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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2019

Relato de un golpe racista cocinado durante meses

Soledad Domnguez
Ctxt

Nueve das despus de la renuncia forzada de su presidente constitucional, Bolivia cuenta una treintena de muertos y 750 heridos por bala


Nueve das despus de la renuncia forzada de su presidente constitucional Evo Morales, Bolivia se duele de 28 muertos y 750 heridos por bala. El conteo incluye las seis personas muertas este 19 de noviembre de 2019 en la zona de Senkata (ciudad de El Alto), y tambin los tres miembros de las facciones cvicas opositoras que murieron en choques entre cvicos y oficialistas a partir del 21 de octubre tras las elecciones presidenciales. Entre los muertos tambin se cuentan dos policas: uno fallecido en un accidente de moto en medio de una operacin represiva, y otro recientemente fallecido, en el hospital, como secuela de la golpiza que recibiera de manos de una multitud.

La mayora de las vctimas todas o casi todas es gente pobre. Los dems murieron en acciones punitivas combinadas del ejrcito y la polica, por el hecho de salir a las calles a exigir la renuncia de la actual presidenta de facto.

La defensa popular se activ el da mismo del primer motn policial en contra de Morales, durante el cual varios uniformados quemaron la wiphala la bandera indgena o la arrancaron de sus uniformes.

Imgenes del agravio a la bandera indgena circularon ampliamente por redes sociales y por algunos canales de televisin. Segn la actual Constitucin, la wiphala del Kollasuyo, considerada como la bandera ancestral de las naciones indgenas de las tierras altas de Bolivia, es uno de los emblemas de la patria.

Aquella quema, tan real como simblica, result profundamente ofensiva para los indgenas: el da del golpe, el mximo dirigente cvico de Santa Cruz introdujo en palacio de gobierno una biblia y una bandera boliviana, poniendo de manifiesto su desprecio por la actual Constitucin (que seala tanto el carcter laico del Estado como la coexistencia en la nacin de una pluralidad de pueblos indgenas). Encima de ello, propici que policas con el rostro cubierto arriaran la wiphala de la plaza de armas y la arrancaran con violencia del frontis del palacio.

La cada de Evo Morales, de adelante hacia atrs

La polica comenz a amotinarse el viernes 8 de noviembre en favor del movimiento cvico, opositor a Evo Morales. La tarde del 10, las fuerzas armadas conminaron al presidente a renunciar. Acorralado por las fuerzas de coercin estatal, Morales renunci al cargo hacia las cinco a travs de un mensaje televisado.

Como antecedente de aquel suceso est la huelga cvica que, desde el 22 de octubre dos das despus de las elecciones generales asfixiaba con un paro y bloqueo de caminos e instituciones pblicas las ciudades de Bolivia.

Dicha medida cont con la participacin activa, entusiasta y muchas veces furiosa y racista de las clases medias y los estudiantes universitarios. Avanz a partir de una demanda de segunda vuelta electoral exigida por Carlos Mesa (candidato de la centro-derecha) el da mismo de las elecciones hasta desembocar, 21 das ms tarde, en el pedido de renuncia del presidente constitucional Evo Morales.

En el interim, los observadores de la Organizacin de Estados Americanos (OEA), presidida por Luis Almagro, ya haban vertido juicios de valor considerando el proceso electoral colmado de vicios. Dichas declaraciones fueron el detonante de la furia cebada y abonada, con meses de antelacin, por todos los oponentes a Morales. Y ello porque el presidente particip en la contienda electoral pese a haber perdido, el 21 de febrero de 2016, un referndum para habilitarse a una nueva eleccin, contraviniendo as, con apoyo del Tribunal Constitucional, un artculo expreso de la Constitucin Poltica que slo permite presentarse a dos elecciones consecutivas a cualquier presidente.

El 24 de octubre, Evo Morales convoc a veedores de la OEA para realizar una auditora completa cuyo resultado tendra carcter vinculante, prometi de las actas electorales; actas que le haban dado el triunfo con un 47% de los votos sobre su contendor inmediato, Carlos Mesa, quien obtuvo en el cmputo oficial algo ms del 36% de los votos.

