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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2006

Maritegui y el Che: ideas paralelas en torno al internacionalismo

Daily Prez Guilln
Rebelin


Escribir sobre las ideas de Maritegui y el Che en torno al internacionalismo podra parecer un atrevimiento intelectual, pero ms bien es un desafo. Para acercarse un tanto a las concepciones de cualquiera de estos dos pensadores habra antes que comenzar por los clsicos del marxismo y hasta sus revisionistas y detractores. Nada en la materia del aprendizaje de esa filosofa les fue ajeno. Esta raz comn sobre la que desarrollaron su pensamiento y la capacidad de anlisis para interpretar los hechos de su entorno hacen visibles puntos de coincidencia entre Maritegui y el Che a pesar de las dcadas que separan sus vidas.

Con poco ms de veinte aos Maritegui arribaba a Europa en octubre de 1919. Atrs dejaba el diarismo de sus crnicas periodsticas y se lanzaba, sino a los descubrimientos, s a las esencias de aquellas inquietudes filosficas que lo rondaban. En plena madurez confesara que antes de partir ya sus ideas estaban orientadas resueltamente hacia el socialismo.

Entonces el viejo continente acababa de salir de la primera gran confrontacin blica del siglo y atravesaba una profunda crisis material y cultural que dejaba ver las grietas del sistema capitalista. Con la guerra se haban disuelto los grandes imperios y en su lugar aparecan regmenes con tendencias socialdemcratas, fascistas, monrquicas, todos calados por enfrentamientos polticos entre partidos con millones de adherentes.

En Europa Maritegui poda sentir el auge del socialismo no solo entre disquisiciones intelectuales sino en los hechos de la vida cotidiana. La creacin de partidos comunistas y la consolidacin de la Revolucin rusa acaparaban la atencin del momento. El triunfo de octubre mostraba un cambio en las posibilidades de liberacin de la humanidad y representaba una ampliacin real del pensamiento y del conocimiento, sobre todo en el objeto del marxismo. La revolucin bolchevique pretenda cambiar la vida de decenas de millones de personas y en ese sentido protagonizaba el primer intento de liberacin total de los individuos y la sociedad.[1]


De cerca pudo conocer las experiencias revolucionarias truncas de Alemania, Hungra e Italia, protagonizadas por el proletariado de esos pases. En Italia, donde reside Maritegui por ms tiempo, es testigo de la imposicin del fascismo ante la cada de un liberalismo abdicante y fraccionado y de la tragedia de una nacin dividida por la crisis y los desiguales niveles de desarrollo. All tambin entabla relacin con un grupo de intelectuales turinenses nucleados alrededor del semanario LOrdine Nuevo, fundado por Antonio Gramsci, quienes hacan una lectura crtica de la concepcin evolucionista de la Segunda Internacional y el etapismo de la Tercera, con el propsito de refundar un marxismo revolucionario.

Las concepciones de Marx le llegan ahora con el filtro de las corrientes romnticas revolucionarias de principios de siglo. Accede al idealismo historicista de Croce y Sorel y al vitalismo de Bergson, pero tambin conoce a Nietzsche, Freud, Breton, Unamuno, Romain Rolland. En el vnculo creativo que establecer ms tarde entre el marxismo europeo y la realidad del Per se vern los elementos rupturistas e iconoclastas que esta relacin deja en su obra.

[2]

Algn tiempo despus del regreso a Per en marzo de 1923, escribira: Nos habamos entregado sin reservas, hasta la ltima clula, con un ansia subconsciente de evasin, a Europa, a su existencia, a su tragedia. Y descubramos, al final, sobre todo, nuestra propia tragedia, la del Per, la de Hispano- Amrica. El itinerario de Europa haba sido para nosotros el del mejor, y ms tremendo, descubrimiento de Amrica.[3]

Veinte aos posteriores al retorno de Maritegui, el entonces joven Ernesto Guevara se dispona a volver a los caminos de Amrica. Entonces ya no era la misma de principios de siglo. Estados Unidos consolidaba su hegemona sobre nuestras tierras y la poltica de guerra fra intentaba contener el florecimiento de cualquier movimiento con matices comunistas.

Un ao antes, durante 1952 el joven Guevara haba recorrido casi todo el continente desde su partida de la capital Argentina, pasando por Chile, Per, Colombia y Venezuela. Esta experiencia no constituira para l solo el descubrimiento de la mayscula Amrica, sino el encuentro con otro yo interior.

