsiones de estudiantes sin debido proceso. Bajo ese asedio militar-institucional de hace varias semanas, las y los jvenes comenzaron a impulsar las evasiones masivas: ingreso simultneo de decenas de ellos a una estacin del metro subterrneo para sobrepasar a los guardias y evitar el pago del pasaje (por cierto, la tarifa reducida para estudiantes demostraba que el problema no era pagar, sino un reflejo de algo ms profundo).
 
El 7 de octubre vendra la gota que rebals el vaso: el panel de expertos que el sistema de transportes de la capital dispone para la definicin de la tarifa, determin subirla hasta 830 pesos (1.15 dlares). El sueldo mnimo es de 301.000 pesos (418 dlares), lo que significa que el traslado desde el hogar al trabajo, para una persona, puede llegar a significar ms del 12% del ingreso mensual familiar o ms. Para una poblacin ahogada en deudas y sometida a un alto costo de la vida, con todos los servicios bsicos mercantilizados, una nueva alza del pasaje fue como una bofetada ms, que esta vez no se tolerara.
 
l hasta ahora impoluto Metro de Santiago empez a ver cmo se sumaban decenas de adultos a los estudiantes al momento de evadir los pasajes. En una escalada indita, se generaban zonas libres de pago donde pasaban cientos de pasajeros sin pagar, incluso con expresiones ms violentas de rotura de los torniquetes y los dispositivos electrnicos de pago. Frente a esto, la polica uniformada (Carabineros, o pacos) empez a resguardar los accesos para evitar el ingreso masivo de secundarios; como estos se movan a otra estacin, la polica sucesivamente aumentaba el nmero de estaciones cerradas, y as, de sbito, el viernes 18 de octubre la capital estaba colapsada. El llamado basta de abusos comenz a tomarse las comunicaciones y pronto lleg la convocatoria a un cacerolazo a las 20:00 horas, forma de manifestacin propia de la dictadura que el movimiento estudiantil reflot el ao 2011.
 
La noche del viernes se realizaron los caceroleos ms masivos que se hayan visto en las ltimas cuatro dcadas. Sin una convocatoria centralizada ni una cara visible que condujera, simplemente como vecinos y vecinas salimos a nuestras esquinas a golpear nuestras ollas y sartenes en repudio a la represin masiva que se estaba generando y en apoyo a la protesta social. El volumen de la movilizacin adquiri tal dimensin, que el Ejecutivo decret Estado de Emergencia a la medianoche. Los militares se haran cargo del orden pblico (Agamben tena razn).
 
Interludio: No son 30 pesos, son 30 aos
 
Si bien es indudable que el descontento por el alza en la tarifa de transportes capitalino fue la chispa que encendi la llama, la bsqueda de explicaciones no tard en arribar al puerto de la desigualdad y los abusos. Los rasgos del Chile actual son propios de un capitalismo neoliberal de casi ms de 40 aos ininterrumpidos de implementacin. A diferencia del resto de Amrica Latina, que lo vio venir sobre todo en los 1990, la dictadura comenz a aplicar el recetario neoliberal tempranamente, hacia 1974, dando carne a lo que ms tarde se conocera como doctrina del shock. De ah en ms, tambin a diferencia de la regin, que tuvo varios episodios de neodesarrollismo, la propia dictadura y los siete perodos gubernamentales sucesivos, cinco de la socialdemocracia (Concertacin y Nueva Mayora) y dos de la derecha, dieron continuidad al recetario. Aqu siempre se ha oscilado entre dos ironas: o la derecha gobern con las ideas de la Concertacin, o la Concertacin con las ideas de la derecha. La connivencia de los dos principales conglomerados partidarios ha sido intensa en la implementacin de una agenda de profundizacin neoliberal. Esta agenda construye soluciones neoliberales, es decir, frente a las constantes y cada vez ms seguidas, muestras de descontento, ha reciclado las demandas de estos movimientos en medidas que han terminado profundizando ms el modelo, en base a bonos, subsidios a privados, mayor flexibilizacin y , por supuesto, privatizacin. Pan para hoy y hambre para maana. Las Aseguradoras de Fondos de Pensiones, AFPs, son la mejor muestra: pese a la aspiracin popular por acabar con este sistema de capitalizacin privada de las pensiones, que lleg a sacar a un milln de personas a la calle, la bicoalicin ha cerrado filas en torno a mantener las AFPs y sostener el sistema actual. Incluso se desliza la idea de devolver parte de los fondos en casos excepcionales (enfermedad por ejemplo), fortaleciendo as el pilar ideolgico del modelo.
 
