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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2019

Lecciones de la historia para la primavera chilena

Daniel M. Gimnez
Rebelin


Las interrogantes sobre lo ocurrido estas semanas en las calles de Chile van a generar quebraderos de cabeza por mucho tiempo. Por ejemplo, cmo vamos a bautizar a estas hermosas y sublimes jornadas de levantamiento popular? Hay varios candidatos a chapa oficial: el 18-O, el octubre chileno, la rebelin de les patipelades o el mentholatum contrataca. En lo personal, me quedara con la invasin de los aliengenas, pero probablemente alguien, en alguna epifana de sobredosis de vodka, ya se convirti en titular de los derechos de ese nombre. Slo para entendernos, permtaseme hablar de la primavera chilena.

Tambin de seguro darn muchos dolores de cabeza las preguntas por las causas: por qu ahora? Falt mundial y ttulos de Copa Amrica para mantener narcotizadas a las masas? Qu papel le cupo a la estrepitosa derrota del movimiento estudiantil del 2011 y las frustraciones de una neutralizacin y anulacin de su potencial transformador a travs de la institucionalizacin, parlamentarizacin y consiguiente disolucin de su agenda? Cunta explicacin real aporta la metfora de la olla de presin o la tesis de el malestar? O estaremos ms bien frente a una suerte de segundo movimiento para la autoproteccin de la sociedad del que habla Karl Polanyi? Tiene alguna relacin este estallido con el evidente agotamiento, ya terminal, del rgimen econmico vigente, como haba ocurrido antes con los levantamientos de 1848 y 1968 en Francia? Estamos ante una catarsis coyuntural o la profundidad, alcance y duracin del levantamiento permite ya hablar de la emergencia de una nueva subjetividad, que se est haciendo refractaria a los mecanismos de introyeccin del orden neoliberal?

Estas preguntas, que han sido profusamente abordadas por las toneladas de anlisis publicados en todo tipo de medios, son necesarias para explicar lo ocurrido en las ltimas tres semanas. Es decir, son preguntas fundamentales para nuestra comprensin terica, analtica. Pero, en la actualidad, las interrogantes ms urgentes y apremiantes son de carcter prctico: cul es la situacin actual? Dada esa situacin, qu cabe esperar que ocurra? Y en base a eso, qu debemos hacer quienes buscamos que toda esta primavera chilena termine cuajando en otra sociedad, otro Estado, otra economa para Chile?

Este pequeo texto pretende esbozar algunas respuestas a estas interrogantes prcticas. Pero no de forma especulativa, abstracta. Al contrario. Hurga genricamente en la historia de eventos similares para extraer algunas claves de interpretacin y, sobre todo, para extraer lecciones prcticas. Qu eventos similares? Los estallidos sociales. Lo que est ocurriendo hoy en Chile no es, todava, una rebelin, una insurreccin o una revolucin. Es un estallido social. De lo que hagamos nosotres de aqu en adelante va a depender si lo transformamos en uno de esos procesos. Mientras tanto, es necesario aprender de los estallidos sociales y sus distintos avatares y azares. Y eso se logra revisando y analizando su historia.

En la historia se pueden identificar cinco tipos de estallido social segn la forma de su resolucin:

1. Estallidos sociales aplastados violentamente por los aparatos represivos . La reaccin bsica de todo rgimen de dominacin frente a un estallido social es el intento de sofocarlo a travs de los aparatos represivos del Estado. Prcticamente no se conoce uno que no haya sido objeto de alguna respuesta de fuerza. En algunos casos la reaccin represiva es seguida, complementada y/o sustituida posteriormente por procesos sociales y polticos distintos: negociaciones, acuerdos, eventos constituyentes, etc. Pero la reaccin primera y bsica de todo rgimen de dominacin es intentar terminar con los estallidos a travs de la represin violenta. Este es, por as decirlo, el nivel cero de (re)accin.

Tanto en los pases centrales como en las periferias del sistema mundial, las sociedades que se encuentran en las primeras etapas de desarrollo capitalista, que muchas veces tienen regmenes de dominacin no liberales (monarquas, absolutismos, autoritarismos de toda clase, sin parlamentos), por regla general slo cuentan con el recurso de la violencia del Estado para acabar con los estallidos. Y en no pocas ocasiones ha resultado suficiente, como ocurri en Alemania (1918 1919), cuando la socialdemocracia de Friedrich Ebert mand a los grupos de choque paramilirares de la derecha (los freikorps) a aplastar a los/as trabajadores/as y su vanguardia, el partido comunista alemn.