En julio de 1953 Ernesto enrumbara hacia Bolivia donde el clima estaba matizado por las transformaciones polticas, econmicas y sociales que la Revolucin de abril, dirigida por el Movimiento Nacional Revolucionario, ejecutaba en ese pas. A la mirada incisiva de Ernesto no escap la inoperancia del gobierno para encausar a las masas de campesinos y mineros que lo apoyaban y la reaccin de la burguesa, tradicionalmente discriminatoria con los indios y mestizos, que condenaba la importancia dada a estos en el actual proceso. Sin embargo, en la prctica las estructuras de dominacin se mantenan intactas mientras la modernizacin del estado y el empleo de nuevas fuentes de capital que garantizaran cambios en la economa parecan esfumarse entre las maquinaciones de la oligarqua y el imperialismo.[4]

De La Paz Ernesto contina su recorrido a travs de Per, Ecuador y ms adelante Costa Rica, Panam y por fin, Guatemala. La experiencia en ese pas sera definitiva en su ascenso revolucionario, tanto intelectual como ideolgicamente. La intervencin armada de Estados Unidos desde Honduras en contubernio con los intereses de la United Fruit Company, cuyas propiedades haban sido nacionalizadas por el gobierno de Jacobo Arbenz, echaba por tierra las conquistas sociales alcanzadas recientemente en el pequeo pas centroamericano.

Ante esa situacin Ernesto define su posicin del lado del Partido Guatemalteco del Trabajo que representaba las ideas comunistas y no duda en escribir en una carta a sus padres en abril de 1954 que Amrica ser el teatro de mis aventuras con carcter mucho ms importante que lo que hubiera credo; realmente creo haber llegado a comprenderlo y me siento americano con un carcter distintivo de cualquier otro pueblo de la tierra. [5]


A su propia vivencia se uni adems la de un grupo de jvenes exiliados cubanos entre quienes se encontraba ico Lpez; perseguidos por la dictadura de Batista despus del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Cspedes el 26 de julio de 1953 haban tenido que abandonar la isla. El vnculo con revolucionarios cubanos y su causa se hara mucho ms fuerte en Mxico donde Ernesto entabla relacin con el jefe del Movimiento 26 de julio, Fidel Castro. Despus de una larga conversacin entre los dos, el argentino terminara convertido en el mdico de la expedicin que a fines de 1956 llegara a Cuba para derrocar la dictadura y alzarse con el poder revolucionario. En Fidel y su movimiento Ernesto haba encontrado materializadas sus concepciones revolucionarias.

De este recuento de las etapas formativas de Maritegui y Che salen a la luz ejes centrales y coincidentes que irradian hacia el desarrollo de su obra posterior, aun cuando las particularidades de los contextos histricos en que vivieron no fueran las mismas. En primer lugar el conocimiento de la realidad americana. Maritegui, desde su apropiacin de la realidad econmica, social y poltica del Per que lo obliga a hurgar en los orgenes y el desarrollo posterior de la historia comn de los pueblos de Amrica. Che, desde su experiencia concreta como viajero incisivo que no se contenta nicamente con lo que se presenta ante sus ojos, sino que trata de relacionar visin del presente con historia del pasado a travs de lecturas, visitas a lugares histricos, bibliotecas, museos... Las vivencias directas de la dominacin imperialista. Maritegui, en el escenario del primer gran enfrentamiento de las potencias capitalistas de la poca. Che, en las masas de indios hambrientos, obreros desocupados, jvenes exiliados, gobiernos derrocados ante el avance de los monopolios y las trasnacionales en Amrica. Y por ltimo, el estudio del marxismo. Maritegui, a partir de una orientacin resuelta hacia el socialismo que lo relaciona con los movimientos y las figuras europeas ms actualizadas y avanzadas en la filosofa marxista. Che, desde una vocacin humanista y autodidacta que lo acerca a la lectura de los clsicos. Aqu es importante subrayar que ambos supieron tejer y desarrollar una visin autctona del marxismo.