Durante el tiempo en que la auditora se realizaba, los opositores encabezados por el fundamentalista de extrema derecha Luis Fernando Camacho, al mando del Comit Cvico de Santa Cruz, ni un solo da cesaron de provocar con marchas, bloqueos de calles y caminos, agresines y amedrentamientos a los sectores afines al gobierno, paseando en las principales ciudades sus grupos parapoliciales organizados bajo el ambiguo denominativo de Resistencia Juvenil. Se trata de grupos altamente mviles se desplazan en motocicletas armados con bates, palos y bazukas de fabricacin artesanal para contrarrestar las ora tmidas y ora rabiosas manifestaciones de los simpatizantes del oficialismo. Los grupos de Resistencia Juvenil operaban con la anuencia de la polica.

Mediadas por la parcializacin de la prensa, las agresiones de los grupos cvicos de choque se registraron con mayor fuerza en los alrededores de Santa Cruz, en el populoso Plan Tres mil, bastin del oficialismo, y en la ciudad intermedia de Montero, donde en un enfrentamiento, confuso incluso ahora la falta de informacin ecunime, resultaron muertos dos miembros de la faccin cvica.

La ciudad de Santa Cruz de la Sierra era y es el territorio por excelencia del Comit Cvico de Camacho, quien legitima su mando con cabildos multitudinarios. El Comit, con centenares de voluntarios y voluntarias, controlaba todas las acciones pblicas en la ciudad, dictaminaba el cierre de instituciones, regulaba el control de los desplazamientos de la ciudadana mediante la emisin de salvoconductos y permisos para desempear algunas actividades esenciales durante los das del paro.

El 4 de noviembre, en pleno pico de la embestida cvica, el gobierno otorg un bono extra de tres mil bolivianos a todos los miembros de la polica, agotados por tantas semanas resistiendo el embate de las multitudes opositoras. El paliativo lleg tarde: esa misma noche, en el autodenominado Cabildo de la Unidad, multitudinario y melodramtico, el cvico de Santa Cruz se mof del monto erogado por el gobierno y anunci pblicamente compromisos previos, consolidados, con la polica y el ejrcito.

El Comit Cvico comunic adems su nueva tctica, que podra parecer histrica, para forzar la renuncia de Evo Morales: Camacho se trasladara a La Paz para llevar personalmente la peticin de renuncia al primer mandatario, llevando consigo al palacio de gobierno una biblia y la bandera tricolor boliviana.

El apoyo que anunci pblicamente Camacho se tradujo, das despus, en el amotinamiento policial general que comenz el viernes 8 en las ciudades de Cochabamba, Santa Cruz y Sucre y se complet al da siguiente con el resto de ciudades, culminando en La Paz, donde la polica dej sin proteccin alguna a las instituciones gubernamentales.

En aquella semana, la del 4 al 8 de noviembre, las fuerzas de choque de los comits cvicos registraron una serie de hazaas agresivas en contra de organizaciones de origen campesino, indgena y de los barrios pobres de algunas ciudades. El mircoles 6, las fuerzas opositoras en Cochabamba vejaron pblicamente a la alcaldesa oficialista del municipio aledao de Vinto, agredieron a campesinas cocaleras llegadas del Chapare, desnudaron y apalearon a un ex viceministro del gobierno. Del bando opuesto, muri un joven de 21 aos, a quien posiblemente le revent una bazuka casera en el mentn (las que maneja la Resistencia Juvenil Cjochala) durante un enfrentamiento, sobre un puente, con simpatizantes del oficialismo. (La informacin sobre la bazuka fue declarado por un mdico y luego ocultado por los informes forenses).

Por su lado, el jueves 7 de noviembre, los cvicos del sur del pas enviaron a la sede de gobierno delegaciones de jvenes universitarios y grupos de mineros cooperativistas y de algunos miembros de una comunidad indgena aliada para ayudar a ejercer presin sobre La Paz, donde a punta de dinamitazos y palos, los mineros sindicalizados, indgenas de Oruro y del norte de Potos, y miembros de otras organizaciones sociales estaban defendiendo al gobierno.

