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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-06-2006

Imperialismo ecolgico. El interminable saqueo de la naturaleza y de los parias del sur del mundo

Renn Vega Cantor
Ecoportal.net


En los actuales momentos de expansin imperialista hasta el ltimo rincn del planeta, ocurre una acelerada destruccin de los ecosistemas y una drstica reduccin de la biodiversidad. Es un resultado directo de la generalizacin del capitalismo, de la apertura incondicional de los pases a las multinacionales, de la conversin en mercanca de los productos de origen natural, de la competencia desaforada entre los pases por situarse ventajosamente en el mercado exportador, de la cada de precios de las materias primas procedentes del mundo perifrico, de la reprimarizacin de las economas, en fin, de la lgica inherente al capitalismo de acumular a costa de la destruccin de los seres humanos y de la naturaleza.

El capitalismo es una relacin profundamente desigual y el gran desarrollo productivo y la capacidad de consumo se concentran en los pases centrales (Estados Unidos, la Unin Europea y Japn), donde se producen tambin millones de toneladas de desperdicios. No otra cosa son los automviles, telfonos, televisores, neveras, pilas que, rpidamente inservibles, van a parar a la basura... y a los pases pobres considerados receptculo de las deyecciones que origina el consumo desenfrenado de los opulentos del Norte. Segn el ecologista Barry Commoner, el planeta est dividido en dos:

El hemisferio norte contiene la mayor parte de la moderna tecnosfera, sus fbricas, plantas de energa elctrica, vehculos automviles y plantas petroqumicas y la riqueza que la misma genera. El hemisferio sur contiene la mayor parte de la gente, casi toda desesperadamente pobre. El resultado de esta divisin es una dolorosa irona global: los pases pobres del sur, a pesar de estar privados de una parte equitativa de la riqueza mundial, sufren los riesgos ambientales generados por la creacin de esta riqueza en el Norte [1].

Esa dualidad no es resultado de cierta disposicin divina o natural, sino que se convierte en uno de los objetivos del nuevo desorden mundial capitalista y debe considerarse en sentido estricto como una caracterstica propia del imperialismo ecolgico. As, () la explotacin masiva del medio ambiente en el Tercer Mundo incluye la conversin de residuos letales en mercancas, y el comercio internacional con ellos. Tambin involucra la imposicin por parte del capital de trueques de deudas por medio ambiente, la construccin de inmensos incineradores y vertederos, y muchos otros proyectos aparentemente sin sentido [2].

Todas esas acciones son mecanismos propios de la dominacin imperialista, las cuales generan resistencias por parte de los explotados y oprimidos del orbe enfrentando los crmenes ambientales que estn destruyendo nuestra madre tierra y poniendo en peligro la supervivencia de nuestra especie. Para que el asunto no quede en enunciacin retrica, deben precisarse las principales caractersticas del imperialismo ecolgico, a fin de entender las novedosas formas asumidas por el imperialismo contemporneo: es lo que intentamos hacer en este ensayo.

1. Destruccin acelerada de ecosistemas en los pases dominados

La nocin de ecosistemas ayuda a entender la magnitud de los problemas ambientales que hoy padecemos, en la medida en que su destruccin se constituye en la principal manifestacin de la inviabilidad ambiental del modo de produccin capitalista. Por ecosistemas puede entenderse a los conjuntos o escenarios en que se reproduce la vida. Un ecosistema determinado est definido por "el medio abitico fsico-qumico y las manifestaciones biticas a las que sirve de soporte: microbios y bacterias, plantas, animales" [3]. Para las sociedades los ecosistemas han sido fuentes de riqueza y bienestar, en la medida en que no solamente son ensamblajes de especies sino de "sistemas combinados de materia orgnica e inorgnica y fuerzas naturales que interactan y se transforman". La energa que permite el funcionamiento del sistema proviene del sol, siendo dicha energa () absorbida y convertida en alimento por plantas y otros organismos que realizan la fotosntesis y que se encuentran en la base misma de la cadena alimentaria. El agua es el elemento crucial que fluye a travs del sistema. La cantidad de agua disponible, junto con los niveles extremos de temperatura y la luz solar que un determinado sitio recibe, determinan en lo fundamental el tipo de plantas, insectos y animales que habitan en ese lugar y la manera en que se organiza el ecosistema [4].

Los ecosistemas reportan beneficios directos e indirectos a los seres humanos. Entre los directos se destacan la obtencin de plantas y animales como alimentos y materias primas o como recursos genticos y los indirectos toman la forma de servicios como control de la erosin, almacenamiento de agua por parte de plantas y microorganismos o la polinizacin por dispersin de semillas por insectos, aves y mamferos.

Los ecosistemas tal y como los conocemos en la actualidad han evolucionado durante millones de aos y no pueden ser sustituidos ni recuperados por procedimientos tecnolgicos. La desaparicin de cualquier ecosistema supone eliminar posibilidades de subsistencia para los seres humanos por la sencilla razn de que "los ecosistemas hacen que la Tierra sea habitable purificando el aire y el agua, manteniendo la biodiversidad, descomponiendo y dando lugar al ciclo de nutrientes y proporcionndonos todo un abanico de funciones crticas" [5].

En trminos econmicos inmediatos, el aprovechamiento de las riquezas naturales es una base de subsistencia y de empleo, sobre todo en los pases del sur, puesto que la agricultura, la explotacin forestal y la pesca generan uno de cada dos empleos que existen en el mundo y, adems, en todo el planeta las actividades relacionadas con la madera, los productos agrcolas y el pescado son ms importantes que los bienes industriales. Por esta razn, la disminucin de la capacidad productiva de los ecosistemas tiene efectos devastadores sobre los seres humanos y de manera directa sobre los pobres que dependen de aqullos para su subsistencia.

Existen antecedentes histricos de que determinadas sociedades han colapsado por la destruccin de la riqueza natural y de los ecosistemas (como los Mayas en Mesoamrica). Sin embargo, tales colapsos fueron completamente distintos a lo que est pasando en la actualidad en trminos de escala y velocidad, porque antes de la emergencia del capitalismo la degradacin ambiental afect a sociedades perfectamente localizadas y fue un proceso de deterioro gradual a lo largo de varios siglos, mientras que ahora la destruccin de los ecosistemas se efecta a un ritmo acelerado y cubre hasta el ltimo rincn del planeta tierra.

