Portada :: Chile :: Chile: Rebelin antineoliberal
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2019

Una revuelta popular desde abajo para parir un nuevo ciclo

Luis Thielemann H.
Viento Sur


Es difcil describir lo que ha ocurrido en Chile en la ltima semana, sin ser presa de un subjetivismo provinciano o de cierta ansiedad que provocan hechos inditos en dcadas. A estas alturas resulta un clich insistir en aquello de que nadie previ esta revuelta y, si bien es cierto, es una sntesis que impide observar y comprender el perfil complejo de los hechos. Pero si de algo nos sirve el materialismo clasista es para iluminar lo que de otra manera se explicar con lenguajes de la dominacin y la gobernanza. Se hablar de un otro no ciudadano, para ver cmo se hizo explcito y por la fuerza lo que hasta ahora era un masivo refunfuo rabioso pero impotente de la clase trabajadora chilena. Lo que ha ocurrido en Chile es una revuelta popular, masiva, apoyada y protagonizada por trabajadores, estudiantes y toda la multitud de pobres y precarios que se amontona en las periferias de Santiago y otras grandes ciudades. Pueblo abigarrado, en lenguaje del marxismo andino. Es una revuelta contra un objetivo tan amplio como claro: el orden poltico de la post-Dictadura y el empresariado que se ha hecho rico a costa de vender derechos sociales a los chilenos. Casi ninguna institucin de Chile conserva hoy legitimidad, la mayor parte de la poblacin del pas est bajo estado de excepcin, y uno de los rdenes socioeconmicos modelo de los neoliberalismos reales, se sostiene hoy nicamente en las Fuerzas Armadas y las policas.

La revuelta comenz de a poco y organizada por los estudiantes del centro de Santiago, los ms golpeados por meses de represin directa del alcalde derechista de la comuna central de la ciudad capital. La razn directa era el alza del pasaje en 30 pesos chilenos (unos 0,8 euros). Desde el lunes 14 de octubre, se anunciaron poco a poco evasiones masivas, es decir, pasar al Metro de la ciudad sin pagar, aprovechando la superioridad numrica y muy pacfica de estudiantes, a los que se sumaron cada vez ms personas trabajadoras, pues eran en horarios punta. La palabra evasin no es menor. Primero, porque es la palabra con que se ataca desde la prensa y el gobierno a quienes en los microbuses de la ciudad simplemente suben sin pagar. Desde hace aos ya, los principales paraderos de microbuses de la ciudad estn cercados y con guardias privados, y aquellos en que estn en las avenidas de barrios populares o en sus accesos, adems est la polica armada. La evasin sigue, a pesar de eso, sin bajar de un tercio, ms o menos, de los pasajeros totales del servicio. El Estado ha creado un registro de evasores, y las multas pueden llegar a los cientos de euros o incluso prisin. En segundo lugar, la palabra evasin se hizo famosa por las distintas evasiones de impuestos que fueron perdonadas por el servicio de impuestos del Estado o los tribunales. En general, se le llam evasores a los empresarios que de distintas maneras se han enriquecido a costa del cobro por servicios sociales, a los corruptos o a aquellos que lograron evadir los procesos judiciales por financiamiento oscuro de la poltica, a los que casi toda la clase poltica, salvo el PC y el Frente Amplio, est vinculada. En los primeros das de la revuelta, circul profusamente un panfleto que explicaba que el costo de reparacin total de la destruccin del metro, unos 200 millones de dlares, eras una fraccin muy mnima del total sumado de todos los escndalos conocidos de corrupcin empresarial o poltica de los aos recientes. Eso se sum a que las voceras del gobierno se mantuvieron, hasta bien entrada la revuelta, en un tono de ataque al movimiento, tachndolo de delincuencial y lumpenezco, de terrorismo organizado incluso, sin advertir que ya prenda por toda la clase trabajadora.

De esta forma, el alza del pasaje dio una causa desde la cual proyectar el odio a todo un sistema general de explotacin por la va de provisin de servicios sociales o las deudas por consumo. En Chile, el coste de los productos tecnolgicos es bajsimo en comparacin a otros pases, y es as en general con todo tipo de bienes de consumo. Por otra parte, los precios de la vivienda han subido a niveles en que es imposible acceder a la propiedad, la comida es ms cara que en Europa, el transporte pblico es el ms caro del continente (en torno a 1 euro el pasaje, y los abonos no existen aunque los estudiantes tienen pasaje rebajado). La salud y la educacin son en general de provisin privada, y se sostienen en enormes subsidios estatales cuyos flujos y licitaciones son a menudo oscuras. Lo mismo pasa con la infraestructura moderna del pas, como carreteras y lneas de metro. Las pensiones son lo que ms ha movilizado recientemente el descontento social, las AFP, un enorme impuesto al salario, que entrega pensiones de pobreza. El secreto es que el enorme volumen de dinero que sale de los millones de salarios de los trabajadores chilenos, es la caja pagadora de la mquina financiera de la burguesa local en su proyeccin hacia el continente, as como tambin de mucha especulacin financiera. El sistema funciona de tal manera que si los negocios de las AFP, que son privadas todas, pierden dinero, se descuenta la prdida individualmente a los cotizantes. Si el alza del pasaje dio un detonante, la accin de los estudiantes dio un mtodo de lucha no violento. Todo eso cambi el viernes 18.