 

2. Grandes estallidos con demandas acotadas resueltas por el Estado . Una segunda forma de resolucin es la que aplaca los estallidos con la entrega de una respuesta a la principal demanda que los motiv. Por regla general, cuando se logra desactivar de esta manera, sus consecuencias sociales y polticas son escasas o nulas: entregada la solucin por el Estado, todo el mundo abandona las calles y vuelve a sus casas. Ejemplos tenemos ms de alguno en Chile: la revolucin de la chaucha y la Batalla de Santiago, que han dado vueltas estas semanas en la boca y la pluma de cuanto inspirado/a intrprete ha credo poder explicar con analogas histricas simples la complejidad de lo que est pasando ahora. Vistas hoy las cosas, por supuesto, la igualacin de esta primavera chilena con esos otros dos eventos es un despropsito. Pero valgan ambos para ilustrar este segundo tipo o formato de resolucin de un estallido.

 

3. Grandes estallidos sociales con escasas o nulas consecuencias, que mueren por desgaste o agotamiento . Pocos eventos del siglo XX han calado tanto en el imaginario contemporneo como el mayo francs, con toda su mitologa, todos sus clichs y todas las tesis delirantes que ha inspirado, sobre todo en la(s) izquierda(s). La historia es ms o menos conocida: un par de pequeas protestas contra el procesamiento de un grupo de estudiantes de Nanterre por manifestarse contra la Guerra de Vietnam se convirti, en una semana, en una guerrilla urbana y una huelga general, la ms grande hasta entonces en Occidente: adhirieron, se estima, cerca de 10 millones de trabajadores y trabajadoras.

Mientras dur el estallido, no slo varias de las calles de Pars estuvieron bajo control estudiantil, especialmente en el Barrio Latino; adems, las fbricas quedaron bajo control obrero. Y por nada ms, analistas de diversa laya auguraron el fin no slo de la Quinta Repblica, sino del capitalismo en su conjunto. Y no falt el que, como Castoriadis, profetiz que el mayo francs supona incluso el fin de la civilizacin Occidental tal como se la conoca.

Sin embargo, pese a las profecas, el mayo francs termin en nada. O casi nada: alguna que otra transformacin en el sistema educativo francs hizo posible. Pero para el volumen y extensin del estallido, sus logros fueron irrisorios. A la larga, y como bien sealan Arrighi, Hopkins y Wallerstein, el estallido de 1968 fue un fracaso histrico; inaugur la era de los nuevos movimientos sociales, pero, tras 40 das de intensas movilizaciones y luchas callejeras, no consigui nada, algo que, segn esos mismos autores, ya haba ocurrido con el otro gran estallido mundial, el de 1848. Pero para lo que nos importa, este caso ilustra que un gran, un enorme estallido social puede terminar en la total y absoluta intrascendencia poltica, social y econmica por desgaste, por falta de visin o conduccin poltica, por escasa claridad de objetivos, por ausencia de proyecto, por exceso de exuberancia expresiva pero nulo sentido prctico.

 

4. Grandes estallidos neutralizados por acuerdos o pactos sociales celebrados entre lites o cpulas. El cuarto tipo de resolucin es probablemente el ms habitual en las hipercomplejas sociedades modernas y contemporneas: un acuerdo o pacto entre dirigencias o facciones de las elites que pone fin a las disputas entre ellas y hace posible la consolidacin de una mayora poltica para enfrentar y neutralizar las movilizaciones populares. Dos son los ejemplos tpicos de este formato de resolucin: los estallidos de 1848 en Francia y Alemania, profusamente analizados por Marx. En ambos casos, los movimientos populares hicieron tambalear a los respectivos regmenes polticos; y en ambos casos, fueron desactivados gracias a un pacto o alianza entre burguesas, pequeas burguesas y clases terratenientes (el partido del orden llam Marx a esta alianza en la Francia de 1848-1851). En el caso francs, el pacto sacrific el rgimen poltico para salvar el rgimen econmico; en el alemn, qued todo igual.

