Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2019

Los protagonistas de la disputa en Amrica Latina

Claudio Katz
Rebelin


Amrica Latina registra un abrupto cambio, al calor de grandes confrontaciones entre desposedos y privilegiados. Esa disputa incluye revueltas populares y reacciones de los opresores. En un polo aflora la esperanza colectiva y en el otro el conservadurismo de las elites.

Las batallas se dirimen en las calles y en las urnas. Los poderosos no slo recurren a la represin. Manipulan la informacin, difaman a los luchadores y alientan el resentimiento de la clase media empobrecida. En toda la regin los anhelos de igualdad chocan el fascismo y en ningn pas se observan resultados definitivos. En un proceso vertiginoso, las victorias significativas coexisten con los preocupantes retrocesos.

LAS REVUELTAS DE OCTUBRE

La sublevacin en Chile es el gran acontecimiento del tsunami latinoamericano. Es la mayor rebelin de la historia del pas. Todos los das miles de jvenes salen de los colegios, universidades y barrios para enfrentar a los gendarmes.

Las pancartas son categricas: Chile se cans y despert. Un pueblo harto de humillaciones se ha insurreccionado contra el modelo neoliberal. Los padecimientos generados por ese esquema han salido a la superficie. El 70% de los hogares tiene su ingreso comprometido con deudas para solventar la educacin, la salud y el ahorro previsional privados. El pas comparte el podio de las ocho naciones ms desiguales del mundo.

El grueso de la poblacin confronta con un gobierno aislado, que surgi de comicios signados por la abstencin. Piera despliega una represin salvaje, que ya caus ms de 20 asesinatos, miles de detenidos e incontables heridos. Los carabineros se drogan para continuar la balacera y disparan a los ojos de los manifestantes, para quitarles la vista de por vida. Hay abrumadoras denuncias de abusos sexuales contra las mujeres detenidas.

El ejrcito sostiene ese vandalismo para preservar los privilegios legados por Pinochet. Recibe un porcentual fijo de las exportaciones de cobre y sus miembros estn exentos de la vejez pauperizada que padece el resto de los jubilados. Pero algunos soldados se han negado a reprimir y los jefes exigen garantas de impunidad para seguir repartiendo palos. La demanda de juicios a sus tropelas se ha instalado en la sociedad.

Piera est desbordado. Impuso el toque de queda y tuvo que levantarlo. Convoc al dialogo y refuerza la sangra. Todos los das anuncia alguna concesin social sin ningn resultado. El pnico imperante en su crculo ntimo aflora en confesiones graciosas (tendremos que disminuir nuestros privilegios) o en la descripcin de los manifestantes como aliengenas.

Las movilizaciones persisten para no repetir las frustradas experiencias del 2006 y 2011, que desembocaron en cambios cosmticos. La oleada actual comenz en forma espontnea y sin liderazgo, pero ya emerge una organizacin por abajo. En los cabildos abiertos se debate cmo encauzar las protestas y las propuestas.

El activismo de los estudiantes se ha extendido a los sindicatos y a los colectivos sociales, que demandan el fin de Piera y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. La presin es tan fuerte, que el propio gobierno maniobra para deformar ambos reclamos.

Tambin los polticos de la Concertacin buscan diluir las exigencias del levantamiento. Sostuvieron durante 30 aos el rgimen y convalidaron la militarizacin del ltimo mes. Ahora propician el llamado a un plebiscito que asegura la continuidad de Piera y bloquea la soberana de una eventual Constituyente. Ensayan un nuevo dique para frenar las movilizaciones.

Ecuador ha sido el segundo epicentro de las revueltas. Las comunidades indgenas resistieron a escala local el aumento del combustible e incorporaron otros sectores populares a su monumental marcha sobre Quito.

Lenin Moreno se escap a Guayaquil y apost al salvajismo represivo, provocando siete muertos y miles de heridos. Pero al cabo de varias jornadas de intensa batalla se rindi. Anul el incremento de las naftas y acept la victoria conseguida por la firmeza de la CONAIE. Cuando los indgenas ingresaron en el Parlamento, el presidente trnsfuga record cmo tres antecesores suyos fueron tumbados por ese movimiento (1997, 2000 y 2005).

El levantamiento logr la derogacin de un decreto redactado por el FMI, en un pas asfixiado por el endeudamiento externo. Todo el paquete de reforma laboral y apertura de importaciones ha quedado afectado, en una economa ahogada por la dolarizacin. Ese cepo impide compensar los ajustes con paliativos monetarios.