Los ecosistemas son dinmicos y se regeneran constantemente en forma natural, pero en la medida en que las fuerzas destructoras del capitalismo se generalizan pueden desaparecer, en razn de que cada ecosistema interacta de manera compleja con el ambiente y la comunidad biolgica que lo habita, lo cual a su vez lo hace particularmente vulnerable. Las presiones generadas por la explotacin intensiva de recursos para satisfacer el consumo voraz de grupos reducidos de la poblacin (las clases dominantes de todo el mundo), y sobre todo de los pases imperialistas, destruyen los ecosistemas. Cada uno de los ecosistemas existentes ha sufrido un notable deterioro, como se constata con algunas cifras elementales: el 75% de las principales pesqueras marinas est agotado por el exceso de pesca o ha sido explotado hasta su lmite biolgico; la tala indiscriminada de rboles ha reducido a la mitad la cubierta forestal del mundo; el 58% de los arrecifes coralinos est amenazado por destructivas prcticas de pesca, por el turismo y por la contaminacin; el 65% de los casi 1.500 millones de hectreas de tierras de cultivo que hay en todo el mundo presenta algn nivel de degradacin del suelo; y el bombeo excesivo de aguas subterrneas por parte de los grandes agricultores en todo el mundo excede las tasas naturales de reposicin en por lo menos 160.000 millones de metros cbicos por ao [6].

Est perfectamente establecido el diferente impacto de la accin de los opulentos y de los pobres sobre recursos, materiales y energa. A nivel mundial existe una geografa desigual del consumo, puesto que un habitante de un pas "desarrollado" consume el doble de grano y pescado, el triple de carne, nueve veces ms papel y once veces ms petrleo que un habitante de un pas neocolonial. Es necesario subrayar que semejante diferencia en los niveles de consumo es posible porque hay una apropiacin directa de los recursos disponibles en todo el mundo para disfrute de una escasa minora, ya que sta no gasta solamente los recursos que encuentra en sus propios pases (por el contrario, trata de preservarlos durante ms tiempo, o por lo menos eso es lo que afirman de dientes para afuera). Incluso, en la mayor parte de las ocasiones el consumidor del Norte ignora de dnde proceden los materiales y la energa que consume diariamente y el impacto que su produccin tiene en sus lugares de origen, como se ejemplifica con el caso de las tuberas de cobre que se usan en las grandes ciudades de los Estados Unidos:

Un constructor de viviendas en Los ngeles instala tuberas de cobre, pero no tiene forma de saber que ese cobre proviene de la infame mina de Ok Tedi en Papa Nueva Guinea. Esta gigantesca mina, propiedad de un consorcio internacional, arroja diariamente 80.000 toneladas de desechos de minera sin tratar al ro Ok Tedi, lo que destruye la mayor parte de su vida acutica y perturba los medios de subsistencia de la comunidad wopkaimin. La globalizacin implica que los propietarios eventuales de las viviendas que se benefician de las tuberas de cobre no tienen conocimiento de su nexo con la deteriorada cuenca del Ok Tedi ni cargan con sus costos ambientales [7].

En la vida diaria, unos pocos consumen mercancas que se han originado a partir de la explotacin intensiva de los ecosistemas de todo el mundo, como se ejemplifica con algunos datos elementales: () un ciudadano estadounidense requiere ms o menos cinco hectreas de un ecosistema productivo para mantener su consumo promedio de bienes y servicios, comparadas con menos de 0,5 hectreas que se necesitan para sostener el consumo de un habitante de un pas en desarrollo. Las emisiones per cpita anuales de CO2 ascienden a 11.000 kilogramos en los pases industrializados, donde hay muchos ms automviles, industrias y electrodomsticos, comparados con menos de 3.000 kilogramos en Asia [8].

Sin embargo, quienes ms directamente dependen y viven con los ecosistemas, indgenas, campesinos y mujeres, son los que menos disfrutan los productos que all se generan, tienen un peor nivel de vida y adems se ven perjudicados en forma inmediata y directa por su destruccin. Esto es causado por la apropiacin privada de los ecosistemas por parte del capitalismo, lo que da como resultado que quienes detentan ms capital y dinero tengan un mayor nivel de consumo y muchas ms posibilidades de beneficiarse de los bienes y servicios que originan los diversos ecosistemas. Cuando se contamina un ro o una costa, reduciendo la pesca, quienes lo sufren en carne propia no son los consumidores de las engalanadas mesas del Norte, sino los pescadores y sus familias que habitan en las costas o en los ros de los pases del Sur.

Para concluir este primer pargrafo puede decirse con plena seguridad que es imposible la existencia de las sociedades humanas sin ecosistemas, ya que stos son en realidad "los motores productivos del planeta". En forma ineludible, () los ecosistemas estn a nuestro alrededor: bosques, praderas, ros, aguas costeras y profundidades marinas, islas, montaas e incluso ciudades. Cada uno entraa la solucin a un desafo particular de la vida, solucin sta que se ha configurado a lo largo de los milenios; cada uno codifica enseanzas de supervivencia y eficiencia, a medida que incontables especies compiten por luz solar, agua, nutrientes y espacio. Si se la privara de sus ecosistemas, la Tierra se parecera a las imgenes desoladas y sin vida que proyectaron desde Marte las cmaras de la NASA en 1997 [9].

Pretender que la vida humana es posible sin los ecosistemas, tal y como afirman ciertos economistas y tecncratas, no pasa de ser una falacia justificatoria del irracional modelo de acumulacin capitalista, como si as se pudiera eludir los lmites naturales existentes que cuestionan la creencia absurda en un crecimiento econmico ilimitado. Slo individuos cnicos o mentirosos, engredos por su culto a la tecnologa y al consumo ostentoso, pueden decir barbaridades que rayan en la demencia. Por ejemplo, Adrian Berry lleg a sostener que () contrariamente a la creencia del Club de Roma, no hay "lmites al crecimiento". No hay ninguna razn por la que nuestra riqueza global, o por lo menos la riqueza de las naciones industriales, no siga creciendo indefinidamente a su promedio anual actual de un 3 o un 5%. Aunque se demuestre finalmente que los recursos de la tierra son finitos, los del Sistema Solar y los de la Gran Galaxia que lo rodea son, para todos los fines prcticos, infinitos [10].

