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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2019

La resistencia de los cimarrones

Juan Montao Escobar


La cura de la neurosis colonial de los cimarrones 1

La descolonizacin no pasa jams inadvertida puesto que

afecta al ser, modifica fundamentalmente al ser, transforma a los

espectadores aplastados por la falta de esencia en actores

privilegiados, recogidos de manera casi grandiosa por la hoz de la

historia 2 .

 

Ni Obatal ni Las Mercedes, Oggum 3

Los cimarrones que asaltaron el cuartel de la polica, a las tres de la maana del 24 de septiembre de 1913, nunca imaginaron el largo de su rencor ni el peso decisivo de una memoria de afrentas, para esa madrugada ya no importaba la bandera, quin liderara con el discurso poltico que fuera o el pretexto patritico conseguido. Comenzaba el da santo de Las Mercedes segn la religin dominante o de Obatal para aquellos que debieron tener devocin menos conocida, incluyendo altares de sus invenciones en donde viviran en armona algunas deidades del panten catlico y de sus antiguas creencias. Casi fue el asalto perfecto, apenas pasaban del medio centenar y con los bros del xito se fueron a tomar el cuartel Manab, a unos escasos cien metros. No lograron porque haban sido alertados y un desembarco decidido de guardiamarinas del caonero Cotopaxi , aos ms tarde remodelado y rebautizado como Caldern , les apur la retirada. Murieron los primeros alzados y cargaron con los heridos hacia casas de familiares, pero la mayora se qued con aprestos de combate y haciendo vigilia en las lomas que rodean a la ciudad de Esmeraldas.

Los primeros partes de guerra telegrafiados al presidente Leonidas Plaza Gutirrez contaban del alzamiento al grito de viva el General Concha!. Esa sera la contrasea para que los historiadores sin ms bsquedas de las causas de la guerra solo validaran las del lder. Y hasta ah se ha llegado en la historiografa al uso, se desprecia el contexto social, no se ha extendido su curiosidad al conjunto de la vida, a los hechos de civilizacin, a la economa, a todas las clases sociales 4 . La discusin de los cientficos de la historia contina all arriba, muy arriba, mientras ac abajo hay cuerpos sin alma ni perspicacia ideolgica o emocional como para irse a una guerra con la nica promesa de vengar la muerte de Eloy Alfaro, defender armas en mano las veleidades de Carlos Concha o continuar las luchas del ala del liberalismo alfarista excluida del Gobierno de Plaza Gutirrez. Es reduccionismo racista y clasista (de clase social). El manifiesto de Tachina explica este apartarse beligerante de la administracin placista: Estos degenerados ecuatorianos son los que han corrido un velo hipcrita sobre los misteriosos arreglos combinados con ciertos extranjeros para que vengan a dominar en esta tierra por cuya libertad derramaron su gloriosa sangre nuestros antepasados 5 .

El ala alfarista se mantena (o al menos intentaba mantenerse) en los principios fundacionales del movimiento revolucionario y empujaba cierto nacionalismo antiimperialista como combustible de indignacin para los comandantes de otras epopeyas que deban volver a los azares de esta guerra empezada en el lugar ms abrupto de aproximacin a Quito. Esos sumisos servidores del tiranuelos con los que despus de entregarle al amo cuanto existe en la Repblica, la empean todava por sumas fabulosas que han de enriquecer al dspota y a los suyos y que nos costar el Archipilago de Coln seguramente y la prdida de nuestro carcter de nacin autnoma como consecuencia probable 6 . Es otro fragmento de del Manifiesto de Tachina, divulgado el 27 de septiembre de 1913, en la poblacin de igual nombre. Ese vecindario est cruzando el ro Esmeraldas, al frente de la ciudad. Fue la seal para que se empezara la recuperacin del alfarismo de junio de 1895 hacia adelante. Los alzamientos en otras partes del pas fueron sofocados con relativa rapidez, apresados o correteados ms all de las fronteras sus comandantes, esas favorables acciones blicas para el Gobierno de Leonidas Plaza le otorg toda las ventajas en personal, recursos financieros, parafernalia blica y hasta trasladarse en persona al frente de guerra. La provincia de Esmeraldas, de norte a sur, qued como nico escenario de combate.