II

A su regreso de Europa Maritegui se dedic a difundir en reportajes, artculos, conferencias, la situacin del viejo continente. Cada viernes en la noche los locales de la Federacin de Estudiantes o de la Universidad Popular se abran para escuchar las disertaciones del Amauta. Entonces Maritegui contaba apenas 27 aos de edad pero los cronistas de la poca resaltan en sus reseas el silencio inasible con que los estudiantes y obreros lo escuchaban y los aplausos con que cerraban el final de sus palabras. Las conferencias de Maritegui estn dictadas en un tono coloquial, ameno, sencillo que no opaca en lo absoluto la profundidad de sus razonamientos.

Una de esas noches, el 2 de noviembre de 1923, Maritegui la dedic al tema del internacionalismo y el nacionalismo. Es evidente la intencin del maestro de hacerle comprender a los trabajadores peruanos la relacin directa de la internacionalizacin de la economa capitalista con su vida cotidiana como punto de partida en la asimilacin del fenmeno imperialista. Una lectura de las ideas de Maritegui, con el antecedente del estudio de las concepciones del Che en torno a este mismo tema, revela la paridad, e incluso, el esquema evolutivo similar para explicar y ahondar en las causas y proyecciones del internacionalismo desde todos sus vrtices.

Maritegui inicia su conferencia apuntando que el internacionalismo no es un ideal sino una necesidad histrica a partir de los vnculos y conexiones en que se desarrolla la vida de la civilizacin occidental y fundamenta: El internacionalismo existe como ideal porque es la realidad nueva, la realidad naciente. No es un ideal arbitrario, no es un ideal absurdo de unos cuantos soadores y de unos cuantos utopistas. Es aquel ideal que Hegel y Marx definen como la nueva y superior realidad histrica que, encerrada dentro de las vsceras de la realidad actual, pugna por actuarse y que, mientras no est actuada, mientras se va actuando, aparece como ideal frente a la realidad envejecida y decadente. Un gran ideal humano, una gran aspiracin humana no brota del cerebro ni emerge de la imaginacin de un hombre ms o menos genial. Brota de la vida.

La base de su razonamiento se cimienta en la propia dinmica del capitalismo. Las tendencias que en la civilizacin occidental procuraban organizar y dar un rumbo comn, segn intereses especficos, no se manifestaban nicamente entre los proletarios, la burguesa tambin trataba de agrupar sus fuerzas. El reordenamiento a nivel mundial, que desde antes haca sentir sus secuelas, pero que sobre todo con la guerra se torn ms evidente, obligaba a reestructurar el orden mundial.

Las propias leyes impuestas por la economa capitalista, imprescindibles para fortalecer su dominio, aceleraban el curso de la internacionalizacin. El aumento de la produccin capitalista impuso al unsono la expansin de sus mercados, de tal modo que el rgimen burgus liber de toda traba los intereses econmicos para poder extender la venta de sus productos ms all de las fronteras nacionales. Es precisa la aclaracin de Maritegui cuando seala que en esa conquista de nuevos mercados la mercanca capitalista no reconoce fronteras y pugna por traspasar y avasallar los confines polticos. En ese sentido la concurrencia, la competencia entre los industriales es internacional y la disputa no solo incluye los mercados, sino tambin las fuentes de materias primas en todo el mundo.

En este punto, Maritegui ilumina para los obreros peruanos el metabolismo del sistema capitalista. Parte de la condicin internacional y cosmopolita de los grandes bancos de Europa y Estados Unidos como inversionistas que manejan la circulacin del capital en el orbe. El rentista ingls que deposita su dinero en un banco de Londres ignora tal vez a dnde va a proceder su rdito, su dividendo. Ignora si el banco va a destinar su capital, por ejemplo, a la adquisicin de acciones de la Peruvian Corporation, en este caso, el rentista ingls resulta, sin saberlo, copropietario de ferrocarriles del Per. La huelga del Ferrocarril Central puede afectarlo, puede disminuir su dividendo. El rentista ingls lo ignora. Igualmente el carrilano, el maquinista peruanos ignoran la existencia de ese rentista ingls, a cuya cartera ir a parar una parte de su trabajo.