Tal nivel de estupidez y de arrogancia con respecto a la naturaleza es notable pero no sorprendente, porque ella hace parte de la lgica capitalista que se ha enseoreado del mundo. Esa lgica la expresan mejor que nadie los economistas neoliberales, porque "quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista" [11].

2. La acentuacin del saqueo de materias primas y recursos naturales

En los ltimos aos se ha acentuado la explotacin de materias primas, incluyendo petrleo, recursos forestales, cobre, caf, banano, minerales, metales preciosos, diamantes, a despecho de la propaganda sosteniendo que ya no son importantes esas materias primas ni los recursos naturales, porque la sociedad posindustrial -en la que supuestamente nos encontraramos- ya no los necesita, dado que ahora lo que contara es el conocimiento y la informacin [12]. Esos supuestos de la "era de la informacin" no tienen nada que ver con la realidad, ya que los polos dominantes en el mercado mundial capitalista siempre deben recurrir a las fuentes materiales de produccin, porque para elaborar automviles, televisores, computadores, telfonos porttiles y todo tipo de objetos no se pueden violar las leyes fsicas ni producir cosas materiales a partir de la nada. Es necesario extraer la materia y la energa de los lugares donde se encuentre, e incluso, en los casos en que se avanza en la produccin de materiales sintticos que sustituyan a determinados productos, no puede eludirse la dependencia material de otro tipo de recursos (si en la produccin de determinadas partes del automvil se prescinde del hierro y se sustituye por plsticos, eso supone la incorporacin de mayores cantidades de petrleo).

Que los recursos materiales son y seguirn siendo importantes para el capitalismo y el imperialismo ha quedado demostrado en los ltimos aos con las guerras y conflictos azuzados o llevados a cabo por las potencias imperialistas. Dado el agotamiento de los recursos naturales no renovables y que otros renovables, en razn de su explotacin desaforada se estn convirtiendo en no renovables (plantas, animales y agua), los pases imperialistas compiten entre s para usufructuar esos recursos. Los Estados Unidos, el pas del mundo que ms consume y despilfarra materia y fuentes de energa, ha proclamado como un asunto de seguridad nacional el control de las fuentes de petrleo y de materias primas estratgicas, y las guerras y genocidios que ha organizado en los ltimos aos estn relacionados con la apropiacin de importantes reservas de crudo [13]. Basta recordar que en el documento Santa Fe IV se sostiene que el control de los recursos naturales de Amrica Latina no slo es una prioridad de los Estados Unidos, sino una cuestin de seguridad nacional.

Desde luego, esa guerra mundial por los recursos que se libra entre las potencias (pero no en sus pases sino en los territorios del Sur, convertidos en campos de batalla) tiene consecuencias ambientales evidentes al aumentar la presin sobre los ecosistemas, tendencia que es una continuacin de procesos tpicos del capitalismo desde la Revolucin Industrial, como se evidencia al recordar que entre 1770 y 1995 la tierra perdi ms de un tercio de los recursos existentes, una cifra impensable en cualquier otro momento de la historia humana y que "un 70% del bosque tropical seco ha desaparecido, junto con un 60% de los bosques de la zona templada y el 45% de la selva tropical hmeda" [14].

El saqueo de los recursos materiales y energticos que se encuentran en los pases dominados del Sur y del Este se ha institucionalizado a travs del impulso a las exportaciones por la va de los Planes de Ajuste Estructural, lo cual ha producido un regreso a las economas primarias tradicionales en muchos pases del mundo. Eso explica que el culto a las exportaciones y al comercio exterior haya adquirido tanta legitimidad poltica y justificacin terica (reviviendo el mito de las "ventajas comparativas") y se haya convertido en parte del imaginario poltico y econmico de las clases dominantes de los pases perifricos, deseosas de regalar en forma rpida todos los recursos naturales con que cuente el territorio de un pas, en aras de ser competitivos en el mercado mundial. Esta ideologa exportadora -que cuenta como sus principales exponentes al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y a la Organizacin Mundial de Comercio- es justificatoria del saqueo de materias primas y recursos naturales y oculta conscientemente los impactos ambientales que eso produce o, lo que es todava peor, pretendiendo que eso beneficia los ecosistemas al dejarlos bajo la regulacin del capital privado para capitalizar la naturaleza a su antojo, lo que finalmente nos beneficiar a todos. Este cinismo se encuentra detrs del discurso "verde" de todos aquellos interesados en llevarse hasta el ltimo pedazo de selva virgen que pueda quedar en algn lugar del mundo, dejando a su paso miseria y desolacin.

3. Biopiratera y saqueo de la diversidad biolgica y cultural de los pases dominados

El desarrollo de la ingeniera gentica y de la biotecnologa se est haciendo a partir de la base gentica natural existente en los diversos ecosistemas del mundo, como las selvas hmedas tropicales, los pramos y los manglares, muchos de los cuales haban permanecido al margen del saqueo de compaas y estados imperialistas. Con los avances tecnolgicos en la investigacin biolgica y biomdica en los laboratorios de las multinacionales -principalmente de los Estados Unidos-, esos recursos naturales gestados durante miles o millones de aos pasan a convertirse en un ansiado botn mercantil de las multinacionales o los centros cientficos de investigacin del Norte. En este sentido, puede hablarse de un verdadero expolio de los recursos biogenticos existentes en el Sur del mundo por parte del Norte, donde las empresas multinacionales empiezan a explotarlos comercialmente como expresin de lo que se ha denominado capital gentico. Este es un capital que parte de una base natural ya existente, que debera pertenecer a los pobladores de las regiones o localidades donde se encuentra pero es apropiado en forma fraudulenta por grandes compaas, las que a partir de esa base gentica desarrollan o reproducen medicamentos o productos que luego son patentados y apropiados por las compaas multinacionales. As, la biodiversidad se ha convertido en el nuevo coto de caza del imperialismo gentico, cuyo inters fundamental es apropiarse de esa riqueza. El nuevo colonialismo gentico supone, desde luego, un proceso de expropiacin en el que existen, en trminos sociales, ganadores y perdedores. El bando de los ganadores est constituido por las grandes compaas multinacionales de la biotecnologa y sus investigadores y el bando de los perdedores est formado por millones de campesinos e indgenas (expropiados de sus saberes ancestrales, de sus recursos, de sus plantas y animales) y la poblacin pobre de los pases situados en el Sur del mundo. Desde este ngulo, existe un intercambio genticamente desigual, caracterizado por el traslado masivo y tramposo de la riqueza natural que se alberga en los trpicos hacia los pases imperialistas, muy poco biodiversos y con una alta homogeneizacin gentica [15].