El porfiado retorno de los guerreros

En esas vicisitudes se encontraron dos nimos histricos, para fraternizar en el objetivo comn: liberarse de algo o de alguien. Los liberales alfaristas alejados del Gobierno placista y buscando quitarle el poder por la va armada, aun preocupados por la ruina econmica y moral de la Repblica. Es decir, queran liberar al pas de la perversidad de sus antiguos camaradas de lucha, para esos tiempos convertidos en sus perseguidores y despus del asesinato de Eloy Alfaro y sus lugartenientes ya no haba confianza en la seguridad personal solo quedaba huir al extranjero o la guerra de guerrillas. Ese fue el primero de los nimos para el 24 de septiembre de 1913 y con l volvieron los comandantes a aceptar el liderazgo poltico militar de Carlos Concha Torres. De Colombia lleg Vctor Martnez, practicando el internacionalismo liberal; se incorpor Federico Lastra, combatiente para la consolidacin del triunfo liberal del 5 de junio de 1895; Julio Sixto Mena, un guerrero de las primeras batallas del liberalismo alfarista; tambin Hermgenes Corts, Gumersindo Villacrs, Tiberio Lemos, Sacramento Mina, entre otros menos conocidos y no menos valiosos.

El liderazgo de Carlos Concha es indiscutible. El segundo nimo histrico es el contexto cultural (antropolgico), social, economa y poltico de principios de siglo en el pas y en Esmeraldas. Ningn liderazgo con el carisma que posea o por s mismo arrastra a las armas a cientos de personas, a una guerra de la que nadie ignora sus consecuencias trgicas y las inmensas prdidas materiales, adems del dolor individual y la crisis existencial colectiva. No hay estirpe guerrera, eso sera desnaturalizado, son intereses polticos de variada ndole que empujan a unos pueblos a eternidades blicas y an en esa costumbre violenta jams se renuncia el apego a la vida. Se calcula que son ms de cinco mil grandes y medianas guerras en la historia de la humanidad y no son causadas por proclamas polticas denunciando a una nacin vecina, tampoco el listado lrico de las injusticias de una clase gobernante opresora, ni la evaluacin detallada de la ruina moral de un Gobierno tirnico ni siquiera las simpatas con causas legtimas, esas son expresiones ltimas de unos intereses de alto beneficio para el grupo social o la nacin que se levanta en armas.

Guerra privada de Carlos Concha o guerra de todo un pueblo?

Aquella historiografa insulsa empecinada en calificar de guerra de Concha a una guerra civil que tena una abundancia histrica superior al particular inters del lder o de los comandantes liberales; esa es, sin dudas, la lrica ms visible, pero corazn adentro de la absoluta mayora de los combatientes, mujeres y hombres negros, se cargaba con desesperos, angustias, lastimaduras y antiguos dolores que para ese 24 de septiembre eran impostergables y urgentes desquites cimarrones. La guerra constituye, por tanto un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad 7 . Ojos en la nuca para no perder de vista el pasado que define el sentido poltico del presente de la gente afroecuatoriana, parafraseando a Jean Paul Sartre en el prlogo escrito para Los condenados de la Tierra , libro, muy necesario para este tema, de Frantz Fanon: La vctima (el Pueblo Negro de esos siglos) conoca al opresor por sus heridas y por sus cadenas: eso hace irrefutable su testimonio 8 .

Ese sentido poltico de la resistencia debi comenzar un da cualquiera cuando unos pocos ancestros se hartaran de la opresin racial y social en tiempos de la colonia.

