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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2019

Algunas reflexiones desde la vereda del clasismo

Catalina Rojas B.
Rebelin


Cumplindose la tercera semana de movilizacin y protesta popular en Chile, el descontento no ha logrado ser aplacado ni por el gobierno, ni por el bloque en el poder en su conjunto.

Diferentes han sido las tcticas que ha buscado utilizar Piera para acabar con este alzamiento popular, las que resultan completamente infructuosas. En primer lugar, las distintas formas de represin fueron la primera medida adoptada por el gobierno, que han sido una constante y pareciera ser que en vez de mitigar, la opcin de ste es recrudecer. La declaracin de Estado de Excepcin y la consecuente salida a la calle de militares fueron la primera muestra, que ha implicado violencia y violacin sistemtica de los derechos humanos aun habiendo levantado la medida de Estado de Excepcin. Las cifras de muertos, heridos, traumas oculares, torturados, desaparecidos, abusados sexualmente y violados son impactantes, asumiendo incluso, que pueden no estar todas registradas. Adems de todo esto, la persecucin, hostigamiento y detencin a dirigentes sociales, estudiantiles y sindicales en sus lugares de trabajo y sedes, as como el secuestro de jvenes en medio de la calle por funcionarios encapuchados, son prcticas que demuestran como la represin se agudiza cada vez ms. Pareciera ser que pese al contundente rechazo generalizado, el presidente s declar la guerra al pueblo que lucha, situacin que volvemos a comprobar con los proyectos de ley anticapucha, antibarricada y antisaqueos y la convocatoria por parte del ejecutivo al Consejo de Seguridad Nacional (COSENA). Junto con ello, hemos visto como los medios de comunicacin al servicio del capital han comenzado a desfigurar el concepto de violacin a los derechos humanos, buscando victimizar a las y los carabineros heridos en las protestas, tratndolos como vctimas tambin de violacin a los derechos humanos.

En segundo lugar, han intentado de muchas formas instalar la lgica del enemigo interno para dividir el pueblo y comenzar a fracturar la legitimidad de la lucha y la amplia aceptacin de las demandas. Impulsar la generacin de grupos de vecinos para resguardar supermercados del saqueo, que rpidamente los medios de comunicacin patronal difundieron como los chalecos amarillos, expresan con claridad la estrategia de divide y vencers. Y en esa jugarreta muchos y muchas se han confundido y han terminado trabajando para pelear contra su mismo pueblo. Por otro lado, el permanente discurso y la falsa divisin entre quienes supuestamente se manifiestan de forma pacfica frente a la delictual violencia de la protesta ejercida por unos pocos, que ahora la han traducido en el uso de un nuevo concepto inventado, el de vandalizar. La verdad es que esto, hoy es una falsa dicotoma que el gobierno y la patronal han buscado instalar para criminalizar y deslegitimar un movimiento social y popular que no es ms que la consecuencia de dcadas de abuso y explotacin. Por ltimo, pattico fue el intento de apropiacin de la gran marcha del da 25 de octubre, instalando un discurso de la paz y la justicia, promoviendo de forma forzosa un discurso completamente incoherente con la realidad.

En tercer lugar, han impulsado una insuficiente agenda social que no es ms que el tozudo intento por mantener el plan de gobierno inicial con variaciones tan marginales que parecen una burla ante toda la coyuntura. Adems de congelar el alza del precio de la luz con poco ms de un ao de plazo, se ha propuesto la disminucin de los precios en medicamentos de farmacias ms pequeas, aumento de un 20% de la pensin bsica solidaria y el aumento del salario mnimo a $350.000. Todas estas medidas sern realizadas por medio de subsidio estatal, en definitiva, con dinero que sale de los bolsillos de la clase trabajadora y el pueblo chileno, sin tocar ni mover un pelo de las ganancias de las empresas, quedando demostrado una vez ms que este es un Estado capitalista cuyo deber es proteger la acumulacin de capital. Lo desastroso y aberrante de todo esto, es que el presidente Piera se niega a ver la crisis generada en el pas, peor an, se burla del descontento social, de las y los heridos, muertos, torturados y desaparecidos, de la protesta en la calle, sin asumir en ningn momento que es necesario generar cambios reales. Sumado a esto, claramente el cambio de gabinete no fue ms que un show meditico orientado a desviar la agenda que el pueblo en lucha ha logrado instalar en la sociedad, situacin similar suceder con la baja a la dieta parlamentaria y la posible normativa que impedir la reeleccin de diputados y senadores.