El ataque del imperialismo gentico contra la biodiversidad acenta el ecocidio contra las selvas y sus habitantes y reduce todava ms la maltrecha fuente de alimentos de la humanidad, ya que el 90% de nuestra dieta cotidiana est constituido por unas 15 especies agrcolas y 8 especies de animales. Con la Revolucin Biotecnolgica se acenta la homogeneizacin gentica de los principales cultivos, la desaparicin de las variedades locales que aun existen y la imposicin del latifundismo gentico, impulsado por las grandes empresas multinacionales de la alimentacin y los agroqumicos.

La expropiacin de las riquezas biolgicas de las selvas y bosques tropicales forma parte de una nueva fase de dominacin imperialista, tan rapaz y genocida como los anteriores perodos de saqueo colonialista del planeta. La expropiacin gentica constituye uno de los soportes del tan alabado avance de la biotecnologa en los centros imperialistas, donde se consuma la reduccin de los seres humanos y de todas las formas de vida a simples mercancas para valorizar grandes capitales, sin que importen los efectos perversos de esa lgica criminal y depredadora.

4. El traslado de desechos txicos (nucleares y radiactivos) del Norte al Sur

El capitalismo genera una gran cantidad de desechos tras la obsolescencia de las mercancas. Si para confeccionar productos se usan materiales txicos o radiactivos, como en efecto sucede con la industria microelectrnica y otras ramas de la produccin industrial, es obvio que se originen desechos radioactivos. Para los pases capitalistas del centro se hace imprescindible liberarse de esos desechos txicos y convertir su comercializacin en una lucrativa industria y es "una estrategia central del Nuevo Orden Mundial, una forma intencionada de cercar tierras y recursos -el mismsimo aire que respiramos-, previamente de propiedad comn, y establecer el comercio en derechos de polucin" [16]. El capitalismo "descubri" que hasta los desechos txicos pueden convertirse en una mercanca susceptible de ser vendida a los pases ms desprotegidos y miserables, y ha procedido a poner en prctica esa estrategia comercial, lo que ha dado como resultado que "prsperos empresarios" de los pases imperialistas, en alianza con sus respectivos estados, estn asumiendo la tarea de envenenar el suelo, el mar y el aire de pases enteros, con la consiguiente enfermedad y muerte de seres humanos y animales.

Los Estados Unidos encabezan la lista de pases que anualmente envan miles de toneladas de residuos txicos, encubiertos como fertilizantes, que son vertidos en las playas y tierras productivas de Bangla Desh, Hait, Somalia, Brasil, y otros pases. La administracin de Bill Clinton (1993-2001), por ejemplo, acept que las grandes corporaciones estadounidenses mezclaran cenizas de incineradores -que tienen altas concentraciones de plomo, cadmio, y mercurio- con productos agroqumicos. Este veneno qumico se vende a agencias y gobiernos extranjeros que, o no sospechan de ese contenido o simplemente hacen la vista gorda [17]. El traslado de desechos txicos al Sur del planeta no es el resultado de imprevisiones o fruto necesario del "progreso tcnico", sino que hace parte de la lgica de un explcito racismo ambiental que tiene como finalidad expresa la contaminacin de seres humanos y de pases considerados como inferiores. La lgica criminal del racismo ambiental se basa en el supuesto de que unos grupos humanos tienen el derecho a consumir hasta el hartazgo, sin miramientos con los que viven en condiciones infrahumanas de vida, y luego enviarles los residuos txicos a sus territorios. Semejante prctica genocida se sustenta en la conviccin de las clases dominantes de todo el mundo de que su sola existencia es beneficiosa para el planeta, y los otros seres humanos deben resignarse a aceptar ese destino inexorable en el que slo los ricos y opulentos tienen derecho a una vida sana y limpia. Es la tpica ilusin NIMBY (Not in My Blacyard- No en mi jardn) que concibe como posible mantener al mismo tiempo un aumento incontrolable en el consumo de productos y preservar el medio ambiente circundante en condiciones adecuadas, para lo cual no importa contaminar el jardn del vecino con tal de mantener limpio el mo.

El traslado de residuos contaminantes a los pases dominados se ha convertido en un lucrativo negocio para ciertas compaas de los pases imperialistas. Aunque la mayor parte de las materias primas utilizadas en la produccin de las mercancas proceden del mundo pobre y dependiente -cuando esas materias tenan un valor de uso, es decir, se podan utilizar- se convierten en basura inservible luego de que han sido utilizados por los usuarios y consumidores del Norte y por sus pocos mulos en los pases del Sur. Y es en este momento cuando nuevamente se piensa en esos pases pobres como receptculo de los desperdicios que origina el consumo desenfrenado de los opulentos del Norte. Los pases altamente industrializados, se encuentran literalmente inundados de desechos y productos txicos, tal y como sucede en los Estados Unidos. Sus ros y lagos estn tan contaminados que las grandes empresas han abierto mercados para sus "apetecidos" residuos txicos, como ya se hizo desde mediados de la dcada de 1980 cuando vertieron miles de barriles de residuos de mercurio en los ros sudafricanos [18].

La exportacin de residuos txicos por parte de los Estados Unidos est estrechamente emparentada con sus estrategias polticas ante los pases pobres del mundo. La destruccin ecolgica, la pobreza forzada, la guerra de contrainsurgencia, la corrupcin y brutalidad poltica y el vertido de residuos txicos provenientes del extranjero forman parte de la misma estrategia. El comercio de residuos txicos es una estrategia central del nuevo desorden mundial con la finalidad de apropiarse de las tierras y recursos de los pueblos ms pobres, incluyendo el propio aire que respiramos, para establecer el comercio de derechos de polucin. Pero, al mismo tiempo, es un medio de proletarizar a campesinos y aldeanos, conducindolos a nuevas formas de explotacin del trabajo y tambin una manera de arrasar con los ecosistemas del Sur.

Mientras en el Norte se hacen ms fuertes las regulaciones ambientales, sus empresas y capitalistas se encargan de impulsar la contaminacin en el Sur y el Este del mundo. Los Estados Unidos se oponen a la reglamentacin del transporte de residuos peligrosos y tambin han bloqueado las propuestas de otros pases encaminadas a prohibir los embarques de residuos hacia los pases pobres. No es de extraar, pues, que al mismo tiempo haya convertido a martirizados pases como Hait, Guatemala, Salvador y Somalia en zonas de descarga de sus residuos industriales, una forma premeditada de envenenamiento de los pases neocolonizados.

