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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2019

Enseanzas (parciales y en proceso) del ciclo de protestas populares
Maestro pueblo, maestra dignidad

J. Fabian Cabaluz D.
Rebelin


El pueblo, el pueblo, el pueblo dnde est? El pueblo est en la calle exigiendo dignidad, Somos caleta, ms que la chucha, somos el pueblo unido en la lucha, Vamos pueblo, sin miedo, a lograrlo todo, El pueblo unido jams ser vencido, El pueblo se cans, Pueblo resiste!, Volvimos a llamarnos pueblo, Plaza Baquedano, Plaza de la Dignidad, Hasta que la dignidad se haga costumbre, Salimos a la calle nuevamente, la dignidad del pueblo no se vende se defiende!.

stas son algunas de las consignas grabadas en murallas, carteles, cnticos y gritos que le han dado vida a las marchas, caceroleos y barricadas a lo largo y ancho del pas. Como se puede observar en estas breves frases y de acuerdo con la expresin enrgica y fuerte de las calles, los conceptos de pueblo y dignidad se van tatuando en la piel del Chile neoliberal. Para quienes han defendido el exitoso modelo chileno, quienes han reivindicado el milagro, el jaguar o el oasis de un proyecto que ha privatizado prcticamente todos los derechos sociales, bienes comunes y esferas de la vida social, ambos conceptos les parecen aejos, tienen un tufillo a siglo veinte, a banderas rojinegras, a movilizaciones sociales, a izquierdas militantes y a toda una carga que habra sido superada por el/la ciudadano/a con tarjetas de crdito, el/la emprendedor/a exitoso/a, el/la profesional comprometido/a con su empresa, el/la trabajador/a eficiente y productivo/a, entre otras imgenes que, tal como ha mostrado la historia real y concreta, han estallado en varios miles de pedazos.

Como muchos sabrn, los conceptos de pueblo y dignidad han sido responsables de que corra mucha tinta en Amrica Latina; ambos conceptos han sido robustecidos por dilogos y debates desplegados desde la filosofa poltica, desde proyectos revolucionarios, desde organizaciones y movimientos populares, en fin, desde espacios tericos y prcticos. En este sentido, son conceptos cargados de politicidad, conceptos que contienen una densa trama de significados, conceptos incmodos para el bloque dominante y sus defensores, pero que hacen sentido a la calle, a los/as de abajo, a las izquierdas, a los/as que producen la riqueza del territorio.

Qu nos han enseado los conceptos de pueblo y dignidad a los millones de sujetos que nos hemos movilizado en estas histricas jornadas de protesta popular? Debemos aclarar de entrada que nuestras reflexiones las realizamos como pedagogos/as y educadores/as, es decir como sujetos que tenemos la conviccin de que los procesos educativos y el acto de educar, no pueden restringirse a espacios institucionales como las escuelas, liceos o universidades (espacios del todo relevantes por cierto), sino que ms bien, debemos intentar ampliar nuestras reflexiones educativas y pedaggicas a otras esferas de la vida social. En este sentido, en el presente escrito, nos interesa sostener una minscula hiptesis: el pueblo y la dignidad nos estn educando como comunidad poltica, nos estn enseando lecciones vitales que si logramos comprenderlas, pueden constituirse en aprendizajes centrales para la construccin de un nuevo Chile.

Comencemos sealando al menos cinco enseanzas del maestro pueblo.

Una primera enseanza gira en torno a los intentos de comprender qu es el pueblo. Al respecto, se ha sostenido que el pueblo puede comprenderse como un conjunto de sujetos que viven las experiencias de la explotacin, de la exclusin y de la dominacin, por tanto, el pueblo deberamos asociarlo con quienes viven el robo cotidiano de su trabajo y de diferentes dimensiones de sus vidas. Esta primera idea, ha sido compartida incluso por perspectivas (neo)liberales, que sostienen que el pueblo remite particularmente a dimensiones socio-econmicas y culturales, por ende se vincula directamente a quienes sufren la pobreza, la marginalidad y la precariedad. Obviamente, para dichas concepciones la nocin de pueblo se reduce a las dimensiones sealadas, se acota a quienes sufren las injusticias del orden vigente, pero sin incorporar la dimensin poltica, lo que nos lleva a la consideracin de una segunda leccin.

