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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2019

La cada de Piera, una escena extraordinaria

Gustav Metzger
Rebelin


La imagen es simplemente extraordinaria: Sebastin Piera, el actual Presidente de Chile, una especie de nio smbolo de la especulacin financiera neoliberal, cae vctima del mismo sistema del cual tanto se benefici y promovi hasta el paroxismo.

Piera se hunde a una velocidad inusitada, vctima de sus propias vctimas. De todos aquellos que durante dcadas cargaron sobre sus hombros el peso del modelo econmico, pero que de manera sistemtica fueron excluidos de los beneficios.

Su carrera en el mundo financiero comenz con la estafa al Banco de Talca, ya a estas alturas por todos conocida. Como gerente general otorg crditos a empresas recin creadas y sin capacidad de cubrirlos, que a su vez compraban acciones del propio banco. Idelogos de la estafa fueron Sebastin Piera, Carlos Massad y Emiliano Figueroa. Aunque Piera afirma no haber ido a la crcel, Mnica Madariaga seal en ms de una oportunidad que, siendo Ministra de Justicia, pidi su libertad bajo fianza a solicitud de su hermano Jos Piera, de quien era colega en el gabinete de Pinochet. Como sea, el hecho es que Sebastin Piera fue condenado, estuvo ms de 20 das prfugo y cuando la Corte Suprema resolvi su caso favorablemente, el obispo Bernardino Piera, toda una autoridad en la poca (hoy acusado de abusos sexuales), incidi en la decisin de los jueces. A ello se agrega el conveniente extravo de un expediente clave para el caso.

Durante el proceso se descubrira, adems, que algunas de las empresas creadas para desfalcar al Banco de Talca usaban beneficios que entregaba el Banco Central a los exportadores, fingiendo desarrollar esa actividad.

Piera se alejara de sus socios (Massad y Figueroa) no slo por este hecho, sino porque estos le haban encomendado comprar acciones de Redbanc a nombre de Infinco, la empresa que haban creado para asesorar al Banco de Talca e instalar el negocio de las tarjetas de crdito en el pas. Con una astucia de la cual ms tarde hara gala, Piera las compr. Pero para l.

La mitologa refiere equvocamente a esta historia la enemistad que desarrollara con otro empresario, no menos truculento, fallecido en 2008: Ricardo Claro.

Desde ah su carrera es conocida, lo mismo que los problemas en que se vio envuelto por su afn de correr el filo de le ley: uso de informacin privilegiada en la compra de acciones de LAN, el caso Cascadas, el de la pesquera peruana Exalmar, las empresas zombies y un largo etctera.

Lo interesante de estos hechos es que Piera fue uno de los principales impulsores y beneficiarios del desarrollo del mercado financiero chileno, fortalecido durante la dictadura del general Pinochet. En gran parte, gracias a la creacin de las AFP (invencin de su hermano Jos), que a travs del ahorro previsional coercitivo de toda la poblacin generaron una fuente inagotable de capital para nutrir dicho mercado financiero.

Su carrera poltica no recorre un camino muy distinto y no viene al caso describirla. Baste con recordar el clebre episodio de la radio Kioto de Ricardo Claro, el 23 de agosto de 1992, que mostr cmo Piera complotaba para tratar de arruinar las opciones electorales de su principal contendora dentro de la derecha: Evelyn Matthei. O su referencia repetida hasta el cansancio de su voto por el No en el plebiscito de 1988, con que siempre ha pretendido negar su vnculo anterior y posterior con la dictadura cvico-militar (no olvidar su rol de generalsimo de Hernan Bchi en la campaa frente a Patricio Aylwin). Su actuar reciente, que lo llev a devolver los militares a la calle, demuestra que su ntima cercana con el golpismo y la violacin a los derechos humanos era mucho ms profunda de lo imaginado. Conocedor de los vericuetos legales y de las vas de escape, seguramente intentar escabullirse de sus responsabilidades presentes. De las histricas no podr.

Para no ser menos que Michelle Bachelet quiso tambin gobernar por dos perodos. Y si ella se transform en una lder global en temas de derechos humanos, l quera hacer lo propio, pero en el rea medioambiental.

Cegado por su oportunismo, sin embargo, no ley lo que pasaba delante de sus ojos. No supo ver que mientras reciba beneficios ilimitados del modelo que an insiste en tratar de perfeccionar, la mayora de la poblacin padeca las inclemencias de tributarle su sudor cotidiano a personajes como l.

Tampoco pudo entender que no posee el carisma, ni la credibilidad que se atribuye. Cuando se vive slo entre pares, acostumbrados a sobarse unos a otros la espalda y a pasarse la mano en la direccin del pelo, o entre empleados condescendientes por temor a perder el trabajo, no se puede saber que no se tiene carisma o no se es gracioso, ni que fuera del crculo no le obedecern por el slo hecho de ser quien es.

En el fondo, no entendi la diferencia entre la subordinacin y el silencio, ni entre el empleado y el ciudadano.

La principal paradoja no es, sin embargo, que su soberbia y ceguera lo llevarn a ser el sepulturero del sistema del cual profit e impuls, sino que el sepelio lo encabezar un cortejo de muchachos y muchachas quinceaeras, quienes escucharn a Los Prisioneros y Vctor Jara. Msica que seguramente tanto despreci y an desprecia.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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