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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2006

La Ley de Responsabilidad penal del Menor trata de sustituir la idea de proteccin y educacin de la infancia vulnerable, por la de instaurar la doctrina del miedo y presentar a la infancia como peligrosa
La infancia encarcelada

Csar Manzanos Bilbao
Gara


Dentro del llamado sistema de justicia juvenil espaol, ms de 2.500 menores de edad se encuentran recluidos en cien centros. Tres de cada cuatro de estos centros estn gestionados por empresas privadas, algunas camufladas como ONG.

Estn en situacin de reclusin por pena impuesta al amparo de la Ley de Responsabilidad penal del Menor, una ley que se ha ido modificando a golpe de alarma social creada por quienes sustituyen la idea de proteger y educar a nuestra infancia vulnerable, por la de instaurar la doctrina del miedo en nuestra sociedad y de concebir a la infancia como peligrosa. Tratan de vendernos la necesidad de ms seguridad, lase, ms inversin y gasto en la industria del control penal.

Para ello se han inventado el derecho penal del enemigo, el derecho penal de autor, el nuevo derecho penal de la seguridad ciudadana que recorta las garantas y el ejercicio efectivo de las libertades en un proceso hacia una sociedad penitentecarcelaria. La aplicacin de esta legislacin es la desproporcin punitiva y la aplicacin desigual de la ley segn quien sea el autor de la infraccin.

La esquizofrenia del sistema punitivo, tanto para mayores de edad como especialmente para menores, es su obsesin por otorgar una orientacin reeducativa a las penas. La privacin de libertad, en cualquiera de sus grados, es incompatible no con la educacin, al menos con cualquier tipo que no sea la educacin para el disciplinamiento.

Penalizar es imponer una sancin y establecer mecanismos para su obligado cumplimiento. Pero existen diversos tipos de penalizacin, formas distintas de imponer una sancin de igual modo que existen diversas formas de educar. Por ejemplo, a una persona se le puede sancionar de muy diversas formas por haber cometido un robo con pena de crcel, cortndole la mano, otorgndole ayudas econmicas cuando el motivo del robo haya sido la indigencia o privndolo de su patrimonio cuando el motivo del robo ha sido el enriquecimiento ilcito. Son formas distintas de penalizar el mismo delito, que varan segn la forma de concebir el delito y la pena en diversas culturas y momentos histricos.

De igual modo ocurre con el concepto de educacin. Educar se diferencia de informar en que la educacin trata de moldear el comportamiento en funcin de los valores y normas de conducta que trasmite, pero existen diversas formas de entender la educacin y diversas prcticas educativas. As por ejemplo, no es lo mismo que cuando una criatura comete una infraccin, por ejemplo un hurto en unos grandes almacenes, se le denuncie a la Polica y se le incoe un expediente policial y judicial, aplicndosele despus medidas sancionatorias tales como vigilancia, arresto o internamiento, o que por el contrario se les avise a sus padres para que stos tengan la posibilidad y el protagonismo, junto a los educadores de hacerle entender que su conducta puede tener consecuencias perjudiciales para su vida fu- tura en sociedad.

En el primero de los casos estamos aplicando una educacin domesticadora y fundamentada en el castigo, el protagonismo lo tiene la seguridad y se considera al menor como peligroso y por extensin a su familia como mala familia. En el segundo caso se aplica una educacin liberadora y fundamentada en la comprensin, el protagonismo lo tiene la familia y el entorno social, y parte del concepto de que el menor est en peligro.

Por lo tanto, el binomio penalizacin y educacin estn ntimamente relacionados. Son las dos caras de la misma moneda. Desde este punto de vista, hemos de analizar el tipo de accin educativa que se aplica en el marco de un sistema de ejecucin penal para personas en la etapa vital de la infancia y de la primera adolescencia, donde las medidas penales que se aplican se fundamentan en el concepto de privacin de libertad en sus diversas modalidades. La privacin de libertad es incompatible con la educacin para la libertad. Mediante el disciplinamiento para aceptar las normas de funcionamiento de una sociedad y de una institucin como la penal, el nico tipo de educacin que se puede aplicar es el domesticador, fundamentado en las teoras educativas del conductismo y de la aplicacin ms pervertida de las teoras cognitivo-conductuales.

