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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2006

Cronopiando
Las canciones infantiles

Koldo
Rebelin

(Texto extrado del libro de Koldo Diario de Itxaso)


Uno de los aspectos ms preocupantes en relacin a la educacin musical de los bebs es el de las llamadas canciones infantiles. Y bsicamente por dos graves razones: La primera, porque las canciones infantiles que se cantan actualmente son, en general, las mismas que ya eran viejas cuando las cantaban nuestros abuelos, lo que denota una absoluta falta de inters por parte de la sociedad en la que nacemos de ofrecernos alternativas ms contemporneas y, sobre todo, menos deprimentes.
Y esta es la segunda razn, la espeluznante, porque no tiene otra palabra, sucesin de barbaridades, letra y msica, que se nos sugiere como canciones inocuas, incluso, pedaggicas, y que no dudo tengan mucho que ver con algunas agresivas conductas que estamos manifestando hasta en nuestra ms tierna infancia.
Sus textos son, sencillamente, abominables, y buscan inducir al beb o al menor a conductas egostas, machistas y hasta promiscuas.
Si de muestra vale un botn, aqu les dejo una:

 

Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera,
me da leche merengada, Ay que vaca tan salada!
Toln toln! Toln, toln!
Un cencerro le he comprado y a mi vaca le ha gustado,
se pasea por el prado, mata moscas con el rabo
Toln, toln! Toln, toln!
Qu felices viviremos cuando vuelvas a mi lado,
con sus quesos, con tus besos, los tres juntos Qu ilusin!
Toln, toln! Toln, toln!
 

Alguien puede explicarme que es lo que se est sugiriendo con tan particular menage a trois en el que, a falta de un tercer hombre o tercera mujer, aparece una vaca que ya daba leche y que ahora promete el queso, a lo que habra que aadir los besos de la damatoln, toln.

Qu derecho puede tener un padre que haya arrullado el sueo de su hijo con semejante cancin infantil, a recriminarle que, cualquier da se acueste con la vecina y con el perro?
 
Y no es el nico ejemplo:
 
Al pasar la barca, me dijo el barquero
las nias bonitas no pagan dinero.
Al volver la barca me volvi a decir
las nias bonitas no pagan aqu.
Yo no soy bonita ni lo quiero ser,
las nias bonitas se echan a perder.
como soy tan fea, yo le pagar,
arriba la barca de Santa Isabel.
 

Supongo que no se precisan excesivas cavilaciones para llegar a la conclusin de lo que se plantea en esta cancin infantil, tan tradicional como perversa.

Ante la sutil propuesta del pederasta barquero, que, adems, es reincidente, a la nia, el autor de la cancin no le da ms opciones para defenderse del acoso al que la somete el barquero, que asumirse fea, renunciar a su propia estima.
Mientras el barquero, al parecer, sigue ejerciendo su trabajo y sus extraos cobros sin que una denuncia lo someta, sin que la polica lo moleste, la nia es la que debe renunciar a su vida para no echarse a perder porque es ella, en definitiva, la que se pierde.
 
Y la misma situacin, aunque con diferente desenlace, nos encontramos en otra tradicional cancin infantil:
 

El cocherito ler, me dijo anoche ler,
que si quera ler, montar en coche ler.
Y yo le dije ler, con gran salero ler,
no quiero coche ler, que me mareo ler
 

Otro pederasta suelto, en este caso el chofer del coche que, al paso de la nia, le ofrece montarla.
La diferencia con respecto al anterior ejemplo, es que, al menos, la nia de esta cancin no se ve obligada a cambiar de acera por la impune presencia en la calle del cocherito porque, al igual que en la otra cancin, el pederasta sigue fungiendo como chofer, reiterando sus propuestas a todas las nias que pasen y sin que la justicia acte.
 
El que las canciones infantiles sean tan viejas, tan nada que ver con nuestra realidad, puede ser causa, incluso, de serias confusiones polticas.
 

Quisiera ser tan alta como la luna, ay, ay, como la luna
como la luna.
Para ver los soldados de Catalua, ay, ay, de Catalua,
de Catalua.
De Catalua vengo de servir al rey, ay, ay, de servir al rey,
de servir al rey.
Y traigo la licencia de mi coronel, ay, ay, de mi coronel,
de mi coronel.
 