Los manifestantes tambin ocuparon las oficinas del FMI, para advertir a los banqueros cual ser el tono de su resistencia. Despus del xito conseguido en las barricadas, los colectivos sociales organizaron un Parlamento de los Pueblos, que propuso aumentos del salario mnimo, impuestos progresivos y mecanismos para salir de la dolarizacin, junto a la titularizacin de las tierras y la reestructuracin de las deudas campesinas. Estas definiciones ilustran cmo las revueltas comienzan a madurar con proyectos alternativos.

LA IRRUPCIN DE LOS FASCISTAS

El golpe de estado en Bolivia ha introducido un dramtico contrapunto con las sublevaciones de Chile y Ecuador. La derecha tom la iniciativa y captur el gobierno. Toda la controversia sobre la definicin de esa asonada es ridcula. Se consum el golpe de estado ms abierto, descarado y evidente de las ltimas dcadas. No tuvo disfraz institucional, ni mascaradas blandas.

Fue una accin virulenta con protagonismo directo del ejrcito. Evo renunci a punta de pistola, cuando los generales se negaron a obedecerlo. No dimiti por simple agobio de la crisis (como De la Ra en el 2001). Fue expulsado de la presidencia por la cpula militar.

Pero la principal peculiaridad de esta operacin fue su tinte fascista. Los gendarmes impusieron una zona liberada, que ocuparon los matones para instaurar el terror. Forzaron la indefensin del gobierno aplicando el manual de las bandas ultra-derechistas. Secuestraron dirigentes sociales, tomaron instituciones pblicas y humillaron a los opositores.

Camacho puso en prctica las proclamas de Bolsonaro. Con biblias y rezos evanglicos quem casas, rap mujeres y encaden periodistas. Emiti gritos racistas contra el cholo, mientras sus secuaces se burlaban de los coyas, quemaban la bandera Whipala y golpeaban a los transentes de la raza denigrada. En La Paz imper el vandalismo ensayado en Santa Cruz. La valenta del macho Camacho estuvo garantizada por la proteccin policial.

Ese odio contra los indios recuerda la provocacin inicial de Hitler contra los judos. Camacho no disimula la irracionalidad de sus diatribas contra los pueblos originarios. Considera que las mujeres de esas nacionalidades son brujas satnicas y que los hombres son nicamente aptos para la servidumbre. Como en Alemania durante los aos 30 ha creado legiones de resentidos para humillar a los indgenas.

La clase dominante celebra la venganza. Como no digiere que un indio haya ejercido la presidencia, permite las descontroladas tropelas de Camacho. Los poderosos esperan estabilizar el golpe, para equilibrar luego el manejo del estado con sus hombres de confianza. Su prioridad inmediata es consolidar el desplazamiento de Evo.

Por eso invierten lo ocurrido y culpan al lder del MAS de un fraude que justificara su remocin. Convierten a la vctima en responsable y transforman la impugnacin del golpe en una crtica a la ambicin de Morales. El presidente electo es presentado como un dictador y los golpistas son elogiados como salvadores de la democracia. La versin light de esta infamia declara que ambos bandos son culpables.

Pero los difamadores no presentaron ninguna prueba del alegado fraude. Tampoco objetaron el triunfo de Evo. Slo discutan si obtuvo el 10% de diferencia requerido para evitar el ballotage. La oposicin legitim la eleccin con su participacin y por eso al principio slo hablaba de irregularidades. Cuando percibi la posibilidad de perpetrar el golpe improvis el cuento del fraude.

El protagonismo del Estados Unidos en el complot qued confirmado con el elogio de Trump a la intervencin del ejrcito. Los jugosos negocios internacionales que ofrecen los golpistas, indujeron tambin la bendicin de la Unin Europea a los usurpadores.

Pero habr que ver cul es la consistencia de una mandataria auto-elegida en una asamblea trucha. Aez intentar mantener la presidencia durante el tiempo requerido para amaar elecciones con proscripciones. Oscila entre los compromisos requeridos para montar esa farsa y el simple ejercicio de una dictadura. Bajo su conduccin, Bolivia ha retomado sus viejos parmetros de ingobernabilidad.

La heroica resistencia popular se desenvuelve en las duras condiciones de la militarizacin. En los primeros cinco das hubo 24 muertos. Pero las movilizaciones se extienden desde el bastin de El Alto al resto de las ciudades. Los cabildos organizan la lucha de un pueblo muy experimentado en la batalla callejera.