5. El desconocimiento de la deuda ecolgica que el imperialismo le debe al mundo dependiente

Por deuda ecolgica debe entenderse el no pago por parte de los pases altamente industrializados de los daos causados durante varios siglos por la explotacin indiscriminada de los recursos naturales destinados a la exportacin, sin que se contabilizaran los impactos negativos sobre los ecosistemas y el hbitat locales. En forma ms concreta se puede considerar como () la deuda contrada por los pases industrializados del Norte con los pases del Tercer Mundo a causa del saqueo de los recursos naturales, los daos ambientales y la libre utilizacin de espacio ambiental para depositar desechos, tales como los gases de efecto invernadero, producidos por esos pases industrializados [19].

En consecuencia, los verdaderos deudores son las clases dominantes de todo el mundo, en primer lugar las de los pases colonialistas e imperialistas.

En contra del sentido comn de los tecncratas neoliberales, de los banqueros y de los representantes del capital financiero y de las transnacionales, la nocin de deuda ecolgica destaca que los pases del Norte le deben a los pobres del mundo por haber ocasionado un "dficit terrestre (...) provocado por el aniquilamiento de los sistemas vitales bsicos del planeta debido al abuso de su aire, sus suelos, las aguas y la vegetacin". La responsabilidad de este dficit recae en forma desigual para los pobres y los opulentos, en la medida en que el consumo y el nivel de vida son diferentes entre unos y otros. Por esa razn, la deuda ecolgica est relacionada con el racismo ecolgico, ya que quienes ms soportan los efectos de la devastacin ambiental son los pobres, los campesinos, los indgenas, las mujeres humildes y los trabajadores. En otros trminos, para comprender la deuda ecolgica es menester introducir un anlisis de clase, de gnero y de etnia, que permita determinar la forma como los ms pobres son afectados por la degradacin ambiental.

En una perspectiva histrica, durante los ltimos cinco siglos los habitantes de los pases imperialistas han contrado una deuda con los pobres del mundo, como resultado de una diversidad de procesos mutuamente relacionados entre los que sobresalen: la extraccin de los recursos (minerales, marinos, forestales y genticos) en los pases del Sur; la consolidacin de un intercambio ecolgicamente desigual, como resultado del cual se exportan bienes primarios sin evaluar econmicamente el impacto social y ambiental generado por su extraccin o produccin; el saqueo, destruccin y devastacin de hombres y culturas desde la era colonial; la apropiacin de conocimientos tradicionales de los pueblos indgenas sobre semillas y plantas medicinales, en los que se sustentan las modernas agroindustrias y la biotecnologa; la destruccin de las mejores tierras de cultivo y de los recursos marinos para la exportacin, debilitando la autosuficiencia alimentaria y la soberana cultural de las comunidades del Sur; la contaminacin de la atmsfera por parte de las naciones industrializadas debido a la excesiva emisin de gases que han afectado a la capa de ozono, provocando el efecto invernadero y desestabilizando el clima; la apropiacin desproporcionada de la capacidad de absorcin de dixido de carbono que tienen los ocanos y bosques del planeta; la produccin de armas qumicas y nucleares, cuya puesta a punto se hace con frecuencia en los pases del Sur; y la venta de plaguicidas que no son usados en el Norte y el almacenamiento de desechos txicos en los pases del Sur [20].

Con respecto a las relaciones entre deuda externa y deuda ecolgica cabe destacar dos aspectos: 1) los precios de las exportaciones no incluyen los diversos costos sociales y ambientales, que no se contabilizan (es decir, son gratuitos) y los saberes (por ejemplo el conocimiento exportado desde Amrica Latina sobre el manejo de determinados productos, como la papa o el maz) tampoco se pagan. Pero al mismo tiempo las emisiones de gas carbnico que se producen a gran escala en el Norte son absorbidas gratis por la vegetacin o los ocanos de todo el mundo, incluyendo al Sur del planeta. Es como si los ricos del mundo se hubieran "arrogado derechos de propiedad sobre todos los sumideros de CO2, los ocanos, la nueva vegetacin y la atmsfera" [21]; 2) la cancelacin de la deuda externa degrada la naturaleza, puesto que para pagarla debe aumentarse la produccin lo cual por lo comn se hace a costa del empobrecimiento de la gente y de una mayor extorsin de la naturaleza. En la medida en que se dedican ms recursos para exportacin con la finalidad de pagar la deuda externa, sta aumenta y al mismo tiempo los pases pierden sus riquezas naturales. Esta es una muestra palpable de injusticia econmica y ambiental, propia del sistema capitalista e imperialista. Como parte de esa injusticia, la deuda externa se sigue cobrando -y pagando, que es lo peor- cumplidamente, pero la deuda ecolgica contrada por los pases imperialistas nunca se menciona, como si no existiera.

Existe una estrecha relacin entre la deuda externa (financiera) que desangra a los pases dependientes y la deuda ecolgica (nunca reconocida por los pases dominantes en el sistema mundial), debido a que las divisas destinadas al pago de los intereses y amortizaciones de la deuda externa aumentan la extraccin de recursos naturales, para convertirlos en exportaciones al mercado externo con el fin de obtener dinero para seguir pagando las deudas. El costo ambiental de ese proceso se materializa en hechos como los siguientes:

- Acelerada deforestacin que destruye la biodiversidad y convierte en desiertos vastas superficies de tierras anteriormente frtiles. "Desde 1970 las reas arboladas han disminuido de 11,4 kilmetros cuadrados por cada mil habitantes a slo 7,3 kilmetros cuadrados".

- La utilizacin de las mejores tierras de cultivo para la exportacin ha forzado a los campesinos a cultivar tierras marginales. Por ejemplo, la utilizacin para el cultivo de laderas escarpadas, vulnerables a la erosin, ha favorecido los fatales deslizamientos de lodo que recientemente han afectado a Honduras, Nicaragua y Venezuela.

