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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2019

La Amazona se quema por igual con dirigentes de derecha y de izquierda
Puede Latinoamrica rechazar el petrleo, la ganadera y la minera?

Alexander Zaitchik
The Intercept

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Incendio en Charagua, Bolivia, cerca de la frontera con Paraguay el29 agosto 2019 (Foto: AizarRaldes/AFP va GettyImages)

El captulo de la historia latinoamericana inaugurado en 1998 con celebraciones en Venezuela ha terminado con un golpe de Estado y violencia en Bolivia. Como ocurre en todas las mareas, la marea rosa retrocede revelando un terreno transformado. El panorama del movimiento de izquierda, que produjo gobiernos socialistas de tendencias variadas en una docena de pases,aparece fracturado y desilusionado. Centroamrica y Sudamrica se enfrentan a un derecho resurgente y al retorno a la austeridad, a menudo a travs de una cortina de gases lacrimgenos. Este estado de desorden marca tambin de forma literal el terreno del continente: bosques y montaas eliminados y desgarrados, sus minerales e hidrocarburos enviados a puerto y embarcados hacia el extranjero en nombre de un proyecto socialista cuyos logros han resultado ser frgiles, temporales y superficiales.

Es comprensible que la preocupacin mundial por el futuro de la Amazona se haya centrado ltimamente en Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro ha acelerado la destruccin de la selva tropical con regocijo fascista. Pero por debajo del desprecio escalofriante de ese rgimen por la naturaleza que no sea sino una provisin de recursos querecolectar se encuentra una verdad inquietante: su agenda de extraccin desenfrenada representa una diferencia en grado y estilo, ms que enotra cosa, respecto a la que adoptan todos los principales pases amaznicos de las ltimas dos dcadas. Esto incluye a los gobiernos de marea rosa de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil, que promovieron la minera, el petrleo y la agricultura industrial tan fervientemente como sus contrapartes neoliberales en Per y Colombia.

Examinar este legado no significa descartar los logros sociales que posibilitaron, aunque fuera brevemente. Esos avances fueron reales y en algunos casos sorprendentes . Los nuevos gastos estatales en salud, educacin y el paquete de programas de subvenciones mejoraron la vida de muchos millones de personas en una regin definida por una gran desigualdad y una profunda pobreza endmica. Y, sin embargo, como muchos observaron desde el principio, estos beneficios solo podan resultar efmeros al basarse en los mximos presupuestarios del azcar ante el auge deproductos bsicos que China, y en menos grado la India, venan impulsando desde haca una dcada por China. Incluso antes de que los precios de los minerales y el petrleo comenzaran a disminuir en 2012, las coaliciones formadas detrs de muchos gobiernos de marea rosa empezaron a romperse en funcin de las contradicciones e intercambios de lo que el cientfico social uruguayo Eduardo Gudynas, un crtico precoz e influyente de la marea rosa de izquierdas, llam neoextractivismo. Y result que esta versin del extractivismo, aunque se defenda desde los balcones de palacio bajo las banderas del socialismo y el antiimperialismo, no era tan diferente del modelo practicado durante siglos de gobierno colonial, militar y neoliberal. Su principal innovacin fue negociar mayores recortes en las crecientes exportaciones de recursos primarios.