En el curso de esa accin podr evaluarse la actitud adoptada por Evo. El principal problema no fue su estrategia de permanencia en el gobierno (plebiscito y reeleccin), sino la total imprevisin frente al golpe. Qued atado al arbitraje de la OEA y fue sorprendido por la insubordinacin de un ejrcito, que reforz con equipamientos y pertrechos. El desmovilizado oficialismo no tuvo repuesta frente a la decidida ofensiva de la derecha. Este balance ya est en la mente de los militantes que ahora priorizan la resistencia.

UNA RESONANTE VICTORIA

Los contrastes que dominan el contexto latinoamericano tuvieron otra manifestacin en la liberacin de Lula. Esa excarcelacin suscit una inmensa alegra entre los participantes de la campaa contra su detencin. Las marchas, campamentos y pronunciamientos internacionales permitieron ese logro.

Ese desenlace propin una gran derrota a la farsa montada por el juez Moro y sus cmplices de O Globo, para impedir la presidencia del candidato ms popular. La conversin del inquisidor en superministro de Bolsonaro desenmascar ese operativo. Ahora debern lidiar con las caravanas que exigirn la restitucin de los derechos polticos a Lula.

Esa campaa tendr resonancia continental frente a un mandatario desprestigiado. Bolsonaro carece de la serenidad mnima, requerida para ejercer una funcin ejecutiva. Mantiene su perfil carnavalesco y no logra hilvanar un discurso. Responde con insultos a cualquier cuestionamiento.

Esa brutalidad agrava los problemas de su entorno. Ya tiene varios familiares comprometidos con el lavado de dinero y algunos testimonios lo vinculan directamente con el asesinato de Marielle Franco.

Bolsonaro depende del sostn de los nueve generales que ejercen el poder efectivo. Sobrevive por el gran servicio que presta a las clases dominantes, a travs de sucesivos paquetes de agresin a los trabajadores.

El ex capitn debut reduciendo el salario mnimo por decreto. Luego motoriz una reforma laboral precarizadora e impulsa cambios regresivos en el sistema previsional. Adems, implementa privatizaciones en los estratgicos sectores de la energa, las finanzas y el transporte y se propone rematar antes del 2022, un centenar de empresas estatales. El recorte del presupuesto educativo ha sido tan brutal, como la caza de brujas para destituir funcionarios con ideas progresistas. Sus diatribas anticomunistas incentivan atropellos a los derechos humanos, mientras aumenta el salvajismo de los gendarmes en las favelas.

Pero Bolsonaro no ha podido traducir su verborragia reaccionaria en un programa de concrecin del fascismo. Carece de condiciones para materializar ese proyecto. No logr un liderazgo reconocido en el grueso del sistema poltico conservador y contina soportando la resistencia popular.

Ya afront una huelga de gran acatamiento contra la reforma previsional y una marcha de tres millones de personas contra la homofobia. Tambin las protestas estudiantiles contra los recortes del presupuesto alcanzaron una indita masividad, bajo la impactante proclama de libros s, armas no.

El desorbitado capitn programa varios contragolpes y una movilizacin de su base social derechista para intentar el re-encarcelamiento de Lula. El prximo escenario emerger de esa confrontacin.

UN EJEMPLO DE RESPUESTA 

La victoria democrtica en Brasil complementa un triunfo ms significativo obtenido en Venezuela. En ese pas se libra la disputa ms dura de la regin. Durante todo el ao la derecha intent capturar su presa ms codiciada y sufri una sucesin de contundentes fracasos. Trump no pudo repetir la invasin de Granada (1983) o Panam (1989) y debi contentarse con la apropiacin de la filial de PDEVESA en Estados Unidos.

Sus lacayos venezolanos intentaron todos los complots imaginables, pero su capacidad de accin qued socavada por la fracasada auto-proclamacin de Guaid. Fall tambin la farsa de la ayuda humanitaria y no pudieron consumar ningn levantamiento militar. La guerra elctrica no funcion y la improvisada asonada de Leopoldo Lpez naufrag sin pena, ni gloria.

Las amenazas de provocacin militar igualmente persisten en la frontera con Colombia. Por eso el Departamento de Estado dinamita las negociaciones con la oposicin. Pero el gobierno ha logrado desbaratar una conspiracin tras otra.

En un escenario social muy difcil (y agravado por los gigantescos desaciertos de la poltica econmica), David logr frenar a Goliat. El campo bolivariano mantiene un intenso nivel de movilizaciones callejeras y disputa el espacio pblico, cada vez que asoma la oposicin. Se ha preservado la cohesin militar, a travs de una intervencin poltica constante en el ejrcito, utilizando la carta condicionante de las milicias populares.