- Incremento del uso de plaguicidas y fertilizantes qumicos. Por ejemplo, la industria bananera de diversos pases utiliza el plaguicida DBCP, que provoca esterilidad masculina.
- Destruccin de los manglares para la cra del camarn, favoreciendo as las inundaciones en las zonas costeras. En Ecuador, el 70% de los manglares ha sido destruido para instalar criaderos de camarn para la exportacin, afectando con ello la supervivencia de los pescadores tradicionales y aumentando las posibilidades de inundaciones provocadas por el fenmeno de El Nio.

- Consumo excesivo de combustible, disminucin del valor nutricional e incremento del uso de conservantes, provocados por el transporte de alimentos a grandes distancias.

- Sustitucin de la diversidad biolgica por monocultivos y bosques artificiales. La explotacin comercial de las plantaciones forestales extrae la madera y destruye el resto por considerarlo "desechos".

- Pesca excesiva: "Las existencias mundiales de pesca estn en declive, con una cuarta parte ya agotada o en vas de serlo y otro 44% explotado al lmite de su continuidad biolgica".
- Destruccin de hbitats naturales y humanos como resultado de los riesgos de la extraccin de petrleo. Por ejemplo, los daos provocados por la Shell en el delta del ro Nger, hogar del pueblo Ogoni [22].

Un procedimiento adecuado para sopesar la deuda ecolgica contrada por los voraces consumidores de los pases imperialistas y los subconsumidores del Sur consiste en comparar sus respectivas huellas ecolgicas. Por huella ecolgica se entiende la cantidad de "tierra cultivable, zonas de pastoreo, bosques, produccin ocenica y capacidad de absorcin de dixido de carbono que es consumida por una persona promedio en un rea geogrfica determinada" [23]. Esa nocin apunta a medir el impacto de los modelos de consumo con relacin a la capacidad de carga del planeta, por lo cual se entiende el mximo de poblacin de una determinada especie que puede sobrevivir en cierto hbitat sin provocarle daos irreversibles. En el caso de un pas determinado, la huella ecolgica mide la superficie biolgicamente productiva que es necesaria para mantener el nivel de recursos de ese pas y para absorber sus desechos:

Cuando la huella ecolgica de un pas es mayor que su capacidad ecolgica de carga, ese pas tiene que "importar" capacidad de carga de algn otro sitio y/o consumir su capital natural a un ritmo mayor que el de la regeneracin de la naturaleza. Esto se logra importando alimentos, combustible o productos forestales o agotando su provisin de recursos renovables y no renovables (por ejemplo, combustibles fsiles). Tambin puede "exportar" desechos, como el exceso de emisiones de dixido de carbono que su masa forestal o los ocanos circundantes no pueden absorber [24].

Se ha establecido que la huella ecolgica promedio de un habitante humano en el planeta es de 7,7 hectreas, pero que los pases altamente industrializados superan con creces esa media en tanto que los pases dependientes estn sensiblemente por debajo de la misma. De esta forma, por ejemplo, Canad tiene una capacidad ecolgica de carga de 9,6 hectreas per capita, mientras que en el otro extremo Bangla Desh, con una huella ecolgica de slo 0,5 hectrea per cpita dispone de una capacidad de carga de tan solo 0,3 hectrea por persona. Considerando los resultados de la huella ecolgica por pases se encuentra que a escala mundial el 77% de la poblacin humana tiene una huella ecolgica menor que la media, de slo 1,02 hectrea, pero el otro 23% -los verdaderos deudores ecolgicos- ocupa el 67% de la huella de toda la humanidad. Esto quiere decir que slo un quinto de la poblacin utiliza dos tercios de la capacidad de carga. Es esa quinta parte de deudores ricos la responsable de que la humanidad est consumiendo un 40% ms de recursos de los que pueden regenerarse sosteniblemente. Por cada persona que utiliza el triple de lo que en justicia le corresponde de la capacidad de carga del planeta, hay tres que sobreviven con slo un tercio de lo que realmente les correspondera [25].

6. Intercambio ecolgico desigual

Cuando se analiza la dominacin imperialista suele hablarse del intercambio econmico desigual expresado en la clebre formulacin terica del deterioro de los trminos de intercambio, con lo que se quiere expresar que en el mercado mundial tienden a depreciarse los productos primarios y a encarecerse los bienes manufacturados. Mirada en el largo plazo esta tendencia perjudica a los pases productores de materias primas. Pero sin desconocer la importancia de este intercambio desigual en trminos econmicos, es necesario considerar el intercambio ecolgico desigual, algo poco estudiado. Por tal puede entenderse el resultado ambiental -negativo para los pases dependientes- de la importacin por parte de los pases altamente industrializados de productos del Sur a bajos precios, que no toman en consideracin el agotamiento y perennidad de tales recursos [26]. Esto sucede hoy con recursos naturales, como la madera (de la cual el Japn es uno de los primeros compradores del mundo), minerales, petrleo y especies exticas. Tambin debe considerarse como parte de ese intercambio ecolgico desigual el envenenamiento de aguas, aire, tierras y seres humanos que se produce como resultado de la aplicacin de plaguicidas en las plantaciones agrcolas de empresas imperialistas en pases dependientes (como hicieron en Nicaragua las compaas bananeras). Mientras que las compaas transnacionales se llevan el producto para ser vendido y consumido en su pas de origen, en las zonas productoras queda la desolacin, la muerte y el veneno por todos lados.

En pocas palabras, intercambio ecolgicamente desigual "significa el hecho de exportar productos de pases y regiones pobres, sin tomar en cuenta las externalidades locales provocadas por estos productos o el agotamiento de los recursos naturales, a cambio de bienes y servicios de regiones ms ricas" [27]. Y lo ms importante radica en que esa nocin tiene implicaciones polticas, al destacar que la pobreza y la carencia de soberana y autonoma por parte de las regiones exportadoras, debido a su condicin dependiente y subordinada en el plano mundial, estn en la base de ese intercambio desigual que finalmente perjudica a los pobres de dichas regiones, en virtud de la irremediable destruccin de sus ecosistemas sin que la misma sea asumida por los pases imperialistas y sus empresas, que lucran con los productos que all se generan.