Sin embargo, ya al cumplimiento de la tercera semana de protesta, pese a estas diferentes medidas tomadas por la clase en el poder para aplacar la rabia, queda demostrado el gran salto y avance que la clase trabajadora y el pueblo ha dado en esta lucha. El miedo generado por la represin no ha logrado desmovilizar, por el contrario ha agudizado la rabia y la necesidad de justicia, la criminalizacin de la lucha no ha restado la adhesin de este gran alzamiento popular, por el contrario, se reafirma permanentemente el nivel de abuso perpetrado por el capitalismo contra el pueblo, y la pauprrima agenda social no logro engaar ni encandilar a nadie, por el contrario todas y todos saben que son falsas promesas que en poco y nada contribuyen. El pueblo se mantiene despierto y en la calle, pese a que sectores minoritarios y ms acomodados han comenzado a agotarse y desistir.

Ante esta situacin, la instalacin de la demanda poltica por una Asamblea Constituyente se ha tomado las discusiones en algunas asambleas territoriales y sindicales, en los medios de prensa, en las propagandas callejeras y en la discusin parlamentaria.

Parece ser que hay algo en lo que todos los partidos polticos tradicionales estn de acuerdo, independiente si son oficialismo u oposicin, y esto es la idea de la necesidad de un nuevo pacto social. Parece que en eso estn todos juntos como clase, es decir como burguesa (y con quienes han decidido ser serviles a sus intereses). Parece ser que todos quieren defender la democracia burguesa y temen que se generen demandas polticas que pongan en cuestin el sistema capitalista e instalen la necesidad de transformar estructuralmente la sociedad para construir una nueva. En esa defensa de la democracia a la burguesa (que algunos sitan en la contradiccin democracia/neoliberalismo, dejando atrs la contradiccin que rige la lucha de clases, el capital/trabajo), el pacto social se materializara en cambios en la Constitucin, que se desagrega en diferentes vas para ello. Los sectores de derecha conservadora apuntarn a reformas desde el parlamento, otros al modo Bachelet con plebiscito consultivo, y los ltimos, al modo de Asamblea Constituyente con discusiones vinculantes desde la sociedad civil.

Todas estas vas responden al pacto social y a la defensa de la democracia a la burguesa Ser sta la propuesta ms coherente para los sectores clasistas?

Los cambios a la constitucin se han tomado la agenda del actual alzamiento, lo que, evidentemente es una forma de cooptacin de la lucha, pues institucionaliza el conflicto, sacndolo del carcter popular que hasta ahora ha tenido, llevndolo al lenguaje de la burguesa, otorgndole un carcter ms propio del ciudadanismo, idea que ha tendido permanentemente a marginar a los sectores ms empobrecidos, y por ende con ms necesidades.

Tomando ese elemento como comn denominador a cualquiera de las vas para realizar cambios en la Constitucin, es posible diferenciar entre quienes slo buscan cooptar el conflicto para no realizar cambios reales, y quienes confan en el reformismo como estrategia de transformacin de la sociedad. stos ltimos, han tendido a instalar la lucha de ms democracia para afrontar el neoliberalismo.

Las y los clasistas no slo luchamos contra el neoliberalismo, sino tambin contra el capitalismo, porque si bien el neoliberalismo como modelo es el que nos tiene en la precariedad actual, sabemos que el capitalismo es el sistema que lo sustenta y lo rige, el capitalismo es la estructura de la sociedad que instala la explotacin de una clase sobre otra, y sabemos que, mientras esto no se acabe, no lograremos nuestro completo bienestar.