Esta conducta ilustra cmo actuar frente a la derecha. Confirma la necesidad de respuestas de la misma escala que las acciones golpistas y sin ningn atisbo de rendicin. Venezuela ratifica la conveniencia de exhibir la fuerza junto al accionar diplomtico, manteniendo la serenidad y las banderas de la soberana y la paz. Para vencer a los fascistas hay que actuar sin vacilaciones. 

BATALLAS SIN RESPIRO

  Las tensiones en Venezuela extreman otras confrontaciones que se dirimen en la calle. En ese mbito se zanj la protesta contra el presidente de Puerto Rico, que se mofaba de las v ctimas del huracn y desplegaba comentarios homfobos.

El pueblo hizo valer sus demandas a travs de la movilizacin, en una isla agobiada por el ajuste del FMI. La ley federal impuesta por los financistas para afrontar la bancarrota fiscal genera terribles padecimientos a los trabajadores. Pero p or primera vez en la historia de esa nac in , un gobernador ha sido tumbado por la presi n popular. La crisis contina y no se avizoran soluciones, en una colonia sin mecanismos polticos para procesar las tensiones habituales de cualquier estado.

En la vecina Hait, las manifestaciones del ltimo semestre han sido monumentales. Todos los das se levantan barricadas en las ciudades, para protestar contra un gobierno que agrav el indescriptible empobrecimiento de la poblacin. La galopante inflacin impide a la mitad de los haitianos completar su alimentacin cotidiana y la represin se ha cobrado la vida de 51 personas. Las principales demandas afectan a tres presidentes, que malversaron los fondos aportados por el chavismo a travs de Petrocaribe. Los mandatarios incrementaron sus fortunas personales con los recursos destinados al abaratamiento del combustible.

Los manifestantes exigen la renuncia del ttere actual de Washington, que Trump sostiene para recompensar su traicin a Venezuela y su alineamiento con la extrema derecha. Pero la marea de protestas no cede y la exigencia de enjuiciar a los ladrones, ya es complementada con el reclamo de una Asamblea Constituyente, para introducir drsticos cambios en el bochornoso sistema electoral.

Tambin Honduras contina convulsionada por una persistente resistencia contra el rgimen sanguinario surgido de un fraude (2017), que reforz la estafa electoral precedente (2013). Los criminales que conducen el estado no slo cargan con el asesinato de Berta Cceres. Han ultimado a 200 militantes populares que enfrentaron la mafia de los gendarmes. El pas ha sido convertido en un narcoestado, manejado por un presidente con familiares condenados en Estados Unidos por el trfico de cocana.

La mecha de las rebeliones tiende a expandirse a toda la zona y ya impact en la prspera Panam. En el istmo se registr una gran marcha universitaria, que repudi el paquetazo de contrarreformas negociado en la Asamblea Legislativa.

CONFRONTACIONES EN LAS URNAS 

La gran disputa en Amrica Latina se procesa tambin en el terreno electoral. El ao pasado Lpez Obrador consigui en Mxico una arrolladora victoria, que cerr el ciclo de sofocantes gobiernos del PRI y del PAN. Con ese impulso electoral desbarat las maniobras de fraude, que preparaban los perdedores para eternizar su manejo del estado. La expectativa suscitada por este cambio qued expuesta en la multitudinaria manifestacin que coron la asuncin de AMLO.

La esperanza est centrada en poner fin a la violencia, que ha convertido al pas en un gran atad de 300 mil muertos reconocidos y 26 mil cadveres sin identificar. Son incontables los lderes sociales masacrados, en una guerra que sobrepasa los ajustes del crimen organizado.

Lpez Obrador fue votado para terminar con el desplazamiento forzado de poblaciones y para esclarecer masacres como la ocurrida en Ayozinatpa. Pero ese anhelo de pacificacin y justicia no ha sido satisfecho. Sigue pendiente la desarticulacin de las bandas y el esclarecimiento de las complicidades militares.

El logro de esos objetivos choca con la reciente sancin de una norma de seguridad interior, que legaliza la accin de las fuerzas armadas. Esa gravitacin ha sido reforzada con la aceptacin del chantaje de Trump, para taponar el desplazamiento de los migrantes con mayor despliegue de la Guardia Nacional.

AMLO recibi tambin una catarata de sufragios para frenar las privatizaciones, recuperar la autosuficiencia alimentaria y reducir el pesado endeudamiento externo. Pero tampoco en este terreno aparecen las medidas prometidas, para implementar una cuarta transformacin fundacional de Mxico.