Desde el da mircoles 16, el Estado respondi tratando de delincuentes, incluso terroristas, a los estudiantes, mientras el respaldo popular solo creca. Se llenaron las estaciones con las fuerzas especiales de la polica, y las evasiones, cada vez ms y ms masivas, comenzaron a ser por la fuerza. La polica llen de gases las estaciones y los trenes no paraban en las que haban sido invadidas, y lo que ya era una multitud ms all de los estudiantes, respondi sentndose en los andenes con los pies hacia la lnea, impidiendo el avance de los mismos. El viernes 18 las acciones ya eran de masas y en toda la red que cubre casi toda la ciudad, incluyendo los enormes barrios populares de Puente Alto, La Florida, en que vive ms de un milln de trabajadores, o Maip, al oeste de la ciudad, en que vive otro medio milln. All, en las periferias, comenz la violencia ms dura, la polica al atardecer estaba sobrepasada, comenz a disparar dejando un reguero de heridos a balines.

Lo cierto es que la revuelta tambin estaba desbordada de cualquier posible direccin. Organizado o no, hayan actuado o no grupos de vanguardia, eso no explica la masividad y complicidad de las clases populares con los ataques a las estaciones. Cuando anocheci y las policas se fueron, se produjo la destruccin total de veinte estaciones, todas quemadas, casi un centenar estaba con daos importantes. El total de estaciones es 136. La ciudad se llen de barricadas, Piera baj el alza del pasaje, dijo que comprenda el malestar, declar el estado de excepcin y envi los militares a la calle. No pudo ser peor. Aquello despert el viejo sentimiento antidictatorial mayoritario en el pas. Por otro lado, durante la misma noche los incendios y saqueos se desataron por todas partes. Aunque muchos condenaron estas acciones, no hubo mayor rechazo. La revuelta, como muchos decan, ya no era por esos 30 pesos Por el contrario, al amanecer del da sbado 19 las calles se repletaron de personas. El metro anunci la noche anterior que suspenda el servicio por todo el fin de semana y eso envi a todos los que queran protestar, de vuelta a sus barrios. Las calles de toda la ciudad se llenaron de gente golpeando cacerolas, la tradicional forma de protesta pacfica del pas, pero en los barrios populares la revuelta se puso a la ofensiva, con barricadas, saqueos y hostigamiento a policas y militares. Los heridos a bala ya se multiplicaban, los primeros muertos aparecieron. Piera decret el toque de queda, pero la mayora de la poblacin no se retir, la violencia continu toda la noche, durante todo el da domingo 20 y nuevamente hubo un toque de queda que la multitud no respet. En su mayora, sigui actuando pacficamente. De todas formas, se produjeron imgenes impresionantes de enfrentamientos con los militares y policas, a un grado indito para un pas histricamente calmo. Pero tambin al borde de la distopa neoliberal. En un pas en que un televisor de ltima tecnologa puede ser ms barato que el arriendo mensual de la vivienda, hay videos de la revuelta que muestran como de las tiendas saqueadas eran lanzados a las barricadas por personas absolutamente normales. Mientras negocios locales eran defendidos por las masas, el incendio del gran retail, bancos y sucursales de servicios privados eran disueltas en ruinas.

Se produjo un breve cambio el da lunes. Muy importante. Durante la noche del domingo, Piera habl por cadena nacional, tom el discurso del enemigo interno, habl de grupos organizados detrs de la revuelta y dijo que el Estado estaba en guerra y pidi que el lunes, si bien asegur difcil, fuese un da normal. Se apoy en grupos espontneos de vecinos, con chalecos amarillos, que temieron por sus viviendas por temor a saqueos de pobladas. Ya para el da martes quedaban solo unos pocos de ellos, y estn deviniendo en asambleas barriales populares. Nadie le crey a Piera, ni siquiera los chalecos amarillos, que queran cuidar los supermercados, pero tambin protestar. Al otro da, el general a cargo del estado de excepcin lo desminti, la vocera del gobierno tambin. Lo ms importante, las calles de la ciudad se llenaron. La multitud, en una impresionante autonoma tctica, calm la violencia en lo que pudo y paraliz el pas colmando las calles de las grandes ciudades. La respuesta represiva hizo que ya hacia la tarde, nuevamente las calles fuesen enfrentamiento duro, incendios y saqueo. Esa noche del lunes el presidente Piera llam a todos los partidos a negociar, excepto al PC. El debate fue intenso, y los socialdemcratas del PS, el PC y el Frente Amplio, se negaron a asistir a la reunin con el presidente el da martes mientras no retirase a los militares de la calle. En el da siguieron los disturbios, pero en la periferia, donde vive la mayora de la poblacin pobre, la revuelta baj su intensidad y la ofensiva violenta se ha ido disolviendo. Para el da mircoles 23 hay convocado un paro nacional, en que las organizaciones formales de izquierda, intentan recuperar control sobre la revuelta, a la vez que mantenerla.

