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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2019

Violencia y clasismo en la revuelta popular en la historia
Nadie es tan pobre como para no tener fsforos, ni nadie tan rico como para no tener miedo

Luis Thielemann H.
Revista Pleyade


Clase, en su uso heurstico, es inseparable de la nocin de lucha de clases. [] En realidad lucha de clases es un concepto previo as como mucho ms universal. [] las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados (crucialmente, pero no exclusivamente, en relaciones de produccin), experimentan la explotacin (o la necesidad de mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de inters antagnico, comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase, y llegan a conocer este descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre las ltimas, no las primeras, fases del proceso real histrico. E. P. Thompson

El estudio de la evolucin histrica de las revueltas (es decir, el seguimiento de los cambios y continuidades entre cada uno de los estallidos, protestas y asonadas populares que la caracterizan) es uno de los mtodos ms comunes desde cierta historia social y tambin de la teora de los nuevos movimientos sociales. En este breve escrito me gustara reflexionar sobre dos elementos permanentes en la historia de las revueltas en Chile, y que resaltan claros en los hechos de octubre de 2019 con interesantes novedades, como son la violencia y el clasismo. Estas permanencias aparecen como identidad y como medio para los protagonistas de la revuelta, y no solo del lumpen o la militancia radicalizada (por lo menos durante los momentos ascendentes del ciclo que caracteriza las revueltas). El reaparecer intempestivo del clasismo y la violencia popular en el presente permite volver a mirar transformaciones de importancia en nuestra historia. As, violencia y clasismo son una constante en la revuelta popular en Chile, ms all de que le memoria inmediata culpe a Fuenteovejuna.

El clasismo

El clasismo no es sino la clase en forma prctica, de masas y expresada ante su enemigo. Para Ellen Meiksins-Wood las clases solo son visibles cuando luchan como tales, es decir, cuando actan de forma clasista[1]. En las revueltas, el clasismo es intuitivo para las masas, y por lo mismo ambiguo y amplio. Es un descubrirse como clase de lo abigarrado en el cual capas medias, trabajadores y lumpen conforman una mayora social momentnea pero polticamente efectiva, unidos por demandas que los oponen a propietarios y poderosos. Es lucha de clases en sentido bsico, referenciada en identidades amplias, pero de antagonismos claros (la tan mentada figura de el chileno de a pie), y que encuentra referencia en pasados similares. Las cacerolas sonando espontneamente desde el viernes 18, o las canciones de Vctor Jara como himnos de la revuelta, son prcticas llenas de experiencia histrica de lucha, militante y de base. Aprendizaje, viniendo de lo hondo[2]. En este octubre de 2019, la disposicin social de los protagonistas de la revuelta encontr identidad en los objetos arqueolgicos del clasismo de izquierdas y popular del siglo XX. Esto a pesar de ser, en su mayora, sujetos que se formaron lejos de las instituciones clasistas del siglo pasado, como fueron sindicatos o partidos. Se identifican as con una multitud de vctimas del neoliberalismo presente, pero en la cultura cotidiana de la revuelta, en la experiencia extrema de la represin a balazos, se reconocen tambin en las generaciones vencidas y los antecesores esclavizados[3].

Los obreros porteos de 1903 que reclamaban mejoras salariales se vieron acompaados de pobladores pobres de los cerros, y se lanzaron entonces al ataque del diario de los poderosos de Valparaso, El Mercurio, para luego incendiar su principal empresa, la SudAmericana de Vapores. Las masas se reconocan por negacin en los patrones, y sus rostros ms visibles se disolvieron en los ros de revuelta que bajaron de los cerros: desde ladrones hasta obreros portuarios, desde mujeres dueas de casa hasta jvenes dubitativos entre el trabajo y la lumpenizacin[4]. La cesanta y la crisis de la dcada de 1980 unific detrs de neumticos humeantes, y contra Pinochet y el modelo proempresarial, a capas medias y obrerismo rojo (enemigos hasta 1973), en una forma ideolgica mucho menos densa. Esa articulacin clasista amplia no es nueva. La novedad en 2019 est en que sta reaparece denominndose pueblo despus de dcadas de derrota total de su universo cultural, el movimiento popular y la izquierda, y es una unidad amplia que parece venir, como todo lo intuitivo, desde abajo.