De este modo caracteriza Maritegui la vinculacin econmica de la vida internacional, y concluye afirmando que estos ejemplos sirven para explicarnos el origen del internacionalismo burgus y el origen del internacionalismo obrero que es un origen comn y opuesto al mismo tiempo. Para fundamentar su afirmacin vuelve sobre los hechos de la realidad y evidencia cmo se interconecta la vida del proletariado a pesar de las distancias geogrficas que lo puedan separar. Para la venta de una mercanca a menor precio y ms abundantemente, un industrial ingls debe, al mismo tiempo, disminuir el salario de sus obreros. Las fuerzas productivas de fbricas similares en Estados Unidos tendrn inters en que el obrero londinense mantenga su remuneracin estable so peligro de padecer ellos mismos las consecuencias de la competencia para posicionar en el mercado mundial la mercanca que ambos producen. Bajo estas condiciones los trabajadores divisan el dominio de la clase capitalista ms all de sus propias fronteras y cobran conciencia de que el enfrentamiento no es solo en contra de la burguesa de su pas. Es por esto [...] que desde hace ms de medio siglo, desde que Marx y Engels fundaron la Primera Internacional, las clases trabajadoras del mundo tienden a crear asociaciones de solidaridad internacional que vinculen su accin y unifiquen su ideal.

No en vano aquel septiembre de 1864, el llamamiento inaugural de Marx en la creacin de la Asociacin Internacional de Trabajadores o Primera Internacional, terminaba con las mismas palabras del Manifiesto Comunista: Proletarios de todos los pases, unos! En la exposicin de los Estatutos que motivaban la constitucin, se plasmaba que la emancipacin de la clase obrera no es un problema local ni nacional, sino social: afecta por igual a todos los pases que integran la sociedad moderna y no puede resolverse sin una cooperacin sistemtica y organizada de todos ellos.[6]


Maritegui tena plena conciencia de esta relacin indisoluble y como el resto de los pensadores marxistas no dudaba en definir al socialismo como el sistema donde vendran a coincidir las necesidades de los indios peruanos con el desarrollo de la humanidad. Y el fenmeno nacional no se diferencia ni se desconecta, en su espritu, del fenmeno mundial. [...] La levadura de las nuevas reivindicaciones indigenistas es la idea socialista, no como la hemos heredado instintivamente del extinto Inkario, sino como la hemos aprendido de la civilizacin occidental, en cuya ciencia y en cuya tcnica solo romanticismos utopistas pueden dejar de ver adquisiciones irrenunciables y magnficas del hombre moderno.[7]


Con insistencia retoma el Amauta las vas impuestas por el capitalismo para perpetuarse. Es entonces cuando explica cmo el liberalismo burgus tuvo que incluir en su programa el libre cambio. Esta filosofa del capitalismo ingls responda a la necesidad de expandir su industria libremente en el mundo abatiendo las aduanas en su papel de fronteras econmicas. Entonces la paz y el desarme eran preconizados en aras de evitar la perturbacin y el desordenamiento de la produccin. La sentencia con que concluye Maritegui se revela como la premisa de sus anlisis: En realidad, el capitalismo no poda dejar de ser internacionalista porque el capitalismo es por naturaleza y por necesidad imperialista.

Con la mencin a las causas de la Primera Guerra Mundial, evidencia Maritegui los lmites, o mejor, la infinitud de las consecuencias cuando se producen conflictos entre los bloques o conglomerados de los intereses econmicos e industriales capitalistas. Sin embargo el propio sistema capitalista europeo, el ms slido, desarrollado de la poca, sali en crisis del enfrentamiento blico, no solo por la ruina material, sino por el irreconciliable desajuste entre las pasiones nacionalistas de los pueblos implicados y la necesidad de la colaboracin y la solidaridad para iniciar la reconstruccin. En la sociedad actual la poltica y la economa han cesado de coincidir, han cesado de concordar. La poltica de la sociedad actual es nacionalista; su economa es internacionalista.

Para Maritegui es una verdad evidente el internacionalismo de la vida contempornea y las necesidades que ello implica. Todo tiende a vincular, todo tiende a conectar en este siglo a los pueblos y a los hombres. Y aqu es sorprendente la importancia que le atribuye a los medios de comunicacin masiva, sobre todo si se tiene en cuenta que en los aos veinte solo podemos hablar de la prensa escrita, la radio, el cine y las agencias de noticias y, desde el punto de vista terico, de algunas investigaciones centradas sobre todo en la difusin y transmisin de los mensajes. Sin embargo ya Maritegui ha reconocido la inmediatez con que puede transmitirse una informacin de un punto a otro del planeta, las emociones que un mensaje puede suscitar, la utilidad para la propagacin de ideas, corrientes del pensamiento y la cultura y la importancia que en el mundo occidental se le atribuye a la prensa. Las comunicaciones son el tejido nervioso de esta humanidad internacionalizada y solidaria. Frase lapidaria, hecha para fines de siglo.