7. Violacin de las aguas territoriales de los pases dependientes por parte de las flotas pesqueras de las grandes potencias

El ritmo infernal de pesca que se ha practicado durante las ltimas dcadas, a medida que aumenta el consumo de pescado o productos derivados en los pases del Norte, ha agotado los principales bancos de peces en todo el mundo, comenzando por los mares y ros de esos mismos pases. Un buen ejemplo al respecto es el del bacalao, un producto esencial para la subsistencia de miles de pescadores artesanales en las costas canadienses de Terranova, que, por la accin de los grandes pesqueros comerciales, ha sido diezmado, terminando no slo con el recurso sino tambin con los propios pescadores [28]. Como resultado del agotamiento de los bancos de peces en las aguas del Atlntico norte, grandes buques pesqueros de los pases europeos, de los Estados Unidos y de Japn, incursionan en las aguas de todo el mundo para depredar literalmente todo lo que encuentran a su paso. Ahora, la pesca en alta mar est dominada por grandes barcos que operan a gran velocidad y "llevan detrs inmensos sistemas de redes que barren todo a su paso, sin tener en cuentas los cupos de peces y con una total indiferencia hacia el medio ambiente" [29]. Esto ha ocasionado la extincin de cientos de especies marinas y una drstica reduccin del volumen de pesca a nivel mundial. Tambin ha significado el empobrecimiento o la ruina de los pequeos pescadores artesanales en diversos lugares del mundo, una consecuencia dramtica porque en los pases de la periferia existen millones de personas cuya vida se ha desenvuelto durante cientos o decenas de aos en torno a la pesca [30].

8. Exportaciones forzadas de especies animales y vegetales

Este comercio desigual que se hace siempre en la direccin Sur-Norte es realizado por mafias organizadas y tiene como objetivo transportar mascotas de compaa o producir mercancas exticas a partir de partes animales (piel, marfil, dientes) para adornar a la burguesa de los pases industrializados. Este comercio ilegal es tan significativo que se considera como la segunda actividad comercial subterrnea, solamente superada por el comercio de estupefacientes. Anualmente circulan en forma ilegal 50 mil primates, 4 millones de aves, 350 millones de peces tropicales, de todos los cuales mueren en el viaje entre el 60 y el 80%. [31]. Para que este negocio funcione existen complejas redes de traficantes de animales, emparentadas con otras actividades como el narcotrfico, en las que participan funcionarios estatales y empresarios privados tanto de los pases pobres como de los pases ricos. Solo de esa forma pueden ser extrados de la Amazona brasilea, para sealar el caso ms aberrante de expoliacin imperialista, 12 millones de animales, de los cuales muy pocos llegan vivos a su destino final, puesto que slo uno de cada diez resiste las travesas, el cambio de hbitat, la suciedad o el maltrato [32]. No es coincidencia, entonces, que en el Brasil 208 especies estn seriamente amenazadas [33].

El mercado de los animales y de las plantas exticas est claramente definido en trminos econmicos y geogrficos: la oferta la suministran los pases tropicales y la demanda se concentra en los pases industrializados. En estos ltimos se presenta un consumo insostenible de fauna extica, abastecido por pases en los cuales los campesinos y los trabajadores soportan peores condiciones de existencia. En ese mercado internacional existen consumidores conspicuos que buscan ejemplares raros, pero tambin debe incluirse a la industria farmacutica, que compra por ejemplo especies venenosas como araas y serpientes para experimentar y producir nuevos medicamentos y productos.

La Unin Europea es el principal consumidor de animales exticos, siendo el primer importador mundial de pieles de reptil, de loros, de boas y de pitones y el segundo importador, despus de los Estados Unidos, de primates y felinos. En ese mercado internacional de seres vivos Espaa desempea un papel significativo, por su posicin geogrfica que sirve de puente entre frica Ecuatorial, Amrica Latina y el sudeste asitico, con los Estados Unidos y otros lugares de Europa.

9. A manera de conclusin: el capitalismo y la ecologa son mutuamente excluyentes

La crisis ambiental de nuestro tiempo ha sido producida por el modo de produccin capitalista, debido a su carcter mercantil orientado a producir no para satisfacer necesidades sino para incrementar la ganancia individual. Este hecho aparentemente elemental que rige el funcionamiento del capitalismo constituye la base del agotamiento de los recursos naturales, expoliados a un ritmo nunca antes visto en la historia de la humanidad, al mismo tiempo que produce desechos y contaminacin de manera incontrolable. Desde este punto de vista el capitalismo tiene dos caractersticas claramente antiecolgicas: la pretensin de producir de manera ilimitada en un mundo donde los recursos y la energa son limitados; y originar desechos materiales que no pueden ser eliminados -cosa imposible en concordancia con las leyes fsicas- y que deben ir a alguna parte, lo cual supone exportarlos a los pases ms pobres de la tierra. Como bien lo dice James OConnor () la naturaleza es un punto de partida para el capital, pero no suele ser un punto de regreso. La naturaleza es un grifo econmico y tambin un sumidero, pero un grifo que puede secarse y un sumidero que puede taparse. La naturaleza, como grifo, ha sido ms o menos capitalizada; la naturaleza como sumidero est ms o menos no capitalizada. El grifo es casi siempre propiedad privada; el sumidero suele ser propiedad comn [34].

Est absolutamente demostrado por todos los indicadores de deterioro ambiental que la ecologa y el capitalismo son polos opuestos de una contradiccin insalvable, puesto que el capitalismo se basa en la lgica del lucro y de la acumulacin sin importar los medios que se empleen para lograrlo, ni la destruccin de recursos naturales y ecosistemas que eso conlleve. Se podra argir en contra de esta afirmacin que hoy el capitalismo tiene un discurso ecolgico y preocupaciones "verdes". Desde luego que s, pero detrs de ese discurso se esconden los grandes grupos corporativos interesados en expoliar hasta el fin al medio ambiente y de convertirlo en una mercanca muy rentable que genere pinges beneficios. En otros trminos, hasta la ecologa y el medio ambiente se han convertido en una mercanca ms, lo cual tiene implicaciones negativas sobre las mismas posibilidades de existencia y reproduccin de la vida en sus ms diversas manifestaciones, y esa mercanca ecolgica (expresada en la retrica insulsa del pretendido "desarrollo sustentable" y el "capital verde") tambin se ha mundializado como resultado de la expansin imperialista de las ltimas dcadas.