De esta forma, la revuelta sincera inmediata pero todava ambiguamente la lucha de clases. La desigualdad experienciada realmente es, entonces, el santo y sea de la revuelta, que permite reconocerse a un colectivo negado por la retrica nacional. Aqu estamos uno a uno, como el ao treintaiuno, gritaban los trabajadores con los estudiantes mientras se dirigan a la revuelta de 1949, recordando su smil de 1931. El grito volvi en La Batalla de Santiago en 1957[5]. Cada vez que hay revuelta, el clasismo como discurso identifica a nuevos grupos sociales que se suman a la poltica. Y as como la lucha pobladora y el derecho a voto para las mujeres las involucraron a ellas en poltica para que protagonizaran en sus propios trminos (los de la reproduccin material de la vida) la revuelta de 1957[6], as tambin los hechos de 2019 no se pueden comprender sin el masivo ingreso de mujeres trabajadoras al protagonismo del malestar organizado tras el ciclo 2011 2019[7]. Esas masificaciones acumulan historia y sirven como base de sentido en la poltica que define a las revueltas. Resulta, as, del todo interesante que, en su memoria propia, la revuelta de 2019 recurra a las protestas de 1983-86, se salte 1973 para detenerse brevemente en el entusiasmo de 1970, y luego pase directo a 1949. Se reconoce ms en la ofensiva popular masiva que en su derrota.

Las demandas de las revueltas siempre denotan empobrecimiento. Se gatillan por una pequea reforma que afecta a las mayoras, y que sirve de vrtice de todo su malestar. En la revuelta de 1905 fue el alza de la carne, en 1919 la crisis de la vivienda y la alimentacin, en 1931 la crisis econmica global, en 1949 y 1957 fue el pasaje del transporte pblico. En 2019, el alza del pasaje del metro desata una revuelta contra una asfixiante mercantilizacin de los servicios sociales y el encarecimiento del costo de la vida. No se necesita ir mucho ms all para ver que quienes han sentido necesidad de la revuelta ha sido una parte de la poblacin y no toda. La revuelta pertenece a la parte popular de la historia y sus agentes ms activos lo saben. Eso s, nada dura para siempre. Cuando la revuelta pasa, afloran contradicciones de clase potentes, especficamente aquellas entre las capas medias y los grupos sociales ms pobres o explotados. As, la revuelta dibuja una mayora clasista, pero la poltica que le sigue y la intenta administrar tensiona sus diferencias sociales, esto es, sus contradicciones, y es por ello tal vez que de las revueltas siempre surge un gobierno reformista, pero tambin de ellas deriva la disolucin del frente social que se haca mayora en la revuelta. Esa es la tragedia que va de la revuelta de 1957 al golpe de estado de 1973, hechos de signo opuesto, pero ambos con apoyo mesocrtico. Lo que media es la poltica clasista, moderna y de fines declarados, que desarma el frente comn y crea otros ms estrictos. Pero eso ya nos queda fuera de este anlisis.

La violencia

La revuelta en la historia no es otra cosa que una insubordinacin violenta de masas, pero no una violencia ciega y enajenada, como se suele repetir. En el comienzo de la revuelta de 2019, la autodefensa frente a la polica fue ms bien mnima. A los gases y palos los estudiantes respondieron masificando la insubordinacin. En general, las grandes revueltas han sido precedidas por largas manifestaciones pacficas que son desodas por las autoridades al mismo ritmo que suman multitud. Antes del 2 de abril de 1957, hubo protestas por meses, y la nica respuesta fue la represin, con la muerte a palos del obrero Manuel Rojas en febrero de este ao[8].

En algn momento, la revuelta alcanza una masividad en la cual las acciones populares toman la ofensiva. La polica y el ejrcito reciben buena parte de la furia, pero solo cuando deciden impedir la revuelta, no antes. En 2019 los ataques fueron contra estaciones de metro, supermercados, microbuses, grandes comercios. En general en la historia no se presentan casos de saqueos sin incendios ni destruccin, y no hay enfrentamiento con la polica que no utilice materiales arrancados a la calle o al gran comercio[9]. Esa violencia es su marca. A la luz de los hechos es bastante clasista, aunque aquello a veces implique disponer de enemigo a todo aquel que posee un negocio. Ah es cuando se fricciona su amplitud, especialmente en las capas medias, que se debaten entre ser leales con el malestar en revuelta o con el orden social que los constituye. En los saqueos posteriores al terremoto de 2010 hubo asaltos a galpones, supermercados y comercios, pero no se presentaron ataques a viviendas, a pesar de los rumores que circularon[10]. En las revueltas por pasajes como sta, se han atacado siempre vagones y buses del transporte, pero nunca pasajeros, y escasamente se ha daado a choferes. La violencia popular es feroz, masiva, pero nunca homicida; traza fronteras y tensiona al lmite la unidad de base de la revuelta.

