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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2019

Lo esencial

Carlos Prez Soto
Rebelin


No perder de vista lo esencial: la profundizacin del modelo neoliberal en Chile. No se trata de la privatizacin de las empresas estatales, no se trata del shock econmico monetarista, no se trata de reprimir al movimiento sindical o de imponer trabas al desarrollo de la cultura. No se trata, por supuesto, de volver a imponer dictaduras militares. El asunto es llevar el modelo a todas sus consecuencias posibles, a todos los mbitos de la vida pblica, estatal, privada. Y se trata de hacerlo en democracia, en paz, con la complicidad pasiva o activa de los partidos polticos, con ritos electorales cada dos aos, con permanentes operaciones de relaciones pblicas que presentan como avances sociales, democrticos, lo que no es sino la esencia de todo: el modelo llevado a su extremo, el neoliberalismo como forma de vida. Y en Chile, por supuesto, que ha servido ya por ms de cuarenta y cinco aos como plataforma ejemplar, como escenario de todos los experimentos, de todos los ensayos, para mostrar al mundo que la extrema avidez capitalista puede perfectamente ser administrada en forma pacfica desde gobiernos social demcratas o, como suelen decir los canallas, de centro izquierda.

Por supuesto, no van a privatizar el Metro. Ni siquiera van a inyectar capitales privados. De lo que se trata es de atiborrarlo de pasajeros, obtener ganancias y con ese excedente subvencionar al sistema de transporte privado. Se trata de endeudar al Metro en la banca trasnacional, para obtener ahorro externo y poder crear nuevas lneas y de paso, por cierto, pagar los correspondientes intereses, eternamente mal negociados, y con eso transferir recursos de una empresa estatal, nacional, productiva, a bancos trasnacionales, privados, especuladores e improductivos. Y si el pasaje es muy alto, si la gente desata su ira contra la caresta del transporte, simplemente se inyectan recursos, desde luego estatales, para bajar los pasajes sin tocar nada del esquema anterior, para obtener el mismo resultado de fondo: desviar recursos pblicos a bolsillos privados. Y, ms aun, revistiendo esta confirmacin de la poltica que nos ha llevado hasta aqu como agenda social, proclamando a todos los vientos hemos escuchado el clamor de la gente, pactando en torno a un gran acuerdo nacional (bajar la tarifa estudiantil, bajar los pasajes a la tercera edad) habiendo, de paso, reforzado el mecanismo neoliberal tanto en el plano econmico como en su proyeccin poltica.

Las escuelas y los liceos municipales no han sido privatizados, ni lo sern. Lo que se ha hecho es no fiscalizar a los alcaldes que gastan impunemente los fondos educacionales en otros servicios que les parecen ms urgentes y postergan a los colegios. Con esto, y con la falta de fiscalizacin sobre el lucro que los sostenedores educacionales obtienen a pesar de una ley que los limita, los colegios privados subvencionados por el Estado crecen, invierten en infraestructura, atraen a los estudiantes con regalas baratas, y los padres sacan a sus hijos de las escuelas pblicas para ponerlos en estas empresas que parecen ms seguras, ms competitivas, ms tranquilas. Las escuelas municipales se van vaciando. Los alcaldes se ven obligados a juntar alumnos de varias escuelas, y aprovechan de hacer negocios inmobiliarios con los locales vacos. Pero la gente reclama. Muchos insisten en que los colegios del Estado no deben cerrar. La reeleccin del alcalde oportunista corre peligro. Pero entonces surge la solucin: recoger la antigua demanda, irracional pero efectista, de devolver los colegios municipales a la administracin directa del Estado. Una poltica que se levant hace cuarenta aos en contra de la municipalizacin de la educacin impulsada por el gobierno de Pinochet. Desde un gobierno supuestamente de centro izquierda se lleva el asunto al parlamento. De pronto hasta la misma derecha, que haba creado la municipalizacin, estn de acuerdo en des municipalizar. La mala izquierda cree que ha ganado una batalla. Se presenta el asunto como una conquista. Nuevamente, como una poltica social que desmantela el plan educacional de la dictadura. Pero lo que se ha hecho no es sino liberar a los alcaldes, sometidos a presiones electorales, de la responsabilidad poltica de cerrar las escuelas, trasladando ese peso a entes regionales, donde burcratas annimos podrn cerrarlos de todas maneras sin costo poltico alguno. La solucin profundiza la absoluta preferencia del Estado en favor de la educacin privada, los polticos se salvan de asumir el peso. Y el Estado, una vez ms, inyectar recursos para que esa racionalizacin del nmero de escuelas a cargo del Estado se pueda llevar adelante.