Con salvedades y matices (algunos no tan matizados), una resolucin similar se produjo en el pacto transicional chileno: las grandes movilizaciones conocidas como jornadas de protestas nacionales (que, en trminos estrictos, no fueron un estallido, sino ms bien movilizaciones coordinadas y planificadas), junto al fortalecimiento de la resistencia militar contra la dictadura, abrieron la posibilidad de negociar la as llamada transicin: militares, antigua oligarqua y nuevas grandes burguesas entregaran el gobierno a cambio de quedarse con el poder (real); y, por supuesto, tambin a cambio de impunidad para los crmenes de la dictadura. El pacto supona, adems, que las cpulas de la entonces oposicin iban a dejar el rgimen neoliberal intacto a cambio de poder gobernar; ah est Ricardo Lagos en la Franja del No anunciando que el sistema econmico no est en cuestin, que no lo iban a tocar. Y este es precisamente el pacto, la transaca, que nos tiene hoy en las calles.

 

5. Grandes estallidos como inicios de ciclos de transiciones histricas o revoluciones . Muchos estallidos sociales en la historia moderna han terminado sin consecuencias inmediatas. A primera vista, parecen ajustarse al formato de resolucin descrito en el punto cuarto. Sin embargo, por efecto de mltiples factores, terminan generando las condiciones para una derrota posterior al bloque hegemnico-dominante y, por esa va, para el inicio de una transicin hacia un nuevo Estado y/o un nuevo rgimen econmico. En otras palabras, el estallido es una suerte de apertura de un proceso constituyente Por qu? Bsicamente porque, en algunos casos, el estallido genera o expresa, a modo de sntoma, una fractura en el Estado, entendido en el sentido gramsciano de sntesis de las clases sociales, de totalidad de la sociedad. El estallido pone en evidencia que no existe tal sntesis y que, por lo tanto, no estamos ante lo que Ren Zavaleta Mercado llamaba un Estado real, sino ante un Estado aparente: un Estado que fracasa en la imposicin de un orden legtimo por su incapacidad de hacer sntesis de las clases sociales.

En gran parte de los casos, cuando un Estado aparente queda desnudo, el estallido es seguido por una crisis orgnica. Y eso abre un ciclo de transicin, de oscilacin catica en el sistema histrico en cuestin que, tarde o temprano, termina en un punto de bifurcacin: o se reconstituye/restaura definitivamente el ancien rgime (con todos los parches necesarios, por supuesto) o se quiebra la estructura del sistema, que, mediante un acto constituyente, termina dando un salto cualitativo hacia otro tipo de formacin u organizacin del Estado y/o la economa. En los sistemas histricos, la salida del punto de bifurcacin depende bsicamente de la pugna entre fuerzas reaccionarias o restauradoras, de un lado, y fuerzas revolucionarias, rupturistas y/o constuyentes, del otro, de cules sean capaces de imponerse a las otras. En la prctica, eso significa que la fase de oscilacin catica es o supone un proceso de tensionamiento de fuerzas, que termina resolvindose en un momento dialctico de confrontacin. Si el estallido social inicia el ciclo de oscilacin, la confrontacin lo cierra. Evidentemente, la confrontacin se resuelve en favor de quien tenga mayor fuerza. Por ello, este ciclo es tambin una fase de acumulacin y articulacin de fuerzas.

Ejemplos de resolucin de un estallido social por esta va abundan, entre ellos las dos revoluciones emblemticas de la modernidad: la revolucin francesa y la revolucin rusa. Ambas comenzaron con estallidos sociales que se resolvieron meses despus a travs de un tensionamiento de fuerzas, y la resolucin, en ambos casos, decant en la transicin de un Estado a otro, aunque slo en el caso ruso ocurri un cambio de modo de produccin.

Pero no son los nicos ejemplos. En Venezuela, el Caracazo (1989) termin con un largo ciclo de oscilacin catica en 1998, cuando Hugo Chvez lleg a la presidencia. En Bolivia, el ciclo de oscilacin abierto por el estallido de febrero de 2003 sigui, primero, en octubre de ese ao con el derrocamiento de Snchez de Lozada en la guerra del gas, y termin, luego, con la eleccin de Evo Morales en 2005. En ambos casos, el tensionamiento de fuerzas asumi la forma de disputa electoral. Y en todos los casos nombrados, el estallido abri un proceso constituyente.