Ellos jams legaran resignacin a las generaciones posteriores. Las formas de resistencia debieron comunicarse y las estrategias se inventaban en el terreno de las contradicciones entre los grupos dominantes. Se tienen recopilaciones documentales de los herosmos individuales de Martina Carrillo, en el valle del Chota (enero de 1778), Ambrosio Mondongo, en mismo valle (1789), Mara Chiquinquir Daz, Guayaquil (a mediados del siglo XVIII), los caoneros de Playa de Oro, Esmeraldas (1812), su participacin en los ejrcitos independentistas y los que combatieron por el triunfo de la Revolucin liberal de junio de 1895. Las proclamas de libertad y las constituciones con su garanta de derechos no cobijaron a la gente afroecuatoriana. El sentido poltico de resistencia se mantena intacto o haciendo las cuentas por las frustraciones sufridas despus de cada promesa incumplida mejoraba el aejamiento del rencor. De esta manera, se naca, se viva y se mora como cimarrn.

De los pocos hombres esclavos que todava existen en esta tierra de libres son un contrasentido a las instituciones republicanas que hemos conquistado y adoptado desde 1820; un ataque a la religin, a la moral y a la civilizacin, un oprobio para la Repblica y un reproche severo a los legisladores y gobernantes. Este es el considerando del Decreto de Manumisin, publicado el 25 de julio de 1851, firmado por el Jefe Supremo, Jos Mara Urbina, en la Casa de Gobierno de Guayaquil. No era abolicin de la esclavitud como institucin multisecular, era recompra de cuerpos para liberarlos con la comida de ese da y la muda del cuerpo; tampoco se reconoci el derecho de ciudadana y jams se habl de alguna retribucin econmica o social del Estado, para quienes quedaban a la intemperie. El sistema de explotacin haba cambiado algo para no cambiar lo de fondo, se estableci el concertaje y debi quedar una delgada lnea de separacin con el peonaje. El tema del racismo y los derechos provocaba el cruce de esa fina lnea siempre desfavorable para los afroecuatorianos, mujeres y hombres. Eloy Alfaro pregon el acabose del concertaje en Costa y Sierra, pero a las palabras se las llev el viento de la modernizacin del Estado. La gente negra y sus derechos muy poco debieron preocupar a liberales de cualquier inclinacin. Adems la conduccin poltica liberal tena sus enconadas contradicciones de grupos progresistas y conservadores, la cantidad de poblacin negra y su ubicacin geogrfica no importaba a las autoridades liberales para los apoyos estatales y nunca tuvieron representacin poltica en los rganos de decisin del Estado; fueron los gucharos permanentes de la Repblica. El lmite ideolgico y pragmtico del liberalismo progresista fue el determinismo modernizador del Estado para beneficiar a mercaderes y terratenientes agro-exportadores de la Costa.

Empalencamiento perpetuo del cimarronismo poltico

Para 1912, 90 aos despus de la proclamacin de la independencia del Distrito del Sur, y 82 de la proclamacin de la Repblica del Ecuador, mujeres y hombres negros de la provincia de Esmeraldas es probable que creyeran que el colonialismo apenas haba mutado de personas y conservaba su esencia, pero el sentido poltico de la resistencia volva siempre con la estrategia de los cimarrones: empalencarse con el territorio como creacin cultural o fsica. Cosa de querer vivir en un lugar autnomo y sin los atropellos de la ya identificada sociedad mayor. El 2 de junio de 1885, terminaban de comprar las 62 mil hectreas de lo que sera la Comuna Ro Santiago-Cayapas, por 3200 sucres, pagados en oro (playado durante lustros y ahorrado pepa a pepa), a doa Isolina Weir, viuda de Rufino Viteri, quien a su vez haba comprado estas posesiones a los familiares de Juan Jos Flores 9 . La venta fue forzada por el cimarronismo poltico combinado de negros libertos, conciertos y peones; no haba propietarios, salvo de sus vidas y decisiones. Es caso nico en la historia del Ecuador: de aperreados sin fin a posesionarios con control poltico. El desamparo legal los converta en las vctimas principales de los coletazos del colonialismo, pero tambin en inquilinos del zagun de la joven Repblica ecuatoriana. En 1857, la empresa Land Ecuador Company , mediante contrato con el Estado ecuatoriano, cuyo presidente era Jos Mara Urbina obtuvo en San Lorenzo del Pailn la cantidad de 100 mil hectreas, igual cantidad obtuvo en Atacames, con lo que pretenda pagar una parte de la deuda inglesa de la independencia 10 . Entregaron esos territorios con gente y todo. La nica existencia visible eran los rboles de madera fina y los minerales, los campesinos afroecuatorianos eran del color del aire.