Nadie va a privatizar las universidades estatales. Lo que se ha hecho es convertirlas en centros de pequeos negocios acadmicos y de consultoras, administrados de manera privada, bajo el amparo institucional, por una elite de profesores de jornada completa, que obtienen salarios extra y ganancias a costa de las instalaciones y de la marca institucional. Una elite acadmica que no mueve ni un dedo para evitar la progresiva externalizacin de los servicios (aseo, casinos, salas cuna, centros culturales), que resultan una nueva fuente de buenos negocios relacionados para las autoridades universitarias de turno. Una elite que no se ha interesado en absoluto en revertir la externalizacin de la propia funcin docente, que va quedando en manos de acadmicos contratados a honorarios, por jornadas parciales, sin estabilidad laboral, sin beneficios sociales, sin ms opcin de hacer una carrera acadmica que la de integrarse a los equipos al servicio de los acadmicos con ms poder.

Por supuesto se asegurar el acceso a la educacin superior de todos. Se har, independientemente de si hay un mercado laboral suficiente o rentable para los futuros profesionales. Se har porque la educacin superior es una inversin privada, de sujetos econmicos individuales, a los que el Estado est interesado en promover a travs de crditos blandos que benefician sobre todo a las universidades privadas. Se har porque el estudiantado universitario es una clientela poltica delicada, y porque de esa manera se confirma y profundiza la transferencia de fondos estatales a la educacin privada. Se har porque a pesar de todas las normas que prohben el lucro nadie duda de que las universidades privadas son un excelente negocio, financiado sobre todo a costa del Estado, que tendr que asumir los costos de esta transferencia ms adelante solicitando apoyo a la banca trasnacional para equilibrar una deuda monstruosa, impagable, que ya se eleva por sobre los ocho mil millones de dlares. Y, nuevamente, la mala izquierda cree que con la gratuidad de la educacin ha ganado una batalla, ha logrado implementar una poltica social. Una vez ms los arbustos del populismo electoralista logran tapar el frondoso bosque de la profundizacin neoliberal.

Se aumentar el salario mnimo, se establecer una proporcin entre el salario mnimo y las pensiones mnimas, se reducir la jornada laboral y nuevamente el reverso ser un gasto enorme a costa del Estado. Las AFP no disminuirn ni un peso sus ganancias. Los fondos de los trabajadores aumentarn, y las AFP seguirn lanzndolos a la lotera de la especulacin financiera internacional. La jornada de cuarenta horas se diluir en jornadas parciales no fiscalizadas, al borde de la legalidad, porque los trabajadores se vern obligados a completar su salario con trabajos extra, ms precarios que los que ya tienen.

Nadie va a privatizar los hospitales pblicos, simplemente se llevarn a licitacin absolutamente todos sus servicios, incluyendo los mismos servicios mdicos. Las empresas privadas de salud podrn atender en la infraestructura pblica, con insumos pblicos, abaratando sus costos, cobrando por las prestaciones mdicas ms de su costo real porque los encargados de negociar las licitaciones curiosamente siempre calculan mal. El Estado puede financiar los frmacos ms solicitados por una poblacin enferma debido al mismo sistema neoliberal. Pagar a las farmacuticas privadas lo que no invierte en salud preventiva y primaria. Pagar por parchar los males que produce una poltica de salud pblica irracional porque eso permitir a la vez realizar el lucro privado y, una vez ms, presentar la complicidad con el capital privado como poltica social.

Hay que ir a lo esencial. Poco a poco los chilenos vamos aprendiendo en qu consiste la profundizacin del disciplinamiento neoliberal de la vida. Poco a poco y, sin embargo, ms rpido que las malas izquierdas. Con ms agudeza y perspicacia que los analistas que hacen poltica desde la universidad. Con ms ira que conciencia, con ms realismo que ilusiones: hemos ido perdiendo todo. Nos deben treinta aos. Nos deben nuestras vidas completas, cooptadas, administradas, sobre explotadas, por la avidez del capitalismo salvaje revestido convenientemente de polticas sociales.