La otra convulsin electoral en la regin fue suscitada por el triunfo de Fernndez en Argentina. Macri no pudo forzar el ballotage y la derecha perdi el gobierno, en el pas que catapult la restauracin conservadora.

La prensa hegemnica disimula este resultado con lecturas invertidas de lo ocurrido. Presenta a los perdedores como si hubieran liderado los comicios, por la simple reduccin de la distancia de sufragios con la frmula triunfante. Ese premio consuelo no altera el contundente veredicto de la poblacin contra el ajuste.

Los derechistas inflan su performance para condicionar al nuevo gobierno. Desde sus rganos de opinin lanzan advertencias contra cualquier medida progresista. Mientras convocan de palabra a cerrar la grieta, preparan las cacerolas para hacer valer sus exigencias.

La confrontacin se dirimir en las respuestas a la catstrofe econmico-social que deja Macri. La derecha atribuye ese colapso a la sociedad, la cultura y la historia de los argentinos. Pero el desplome obedece a razones ms terrenales: el modelo neoliberal, las polticas de endeudamiento y los ajustes impuestos por el FMI. Ese dramtico escenario induce al reinicio de la movilizacin, en el pas con mayor nivel de organizacin sindical y social de toda la regin. Sin ese resurgimiento de la lucha, no se podr recomponer el deteriorado ingreso de la poblacin.

Tambin en otros pases se libran importantes choques electorales con resultados ms contradictorios. En Colombia se verifica el lento surgimiento de fuerzas de centroizquierda, que por primera vez disputan intendencias y gobernaciones con la oligarqua y los paramilitares.

En Uruguay se avizora en cambio un escenario difcil para el Frente Amplio, en el ballotage contra la derecha, luego de 15 aos de gobierno. Hace pocos meses en El Salvador, un improvisado derechista consigui la presidencia, poniendo fin a una dcada de cuestionable gestin del Farabundo Mart.

Las elecciones constituyen un terreno muy relevante de la confrontacin en curso. La derecha articula sus estrategias en el Grupo de Lima y el progresismo define su perfil en el ncleo de Puebla. Construye esa alternativa tomando distancia de los Encuentros Antiimperialistas, el ALBA y el Foro de Sao Paulo.

Estas ltimas instancias aportan un explicito sostn a la movilizacin popular. Como no restringen su accin al terreno de las urnas, mantienen vasos comunicantes con los organismos que emergen de las luchas sociales. Esas modalidades ya se vislumbran en los Cabildos de Chile, en el Parlamento de Pueblos de Ecuador, en los Encuentros de Movimientos en Bolivia y en los Organismos Coordinados de Hait.

PRETEXTOS Y MANIPULACIONES

Es evidente que el golpe de estado ha resurgido como instrumento de las clases dominantes. Su reciente implementacin en Bolivia corona la secuencia iniciada en Honduras (2009), seguida en Paraguay (2012) y extendida a Brasil (2016).

Los golpistas actan con el sostn directo de los gendarmes y aseguran su permanencia con algn socio civil. En Paraguay desplazaron a Lugo, pusieron a Cartes y se afianzaron con Abdo, en comicios signados por la abstencin y la ilegitimidad de los mandatarios.

En todos los casos el ejrcito vuelve a ocupar el primer plano, como garante de nuevas formas autoritarias sostenidas en el estado de excepcin. El colombiano Duque encarna la modalidad ms acabada de esos mecanismos. Apaa el asesinato de militantes populares, legaliza el accionar de los paramilitares y sepulta los Acuerdos de Paz para ultimar ex combatientes.

Otros golpistas justifican el uso de la fuerza resucitando viejos fantasmas de la guerra fra. Atribuyen las protestas sociales en cualquier rincn del continente, a un plan de subversin monitoreado desde Venezuela y Cuba.

Difunden esas tonteras sin ningn rubor, mientras afinan burdas operaciones judiciales para proscribir a los lderes progresistas. Sin magistrados adictos, las causas que inventan no podran traspasar la primera instancia de cualquier tribunal. Pero cuentan con los medios de comunicacin para proclamar las sentencias que repite el gran pblico.

Los medios manipulan la informacin, presentando la corrupcin como una enfermedad de los gobiernos que se distancian de las normas conservadoras. Eximen de ese mal a la derecha y por esa razn tienen poca prensa, las coimas de Oderbrecht o las estafas al fisco en los parasos fiscales. No se ha gastado tinta en describir, por ejemplo, la trama mafiosa de los presidentes peruanos, que encubrieron sus fraudes con pactos de impunidad. Los grandes medios operan como usinas de fake news, que elaboran los servicios de inteligencia a pedido de los grupos derechistas.