Similar situacin ocurre con la educacin. Las reformas por el mayor acceso y cobertura, han dado paso a la profunda privatizacin y estandarizacin del sistema educativo. Las reformas en la salud han implicado la proliferacin de sistema de prestaciones privadas y un acelerado deterioro del sistema pblico. Lo mismo ocurri con el transporte pblico, que a travs del discurso de la modernizacin, ingres incluso a los bancos para especular con el dinero del pasaje. Los empresarios de la previsin, de la educacin, de la salud y del transporte, son los mismos, son vidos de ganancias, delincuentes de cuello y corbata. Son ellos los artfices de la indignacin popular.
 
Pese a este cuadro, transversalmente se reconoce la incapacidad de prever el estallido. Nadie se lo esperaba. La metfora de la olla a presin que de sbito explota y lo desborda todo es atinada para la presente coyuntura. Pese a que varios autores han reconocido la existencia de fisuras de este neoliberalismo, es decir, un agotamiento del modelo que se expresa en mltiples frentes de crisis y sus respectivas demandas sociales, se reconoca comocontracara el carcter anmico y aptico de la poblacin chilena, su acostumbramiento a este estado de cosas, su disposicin a resolverlo de manera individual a travs del sistema crediticio. Exceptuando a la juventud, sobre todo aquella que no necesariamente es parte de la renovacin de la clase poltica, y quehaba podido canalizar diversas exigencias, se tena la imagen del chileno como dormido, incapaz de reaccionar. No por nada hace tan solo pocos das Piera se haba atrevido a afirmar que Chile era un oasis en Latinoamrica, en comparacin con la crisis ecuatoriana. La jactancia le explot en la cara como una granada.
 
Por eso, como titulamos, se dicen 30 aos, aunque habra que decir 40: de 1980 inclusive a la fecha, se ha constituido una sensacin de abuso sostenido en variados aspectos de la vida, desdealgunosms sentidos y propios de la subsistencia, como el salario, el costo de la vivienda o el acceso a la salud, a cuestiones suntuarias como las
condiciones de endeudamiento o la entrada para ver un partido de ftbol.
 
Acto #2: Estamos en guerra
 
Como decamos, la misma noche del viernes 18 de octubre Piera decreta Estado de Emergencia Constitucional. Este solo se haba establecido despus de la dictadura en el contexto del caos de abastecimiento que vivi el sur del pas despus del terremoto y tsunami de 2010. Es decir, primera vez que en democracia invoca un estado de emergencia para controlar la protesta social. Dicha medida significa que el control del orden pblico se deja en manos de efectivos militares, a travs de la designacin de un jefe de defensa nacional.
 