De acuerdo con lo anterior, el pueblo tambin debera ser comprendido como una categora poltica, que remite a un sujeto que se constituye polticamente mediante la accin. As planteado, el pueblo puede constituirse en la medida en que se politiza, es decir en la medida en que: uno, acta y se moviliza colectivamente, se organiza, lucha, protesta, marcha, elabora planteamientos programticos, etc.; dos, entrelaza elementos discursivos, ideolgicos, conocimientos y saberes que le permiten explicar las causas y condiciones sociales y polticas que explican su existencia; tres, cultiva y desarrolla una memoria histrica que sabe de sus luchas contra la desigualdad y la pobreza, una memoria de la historia poltica del pas, una memoria que logra reconocer a los responsables de las problemticas que le aquejan; cuatro, crea una pluralidad de espacios organizativos donde despliegan su vida poltica los colectivos, organizaciones, movimientos, sindicatos, asambleas; y cinco, articula en el aqu y el ahora, es decir en el seno de sus formas organizativas, un proyecto histrico que humaniza y dignifica su vida cotidiana.

Una tercera enseanza, consiste en constatar que el pueblo se ha definido relacionalmente, es decir, en contraposicin u antagonismo con respecto a las oligarquas, elites, grupos de poder y/o clases dominantes. Es decir, el pueblo va tomando forma en la medida en que se separa, distancia y autonomiza del grupo dominante. En trminos sintticos, podramos sealar que la configuracin del pueblo avanza, por un lado, oponindose y distancindose de quienes ostentan las riquezas, el poder y los privilegios, y por otro, articulando y haciendo converger a todos los sujetos que componen el bloque social de los/as oprimidos/as y explotados/as.

Considerando todo lo anterior, y como cuarta enseanza, creemos que no es para nada errneo sostener que la constitucin del pueblo puede conducir a la generacin y produccin de crisis poltica. Desde nuestra perspectiva, la configuracin del pueblo, posibilita la ruptura del orden hegemnico, permite abrir grietas y romper el estado normal de las cosas, viabiliza la construccin de escenarios de lucha contra las condiciones de explotacin y opresin que viven las mayoras en Chile y Amrica Latina. En este sentido, el pueblo es posibilidad de dinamizar y abrir la historia hacia horizontes de esperanzas y utopas, el pueblo puede abrir un mundo futuro, abrir un nuevo rgimen de verdad, romper lo establecido, interrumpir lo dado y posibilitar el nacimiento de lo nuevo

Finalmente, y como quinta enseanza, parece importante sealar que el neoliberalismo es incompatible con la configuracin poltica del pueblo, puesto que por ms que reconozca formalmente su existencia como fuente de la soberana, en realidad lo reduce a la sumatoria de electores individuales; de hecho, todas las lgicas neoliberales que entronizan el individualismo, la competencia, el emprendimiento y las privatizaciones, son completamente contrarias a lo popular. Ahora bien, es importante evidenciar que los proyectos neoliberales en Amrica Latina han desplegado al menos tres tcticas para desarticular al sujeto pueblo: en primer lugar, han trabajado sistemticamente por dispersar y desarticular la vida poltica de los sectores sociales y polticos contrarios a su proyecto, esmerndose particularmente por desorganizar las formas de unificacin, articulacin y convergencia popular; en segundo lugar, han promovido prcticas de transformismo en las cuales se incorpora a intelectuales y dirigentes sociales y polticos para administrar programas de gobierno (de cuo neoliberal por supuesto), neutralizando de esta manera su capacidad de injerencia y transformacin; y en tercer lugar, se han articulado redes clientelares que se basan en el apoyo material a cambio del respaldo poltico-electoral, dichas redes tambin han neutralizado y desmovilizado a actores sociales que conforman el bloque social de los/as oprimidos/as y explotados/as.