Un siglo despus, al volver la mirada a aquel 24 de septiembre, para entender mejor esa condicin humana puesta a prueba por las carencias polticas hay que hacerlo con los ojos de presagio de Frantz Fanon. As se evidencian en trminos de resistencia los resultados de las desventuras sociales y econmicas que sobrellevaban mujeres y hombres negros en el pas y en Esmeraldas: La inmovilidad a que est condenado el no liberado ( o neocolonizado ) no puede ser impugnada sino cuando ste decide poner trmino a la historia de la colonizacin 11

La ciudad de lucirnagas fijas

Hacia 1913, la ciudad de Esmeraldas tendra alrededor de cinco mil habitantes con abismal diferencia tnico-social entre ellos, sus calles alumbradas por faroles de kerosene parecan lucirnagas fijas y eran apisonadas con martillos piln de madera manejados por hombre negros no pocas veces obligados a planazos en el lomo. El agua se acarreaba a lomo de peones aguateros y se almacenaba en barricas, se comunicaba por telgrafo y por el cable de las compaas comerciales extranjeras; el mar y los ros eran las vas de traslado a otras ciudades. Sin el estorbo de los bancos de arena se navegaba ro arriba, muy arriba, por el Esmeraldas para traer la materia prima de exportacin.

La propiedad rural era de familias terratenientes que se aduearon de la tierra por el sencillo mtodo de hasta donde les dio la vista mirando desde una loma, ms que agrcola era una provincia ganadera y exportaba maderas finas, caucho, tagua y carne. No era la cantidad de habitantes sino el movimiento comercial que haca importante a la ciudad, para el 24 de septiembre las casas comerciales se afincaban como autnticas embajadas negocios. Estaban las casas de Alemania, Francia e Italia, pero tambin haba representantes comerciales de Colombia, Inglaterra, Estados Unidos de Amrica y los viajeros de exploracin comercial de otros pases europeos. En La Poza (desembocadura del ro Esmeraldas) se hacan las operaciones de carga y descarga de los trasatlnticos.

Las autoridades de gobierno, segn Franklin Tello Mercado, eran de la Sierra, de Guayaquil o Manab, casi nunca de Esmeraldas. Hasta los agentes de polica eran manabitas o de la Sierra 12 . Tello Mercado mdico de profesin, nacido en 1900, vio y padeci las consecuencias de la guerra civil. Su testimonio fue recogido de viva voz por su nieto Franklin Tello Nez y reproducido en el libro de Marcel Prez Estupin. Tambin en el Archivo Histrico, que antes perteneci al Banco Central, era posible encontrar un documento audiovisual con su narracin testimonial.

Los negros campesinos bajaban en balsas y canoas trayendo caucho, tagua, pltano y otros productos que vendan frecuentemente y compraban aguardiente y se embriagaban 13 . Por eso eran apresados y cruelmente maltratados e insiste que eso se vea todos los das en los aos 10, 11, 12 y 13. Se entiende que eran los aos de 1910, 1911, etc. Puntualiza de un intendente que se llam Benigno Ayora, un hombre cruel 14 . Cuando llegaban los negros al cuartel de polica los haca meter en cepos (Estos instrumentos de tortura) eran dos palos un poco gruesos, unidos los extremos por una bisagra grande que permita hacer la forma de comps. En la parte superior de los palos cavaban un semicrculo que corresponda a otro semicrculo de la parte inferior, de tal manera que al cerrarse se formaba un crculo y as quedaban los presos agarrados por el cuello y all se los pona una tarde, una noche o un da entero. Esos pobres morenos no coman, no beban agua, all se orinaban y all defecaban. Al da siguiente se les cobraba una multa y se los dejaba en libertad 15 .