La tarde del sbado 19 de octubre, el gobierno, luego de casi 24 horas centrando sus declaraciones en la crtica al accionar vandlico de los manifestantes, ofrece una cadena nacional en la que el presidente seala que ha escuchado la voz de los compatriotas y que enviar un proyecto de ley urgente para permitir congelar el alza de la tarifa del Metro. Esto es, la nica demanda visible del descontento social se resuelve rpidamente. A esta se suman medidas irrelevantes, como la apertura de dilogo con los ciudadanos, sin definir quines ni cmo. No obstante, tras cartn, el general a cargo decreta toque de queda para las 22:00 horas en la capital, medida que comenz a replicarse como un efecto domin en el resto del pas, hoy ya son 10 de las 15 regiones del pas. Las primeras imgenes de militares apuntando con sus armas de guerra y deteniendo salvajemente llegaron del indomable puerto de Valparaso, ya incluso mostrado por la televisin. Pese a la restriccin de desplazamiento, la gente no se amedrent. Por el contrario, la disposicin fue de enfrentar a la polica y las fuerzas armadas y desafiar el toque de queda con su presencia en las calles. Al mismo tiempo, del caceroleo y las concentraciones en espacios pblicos, emergen los saqueos, principalmente a tiendas de supermercados (que pertenecen a tres grupos empresariales: la potencia chileno-regional Cenconsud, la estadounidense Walmart y la nacional del empresario Saieh) y otras de retail, al igual como ocurri en el sur en 2010 tras el terremoto y tsunami. Las turbas que sacan los productos lo hacen sin presencia policial, en ocasiones llevndoselos en automviles (Qu est ocurriendo que los saqueos se realizan impunemente?, se pregunta la gente.) Durante el domingo 20 de octubre, las protestas siguen con una masividad inesperada, al igual que los saqueos, que se hacen a plena luz del da. En la noche, Piera, rodeado de militares, declara: Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, que est dispuesto a usar la violencia sin ningn lmite.

Comienza la estrategia comunicacional: los buenos y los malos, los inocentes y los villanos, los ciudadanos y los vndalos. La misma teora del enemigo interno con que se entrenaron las fuerzas armadas chilena desde los 1950 y aplicaron desde 1973 en adelante; la misma teora que justifica la militarizacin del territorio mapuche y la represin sobre el movimiento secundario, se desenfunda ahora para fundamentar el despliegue policaco-militar sobre las ciudades del pas. Los medios de comunicacin, fundamentalmente la televisin, juegan un papel fundamental mediante la visibilizacin incesante de todo aquello que parezca violencia, desmn, descontrol, vandalismo. El manual periodstico indica que todo lo extremo, polmico y escandaloso merece mxima atencin, por sobre las explicaciones profundas del malestar social o la denuncia de la violencia uniformada, y la televisin chilena lo aplica a rajatabla. El fin de semana se sucedieron los llamados a paro nacional para el lunes 21 de octubre. Con el funcionamiento acotado del sistema de transporte, y todas las clases de escolares y universitarios suspendidas, ese da fue lo ms parecido a una huelga nacional en dcadas, menos por el boicot de los trabajadores que por la mera imposibilidad de trasladarse para ir a trabajar. El ruido de las cacerolas segua sin amainar, los saqueos continuaban y se agreg la paranoia del desabastecimiento, que llev a miles de personas a agolparse en la red de pequeos almacenes y ferias libres que se multiplican por las ciudades para comprar vveres por sobre las necesidades inmediatas. Pronto los locatarios y comerciantes llamaron a la calma: no faltan productos, tenemos mercadera, tranquilcense. Con irona, la poblacin recordaba el mito que recorri las elecciones presidenciales, en que la derecha acusaba que si Piera no sala electo, Chile sera la nueva Venezuela: Chilezuela. Al contrario, el caos lleg con la derecha en el poder.
 
Acto #3: un nuevo orden social?
 
La declaracin de guerra del presidente levant con fuerza una tesis que circula entre los chilenos: que el caos est siendo fomentado adrede. En sntesis, esta visin plantea que el gobierno favoreci los saqueos y el desbande lumpen, para justificar despus la militarizacin del espacio pblico. Por ejemplo, se menciona que el viernes y sbados las estaciones de Metro incendiadas no contaban con resguardo policial, pese a que era previsible que ocurriera. Ms grave an, circulan videos donde se observan funcionarios policiales o militares produciendo incendios, robando mercadera o como infiltrados gestando desmanes, a modo de instigacin de la violencia. La tesis contina con que la emergencia del lumpen favorece la nocin de unin entre los chilenos contra un enemigo comn, la delincuencia, y confunde a propsito, al tiempo que invisibiliza, las multifacticas expresiones de organizacin popular. As la represin policaco-militar podra actuar incluso con respaldo de la poblacin, quien ve como una necesidad su accionar, el toque de queda y las medidas de esa ndole.
 
Sea cual sea la hiptesis ms certera, el desarrollo de las manifestaciones ha demostrado una alta disposicin de enfrentamiento de un sector de la poblacin chilena contra las fuerzas policiales e incluso militares.