Cuando la revuelta llega a su cenit, las balas del ejrcito y la polica terminan de dejar claro a quin pertenece la revuelta y a quin el orden. El Estado s es homicida y su misin est determinada por el inters oligrquico y tambin por el de los ms ricos de las capas medias. La violencia popular, que en toda revuelta se reduce a piedras y fuego, se ve rpidamente superada por la municin de guerra y los tanques. A veces la restauracin del orden demora varios das, como en 2019 o en 1905; a veces es cuestin de horas, como en 1957. Los fretros de los muertos solo se cargan en las poblaciones, mientras en los barrios ricos con suerte llega el eco de las balas. Los muertos no son pocos, nunca[11]. En 1905 los asesinados por la represin de la huelga de la carne se calculan en 200, los de 1957 fueron una veintena y ahora en 2019 ya vamos por sobre esa cifra. Adems, en todos los casos se cuentan entre los muertos a personas que solo observaban o que han sido baleadas en sus hogares, lo que muestra el indiscriminado uso de armas de fuego sobre la ciudad a la hora de reprimir. Sobrevivir no garantiza nada. Las torturas y arbitrariedades a los presos de las revueltas se repiten en todos los casos, y desde hace un tiempo ya sabemos que casi no hay apremios sin abuso sexual por parte de la represin estatal. Se registran en las protestas de la dcada de 1980, tambin en las movilizaciones de 2006 a 2019. La violencia estatal sinonimia as el orden social con el disciplinamiento traumtico de los revoltosos. Y ese traumatismo puede ser eficaz por dcadas, pero tambin siembra un resentimiento feroz.

*

Las permanencias de la violencia y el clasismo en las revueltas populares trazan una otra historia de Chile, en que la poltica de reforma social se aleja de una comprensin republicana autocomplaciente. La desigual relacin con las armas de fuego, la extraccin social de las vctimas y las razones de la revuelta son elementos que, vistos en los hechos pasados, develan una pesada recurrencia. As como queda claro en 2019, el hilvn histrico de todas las revueltas es la incomodidad existencial[12] de las clases populares, y su corolario es la violencia nerviosa y asesina para reimponer el orden de la oligarqua chilena. El estudio del pasado muestra a la revuelta como instrumento soberano de las clases populares cada vez que emprenden un ciclo poltico largo de reforma social; y muestra asimismo a la violencia estatal como primer y ltimo recurso ante el mismo. Suena fuerte, pero a estas alturas de octubre, a estas alturas de la historia, ya nada lo es.

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[1] Ellen Meiksins Wood, El concepto de clase en E. P. Thompson, Cuadernos Polticos 36 (1983); tambin La clase como proceso y como relacin, en Democracia contra capitalismo. La renovacin del materialismo histrico (Ciudad de Mxico, Siglo veintiuno editores, 2000).

[2] Gabriel Salazar, Movimientos Sociales en Chile. Trayectoria histrica, proyeccin poltica (Santiago: Editorial Uqbar, 2012), 394.

[3] Walter Benjamin, Tesis de filosofa de la historia (Buenos Aires: Editorial Terramar, 2007).

[4] Peter Deshazo, The Valparaso maritime strike of 1903 and the development of a revolutionary movement in Chile, Journal of a Latin American Studies 2, no. 1 (1979).

[5] Empez la pelea contra la caresta. Manifestaciones en la Plaza de Armas, en El Siglo, 8 de enero de 1957, 1. Tambin Pedro Milos, Historia y memoria. 2 de abril de 1957 (Santiago, Lom ediciones, 2007), 72-4.

[6] Julieta Kirkwood, Ser poltica en Chile. Las feministas y los partidos (Santiago, Ediciones FLACSO, 1986), 91.

[7] Carolina Olmedo C., Feminismo en Chile: una crtica sistmica desde el sur. Revista ROSA 1 (2019).

[8] Uno de los apaleados anoche en la manifestacin contra las alzas muri hoy de un ataque cerebral. Las noticias de ltima hora, 8 de febrero, 1957, 16.

[9] Gabriel Salazar, Violencia Poltica Popular en las Grandes Alamedas. Santiago de Chile 1947-1987: una perspectiva histrico-popular (Santiago: Editorial Sur, 1990).

[10] Juan A. Guzmn, Saqueadores post terremoto II: La horda que nunca lleg a las casas, en CIPER, 19 de julio de 2010. Consultado en noviembre de 2019, disponible en: https://ciperchile.cl/2010/07/19/saqueadores-post-terremoto-ii-la-horda-que-nunca-llego-a-las-casas/.

[11] Luis Thielemann H., Ley Hinzpeter: el fantasma de la violencia estatal en Chile. El Mostrador, 7 de agosto de 2013.

[12] Sergio Grez Toso, Prlogo a la segunda edicin, en De la regeneracin del pueblo a la huelga general. Gnesis y evolucin histrica del movimiento popular en Chile (1810 1890) (Santiago, RIL editores, 2007), 33.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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