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Qu formato de resolucin est siguiendo el estallido chileno? Por el momento, ya sabemos que no es el 1 ni el 2. Ni la represin ultraviolenta ni la reduccin del precio del pasaje de metro lograron contenerlo. En consecuencia, el estallido podra estar siguiendo cualquiera de las 3 ltimas formas. Pero cul exactamente? En este minuto, ninguna. O, ms bien, todas. Como no se ha producido an, la resolucin del estallido no slo est en proceso, en construccin, sino tambin en disputa. Entre quienes? Tres grandes actores se han conformado en el escenario abierto por las movilizaciones. El primero es el actor restaurador, constituido por el gobierno, su coalicin y el partido del orden. El segundo es el actor institucionalista, conformado por el PC, el Frente Amplio, referentes de la concertacin que no se han articulado en el partido del orden, y todas las organizaciones sociales ligadas a estas fuerzas polticas y que se han agrupado en algo que han llamado unidad social. Finalmente, est en proceso de conformacin y desarrollo el actor rupturista, constituyente, que agrupa a organizaciones y personas activamente participantes en las movilizaciones.

Cada uno de estos tres actores apuesta y maniobra para propiciar una forma de resolucin: el gobierno, junto a sus socios de la Alianza y la Concertacin, apuesta por una resolucin que dae lo menos posible al Estado y al rgimen neoliberal (tipo 3 de resolucin); los/as institucionalistas estaban apostando por un nuevo pacto social (tipo 4); y el actor rupturista apunta a llevar esto hasta un punto de bifurcacin constituyente (tipo 5). Finalmente, el actor que se imponga en esta pugna definir el tipo de resolucin.

Hasta el 15 de noviembre cada actor estuvo en esa cruzada de imponerse a los otros: el gobierno ganando tiempo con propuestas y medidas insulsas para neutralizar al movimiento por la va del desgaste; el actor institucionalista tratando de neutralizarlo por la va de la institucionalizacin y parlamentarizacin de la energa transformadora del estallido, para lo cual levant cabildos que buscaban sacar de las calles a las personas movilizadas; y el actor de ruptura luchando en las calles mientras, paralelamente, se organizaba y articulaba en un gran sujeto constituyente.

El 15 de noviembre, sin embargo, se produjo el primer punto de inflexin: el actor de ruptura obtuvo su primer triunfo al obligar a los otros a aceptar que el 18 de octubre se inaugur un proceso constituyente. La resignacin de los otros dos actores se plasm en una alianza (pacto para la paz, la llamaron) que los une en un objetivo: hacer que el proceso constituyente dae lo menos posible al poder constituido, que es a la vez econmico y poltico. Con esto se inici un nuevo momento en este proceso constituyente: el momento de la disputa entre el sujeto constituyente y el poder constituido.

Las tareas fundamentales que este momento le impone al sujeto constituyente es evitar que el repliegue del poder constituido logre neutralizar por desgaste o institucionalizacin la energa social transformadora que hoy est en las calles. Es decir, hacer que el proceso constituyente llegue a un punto de bifurcacin. Eso, por supuesto, requiere acumular y hacer crecer la fuerza propia. Y, para hacer eso, lamentablemente nadie ha encontrado otra frmula distinta a la organizacin y la articulacin, lo que, en las circunstancias actuales, exige acompaar la lucha en la calle con el levantamiento de organizaciones en los territorios, en los liceos, en los lugares de trabajo, y luego articular esas iniciativas con otras similares para as vertebrar una fuerza grande y robusta, capaz de hacerse cargo de la tarea constituyente y de imponerse al poder constituido. Por lo tanto, sin dejar la movilizacin y la lucha callejera, es urgente reforzar y dinamizar las instancias y los espacios de organizacin popular.

En este momento, la forma de organizacin que se ha dado el movimiento popular en las calles es la de las asambleas autoconvocadas, que deben su existencia, sus objetivos y sus agendas a lo que acuerden sus integrantes, y no a los intereses de quienes buscan neutralizar este estallido.

En las distintas regiones del pas se estn articulando y uniendo las distintas asambleas territoriales en Asambleas Provinciales o Regionales Autoconvocadas. Y para el 23 de noviembre est prevista la constitucin de la Asamblea Autoconvocada Nacional, que va a reunir a las distintas asambleas regionales.

La instalacin y articulacin de las asambleas autoconvocadas es el camino que se ha dado el movimiento popular para convertirse en sujeto constituyente. Es urgente que todos los territorios movilizados dinamicen la conformacin de estas asambleas para fortalecer este sujeto.



[1] Socilogo. Director de Investigaciones del Centro de Estudios para la Igualdad y la Democracia CEID (Santiago, Chile). Integrante de El Trokinche, colectivo de pensamiento anticapitalista. Integrante de la Comisin de Profesionales y Tcnicos/as de la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadoras. Twitter: @ego_ipse

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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