En esa perspectiva, pueden sealarse los tres nudos problemticos que, en trminos ambientales, ha generado el capitalismo, tal y como lo ha analizado en varias investigaciones el telogo brasileo Leonardo Boff: el nudo de la extincin de los recursos naturales; el nudo de la sostenibilidad de la tierra; y el nudo de la injusticia social mundial. En cuanto a la extincin de los recursos naturales estamos asistiendo al ms acelerado exterminio de especies de seres vivos, la peor de los ltimos 65 millones de aos, ya que diariamente desaparecen para siempre unas 10 especies y anualmente unas 20.000. Esta cifra adquiere relevancia si se considera que en la ltima gran extincin de especies desaparecan dos o tres por ao. Otro de los recursos que se agota rpidamente es la tierra frtil, convertida en desierto rural o urbano, deforestada y seca. Al mismo tiempo, la sostenibilidad de la tierra est seriamente en duda ante los procesos en curso, entre los que sobresale el calentamiento global, con sus consecuencias nefastas de alteracin climtica en todo el orbe, aumento en el nivel de los mares, inundaciones, sequas, huracanes, etctera, fenmenos todos que pueden llegar a alterar el equilibrio qumico-fsico y biolgico de la tierra. En lo que respecta a la injusticia social mundial, que se manifiesta en la concentracin del ingreso y la prosperidad en reducidos sectores de las elites dominantes en todo el mundo al lado de la miseria y la pobreza de millones de seres humanos, tiene una relacin directa con la apropiacin de recursos y energa por esa minora opulenta [35].

En este artculo se han descrito y analizado en forma apretada algunas de las caractersticas del imperialismo ecolgico, sin que hayamos considerado todos los aspectos que pueden ser estudiados a partir del uso de dicha categora. Simplemente, se ha pretendido demostrar la utilidad de esta nocin para entender y enfrentar algunos de los problemas ambientales ms lgidos de nuestro tiempo, los cuales no son resultado, ni mucho menos, de catstrofes naturales o fuerzas incontrolables, como se ha dicho tan reiteradamente durante todo el ao 2005, despus del tsunami en el Ocano Indico en diciembre de 2004 o del huracn que asol a Nueva Orlens. Teniendo en cuenta los elementos expuestos, es evidente que el imperialismo ecolgico tiene mltiples dimensiones, que ameritan ser consideradas, tanto para entender la voracidad del imperialismo contemporneo como para organizar luchas de resistencia y defensa de los ecosistemas por parte de todos aquellos que sentimos que la naturaleza se ha convertido en el ltimo coto de caza de la mercantilizacin ecocida del capitalismo mundial.

* Renn Vega Cantor es profesor de la Universidad Pedaggica Nacional, Bogot-Colombia, y colaborador de la revista Herramienta. Este artculo fue publicado en Revista Herramienta N31-Buenos Aires, marzo 2006 -Boletn informativo - Red solidaria de la izquierda radical y Ecoportal.net

 

Notas

[1] Barry Componer (1992), En paz con el planeta, Barcelona, Editorial Crtica, pg. 137.
[2] Mitchel Cohen "Residuos txicos y el Nuevo Orden Mundial", en www.rebelion.org/ecologia/040128cohen.htm
[3] Ramn Tamanes (1983), Ecologa y desarrollo. La polmica sobre los lmites al crecimiento, Madrid, Alianza Editorial, pg. 147.
[4] "El vnculo entra la gente y los ecosistemas", en www.agrovia.com/ambiente/pdf/MAB
[5] Ibd.
[6] Ibd.
[7] Ibd.
[8] Ibd.
[9] Ibd.
10] Adrian Berry (1997), Los prximos diez mil aos, Madrid, Alianza Editorial, pg. 65.
11] Citado en J. Riechmann (2004), Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecologa, tica y autolimitacin, Madrid, Libros de la Catarata, pg.133.
12] Entre los autores que enfatizan este tipo de concepciones podemos mencionar a Jeremy Rifkin (2000), en La era del acceso. La revolucin de la nueva economa, Barcelona, Editorial Paidos, pgs. 49 y ss.
13] Michael T. Klare (2003), Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto global, Barcelona, Ediciones Urano, pg. 23.
14] Ibd., pgs. 37, 39.
[15] Vandana Shiva (2001), Biopiratera. El saqueo de la naturaleza y el conocimiento, Barcelona, Editorial Icaria, pg. 90; Isabel Bermejo, "El debate acerca de las patentes biotecnolgicas", en Alicia Durn y Jorge Riechmann (1997), Genes en el laboratorio y en la fbrica, Madrid, Editorial Trotta, pgs. 53-70.
[16] M. Cohen, op. cit.
[17] Ibd.
[18] Ibd.
[19] John Dillon, "Deuda ecolgica. El Sur dice al Norte: es hora de pagar", en www.debtwatch.org/cat/formacio/maleti/material/de/da/dillon.pdf
[20] Ibd.
[21] Joan Martnez Allier y Arcadi Olivares (2003), Quin debe a quin? Deuda externa y deuda ecolgica, Barcelona, Editorial Icaria, pg. 43.
[22] J. Dillon, op. cit.
[23] Ibd.
[24] Ibd.
[25] Ibd.
[26] Juan Martinez-Alier (1996), "De leconomie politique lecologie politique", Un sicle de marxisme. Bilan et prospective critique, Pars, pg. 177.
[27] Joan Martnez Allier (2005), El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y lenguajes de valoracin, Barcelona, Editorial Icaria, pg. 275.
[28] James Petras y Henry Veltmeyer(2003), Un sistema en crisis. La dinmica del capitalismo de libre mercado, Mxico, Editorial Lumen, pgs. 171 y ss.
[29] Ibd, pg.183.
[30] Joni Seager (1995), Atlas de la terre. Le cot cologique de nos modes de vie, la politique des Etats: une vision densemble, Pars, Autrement, pgs. 68-69 y 120-121.
[31] Ibd, pgs. 80-81 y 124-125
[32] Mario Osava, "Trfico de animales, un negocio millonario", en web.chasque.net/informes/agosto-2001/info2001-08-15.htm; "Comercio internacional de animales y plantas", en www.!espaa.es/naturaeduca/conserva_comercio.htm; "El trfico ilegal de especies", en www.!espaa.es/naturaeduca/hom_traficoespecies.htm; "Animales y plantas en peligro de extincin", en www.anbientum.com.revista/2003_04/EXTINCION_imprimir.htm
[33] M. Osava, op. cit.
[34] James OConnor (2001), Causas naturales. Ensayos de marxismo ecolgico, Mxico, Siglo XXI Editores, pg. 221.
[35]Leonardo Boff, "La contradiccin capitalismo/ecologa", en www.latinoamericana.org/2005/textos/castellano/Boff.htm



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