Lo esencial. No se trata de rebajar el pasaje del Metro, se trata de terminar con la subvencin que el Metro da, de hecho, al sistema de transporte privado. No se trata de ms fiscalizacin al transporte privado. Se trata de terminar con el sistema de concesiones a privados e instalar, con esas mismas subvenciones, un sistema de transporte pblico.

No se trata de des municipalizar las escuelas y liceos. Lo que hay que hacer es terminar con el sistema de subvenciones educacionales a privados. Progresivamente, con todo el plazo que quieran. Pero terminar con la raz del sistema. Se trata de que el Estado asuma la responsabilidad de construir un sistema que cubra el 100% de la demanda educacional. Un sistema fuertemente descentralizado, financiado por proyectos, no por matrcula, administrado desde los municipios y las comunidades escolares.

Se trata de iniciar una profunda reforma universitaria, que se extienda a todos los organismos del Estado, que prohba el lucro privado disfrazado de autonoma. Se trata de financiar a las universidades del Estado basalmente. De eliminar los sistemas de sueldo fijados de manera autnoma por decanos, directores de empresas estatales, funcionarios de alto rango, parlamentarios, y establecer una escala nica de salarios en toda la administracin estatal. De salarios dignos, de relaciones contractuales estables, de jerarquizacin adecuada a la funcin social. Una administracin descentralizada en su gestin, pero frreamente nica en su financiamiento y en sus escalas salariales. Se trata de terminar con todas las formas de administracin neoliberal en los organismos estatales: los fondos concursables, los trabajos a honorarios, la externalizacin a privados, los bonos de productividad. Se trata del neoliberalismo profundo, no del cuento populista que apela a los fantasmas del pinochetismo para justificar las canalladas actuales.

Hay que ir a lo esencial. Hay que crear un sistema de pensiones solidario, con respaldo estatal, y dar libertad a los trabajadores para cambiar sus fondos desde las AFP a un fondo comn, que les garantice pensiones dignas, y que sirva a su vez, como palanca de desarrollo para el pas. Para que no se diga nunca ms que carecemos de recursos para invertir en el cobre o en el litio. Para que no se diga que no hay recursos para proteger el medio ambiente. Para que esa parte de la riqueza creada por todos se ocupe en crear bienestar para todos.

Lo esencial. No basta con subirle los impuestos a los ricos. Lo que hay que hacer es terminar con los mecanismos de elusin tributaria, con los perdonazos del Servicio de Impuestos Internos, con la evasin de capitales a parasos fiscales, con el apoyo estatal a la banca cada vez que tienen problemas. Hay que crear una legislacin que prohba al Estado apoyar, respaldar, fomentar el lucro de la banca privada.

La fuerza social que se expresa hoy en ira desatada no puede conducirnos una vez ms a la poltica de grandes consensos en que los nicos que ganan son los grandes. Es la hora de los pequeos, de los ms, de los que construyen toda la riqueza con su trabajo y sus vidas. Es la hora de pensar en grande y mirar ms all del modelo. Es hora de revertir la vergenza de haber sido por dcadas el pas modelo que contribuy con su apariencia de crecimiento y tranquilidad a implementar estas polticas salvajes en todo el planeta. Es hora de revertir la vergenza de haber tolerado como agenda social los innumerables modos en que la administracin poltica durante estos ltimos treinta aos ha profundizado el neoliberalismo arrogndose de manera escandalosa el haberle dado un rostro humano.

Lo esencial es la fuerza social, nuestro derecho a expresar nuestra indignacin en las calles, nuestro derecho a tener una izquierda a la altura de los desafos, a la altura de la ira, a la altura de la historia. Nuestro derecho a recuperar las vidas que nos han arrebatado en lo que ellos llaman paz. Es as: llaman paz a su violencia, llaman violencia a nuestra esperanza. Tenemos derecho a esta violencia. Un derecho que hemos ganado a costa de nuestras propias vidas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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