 

Otras veces, los textos ya no es que parezcan de hace dos siglos sino que resultan absolutamente inverosmiles. Y para muestra, el siguiente:
 

Cuc, cantaba la rana; cuc, debajo del agua.
Cuc, pas un caballero; cuc, con capa y sombrero.
Cuc, pas una seora; cuc, con traje de cola.
Cuc, pas un marinero; cuc, vendiendo romero.
Cuc, le pidi un ramito; cuc, no le quiso dar.
Cuc, y se ech a llorar.
 

Ranas al margen, no voy a preguntarles si han visto pasar a ese caballero, cuc, de capa y sombrero por alguna esquina de su barrio. Tampoco si han visto a la seora, cuc, con traje de cola en la fila del supermercado. Porque podra resultar que s, que s han visto, acaso una vez, a la seora y al caballero. Lo que estoy seguro no habrn visto nunca es a un marinero vendiendo romero. Yo, lo reconozco, ni siquiera he visto a un marinero pero, cuando lo vea, supongo que lo ver pescando merluzas o limpiando bacalaos, no vendiendo romero. Y si alguien en el mercado me vende romero, s que no va a ser un marinero.
Tampoco se entiende el reproche final hacia el inslito marinero por no querer dar romero a quien se lo pide. Si hemos dejado sentado que est vendiendo romero no lo va a dar, as por la cara bonita del caballero o de la seora que, en lugar de pedir un ramito, debieran comprarle el puesto, que una cosa es que sea marinero y otra que sea bobo.
Y si lloran, que lloren.
 
El sentido de la propiedad es una constante en las canciones infantiles. Como si hubiera, y no lo dudo, un especial inters en fijar a tan temprana edad semejante concepto, son numerosas las referencias a la propiedad que se hacen en las canciones, al igual que la conveniencia de no dar, de no ser solidario.
Ejemplos:
 

Tengo una vaca lechera.
Tengo, tengo, tengo, t no tienes nada
Tengo una mueca vestida de azul
Yo tengo un castillo, matarile rile rile
El patio de mi casa es particular
Antn Pirulerocada quien, cada quien, que atienda su juego
le pidi un ramito, no le quiso dar (Cuc cantaba la rana)
que rompa los cristales de la estacin, y los tuyos s y los mos no (Que llueva, que llueva)
 
 

Si en algo han demostrado eficacia estas, aparentemente, inofensivas cancioncitas infantiles, ha sido en lo tocante a reproducir la ideologa machista y establecer los roles que deben empezar a jugar los hijos, tambin, cuando son hijas.
Entre otros vergonzosos ejemplos, les apunto los siguientes:
 

Soy capitn de un barco ingls,
y en cada puerto tengo una mujer.
La rubia es fenomenal
y la morena tampoco est mal.
Si alguna vez me he de casar
me casar con la que me guste ms
 
Arroz con leche se quiere casar con una seorita de la capital,
que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a pasear.
Con sta s, con ste no, con esta seorita me caso yo.

Csate conmigo que yo te dar zapatos y medias color caf.
 
Otra de las constantes en las canciones infantiles son las letras reiterativas y cansinas que slo tienen eficacia la primera vez que se cantan porque, ya para la segunda, todo el mundo est advertido del abuso que se pretende y se pone a salvo antes.
Son las llamadas canciones interminables cuyo propsito no es disfrutar el gozo de cantar, ni mejorar el conocimiento de las notas y escalas musicales, sino el de aburrir hasta la somnolencia a quienes, pobres ingenuos, se sumaron al coro.
Los que siguen son algunos ejemplos:
 

Haba una vez un barquito chiquitito, (se repite)
que no saba, que no saba, que no saba navegar.
Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, semanas, (se repite)
Y aquel barquito, y aquel barquito, y aquel barquito naveg.
Y si esta historia parece corta volveremos volveremos a empezar.
Haba una vez un barquito chiquitito.
 
Un elefante se balanceaba en la tela de una araa
y como se diverta al ver que no se rompa llam a otro elefante.
Dos elefantes se balanceaban en la tela de una araa
 
Debajo de un botn ton ton
haba un ratn ton ton

(
[email protected])
 
 
 
 


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