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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2019

Biblias, balas y votos

Pablo Stefanoni
Letras Libres


Las tensiones que estallaron en semanas recientes en Bolivia se han acumulado desde hace tiempo, y las condiciones no son favorables para que se resuelvan pronto: el MAS est desgastado poltica y moralmente, pero la oposicin, hoy en el poder, tambin parece dbil para concretar su ansiada contrarrevolucin.

Golpe militar contra un gobierno popular? Insurreccin democrtica contra una dictadura? Cul fue la dinmica que culmin con la renuncia del presidente Evo Morales? Presentadas de manera esquemtica, ninguna de las dos imgenes precedentes da justa cuenta de lo ocurrido, aunque ambas contienen algo de verdad: la primera insiste demasiado en el mecanismo del derrocamiento y subestima a los actores; la segunda echa luz sobre algunas fotos y omite el resto de la pelcula, cuyo final se aleja bastante de un movimiento democrtico.

La tesis de este artculo es que lo que comenz como un conjunto de movilizaciones, que abarcaban a distintos sectores sociales, por un conteo transparente de los votos concluy en un gobierno de facto. Este fue reconocido por el Tribunal Constitucional, el mismo que aval una nueva postulacin de Evo Morales, saltndose el referndum de 2016 y la Constitucin. Pero la sucesin constitucional est cuestionada, las recin conformadas autoridades intentan gobernar al margen o contra el Parlamento, la nueva mandataria no se percibe a s misma como el canal para hacer viables unas nuevas elecciones transparentes y tiene ansias refundacionales que se proponen destruir material y simblicamente los pilares del rgimen anterior.

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Desde antes de la campaa electoral de 2005, el entonces acadmico y ensayista lvaro Garca Linera propona como salida a la crisis hegemnica posterior a la Guerra del Gas de 2003 una salida pactada entre el bloque indgena-plebeyo emergente, hegemnico en el occidente andino-valluno, y el bloque oligrquico-empresarial con peso en el oriente agroindustrial (no confundir con las viejas clases seoriales coloniales). Tras el contundente triunfo electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) en diciembre de 2005, el ya vicepresidente convocaba a una salida pactada en la redistribucin del poder en el pas, que incorpore gobernabilidad social y parlamentaria e incluya mecanismos de articulacin para que los intereses de los derrotados sean, en parte, reconocidos por los victoriosos.

Si bien los 14 aos del gobierno del MAS tuvieron momentos de fuerza como en 2008, cuando desde Santa Cruz se busc conseguir autonoma de facto, en general esta salida pactada funcion. Lo cierto es que el ciclo poltico que llev al poder a Morales, producto de rebeliones sociales y victorias electorales, fue siempre un ciclo del occidente boliviano. All, las viejas elites se encontraban en crisis y una nueva emergencia plebeya, con un proyecto nacionalista-popular, las corri del poder. Pero en el oriente pervivi la lgica empresarial y el apoyo a las polticas de libre mercado.

Aunque es cierto que el MAS fue conquistando parcialmente estas regiones, sus victorias fueron siempre inestables y conseguidas, sobre todo, desde el aparato estatal. Entretanto, las clases medias urbanas ms "blancas" que votaron varias veces por Evo, tampoco se sintieron contenidas en el proyecto del MAS, siempre visto como demasiado plebeyo y rural. Estas votaron por Evo Morales en 2005 para darle una oportunidad a un liderazgo indgena tras la crisis de las viejas elites; luego como el abanderado de la unidad nacional contra el separatismo cruceo notablemente en 2009, cuando en el referndum revocatorio obtuvo el 67% en favor de su continuidad en la presidencia y, finalmente porque Morales garantizaba estabilidad poltica y econmica. Pero, sobre todo desde 2016, comenzaron a oponerse activamente.

Como seal Fernando Molina, esta salida negociada conllevaba como pacto implcito la posibilidad de alternancia, que es lo que se quebr tras el referndum de febrero de 2016 y los cuestionamientos al conteo de votos en octubre pasado. A partir de all vimos a sectores, sobre todo clases medias, que salen de manera masiva a las calles en diversas regiones del pas, pero con epicentro en Santa Cruz. Estas protestas fueron atrayendo a sectores enfrentados por diversas razones al MAS: la regin urbana de Potos, que quiere ms beneficios del litio, cocaleros disidentes, etc., que se sumaron con sus propias frustraciones, enconos y demandas bajo la bandera de la democracia, que no deja de reflejar un tipo de republicanismo sui gneris desde abajo.

En Santa Cruz, Luis Fernando Camacho emergi como lder del Comit Cvico local, una institucin que agrupa a las fuerzas vivas de la regin con hegemona empresarial. Con su liderazgo carismtico e incluso histrinico, este empresario conservador de 40 aos blandi Biblias y mostr virilidad para enfrentarse a Morales y finalmente desplazar a Carlos Mesa, segundo en la eleccin y con una ideologa ms moderada. A partir de entonces la oposicin comenz a radicalizarse,tanto desde abajo como desde arriba, lo cual condujo al amotinamiento policial y al abandono de la neutralidad militar, que termin por sugerir al presidente que renunciara. Si bien es cierto que ya lo haba pedido incluso la Central Obrera Boliviana (COB), el pedido militar que us la palabra sugerencia para evitar violar la Constitucin se pareci mucho a un golpe. Sobre todo porque fueron los militares quienes le colocaron a la senadora Jeanine Aez la banda que la consagr como presidenta interina sin qurum del Parlamento.