Las delegaciones cvicas fueron interceptadas y apedreadas por los simpatizantes del oficialismo a lo largo del camino que cruza el altiplano orureo. Un minero cooperativista result herido con arma de fuego. La prensa y las redes sociales se ocuparon de propagar noticias, que resultaron falsas, sobre la violacin y el rapto de dos muchachas universitarias.

El viernes 8 empez el motn policial. Para el sbado 9, ya el gobierno y sus instituciones estaban sin proteccin alguna. Desde la oposicin tal vez para acelerar el golpe se insinuaba que el presidente poda sacar a las fuerzas armadas. Pero el gobierno se negaba a convocarlas. A esas alturas, el ejrcito dio un paso al frente para anunciar que no iba a salir a reprimir a su pueblo.

Las horas oscuras

En horas tempranas de la maana del domingo 10 de noviembre, la OEA hizo conocer su veredicto sobre la auditora, anunciando que las elecciones haban sido fraudulentas posteriormente, expertos internacionales han dado a conocer que la auditora misma fue la que estuvo amaada.

Horas despus, el presidente de Bolivia, rodeado de dirigentes sociales, anunci desde el Chapare que la Asamblea Legislativa, donde su partido tiene el control de los dos tercios de votos, anulara las elecciones, destituira a las autoridades electorales, elegira nuevas y convocara a una nueva eleccin.

Pero esa maana las huestes furiosas de la oposicin ya no le dieron tregua. Salieron en Potos, la otrora ciudad proletaria, a quemar casas y agredir a los familiares de un ministro y de asamblestas plurinacionales. Lo mismo pasaba en Cochabamba y otros lugares. Cerca de medioda la Central Obrera Boliviana, con escaso poder de convocatoria y con muchas de sus confederaciones cooptadas por los Comits Cvicos, sugiri la renuncia del presidente. Por la tarde lo hizo el ejrcito.

As se precipitaron los acontecimientos de lo que el candidato Carlos Diego Mesa se haba apurado a proclamar un primavera boliviana. Primavera que no floreci: otra gran mayora todava no se estaba expresando.

Por la noche, los vecinos de los barrios ricos y zonas relativamente acomodadas de La Paz, presas de pnico colectivo, se encerraron en sus casas y algunos levantaron barricadas que colmaron, por si acaso, de wiphalas: los policas difundan el rumor de que hordas que estaban bajando de El Alto a saquear y quemar los hogares paceos.

Y es que esa noche, la del 10 de noviembre, grupos que an no han sido investigados intentaron asaltar la embajada de Venezuela. Por la madrugada, otros grupos, tampoco investigados ni identificados hasta hoy, quemaron enteramente la flota de modernos autobuses de la alcalda de La Paz, los Pumakatari. En El Alto se dice que los pobladores asaltaron algunas tiendas, que tumbaron la antena de un canal de televisin afn a los cvicos y saquearon la alcalda, afn a la derecha. Ese tipo de actos vandlicos/terroristas ya no se repitieron por el da.

Los motivos de un pueblo

Es necesario decir algo ms acerca de la quema de la wiphala. El 11 de noviembre, los policas de la plaza Murillo, en pleno centro del gobierno ausente, organizaron un pequeo acto de desagravio a la bandera indgena.

Pero era tarde para las disculpas. La furia no slo se desat en forma de marchas y manifestaciones sino en la quema de casi todas las estaciones policiales de la ciudad aymara de El Alto y algunas estaciones policiales en la zona sur de La Paz. No slo por la afrenta a la wiphala sino lo que la percepcin popular interpretaba como una traicin evidente de la polica: la entrega del proceso democrtico boliviano a las fuerzas ms reaccionarias y antidemocrticas, oscurantistas y racistas del espectro poltico.