En esa concepcin que Maritegui ha ido formndose de las relaciones y las conexiones del mundo contemporneo en todos sus niveles hay espacio para prever la institucionalizacin que a nivel internacional se aproxima en el siglo XX. Denota la tendencia a la creacin de rganos internacionales de comunicacin y coordinacin y se detiene para precisar los que son de su conocimiento en el orden intelectual, cientfico, artstico

Con la misma claridad con que en otra de sus conferencias Maritegui reflexionaba para los obreros europeos sobre la invalidez de la reconstruccin de la sociedad burguesa y les anticipaba otra conflagracin en el mundo dentro de cuarenta o cincuenta aos, antes tal vez [8], culmina su conferencia sobre el internacionalismo y el nacionalismo. Entre las corrientes internacionalistas, entre los movimientos internacionalistas, se esboza una que es curiosa y paradjica como ninguna. Me refiero a la internacional fascista. Los movimientos fascistas son, como sabis, rabiosamente chauvinistas, ferozmente patrioteros. Ocurre, sin embargo, que entre ellos se estimulan y se auxilian. [] Hasta el nacionalismo, pues, no puede prescindir de cierta fisonoma internacionalista.

III

Si Maritegui vea el internacionalismo como una necesidad histrica, Che lo cataloga como un deber y al mismo tiempo, necesidad revolucionaria, insoslayable. Su punto de vista parte de una praxis revolucionaria que ha sintetizado de un modo inigualable el pensamiento con la accin y cuyos fundamentos tienen un asidero comn a los del peruano: la comprensin del fenmeno imperialista y su repercusin en todas las esferas de la vida moderna.

Cuando Che se une a la expedicin del Granma haba interiorizado ya la necesidad de superar y eliminar la sociedad capitalista. Es un convencido del ideal marxista y est dispuesto a llevarlo a la prctica hasta sus ltimas consecuenciasLa nueva etapa de mi vida exige tambin el camino de ordenacin: ahora San Carlos[9] es primordial, es el eje, y ser por los aos que el esferoide me admita en su capa ms externa [] Los signos son buenos, auguran victoria [] Sabrs que tu hijo, en un soleado pas americano, se putear a s mismo por no haber estudiado algo de ciruga para ayudar a un herido y putear al gobierno mexicano que no lo dej perfeccionar su ya respetable puntera para voltear muecos con ms soltura. Y la lucha ser de espaldas a la pared, como en los himnos, hasta vencer o morir.[10]

En breves y sencillos artculos periodsticos que escribiera bajo el seudnimo de Francotirador ya en pleno fragor del combate, para el peridico El Cubano Libre que circulaba entre los guerrilleros importante recordar que eran campesinos, la mayora analfabetos; simples obreros, o jvenes sin una formacin poltica slida, pero todos con un convencimiento profundo de que el orden de cosas en el pas deba cambiar Che analiza hechos que ocurren en otras partes del mundo. En algunos de ellos el Comandante de la Sierra Maestra establece puntos coincidentes que relacionan la realidad de esos contextos y el cubano, en una clara evidencia de la internacionalizacin del dominio imperialista en el mundo.

Un fragmento de este que titulara Qu cubano nos parece el mundo puede servir de ejemplo para graficar la coyuntura de los aos que sobrevinieron a la Segunda Guerra Mundial y la estrategia seguida por el imperialismo para consolidar su hegemona en franco desafo al sistema socialista. [] la socorrida acusacin de siempre: comunistas. Comunistas son todos los que empuan las armas cansados de tanta miseria, cualquiera sea el lugar de la tierra donde se produzca el hecho; demcratas son los que asesinan a ese pueblo indignado, sean hombres, mujeres o nios. Todo el mundo es cubano y en todos lados ocurrir como aqu: contra la fuerza bruta y la injusticia, el pueblo dir su ltima palabra, la de la victoria.[11]

En esa vocacin de redencin de los pueblos, Che no vio en la Revolucin cubana nicamente la liberacin del pueblo de la isla. Quien consideraba a Amrica toda como su patria, valor la significacin que ello podra tener para el resto del continente. Para Che, Cuba haba tocado la conciencia de Amrica y alertado gravemente a los enemigos de nuestros pueblos. En consecuencia, la batalla de Cuba sera la batalla de Amrica y si ganaba, Amrica entera vencera en esa pelea.

