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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2019

Cuevas de hielo, cpula de sol

Miguel Casado
Peridico de la Poesa


Cuenta la tradicin que Coleridge so en 1797 uno de sus poemas ms famosos, Kublai Kan; al despertar, lo transcribi como al dictado, hasta que un visitante lo interrumpi y olvid el resto. Borges atribuye al historiador persa Rashid al-Din la noticia de que el Gran Kan haba antes soado el plano del palacio que evoca el poema: En Xanad, Kublai Kan / mand que levantaran su cpula seera Pero no parece que haya palacio en los versos de Coleridge, sino un laberntico ro subterrneo, un mundo de heladas cavernas a las que no llegaba el sol. En realidad, Shangdu era la capital de verano que Kublai construy al norte de Pekn, capital de invierno tambin refundada por l. Un viajero actual, William Dalrymple, ha descrito sus ruinas tapadas por la maleza, los restos de columnas, el relieve esculpido de una figura que lleva una copa, y la imagen de dos jvenes ingleses recitando de memoria a Coleridge, mientras unos policas locales se acercan el dedo ndice a la sien en seal de chifladura.

Como se sabe, Gengis Kan unific a los nmadas mongoles de la estepa y se lanz, a principios del siglo XIII, a la vertiginosa conquista de inmensas extensiones; Kublai Kan (1215-1294), su nieto y cuarto sucesor, gobern el estado ms extenso que haya existido en la historia, de la costa palestina o las estepas centroeuropeas a las orillas chinas del Pacfico. Para los occidentales, Kublai es sobre todo el emperador chino, fundador de la dinasta Yuan, que acoge a Marco Polo. Y este viajero veneciano describi tambin el lugar que an no era el mtico Xanad: presenta Shangdu como un formato ligero de ciudad, casi porttil aunque lujoso, abierto al paisaje y ciertas costumbres de la estepa, una puerta a la memoria de los nmadas. La ciudad expresara la contradiccin ntima de Kublai, un conflicto que conserva su inters para nosotros. El mundo se puede conquistar a caballo, dice el tpico, pero para gobernarlo es preciso bajarse de l. Shangdu ocupaba la primera meseta que se encuentra yendo de Pekn a Mongolia, la zona de estepa ms prxima a la capital, como si permitiera evocar la vida tradicional de los mongoles mientras se dedicaba la ms intensa actividad a separarse de ella. Nmadas y sedentarios, cabalgadas y palacios. Pero, de modo ms general, una tensin casi arquetpica entre impulso y sistema, entre movimiento o accin y poder.

La historia remonta su mirada a la madre de Kublai, Sorgaqtani, cristiana nestoriana, cuya inteligencia fue clebre en el Asia de su tiempo: organiz la educacin de sus hijos, sobre todo la de Kublai, combinando los juegos de la guerra con el ejercicio de la lectura y la escritura. Los mongoles eran ganaderos que iban alternando los pastos de verano e invierno; su religin enlazaba con las ms originarias; no haban tenido cultura escrita ni alfabeto; desconocan las ciudades; haban forjado su calidad guerrera en las luchas tribales, y su capacidad estratgica al decir del novelista chino Jiang Rong en la observacin de las manadas de lobos. Ahora tenan una tarea nueva: mantener la hegemona de un pueblo como este, no muy numeroso, a travs de territorios inmensos y sobre las gentes ms avanzadas de la poca, chinos, persas y rabes; organizarla, darle una estructura. Era un salto inconcebible, que requera un equilibrio y una imaginacin extraordinarios. Algo de la ndole de las revoluciones. Kublai casi lo consigui, podra decirse, o mejor: lleg a conseguirlo durante unos aos. Hostigado por las rebeliones de los clanes mongoles y de su misma familia, que exigan los privilegios de la victoria y el respeto de sus costumbres; sometido a la erosin cotidiana del milenario saber chino de la burocracia, la disputa entre religiones, la colisin entre los mercaderes y las finanzas pblicas, acab quebrando; segn las crnicas, en sus ltimos aos se alcoholiz y engord. La decadencia de sus herederos ocup unas dcadas.

El asombroso mundo que concibi no puede sugerirse en unas lneas. As, trasladar el peculiar juego de equilibrios de la horda nmada (el kan electivo, la horizontalidad de los guerreros, la condicin de mrito ms que hereditaria de la nobleza, la separacin entre el poder judicial y los jefes) a un gobierno de signo multirracial, chino sin mayora de chinos, y el uso mximo de las cualidades de cada persona y cada pueblo. O el sistema de tolerancia y proteccin religiosa, combinado con el debate abierto entre confesiones, como en una especie de pre-laicismo fruto de la neutralidad. Los mongoles venan del exterior de la historia y el paso fugaz de su imperio nos llega siempre a travs de los otros, de unos ojos ajenos; pese a ello, an se siente el espesor de su empresa y su fascinacin. Como los jvenes escritores chinos del Movimiento del 4 de mayo de 1919, que tomaron como modelo de la lucha individual contra la opresin el teatro Yuan, y como pauta de modernizacin la defensa que hizo Kublai de la baihua, el habla blanca, la lengua coloquial, frente al artificio de los cdigos clsicos. Parece que la onda del desajuste perdurara en los siglos.

Pero tambin su reinado muestra la lgica autnoma del poder, ese vaco que exige reproducirse; as, en sus fracasadas campaas de Japn o Indochina, cuando el seguir siendo conquistadores careca ya de contenido real. O el Kublai que presenta Italo Calvino en Las ciudades invisibles: El Gran Kan trata de ensimismarse en el juego; pero ahora era el porqu del juego lo que se le escapaba. El fin de cada partida es una ganancia o una prdida; pero de qu? Cul era la verdadera apuesta? Tal vez un palacio como de sueo, con cpulas de sol y cuevas de hielo; un escenario teatral cuyo nico decorado, al fondo, es la puerta de los fantasmas; una misteriosa doncella de Abisinia que vagabundea por las montaas tratando de recordar la meloda potente y sostenida / que alzara en el aire aquella cpula, quiz como Coleridge buscaba la parte de poema que se haba borrado. El mundo se hace de estratos de realidad e irrealidad, y pocos destinos lo evidencian con tanta nitidez como el de Kublai Kan.

Lecturas:

S.T. Coleridge, Kubla Khan, traduccin de Mari Manent, en: La poesa inglesa. Barcelona, Jos Jans, 1958.

Marco Polo, Libro de las cosas maravillosas. Traduccin de Rodrigo de Santaella. Palma de Mallorca, Olaeta, 1982.

William Dalrymple, Tras los pasos de Marco Polo. Traduccin de Mara Faidella Mart. Barcelona, Ediciones B, 1998.

Morris Rossabi, Kublai Khan. Traduccin de Csar Vidal. Madrid, Edaf, 1990.

Lev Gumilev, La bsqueda de un reino imaginario. Traduccin de Evgueni Agaltsev y Raquel Rib. Barcelona, Crtica, 1994.

Inoue Yasushi, Vent et vagues. Le roman de Kubilai Khan. Traduccin al francs de Corinne Atlan. Arls, Picquier, 1996.

Tres dramas chinos. Traduccin e introduccin de Alicia Relinque. Madrid, Gredos, 2002.

Jiang Rong, Ttem Lobo. Traduccin de Miguel Antn. Madrid, Alfaguara, 2008.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles. Traduccin de Aurora Bernrdez. Barcelona. Minotauro, 1983.

 

(Este texto ha sido publicado en Peridico de Poesa)


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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