Sobre la represin, es experiencia pero los datos duros an estn ocultos. Hay muertos, muchos. Esto ltimo es todo un problema an, pues en complicidad con la prensa, se sabe poco o nada de los nombres de los muertos, la lista que entrega el gobierno es dudosa pues ha ocultado casos en sus voceras, y de heridos o detenidos se saben fragmentos. Por la base y entre los chilenos comunes y corrientes, circulan cientos de videos de baleados, personas muertas, tambin policas saqueando, disparando a hogares. El INDH, institucin estatal que debe vigilar por el cumplimiento de los DDHH en el pas, ha sido criticada por actuar sin firmeza. Su director, Democratacristiano, ha salido a negar en meses anteriores que haya sido nombrado por su complicidad con el Gobierno derechista. La diferencia entre lo que oficialmente se sabe y lo que las personas de a pie ven y difunden con sus telfonos es enorme. La violencia es indita desde la Dictadura, y se teme que los muertos puedan ser en realidad decenas. Hay todava 1500 presos y contando, los que han sido torturados, y las mujeres denuncian todo tipo de abusos sexuales. En Chile, hoy, nadie podra asegurar que las policas estn bajo control de algo ms que su propio nerviosismo e ira.

A los actores polticos todo les pas por el lado. El Gobierno, superado primero, errtico despus, se atrincher en el pinochetismo, socavando velozmente el poco apoyo que le quedaba en las capas medias. En general, es posible decir que el gobierno de Piera est desmoronado polticamente, pero tambin que puede recomponerse rpidamente, pues ningn actor decidi ocupar el enorme espacio de presin poltica que abri la revuelta en sus momentos ms lgidos. Ya la noche del martes anunci un paquete de medidas que si bien son an moderadas, significan que todo su programa de gobierno gira hacia un escenario largo e incierto de reforma social, que debe ser negociado en un parlamento en que no tiene mayora. Ha puesto los trminos del debate de salida de la revuelta, con apoyo de la mayora del sistema de partidos parlamentarios. Ello demuestra tambin la inoperancia poltica de la ex Concertacin / Nueva Mayora. Dividida y sin norte ni figuras, la que se diluy entre la decisin de la izquierda y el apoyo acrtico al pacto nacional de Piera. La izquierda, por su parte, si bien ha estado en los nervios vivos de todo el tejido social que protesta, desde que sus races van a las movilizaciones de estudiantes de 2001, 2006, 2011 y en ms, as como a las de profesores de 2014-15, y tambin a las de todo tipo de trabajadores en los nuevos sindicatos; no fue capaz ni de predecir ni de conducir la revuelta. Aunque no estuvo en el comienzo ni en su origen, ni el Frente Amplio ni el PC se atrevieron a tomar su representacin en el momento que podran haberlo hecho, a pesar de ser la militancia ms presente y menos deslegitimada entre las clases populares que lucharon en el fin de semana rojo de Chile. Tampoco es seguro haber obtenido algo de ello, as como tampoco el que de ello no resultase ser arrastrados por el rechazo popular antipoltico. La complejidad de la situacin super a todos.

Lo que se viene ser largo e impredecible, aunque ya se delinean ciertos marcos y trminos, en la propuesta de Piera. Pero no ser pacfico ni simple su camino en el parlamento, y todava el tono puede profundizarse mucho. Esta revuelta se va a acabar, tal vez ya lo est haciendo, pero las masas movilizadas difcilmente se retirarn de la lucha. Hay una mayora popular que le perdi el miedo a la violencia y el respeto total a la autoridad, y frente a ella una autoridad que ni con balas puede reimponer su legitimidad, solo el terror. El mito del neoliberalismo modelo y en democracia del calmo Chile est destruido, y el duopolio poltico gobernante de las ltimas tres dcadas, que tambaleaba trizado hace un tiempo, no tiene capacidad de nada. Solo existe la violencia del Estado y una economa que an funciona. No es poco. Pero los trminos cambiaron. De aqu en ms es muy difcil que el neoliberalismo pueda avanzar, y la baraja poltica est totalmente abierta. La izquierda perdi la oportunidad de asestar un golpe fuerte tomando la direccin de la revuelta ante el Estado, asumiendo que no habra revolucin pero que s poda avanzar dcadas en unos das. Todava el escenario sigue abierto, viene un tiempo largo, inestable, de debate parlamentario, con seguros rebrotes parciales de disturbio y protesta masiva. Tambin dos aos de elecciones y los partidos estn en el piso. Hay mucha confusin y poca claridad poltica entre las fuerzas de cambio, pero la certeza ms importante y alegre es que, luego de dcadas de estar desahuciada por polticos y acadmicos, hay una intuitiva disposicin de masas al conflicto clasista.

Luis Thielemann H. es Historiador chileno, editor de Revista ROSA, revistarosa.cl

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