Con el triunfo de la Revolucin, Cuba se convirti en la vanguardia de todo un continente, y como tal tena entonces una cuota de deber que cumplir. Cuando Che insista en el desarrollo de una conciencia y una tica revolucionaria; en la necesidad de desarrollar industrialmente al pas; de dar un salto en la tcnica; de instruir y educar al pueblo; de prepararlo para el futuro; de hacer nacer un arte nuevo, acorde con su tiempo y la obra que se construa; de crear una nueva cultura; de transformar al hombre, no est pensando solamente en Cuba. Para Che un hombre solo no vala nada, una idea, un pas navegando en medio del mar Caribe tampoco. Cuba era y deba ser parte de Amrica, espejo donde se miran todos los pueblos de Amrica.

Che estudi las particularidades de cada uno de los pases latinoamericanos. Valoraba las condiciones objetivas y subjetivas para una revolucin como la nuestra. Estuvo al tanto de los movimientos de liberacin que actuaban en la regin y declar en ms de una ocasin pblicamente que Cuba no negaba su simpata y apoyo a esos intentos de llevar adelante la emancipacin.

A travs de la historia de la dominacin imperialista en Amrica Latina, llega Che al anlisis del fenmeno del subdesarrollo. En ese sentido introduce enfoques y conceptos novedosos, aportes al pensamiento revolucionario, que contribuyen a la fundamentacin de las vas para enfrentar al imperialismo a escala internacional y a las soluciones nacionales para lograr la liberacin.[12] []A nosotros, pueblos de Amrica, se nos llama con otro nombre pudoroso y suave: subdesarrollados. Qu es subdesarrollo? Un enano de cabeza enorme y trax henchido es subdesarrollo en cuanto a sus dbiles piernas o sus cortos brazos no articulan con el resto de su anatoma; es el fenmeno teratolgico que ha distorsionado su desarrollo. Eso es lo que en realidad somos nosotros, [] en verdad pases coloniales, semicoloniales o dependientes. Somos pases de economa distorsionada por la accin imperial, que ha desarrollado anormalmente las ramas industriales o agrcolas necesarias para complementar su compleja economa, [] he aqu la gran frmula de la dominacin econmica imperial, que se agrega a la vieja y eternamente joven divisa romana, divide y vencers.[13]

En la estrategia que Che establece de enfrentamiento a las estructuras de dominacin imperialista ampla sus concepciones al resto de los pases tercermundistas. Para l ya no hay fronteras en esa lucha a muerte, no concibe la indiferencia frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo y patentiza la necesidad de la unin frente al enemigo comn: el imperialismo. Cada vez que se libera un pas [] es una derrota del sistema imperialista mundial, pero debemos convenir en que el desgajamiento no sucede por el mero hecho de proclamarse una independencia o lograrse una victoria por las armas en una revolucin: sucede cuando el dominio econmico imperialista cesa de ejercerse sobre un pueblo.[14]

Cuando Che enfatiza en la necesidad de poner fin a la hegemona capitalista lo hace pensando en las consecuencias especficas que tiene en la vida del hombre como ser individual y social y las repercusiones que a nivel de la sociedad en su conjunto engendra ese sistema. En esta [la sociedad capitalista] el hombre est dirigido por un fro ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensin. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordn umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella acta en todos los aspectos de su vida, va modelando su camino y su destino. Las leyes del capitalismo, invisibles para el comn de las gentes y ciegas, actan sobre el individuo sin que este se percate.

Ms adelante, en otro de los prrafos de ese medular texto que es El socialismo y el hombre Cuba abre un parntesis para aclarar: Cabra aqu la disquisicin sobre cmo en los pases imperialistas los obreros van perdiendo su espritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotacin de los dems pases dependientes y cmo este hecho, al mismo tiempo, lima el espritu de lucha de las masas en el propio pas...[15].