El doble discurso de los diarios y emisoras traspasa tambin todas las fronteras. Diariamente difunden nuevas denuncias sobre Venezuela -calcadas de los informes elaborados por el Departamento de Estado contra Cuba- mientras silencian el asesinato de 648 lderes sociales en Colombia.

La derecha complementa sus mentiras con diversos dispositivos para obstruir la reflexin popular. La ceguera que propicia el fanatismo religioso es el instrumento predilecto de esa operacin. Los evanglicos aportan sus recursos multimillonarios para crear miedos y destruir solidaridades. 

PRESIONES Y DEMOLICIONES

Washington no ceja en su acoso contra Venezuela. Su prioridad es recuperar el principal yacimiento petrolero del hemisferio. Ha reforzado tambin el embargo contra Cuba y conspir contra Bolivia, para manejar las enormes reservas del litio que acumula el Altiplano. Evo tena muy avanzadas las tratativas para ampliar la explotacin de ese estratgico recurso con firmas chinas.

Trump intenta reconquistar el control estadounidense de las riquezas naturales latinoamericanas. Afianza la subordinacin de sus vasallos tradicionales y explora una nueva sociedad con Bolsonaro. Pero habr que ver si la clase dominante brasilea mantiene ese eje geopoltico, a costa de sus florecientes negocios con China.

La reciente cumbre de los BRICS en Brasilia, incluy llamativos pronunciamientos propiciados por el gigante asitico a favor del libre-comercio. El propio Bolsonaro ha comenzado a evaluar un Tratado de Libre Comercio con China y tiene en carpeta el patrocinio de Huawei para las nuevas redes informticas del 5 G. Otra conflictiva tentacin proviene de la oferta europea de concertar un TLC, que dinamitara el MERCOSUR.

Frente a la dura rivalidad que anticipan estas jugadas, Trump acrecienta la presencia regional del Pentgono. Estrecha relaciones con los militares latinoamericanos, para hacer valer los intereses econmicos de las empresas estadounidenses.

Esa intervencin tambin obliga a afianzar el neoliberalismo, que ha sido desafiado por la sublevacin chilena. Esa revuelta demuele todos los mitos del modelo ms ensalzado por los capitalistas de la regin. Ahora se percibe con nitidez que el universo trasandino no es un paraso de crecimiento, sino un infierno de desigualdad. Por esa razn, el descontento contra los 30 pesos del metro se transform en un levantamiento contra los 30 aos de neoliberalismo.

La rebelin trasandina tiene gran impacto internacional porque ha puesto en jaque al nio mimado de la ortodoxia econmica. La denuncia que en Chile torturan, matan y violan ya irrumpi en los grandes festivales. Todos los circuitos de la comunicacin mundial recogen ese dato.

Resulta prematuro predecir cun doblegados estn los cimientos del neoliberalismo. Pero ha salido a flote la enorme vulnerabilidad de ese modelo, frente al estancamiento de los precios de las materias primas, el aumento del endeudamiento y la reduccin del crecimiento.

Las protestas han puesto tambin de relieve que el neoliberalismo es el principal responsable de la desintegracin social de Amrica Latina. Genera las migraciones masivas que suceden a la apertura comercial y a la destruccin de la pequea propiedad agraria. Los desposedos engrosan las caravanas hacia el Norte, que ningn muro o gendarme puede contener.

Los hipcritas liberales ponderan el flujo irrestricto de capitales y mercancas, pero exigen reforzar el control del movimiento internacional de los migrantes. Propician la persecucin y estigmatizacin de quines cruzan la frontera, para enviar remesas a sus empobrecidos familiares.

El neoliberalismo ha provocado, adems, la expansin de la delincuencia y una aterradora escala de violencia. De las 50 urbes ms peligrosos del planeta 43 se localizan en Amrica Latina. Las maras dominan el entramado de muchos pases centroamericanos, corrodos por la ingeniera social regresiva que ensayaron los economistas de Chicago.

Ese modelo es tambin responsable de la destruccin del medio ambiente y de los recientes incendios en la Amazonia. La quema de grandes bosques es perpetrada adrede para plantar soja o abrir pasturas a la ganadera, bajo la regla mercantil de maximizar la ganancia. 