Se entiende que no estamos bajo el riesgo de una asonada militar y una escalada asesina como la que vivi el pas hace 46 aos, por lo que la gente, en especial la juventud, se anima a desafiar el toque de queda, a movilizarse a los centros de las ciudades y a enfrentarse -con expresiones incluso violentas- a los uniformados. Esto no quita que el resultado ha sido una feroz represin: un reporte del Instituto Nacional de Derechos Humanos emitido durante el martes 21 indicaba ms de 1.600 personas detenidas por los disturbios y 123 heridos por armas de fuego, y se maneja la cifra de 18 asesinados por fuerzas armadas o policas. Est claro que todos los nmeros estn a la baja de lo que efectivamente est pasando, en tanto las denuncias por disparos de militares y de civiles armados se multiplican. La verdadera cara de la violencia uniformada apenas se est asomando.
 
Otro rasgo distintivo del alzamiento es la ausencia de los partidos y las organizaciones sociales. En general, la expresin ha sido fundamentalmente territorial, como una sumatoria de individuos con escaso arraigo entre s salvo su lugar de residencia. Aunque no han sido pocas las organizaciones sociales que han llamado a continuar manifestndose, ellas no fueron las que convocaron las primeras movilizaciones, y su continuidad no depende de sus llamados. El rechazo a la poltica tradicional cunde, aunque tampoco se refleja en organizacin comunitaria o popular; no al menos antes que esto empezara, aunque es de esperar que s sea un resultado de esta bullente coyuntura. Por lo pronto, un grupo de ONGs de corte asistencialista estn llamando a un nuevo orden social; una especie de revalidacin del supuesto contrato social que le da gobernabilidad al pas. A diferencia de esta nostalgia por los pactos transicionales, otro conglomerado de organizaciones sociales, la Mesa de Unidad Social, levantada como una forma de reunir el rechazo al gobierno de Piera, convoca a una huelga general para este mircoles 23 de octubre en caso de mantenerse el estado de emergencia y la presencia militar en las calles. La Unin Portuaria, uno de los sindicatos ms fuertes del pas, haba llamado a paralizar el lunes 21 y levant las mismas condiciones. Ambos coinciden en la conformacin de una Asamblea Constituyente. En tanto, la oposicin poltica parlamentaria ha confirmado la incapacidad de conduccin ya conocida durante el gobierno de Piera, adems sin unidad, algunos partidos se han reunido con Piera, otros han ido a presentar cartas al palacio de gobierno, otros se han restado.
 
Como se observa, hay carencia de una conduccin poltica del estallido social, as como una inexistencia de demandas claras que viabilicen una salida, aunque abundan en las mltiples declaraciones de organizaciones sociales alusiones a los temas de fondo: otro sistema de jubilaciones, reduccin del costo del transporte, reconstruir la salud y la educacin pblica, nacionalizar los recursos naturales, terminar con el robo del agua, terminar el robo de tierras a los pueblos originarios, detener la destruccin ecolgica que se expresa en las zonas de sacrificio, congelamiento de todas las tarifas de necesidades bsicas, regulacin de precios de bienes y servicios bsicos (medicamentos entre estos), congelamiento de los intereses de las deudas y del sistema financiero (vivienda incluido), convocatoria a proceso social constituyente por una nueva Constitucin, anulacin de ley de pesca, etc. Es decir, cambiar el modelo.
 
La respuesta y escalada represiva del estado de excepcin, y el miedo frente a la amenaza del desabastecimiento dejan el futuro de la movilizacin en la incertidumbre. Sin embargo hay un olor que se respira en el aire ms fuerte que el gas lacrimgeno, las personas quieren algunos pisos mnimos: fuera los militares de las calles, aclaracin de las muertes ocurridas, juzgar a los asesinos, aclaracin de la participacin de policas y militares en saqueos e incendios. Hecho esto, fuera Piera! Por favor atrs el neoliberalismo, que nada siga igual!
 
OBSERVATORIO CHILENO DE POLTICAS EDUCATIVAS OPECH Universidad de Chile

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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