Aquella accin motiv las marchas a La Paz desde ese mismo lunes y las consecutivas marchas multitudinarias, bloqueos y manifestaciones populares que pese a los muertos, centenares de heridos, presos, gente entrada a la clandestinidad y amenazada de muerte, no cesan en toda Bolivia y se han decantado, este 19 de noviembre, en el asedio a la estacin de hidrocarburos de Senkata, desde donde se distribuye todo el combustible de ciudad de La Paz.

Se trata de la trgica repeticin de un asedio similar, ocurrido en octubre de 2003. Pero ahora sin el apoyo y la solidaridad de las clases medias.

Los motivos del odio

Resulta imperativo, asimismo, contar algo de la emergencia del actual gobierno de facto.

El pasado 12 de noviembre la senadora Jeanine Aez, en calidad de vicepresidente de la Cmara de senadores, por parte de la bancada minoritaria de derecha Unidad Demcrata (que logr apenas un 8% de votos en las pasadas elecciones), se autoproclam presidenta de Bolivia. Puso como pretexto la ausencia de asamblestas plurinacionales, la renuncia de la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, y del presidente de la Cmara de diputados, Vctor Borda. Es decir, se bas en la ausencia de gobierno. A la par, hizo correr la voz de que la bancada mayoritaria del Movimiento al Socialismo se negaba a presentarse para sesionar en la Asamblea Legislativa aunque luego se supo que la mayora de los representantes nacionales del Oficialismo estaba amenazada, y que muchos no pudieron llegar por el bloqueo cvico que se prolong hasta poner a Aez en el gobierno.

Inmediatamente tras su asuncin, con el fundamentalista Camacho a su costado sosteniendo una biblia de aspecto medieval, y ante una pequea tropa de policas, militares, periodistas y sacerdotes que la observaban desde la plaza Murillo, ez anunci que el suyo sera un gobierno provisional y se dedicara a convocar prontamente a elecciones.

Al da siguiente, la autoproclamada nombr parte de su gabinete de ministros, y empez a ejecutar acciones agresivas en poltica internacional, a ordenar la caza de subversivos mediante su ministro de gobierno, a amedrentar a la prensa extranjera y nacional mediante su ministra de comunicacin. Junto a todo eso, dict un decreto eximiendo al ejrcito y a la polica de responsabilidades penales en caso de generar muerte entre civiles; es decir sac toda la represin a la calle dotndola de impunidad.

La resistencia popular y multitudinaria contra ez se ha ido intensificando. Pero se trata de multitudes de gran vulnerabilidad, comunidades campesinas enteras que bloquean las rutas del pas, juntas vecinales alteas que a grito furioso exigen la renuncia de la autoproclamada. Entre tanto, la intelectualidad en las ciudades se manifiesta por redes sociales, o se mantiene en la clandestinidad, temerosa de represalias.

Todo ocurre en medio de un cerco meditico que han extendido prcticamente todos los peridicos impresos del pas, los canales televisivos, y una gran cantidad de radioemisoras para no informar con la ecuanimidad y proporcin necesarias sobre los sucesos, evitando dar voz o cobertura a los sectores en rebelda, y ms bien abocndose a amplificar las falsas pruebas que con que el gobierno pretende desprestigiar el levantamiento para arrasar con l.

Resultado son los muertos de Montero, los muertos de Yapacan (en el departamento de Santa Cruz), los muertos de la poblacin de Sacaba (sobre la ruta al Chapare) y la zona sur de Cochabamba, los muertos de la zona sur de La Paz, del norte de Potos y ahora de El Alto.

Tambin del lado del actual gobierno, en actitudes incluso vergonzantes, se alinean importantes segmentos de la clase media: los que antes luchaban contra la dictadura de Evo, temerosos de que los simpatizantes de su odiado tirano logren retornarlo al pas, claman ahora, ante todo, por la pacificacin.

Soledad Domnguez es periodista independiente y documentalista boliviana basada en la ciudad de Sucre. Directora del largometraje documental Hermana Constitucin.

Fuente: http://ctxt.es/es/20191120/Politica/29672/Soledad-Dominguez-Bolivia-Evo-Morales-Jeanine-Anez-Chavez.htm



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