Esta es una idea que aunque no desarrolla en este texto ha analizado desde bastante tiempo atrs. En un artculo suyo de aproximadamente abril de 1954 titulado La clase obrera de los EE.UU... amiga o enemiga? sienta sus primeros razonamientos sobre el tema cuando analiza la relacin entre el desenvolvimiento econmico de ese pas, la necesidad de los trabajadores de mantener el nivel de vida y el dominio imprescindible sobre Amrica Latina en su papel de fuente de materias primas. A Ernesto no le resulta ajena la cierta complicidad que se establece por la suprema ley de la comunidad de intereses entre las fuerzas productivas y los explotadores y la irremediable pugna que sobrevendr. Sin embargo, al mismo nivel de las conquistas que supondrn al final la liberacin econmica y la justicia social, ubica la adquisicin de un nuevo y bienvenido hermano menor: el proletariado de ese pas [Estados Unidos]. Es decir, en esa internacionalizacin futura de una nueva sociedad y con intereses de clases dispares de los precedentes que prevalecen en la dinmica de la vida en el capitalismo, el joven Guevara no establece distinciones, se trata de principios de solidaridad y comunin, del sentido humanista que caracteriz su pensamiento y accin.

Para Che, quien entenda que el amor a la humanidad viviente deba transformarse en hechos concretos, en actos que sirvieran de ejemplo y movilizacin, los acontecimientos que a nivel internacional se desarrollaban en la dcada del sesenta como parte de la estrategia de expansin y dominio imperialista de Estados Unidos en el mundo, daran un nuevo rumbo a su vida revolucionaria.

En su discurso en la XIX de la Asamblea de las Naciones Unidas Che cita el doloroso caso del Congo, nico en la historia del mundo moderno, que muestra cmo se puede burlar con la ms absoluta impunidad, con el cinismo ms insolente, el derecho de los pueblos y proclama que todos los hombre libres deban aprestarse a vengar el crimen cometido contra Patricio Lumumba y su pueblo. En esta ocasin Che define al imperialismo como animal carnicero que se ceba en los pueblos inermes.

Pocos meses despus, consecuente con su conviccin de que la lucha armada es la nica solucin para los pueblos que intentan liberarse, parte hacia ese pas para demostrar su verdad. Durante siete meses permaneci el Che en tierras congoleas junto a otro grupo de combatientes cubanos. Su entrega a la lucha en tierras africanas no alcanz un resultado victorioso, en cambio si extrajo experiencias valiosas para el desarrollo de la lucha en frica. En las pginas preliminares de los Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, texto donde narra y analiza los hechos acaecidos, destaca el apoyo de Cuba a esa causa. Los actuantes e informantes son extranjeros que fueron a arriesgar sus vidas en un territorio desconocido, de otra lengua y al cual los unan solamente los lazos del internacionalismo proletario, inaugurando un mtodo no practicado en las guerras de liberacin modernas []

Nuestro pas, solitario bastin socialista a las puertas del imperialismo yanqui, manda sus soldados a pelear y morir en tierra extranjera, en un continente lejano, y asume la plena y pblica responsabilidad de sus actos; en este desafo, en esta clara toma de posicin frente al gran problema de nuestra poca, que es la lucha sin cuartel contra el imperialismo yanqui, est la significacin de nuestra participacin en la lucha del Congo.

Es all donde hay que ver la disposicin de un pueblo y de sus dirigentes no solo para defenderse, sino para atacar. Porque en cuanto al imperialismo yanqui, no vale solamente el estar decidido a la defensa; es necesario atacarlo en sus bases de sustentacin, en los territorios coloniales y neocoloniales que sirven de basamento a su dominio del mundo.[16]

Esta misma idea la ampla en su mensaje a la Tricontinental cuando llama a seguir el ejemplo de Viet Nam en su lucha contra el imperialismo. El escrito, difundido cuando ya estaba en tierras bolivianas junto con un grupo de guerrilleros peruanos, cubanos y bolivianos constituyeron un impulso para los movimientos de liberacin.

Si a nosotros, los que en un pequeo punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposicin de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos das lanzar el ltimo suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, spase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada ms que elementos en el gran ejrcito del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolucin cubana y de su gran dirigente mximo la gran leccin que emana de su actitud en esta parte del mundo: qu importan los peligros o sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando est en juego el destino de la humanidad.