El comandante de las FFAA, Williams Kaliman, relevado tras la asuncin de Aez, era un hombre cercano a Morales, lo lleg a llamar hermano presidente y se declar un soldado del proceso cambio y jefe de unas FFAA anticolonialistas. Su salida muestra que l mismo haba perdido la iniciativa. En estos 14 aos, las Fuerzas Armadas fueron aliadas de Morales y recibieron beneficios materiales: algunos cargos y fondos pblicos, incluidas algunas embajadas. Tambin los militares fueron involucrados en las polticas sociales, como el pago del bono Juancito Pinto, y compartan con el gobierno un discurso nacionalista. Pero si los atrajo la nacionalizacin del gas en 2006, probablemente tomaran con menos entusiasmo la construccin de una Escuela Antiimperialista donde deban tomar cursos, as como algunas simbologas con resonancias castristas, ciertamente puramente simblicas.

Sin embargo, pese a que muchos resaltaban la alianza MAS-FFAA, la renuncia de Morales dej en evidencia que su poder se basaba en el apoyo popular y no en los militares. Cuando este se debilit, debi renunciar.

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El nuevo gobierno, con hegemona crucea, tiene figuras demasiado radicales para emprender una transicin pacfica. La ministra de Comunicacin, Roxana Lizrraga, amenaz a la prensa sediciosa y mostr el departamento presidencial donde viva Morales como un trofeo de guerra. No obstante, las imgenes proyectadas estaban lejos del lujo de jeque rabe que la nueva ministra, ella misma periodista, quiso trasmitir. Fue una imagen casi calcada de las revelaciones en la prensa tras el derrocamiento de Juan D. Pern en la Argentina en 1955, denominado por el nuevo rgimen el tirano prfugo (su nombre no poda ser pronunciado en pblico).

El ministro de Gobierno (interior), que durante el debate del aborto dijo que las mujeres liberales haran bien en tirarse de un quinto piso o buscar otras formas para suicidarse, amenaz a los parlamentarios subversivos. Y la represin ha dejado ya ms de 20 muertos, en medio de un discurso recurrente sobre presencia de subversivos extranjeros en el pas. Estos incluiran a los mdicos cubanos que fueron expulsados.

La presidenta interina, que al asumir el poder dijo que Dios haba vuelto al Palacio, declar tambin que el Estado laico fue una impostura [quiso decir imposicin?] del MAS. Y sigui as el discurso de Camacho, quien us la Biblia y el discurso religioso para fomentar las movilizaciones, en las que hubo hasta pastores pentecostales que anunciaron que satans haba sido expulsado de Bolivia. Tras la renuncia de Morales, Camacho desfil por las calles paceas en un carro policial, vivado por uniformados.

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Qu poda ofrecer al pas un conglomerado de pastores, cocaleros y bloqueadores, amamantados por las ONG? La Asamblea Constituyente ha sido muy democrtica, de acuerdo. Pero hasta la irresponsabilidad de pretender que legislen los analfabetos, escribi el periodista crucero Manfredo Kempff en el peridico La Razn de La Paz el 23 de junio de 2007. Y esta semana, el fsico y columnista Francesco Zaratti escribi una columna titulada Cncer de Bolivia en la que compara a Morales con esa enfermedad y sostiene que el pas est a punto de librarse de uno de los peores tumores de su historia.

Son estas imgenes, que remiten a los esfuerzos de las lites desplazadas de correr del poder a los intrusos, las que fueron transformando un movimiento con un trasfondo democrtico en una apuesta de revancha poltica y social.

Fernando Molina escribi hace mucho tiempo que detrs de estos desencuentros actan dos elites polticas. Una que asciende bajo las banderas de la igualdad y quiere distribuir la riqueza y el poder con un alto costo institucional; y otra que se resiste con la bandera de la libertad y la defensa de la institucionalidad. Bolivia vive la ensima versin de la pelea que la ha paralizado desde siempre: la lucha por una cantidad insuficiente de recursos. No importa la fecha, porque esta constatacin es vlida en cualquier momento.

La cuestin es que, hoy, la movilizacin social parece incapaz de reeditar la revolucin que llev a Evo Morales al poder. El MAS, que en sus aos en el poder fue burocratizando su base social, fortaleciendo lazos clientelares y apelando a empleados pblicos ms o menos coaccionados, est desgastado poltica y moralmente. Pero la oposicin tambin parece dbil para concretar su ansiada contrarrevolucin. Ms all del propio Morales est an una parte importante de la Bolivia popular que, como nunca antes, ocup partes del estado y del poder. Solo la fantasa de proscribirla puede ser potencialmente explosiva. La duda es si la salida pactada podr plasmarse, esta vez, en un proceso electoral que abra un escenario en el que la disputa se canalice en a travs de un proceso electoral transparente.

Pablo Stefanoni. Periodista e historiador. Jefe de redaccin de la revista Nueva Sociedad.

Fuente: http://www.letraslibres.com/mexico/politica/bolivia-biblias-balas-y-votos



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