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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2020

El mal constituyente: Otra vez consenso de elites contra un pueblo despreciado y reprimido

Paul Walder
Rebelin


El proceso constituyente no tiene buena pinta. Ya encauzado en la institucionalidad, corre solo y levanta el riesgo, cada da ms evidente, de dejar abajo al pueblo movilizado. La indignacin, la desesperacin y la furia popular de octubre por el cambio de orden, por un reseteo sistmico, ha dado inicio no a una respuesta honesta desde el poder establecido, sino ha puesto en marcha, una vez ms, una estrategia entre aquella misma clase para terminar tal como se estaba en el comienzo. Una gran espectculo que nos conduzca despus de un largo circuito a la semana previa del 18 de octubre.

Todo el aparato institucional y sus herramientas funcionales, como los medios de comunicacin hegemnicos, trabajan para abril. Un cronmetro que nos retrotrae. Un dj vu que nos revela una de los mayores fraudes en la historia poltica reciente. El malestar de la transicin, aquel plebiscito marcado por dos SI.

Marcar un No fue la continuacin de la constitucin de Pinochet, un molde a la medida de un estado conforme a los intereses de los golpistas, los terratenientes, las oligarquas y los poderes financieros e industriales. Una jaula de hierro legal para dejar fuera al pueblo de todas las decisiones, un nunca ms a las demandas sociales, un cerrojo al devenir social de la historia. Esta constitucin ha sido la que nos ha regido por los ltimos cuarenta aos, por dcadas naturalizada por las clases polticas de todos los espectros.

La oposicin a la dictadura acept esa constitucin ilegtima, antidemocrtica, partisana, como le llama el constitucionalista Jaime Bassa. Y lo hizo con mucho agrado al comenzar a recibir, como grupo subalterno de la gran oligarqua, el empresariado y los saqueadores de las otrora empresas del estado, de no pocos beneficios.

Este ha sido un punto central para la continuidad de una constitucin repudiada por toda la poblacin. Hay una clase poltica transversal que ha defendido el texto. Quienes tienen voz en la discusin pblica sobre la nueva constitucin, la ejercen desde aqu, desde una realidad material marcada por estas contingencias. Este factor no puede ser desconocido, por una sencilla razn: la actual estructura institucional ha permitido que estas personas , que han devenido en agentes polticos, accedan a un estatuto de privilegio que les ha permitido acumular poder, pero no slo poltico, tambin econmico (Bassa, Constituyentes sin Poder). No solo Jovino Novoa o Hernn Larran han defendido a brazo partido la constitucin sino tambin un anticonstituyente como Jorge Burgos o un Camilo Escalona (que no fuma opio), por citar a unos pocos en un universo de millares.

Todos los males juntos para modelar, ordenar y usufructuar de un pueblo. La supuesta modernizacin que data de 1990 es un diseo atado a la constitucin oligarca, un programa de gobierno desarrollado por la dictadura cvico militar que aplic, con mucho gusto, la entonces Concertacin y demases gobiernos. Una aplicacin sobre al menos dos grandes aspectos: consenso en la elite dirigente, que acept el ordenamiento constitucional como una regla por defecto, y un modelo de sociedad definido a espaldas del pueblo sin que este pudiera expresarse sobre esta imposicin. Si ha habido o no modernizacin, lo concreto es, dice Bassa, es que no ha sido democrtica, ha sido sin el pueblo, determinada por las decisiones de la clase dirigente, muchas veces en su propio beneficio.

El pueblo logr en noviembre forzar a la clase dirigente para cambiar la ilegtima constitucin. Un logro, claro, que tiene el riesgo de quedarse en la forma. Porque las demandas de la poblacin movilizada no se resuelven per se con una nueva constitucin o mediante un proceso constituyente que avanza por los mismos carriles de las repudiadas instituciones. Una nueva constitucin cuya participacin y discusin parece acotada entre los partidos, el congreso, el ejecutivo y el mismo presidente. El pueblo, el soberano, tal como esta decadente democracia representativa secuestrada por las oligarquas y el lobby de los poderes econmicos, ser convocado a refrendar o rechazar lo que salga de una caja oscura.

El historiador Felipe Portales, que ha escrito sobre la transicin, observa hoy las mismas fuerzas presentes en el proceso constituyente. Quienes han puesto en marcha este proceso son los mismos que hace un par de meses atrs no mostraban ni inters ni necesidad en cambiar la constitucin dictatorial. Si hoy se mueven es porque ya se ha diseado un mecanismo, con un innecesario veto de la minora conservadora, para no tocar el modelo.

El proceso constituyente sufre una creciente deslegitimidad porque no estn quienes debieran estar. No est el soberano, el pueblo movilizado. Con un presidente que en la maana firma el decreto para el plebiscito y por la tarde inventa enemigos poderosos e implacables, al que le enva miles de carabineros montados y motorizados, el abismo entre la clase poltica, las elites y la poblacin no se cerrar ni con un plebiscito y menos con una nueva constitucin a todas luces espuria e insuficiente. La herida que se abri 18 de octubre seguir latente y dolorosa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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