INTERPRETACIONES Y POSTURAS 

La derecha no slo desconoce los desastres provocados por su gestin. Afirma que su modelo forj una prspera clase media, que ahora reclama mayor participacin en la vida pblica. Considera que ese grupo social se rebela contra los polticos que defienden su casta, sin escuchar las demandas de los representados. En esta curiosa interpretacin, los desgarradores efectos del modelo neoliberal no estaran en tela de juicio. Slo habra una falla en el sistema poltico de un esquema econmico floreciente.

Esta mirada ilustra hasta qu punto los privilegiados viven en una burbuja de Miami y barrios cerrados. Ignora que las protestas no se limitan a impugnar el comportamiento de los polticos. La desigualdad, las privatizaciones, el endeudamiento y los ajustes son invariablemente cuestionados. El FMI, los banqueros y las empresas transnacionales son ubicados en el banquillo de los acusados. Las revueltas tampoco enjuician a todos los partidos o legisladores. Cuando expresan intereses populares, las protestas objetan a los servidores del orden capitalista.

La verdadera clase media no guarda, adems, el menor parentesco con el retrato derechista. En los hechos, el ascenso social es muy limitado en el duro contexto regional y coexiste con la precarizacin o el creciente desempleo. Por eso las revueltas -que encabezan trabajadores, campesinos y estudiantes- incorporan a veces a los comerciantes y dueos de pequeos negocios. Todos buscan contener la degradacin del nivel de vida.

La clase media es una etiqueta utilizada por la derecha para improvisar explicaciones. Mezclan peras con manzanas, para forzar interpretaciones amoldadas a sus prejuicios. Por eso sitan en una misma secuencia cualquier accin de multitudes descontentas, omitiendo el sentido de cada movilizacin.

Pero las polmicas sobre el escenario actual no involucran slo a la derecha. Tambin incluyen a ciertos pensadores despistados que se auto-ubican en la izquierda. Esos analistas no logran registrar las diferencias que contraponen a una revuelta popular con un clamor reaccionario.

Esa distincin debe ser expuesta en forma categrica. Una guarimba de esculidos en Venezuela se localiza en la vereda opuesta de las protestas indgenas de Ecuador. Los seguidores de Camacho en Bolivia son nuestros enemigos y los que defienden a Evo son nuestros aliados.

Es importante recordar estas obviedades frente a las posturas neutralistas, que pretenden eludir la gran divisoria de campos en disputa. Esas miradas han cuestionado con igual virulencia a Madur y a Guadi en Venezuela y ahora extienden la misma equivalencia a Bolivia. Objetan los intentos reeleccionistas del MAS con la misma vara que la furia racista de los Comits Cvicos. Tambin repiten la presentacin meditica de las acciones derechistas como legitimas protestas de la ciudadana.

Salta a la vista las gravsimas consecuencias polticas de ese daltonismo poltico que ignora el peligro del fascismo. La caracterizacin de la confrontacin en Bolivia no es una actividad acadmica. Es la condicin para actuar contra los golpistas, intensificando las marchas de solidaridad. Resulta imposible desenvolver esas acciones si se desconoce a quin combatir y a quin defender. 

LECCIONES DE LO OCURRIDO 

Derrotar al golpismo, al imperialismo y al neoliberalismo es el gran objetivo de las luchas actuales. Para lograr esa meta hay que redoblar la movilizacin e intensificar la accin poltica. Pero esa intervencin tambin requiere aprender de los errores que aprovecha la derecha para recomponerse.

Resulta muy difcil vencer a los enemigos que son alumbrados por el propio campo. Esa auto-gestacin ha sido una desventura permanente de la dcada pasada. El ultra-reaccionario Lenin Moreno fue el caso ms extremo. La propia coalicin progresista lo ungi como presidente para enfrentar la candidatura de los conservadores. Moreno no slo revirti las mejoras previas, implementando la agenda de las clases dominantes. Posicion al pas en el eje diseado por la OEA desmantelando la sede de UNASUR en Quito.

Tampoco conviene olvidar que el golpista Temer fue vicepresidente de Dilma y surgi de la frustrante la estrategia de ampliar los frentes. Esa misma poltica ha conducido en Mxico a conformar una alianza de gobierno con evangelistas, conservadores y capitalistas, en desmedro del viejo pilar radical de AMLO.

Tambin el neoliberalismo se recompone, cuando sus cimientos son preservados por los modelos alternativos que implementa la heterodoxia. Se promete erradicar los esquemas regresivos y se termina facilitando su reconstitucin. Fue lo ocurrido en Brasil y Argentina en la dcada pasada, con el mantenimiento de los privilegios a los financistas y el agro-negocio. Es lo que sucede en la actualidad en Mxico con la renovacin del NAFTA, aceptando las exigencias de aranceles, patentes e inversiones que reclam Trump.