La poca simpata de Franklin Tello Mercado hacia los alzados en armas no invalida su testimonio, sino su efecto contrario: precisa el anlisis. Jean Paul Sartre en el prlogo de Los condenados apronta esta precisin de antropologa poltica: Y el colonizado se cura de la neurosis colonial expulsando al colono con las armas (pg. 16). Donde est escrito colonizado lase neocolonizado o no liberado del colonialismo . Esa era la conducta de las autoridades enviadas a Esmeraldas. Valga el entrecomillado para no justificar una poltica de Estado con actos personales.

Los historiadores, los amigos y los partidarios de Carlos Concha hicieron aparecer el movimiento revolucionario como la protesta por la muerte de los Alfaro, a tal punto que en el mausoleo del lder se lee: encabez la protesta armada contra los asesinos de los Alfaro en Quito. Pero los esmeraldeos tenan otras razones y la principal era la sed de venganza que sentan contra sus opresores 16 . O sea intereses hostiles de esos aos inmediatos, pero estn las consecuencias de humillaciones y carencia casi absoluta de derechos desde antes hasta ese 24 de septiembre de 1913.

Carlos Concha encontr la gente que esperaba un lder para el desquite, fue el ms indicado por su prestigio y sobre todo era esmeraldeo. No hubo acuerdo previo y cada uno entendi el porqu iba a jugarse la vida: el lder por las fatales desviaciones del liberalismo de Plaza Gutirrez y los cimarrones para acabar con la ya insoportable opresin. Si la guerra constituye un acto de fuerza, las emociones estn necesariamente implicadas en ella. Si las emociones no son las que dan origen a la guerra, sta ejerce, sin embargo, una accin de carcter mayor o menor sobre ellas, y la intensidad de la reaccin depende no del estado de la civilizacin, sino de la importancia y la permanencia de los intereses hostiles 17 . Y para esta guerra la largura de los intereses hostiles de los cimarrones, salvo para los historiadores, era proverbial.

1 Y el colonizado se cura de la neurosis colonial expulsando al colono con las armas, esta frase corresponde a Jean Paul Sartre y es tomada del prlogo de Los condenados de la Tierra, libro de Frantz Fanon, lectura imprescindible para este breve estudio. El autor entresaca el ttulo de la comprensin sartreana del libro de Fanon.

2 Los condenados de la tierra, Frantz Fanon, Rosario-Santa Fe-Argentina: Kolectivo Editorial ltimo Recurso, (Segunda edicin liberada, 2007), p. 26.

3 Divinidad afrocubana de los fierros de combatir injusticias.

4 Eric Hobsbawn, el marxismo y la transformacin de la historiografa, ensayo de Matari Pierre tomando la cita de La naissance de lhistoriographie moderne, de Georges Lefebvre, Pars, 1971, pg. 321.

5 Descorriendo los velos, Fernando Gutirrez Concha, 2002, pg. 84.

6 p. Cit. Pg. 84.

7 De la guerra , Karl von Clausevitz, editado por LIBRO.dot.com, pg. 7. Copyright 2002, http://www.librodoct.com, http://lahaine.org/amauta/b2-img/Clausewitz Karl von - De la guerra.pdf

8 Los condenados de la Tierra, de Frantz Fanon, pg. 9, prlogo de Jean Paul Sartre. Fuente: http://www.elortiba.org/ Segunda edicin liberada, 2007.

9 Primer presidente de la recin proclamada Repblica del Ecuador.

10 La deforestacin en el norte de Esmeraldas (Eloy Alfaro y San Lorenzo) , Pablo Anbal Minda Batallas. http://mail.ups.edu.ec/universitas/publicaciones/universitas/contenidospdf//ladeforestacionenEsmeraldas.pdf  

11 Frase textual: La inmovilidad a que est condenado el colonizado no puede ser impugnada sino cuando el colonizado decide poner trmino a la historia de la colonizacin Los condenados de la Tierra, pg. 38.

12 Historia general de Esmeraldas, de Marcel Prez Estupin, pg. 279, editorial Universidad Tcnica Luis Vargas Torres, 1996?

13 p. Cit., pg. 279.

14 p. Cit., pg. 279.

15 p. Cit., pg. 280.

16 p. Cit., pg. 283.

17 De la guerra , Karl von Clausewitz, pg. 8.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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