Toda nuestra accin es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del gnero humano: los Estados Unidos de Norteamrica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que se, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un odo receptivo, y otra mano se tienda para empuar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

Che conceba la lucha en Bolivia como un primer punto desde donde se irradiara la revolucin hacia el resto del continente. Despus de once meses en que la guerrilla hubo de sufrir las bajas de sus mejores hombres; la traicin de los principales lderes del Partido Comunista Boliviano, que incumplieron su compromiso de apoyar la lucha; la divisin de la columna; la imposibilidad de establecer relaciones con los campesinos de la zona y al mismo tiempo con el exterior; y la persecucin del Ejrcito que obtuvo todo tipo de ayuda y asesora de Estados Unidos, dispuesto a impedir por todos los medios una nueva revolucin en el continente, la guerrilla fue derrotada y el Che, por rdenes de la CIA, asesinado.

Sin embargo, lo que pretendi ser fin y silencio, devino clamor de lucha y rebelda en todo el mundo. Che haba encarnado, l mismo, el ms vivo ejemplo del internacionalismo.

A veces podra parecer que las ideas se esfuman entre el olvido y las urgencias de los nuevos tiempos. Basta hurgar un poco para encontrarlas, un mnimo de esfuerzo y aparecen de nuevo tibias como el da en que alguien las dijo o las escribi para perpetuarlas. Otro parpadeo y puede que hasta quemen de tan vivas.

Las coincidencias no son tan casuales. El hombre lleva siglos construyendo su historia, derribando y volviendo a alzar. En ese ciclo, los polos de los que crean y demuelen se marcan constantemente. Se miran, se escrutan, se agraden, mueren, resucitan, y siempre hay quien va ms all, y vuelve. Regresa con los bolsillos llenos, con alforjas, con bales repletos de pasado, de historia que ha ido y venido una y otra vez en otros brazos, en cientos de espaldas. Quienes vienen y van se niegan al trnsito en solitario, esperan hombros en que apoyarse, palabras de aliento, odos receptivos, manos que enciendan lumbres.

De repente, alguien se sorprende leyendo esas pginas de ayer, de hoy, y muy cerca, el rumor de pisadas que siguen las mismas huellas.



[1] Fernando Martnez Heredia: Octubre abri los lmites de lo posible. En En el horno de los noventa, Ediciones Barbarroja, Buenos Aires, 1999, pp. 144-149.

[2] Lorena Betta: Jos Carlos Maritegui o el socialismo indo-americano. En Rebelin, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=21320.Consultado en lnea el 10 de noviembre de 2005.

[3] Jos Carlos Maritegui. En Europa: aprendizaje y experiencia, http://www.antorcha.org/galeria/mariat-2.htm . Consultado en lnea el 10 de noviembre de 2005.

[4] Mara del Carmen Ariet: El pensamiento poltico de Ernesto Guevara, Ocean Press, Melbourne, 2003, pp. 49-51.

[5] Ernesto Guevara Lynch: Carta de Ernesto desde Guatemala a su madre. Abril de 1954. En Aqu va un soldado de Amrica, Plaza Jans, Espaa, 2000, p.49.

[6] F. Mehring: Carlos Marx, Editora Poltica, La Habana, 1964, pp. 333-334.

[7]Jos Carlos Maritegui: La nueva cruzada pro-indgena. En Jos Carlos Maritegui y Europa. El otro aspecto del descubrimiento, Empresa Editora Amauta, Lima, 1993, p. 77.

[8] Jos Carlos Maritegui: Literatura de guerra. En Historia de la crisis mundial, ed. cit, p. 28.

[9] Se refiere a Carlos Marx.

[10] Ernesto Guevara Lynch: Carta de Ernesto para su madre desde Mxico. En Ob. cit., p138-140.

[11] Ernesto Guevara de la Serna: Qu cubano nos parece el mundo. En Amrica Latina. Despertar de un continente, Ocean Press, Melbourne, 2003, pp. 197-198.

[12] Germn Snchez Otero: Imperialismo, internacionalismo y liberacin. En Los enigmas del Che, Ediciones KOEYU, Caracas, 1997, pp. 109-110.

[13] Ernesto Che Guevara, Cuba: Excepcin histrica o vanguardia en la lucha anticolonialista?. En Obras escogidas. 1957-1967, Editorial de las Ciencias Sociales, La Habana, 2001, pp. 408.409.

[14] Ernesto Che Guevara, Discurso en Argel. En ed. cit., p. 573.

[15] Ernesto Che Guevara: El socialismo y el hombre en Cuba. En Justicia Global, Ocean Press, Melbourne, 2002, p. 36.

[16] Ernesto Che Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, Grijalbo Mondadori, Mxico, 1999, pp. 35-38.



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