Haciendo una rpida sntesis, de las enseanzas del maestro pueblo en estas intensas jornadas de protesta, podemos sostener que nos ha enseado a reconocernos como sujetos que vivimos la explotacin, la exclusin y la dominacin, pero que adems de lo anterior, nos constituimos como pueblo cuando nos articulamos en la accin, la organizacin y la lucha poltica. Es importante agregar que la configuracin como pueblo la vamos logrando en la medida en que nos distanciamos del proyecto histrico, la concepcin del mundo y los intereses de clase del bloque dominante. Adicionalmente, nuestra configuracin como pueblo abre la posibilidad concreta de transformar el orden social, de cambiar el curso de las cosas y de construir una sociedad al servicio de quienes constituimos las mayoras del pas. Y finalmente, creemos que el maestro pueblo nos indica con su enorme sabidura, que el neoliberalismo es incompatible con nuestros intereses y necesidades y que, por tanto, es urgente desecharlo como proyecto societal.

Ahora pasemos a sealar cuatro grandes enseanzas formuladas por la maestra dignidad:

En primer lugar, tal como han sealado algunos referentes de la filosofa poltica latinoamericana, cuando hablamos de dignidad nos estamos refiriendo a uno de los fundamentos de la vida humana, es decir, debemos comprenderla como intrnseca e inherente a nuestras vidas. La dignidad no es algo que se puede comprar, vender o intercambiar. Planteado en otros trminos, podramos decir que se nos ha invitado a comprender que la vida humana (pero tambin que el trabajo vivo, la naturaleza, la libertad), no pueden tener valor econmico alguno (valor de cambio), puesto que son la fuente creadora de todo valor, son el hontanar que permite la produccin y reproduccin de la vida humana y planetaria. Dicho de otra manera, la vida, el trabajo, la naturaleza y la libertad, como fundamentos de la existencia del ser humano, lo nico que tienen es dignidad. Insistimos entonces en que un primer aprendizaje consiste en comprender que la dignidad no es privilegio de minsculos grupos sociales, sino que ms bien aloja indiscriminadamente en todos/as y cada uno/a de nosotros/as.

Por otra parte, debemos sealar que la dignidad es descubierta por los sujetos, las comunidades y los pueblos cuando es negada, puesto que quienes gozan de privilegios o quienes tienen resueltas sus condiciones materiales de vida, pensemos en el hacendado, el propietario de los medios de produccin, el patrn, el empresario, el colono, el hombre amachado, no necesitan reivindicar su dignidad, ms bien la presuponen. Sin embargo, cuando los seres humanos somos tratados como cosas, objetos, mercancas, clientes, nmeros; cuando se avanza incesantemente en procesos de deshumanizacin de las relaciones sociales, es decir, cuando nuestra dignidad es negada, sta emerge como grito, como reivindicacin, como horizonte. En estos escenarios se inicia la lucha por la dignidad, la cual se configura como una lucha por negar la negacin, por reafirmar nuestra condicin humana. Evidentemente, en estas luchas por dignificar nuestra existencia, la clase trabajadora, el pueblo y/o el bloque de los oprimidos/as y excluidos, nos vamos autoafirmando y autovalorizando, vamos ganando fuerza y vitalidad, vamos conquistando y recuperando porciones de nuestras vidas, vamos restndole poder a las destructivas lgicas del capital, del patriarcado, del colonialismo.

Como tercera enseanza, podemos sostener que quienes apelamos por la construccin de un proyecto histrico y social de liberacin, debemos comprender la dignidad humana como un principio regulador de la reproduccin material y simblica de los seres humanos (ojo, la dignidad humana, no la propiedad privada como los/as mercenarios/as del capital). Por tanto, la lucha por la dignidad implica ponerle lmites a la propiedad privada, implica oponerse a la reduccin del ser humano a la categora de mercanca, en este sentido, la maestra nos ha enseado que luchar por la dignidad es apelar al legtimo derecho de la resistencia, de la disidencia, de la desobediencia popular y del desacato. Todas estas respuestas se han expresado en las calles del pas desde el 18 de Octubre, incluso cuando el Gobierno declar el estado de emergencia y el toque de queda, cuando se agudiz la represin asesinando a una veintena de compaeros/as, hiriendo a ms de dos mil quinientas personas con el uso brutal de balines, perdigones, bombas lacrimgenas; con la detencin de ms de siete mil compaeros/as; cuando se han aplicado prcticas de tortura, abusos y violaciones sexuales, detenciones ilegales y desapariciones replicando el terrorismo de estado de la ltima dictadura cvico militar (a la fecha existen cerca de doscientas querellas contra las fuerzas represivas del estado por estos casos aislados). A pesar de la brutalidad de todo lo anterior, la resistencia no amaina y contina latiendo con intensidad en las calles del pas, alimentada del newen y la vitalidad de aquellas luchas que se despliegan por asuntos fundamentales y vitales.