En ese sentido, si bien la Asamblea Constituyente es una apuesta que da un salto de la lucha netamente econmica a una demanda de carcter poltico, no es la demanda central de las y los clasistas. Desde quienes seguimos creyendo que el principal conflicto se da entre capital y trabajo, y por tanto la historia se dibuja por medio de la lucha de clases, el problema slo ser posible acabando con la dictadura del capital y la construccin de una fuerza propia de la clase trabajadora y el pueblo oprimido, fuerza que se constituye en un poder paralelo al establecido por el orden y la institucionalidad burguesa, el poder popular, capaz de confrontar al capital y sus servidores.

Para ello hoy tenemos tareas que son urgentes. En primer lugar, debemos seguir impulsando asambleas sindicales, estudiantiles y territoriales para que stas sean el motor de la lucha y estn al servicio de la movilizacin y la protesta por mantener vivas las justas demandas del pueblo, demandas que son inmediatas, como el ingreso mnimo de $500.000 lquido, pensin bsica igual salario mnimo y fin a las AFP, jornada laboral de 40 horas sin flexibilidad e incluida la hora de colacin, pago de locomocin y colacin en todos los lugares de trabajo, proteccin a la maternidad y sala cuna realmente universal y sin discriminacin ni restricciones, aborto libre y gratuito, fin al lucro en la salud y educacin, viviendas dignas, nacionalizacin de los recursos naturales, autodeterminacin del pueblo mapuche y la libertad a las y los presos por luchar.

En segundo lugar, velar por la generacin de organizacin donde no la hay y se fortalezca donde ya existe, que se sustenten en la independencia de clase, en la solidaridad, en la democracia de base, en el fondo, en el clasismo y la combatividad. Slo as podremos mantener y acumular en el tiempo todo lo avanzado en la actual coyuntura.

En esa misma lnea, debemos buscar generar espacios de articulacin de los diferentes sectores en lucha para poder a hacer efectivos los esfuerzos de las y los anticapitalistas por rearticular el movimiento popular, en perspectiva de la constitucin del poder de la clase trabajadora y el pueblo oprimido. Para ello, el llamado a la conformacin de un Polo Social Anticapitalista, que no est al servicio de los partidos polticos que tienen el poder, as como aquellos que le son serviles, como lo han hecho las organizaciones que componen la llamada mesa de unidad social, es fundamental. Sabemos que somos una fuerza ms pequea, pero tendremos nuestros principios y objetivos claros, y no vacilaremos a la hora de asumir la lucha que nos ha tocado vivir.

Por ltimo, la actual coyuntura ha demostrado que la carencia de conduccin poltica del movimiento y el oportunismo de las y los de siempre por arrogarse la representatividad de un estallido social del pueblo, que si bien fue espontneo, responde a un acumulado de experiencia y descontento el cual se ancla en el ciclo de lucha abierto el 2006, el cual se ha caracterizado por un ascenso en la lucha reivindicativa, y el aumento progresivo de descontento por una serie de abusos contra el pueblo frente al enriquecimiento de unos pocos, por la colusin de las empresas como el confort o los pollos, los casos de cohecho y financiamiento de empresas en candidaturas y a polticos, los casos de robo en instituciones como carabineros, los casos de abuso impune en las iglesias, entre tantas otras cosas. El alzamiento popular que a todos y todas nos pill de sorpresa y con pocas herramientas, nos invita a reflexionar sobre la necesidad de construir un instrumento poltico desde la clase trabajadora que permita levantar un proyecto estratgico para avanzar hacia una nueva sociedad. Se hace urgente abrir el debate sobre la necesidad y pertinencia de levantar una herramienta que ya no slo luche por demandas reivindicativas sino que dedique sus esfuerzos en el plano estratgico, es decir a barrer con el capitalismo. Un instrumento que no venga desde afuera de la clase, ni de los pretendidos iluminados, sino ms bien, del proletariado, esa clase trabajadora consciente que harta de la explotacin, decide hacer su propia poltica, con los medios que define necesarios y con un proyecto claro para avanzar a la victoria final.

Catalina Rojas B. Presidenta Sindicato de Honorarios del Servicio de Salud Metropolitano Central. Secretaria Nacional Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores. Parte de la Asociacin Intersindical de Trabajadores y Trabajadoras Clasistas, AIT.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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