La derecha suele recuperar terreno, cuando los gobiernos progresistas identifican ingenuamente sus xitos electorales con el respaldo poltico perdurable. Se olvidan que los comicios constituyen un momento de la disputa por el poder. Cuando el control efectivo de la economa, la justicia, el ejrcito y los medios de comunicacin permanece en manos de los grupos dominantes, el retorno de la derecha es una cuestin de tiempo.

Esa vuelta suele coincidir con el fin de gestiones progresistas que incluyeron mejoras en el nivel de vida popular. Esa paradoja se ha verificado en Argentina, Brasil y El Salvador y podra repetirse en Uruguay. En todos los casos los gobiernos de centroizquierda facilitan alivios a la poblacin, que desembocan en la gestacin de electorados ms conservadores.

Esa contradiccin subyace tambin en la crisis de Bolivia. El MAS afront en los ltimos aos un significativo retroceso electoral, a pesar de los inditos xitos que obtuvo en el manejo de la economa. Logr altas tasas de crecimiento, una importante reduccin de la pobreza y fuertes inversiones con el uso productivo de la renta gasfera.

La despolitizacin del movimiento popular es la explicacin ms frecuente de esa desconexin entre mejoras socio-econmicas y retroceso electoral. Algunos estiman que los votantes se tornan ms individualistas, a medida que ensanchan su radio de consumo. Consideran que en esa mutacin asimilan la propaganda conservadora y olvidan el proceso progresista que permiti su mejora.

Pero esa despolitizacin es consecuencia de la continuidad de un sistema que reproduce los privilegios de los capitalistas. La ideologa vigente en una sociedad no flota en el vaco. Si el poder de las clases dominantes es preservado, esa preeminencia tiende a extenderse a los comportamientos electorales. Los poderosos recuperan los gobiernos porque nunca perdieron el poder.

  El retorno de la derecha no es inexorable, ni expresa un pndulo natural de la vida poltica. Deriva de la ausencia de radicalidad que impera en el progresismo. En lugar de fomentar transformaciones sustanciales en los momentos oportunos, esa corriente se adapta al status quo. Como rehye la posibilidad de remover el poder de los grandes capitalistas termina afianzando esa dominacin. La experiencia de los gobiernos de centroizquierda confirma que el freno a la radicalizacin, abre las compuertas para la venganza de la derecha. 

LA CENTRALIDAD DE LA IZQUIERDA  

Frente a la gran oleada de movilizaciones populares, la derecha prepara contragolpes del mismo alcance. Por eso se avecinan confrontaciones mayores con resultados abiertos. 

  El contexto actual incluye ciertos parecidos con el cuadro imperante a principio de siglo, cuando la sucesin de rebeliones en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina gener las condiciones para el debut del ciclo progresista. Ese perodo concluy con la restauracin conservadora, que afronta ahora la impugnacin de una nueva generacin de movimientos y dirigentes.

La semejanza con lo ocurrido en 1989-2005 se observa en la familiaridad del levantamiento ecuatoriano con el Caracazo. Ambas revueltas se originaron en la misma reaccin contra el aumento de los combustibles impuesto por el FMI. Tambin hay equivalencias de la sublevacin chilena con el 2001 de Argentina. La demanda contra los exponentes del rgimen poltico (que se vayan todos), se concentra ahora en la figura de Piera y en el esquema de gobierno legado por Pinochet.

Pero lo llamativo del ciclo actual es la magnitud de la participacin popular. El nmero de manifestantes en la calles supera los registros de las ltimas dos dcadas. En Ecuador se computan marchas varias veces superiores a los picos de masividad, en Hait se estima que cinco millones de personas han actuado en las protestas, en Chile hubo dos millones y en Puerto Rico un milln.

Existen grandes posibilidades de lograr conquistas y cambios de las relaciones de fuerza. No est en juego slo la reapertura del ciclo progresista. La batalla en curso puede derivar en novedosos e imprevistos escenarios.

Lo importante es comprender el contenido de la confrontacin. Los intereses de una minora de capitalistas chocan con los anhelos de la mayora popular. El alineamiento derechista de los poderosos contrasta con las propuestas emancipadoras de la izquierda. El triunfo de nuestros pueblos exige construir, fortalecer y renovar ese proyecto.

[1] Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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