Finalmente, se nos ha enseado que es importante recordar que las luchas por la dignidad en Chile y Amrica Latina han estado marcadas por proyectos que reivindican la recuperacin de bienes comunes y recursos estratgicos (mineros, hdricos, pesqueros, petrolferos, entre otros) que han sido despojados, saqueados y privatizados generalmente por el capital extranjero y el imperialismo, pero con la avenencia de la elite dominante. En este sentido, la lucha por la dignidad se ha articulado a programas polticos de izquierdas que reivindican las nociones de soberana popular, los proyectos de nacionalizacin y las luchas contra el imperialismo y el colonialismo (externo e interno).

Tal como se ha denunciado desde el comienzo de las protestas populares, desde la dictadura cvico-militar inaugurada en 1973, en nuestro pas se ha negado sistemticamente la dignidad humana, lo que se ha expresado en la brutal privatizacin y aniquilamiento de derechos sociales (salud, educacin, vivienda), servicios bsicos y bienes comunes (transporte, agua, electricidad, comunicaciones); en las pensiones de hambre que reciben los/as jubilados y en los bajsimos sueldos que desencadenan el endeudamiento asfixiante de los/as trabajadores/as quienes para costear alimentos, vestimenta, estudios, medicamentos, vivienda, etc., deben usar el dinero plstico para poder vivir todo el mes; en la destruccin y el saqueo de las riquezas de nuestra naturaleza para favorecer el negocio de pesqueras, hidroelctricas, mineras, industrias agropecuarias, forestales, entre otras; en el despojo continuo y sistemtico de tierras comunitarias y comunales a naciones y pueblos indgenas; y en la represin y criminalizacin a todos los grupos sociales que resisten a las polticas de mercantilizacin, precarizacin y aniquilacin de la vida social. Las ms de cuatro dcadas de neoliberalismo salvaje en el pas, han negado y pisoteado nuestra dignidad, por tanto, rebelarse y luchar con todas las fuerzas de la historia, no slo es comprensible, sino que necesario y vital.

Sintetizando apretadamente las enseanzas de la maestra dignidad podemos sealar que: uno, vivir en dignidad no puede ser privilegio de minoras, puesto que la dignidad es fundamento de la vida de todo ser humano; dos, en la medida en que avanzan en nuestro pas los procesos de mercantilizacin de la vida, se hacen ms urgentes y necesarias las luchas por la dignidad, que no son ms que luchas contra la cosificacin, o dicho de manera afirmativa, luchas por re-humanizar nuestra existencia; tres, la dignidad humana debera ser un principio regulador de nuestra existencia, lo que implica oponerse al proyecto histrico cuyo principio regulador es la propiedad privada; y cuatro, apelando a nuestra memoria histrica, las luchas por la dignidad, debemos inscribirlas en proyectos polticos que se articulan en torno a los conceptos de soberana popular, nacionalizacin de bienes comunes y recursos estratgicos y luchas contra las diferentes formas del colonialismo.

Como hemos intentado sealar, el maestro pueblo y la maestra dignidad nos estn enseando muchas cosas en estos ajetreados e intensos das del despertar de la sociedad chilena. Quienes queramos comprender lo que est pasando en las diferentes capas de la sociedad, debemos estar muy atentos a las seales que emanan desde los diferentes actores sociales; debemos saber escuchar a nuestros/as compaeros/as, vecinos/as, hermanos/as; debemos intentar afinar nuestras preguntas y reflexiones; debemos esforzarnos por vincular lo que ocurre en este rinconcito del mundo con las luchas y movilizaciones que se despliegan a nivel continental y planetario; pero lo ms difcil de esto, es que todo lo anterior, debemos hacerlo sin abandonar las calles, sin dejar de atizar los fueguitos del pueblo y de la dignidad

 



El autor es Docente Escuela de Pedagoga en Historia y Ciencias Sociales, Universidad Academia de Humanismo Cristiano; Coordinador GT CLACSO de Educacin Popular y Pedagogas Crticas; Educador Popular, Escuela Pblica Comunitaria, Barrio Franklin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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