En el tipo de educacin que se puede dar sobre la penalizacin fundamentada en la privacin de libertad, las tcnicas de aprendizaje no van a ser las de imitacin de comportamiento ejemplares y la internalizacin de comportamientos amables, sino las propias del sistema disciplinario premial, fundamentado en sanciones positivas (recompensas) y en sanciones negativas (castigos) como mecanismo de regulacin del comportamiento, como sistema de adaptacin del sujeto a la propia institucin encargada de administrar la privacin de libertad y como forma de concebir en un senti- do ms amplio la adaptacin a la sociedad.

Claro que las instituciones de internamiento educan, pero lo hacen en valores y formas de conducta concretos: el poder lo tiene la autoridad constituida, hay que adoptar una actitud cnica y fingida para conseguir lo que se quiere, se aceptan las normas no por conviccin sino por miedo a la sancin, etctera. Desde este punto de vista, la penalizacin fundamentada en la privacin de libertad, tanto para adultos como para menores, implica la aplicacin de una tecnologa disciplinaria que limita derechos a sujetos previamente seleccionados por el sistema policial y penal, en aras de garantizar el funcionamiento de la industria penal y no en aras de la prevencin y lucha contra el delito o de la seguridad ciudadana.

Frecuentemente, la industria penal y sus industrias complementarias (mdica, asistencial, etctera) son holding de empresas subsidiadas por el Estado que se dedican al negocio de la estigmatizacin de determinadas categoras de sujetos (extranjeros, gitanos, desescolarizados, pertenecientes a familias empobrecidas, drogodependientes, contestatarios o terroristas). Posteriormente esta industria penal y asistencial se decida a su tratamiento y reciclaje. Quines son los llamados menores infractores que estn sujetos a medidas de privacin o limitacin de su libertad? En primer lugar, una mnima parte de los que cometen infracciones penales graves. En segundo lugar, no son los ms peligrosos ni los de menor nivel cultural ni quienes han cometido delitos ms atroces. Son quienes han sido seleccionadas por parte del sistema policial y penal por sus rasgos econmicos, tnicos y culturales y definidos como menores delincuentes.

Los menores etiquetados como infractores son seleccionados por la actividad discrecional de la Polica. En funcin de los lugares donde la Polica se hace presente se recluta a un tipo de menores con perfiles muy concretos que evidentemente no son ni los nicos, ni los que fundamentalmente perpetran delitos, pero s los que son definidos como delincuentes juveniles. Aplicndoles formas de coercin penal fundamentadas en el encierro y en la desconfianza sistemtica hacia su persona se les trata de convertir en personas definitivamente inadaptadas, que en el fondo es lo que consiguen los actuales centros de reclusin para menores. La gran mayora de estas personas no necesita reeducacin, ni tiene problemas de integracin. Simplemente necesitan tener las mismas oportunidades sociales que el resto de la infancia y adolescencia no marginada. En otros casos como los llamados menores infractores extranjeros, mecanismos de convivencia intercultural para corregir las situaciones de confusin mental y moral que crea el estatus jurdico de irregular y el social de menor peligroso que le imprime rechazo y violencia.

Estos son los motivos fundamentales por los cuales el tratamiento que se otorga en los centros a estos menores diste mucho de contribuir a su educacin para la libertad, a su crecimiento personal y al respeto al tan trado y llevado inters del menor del que habla la legislacin.

En todo el Estado se construyen crceles para nios que son de rgimen cerrado y abierto, y tambin existen dependencias de mxima seguridad, por que cuando las criaturas no se adaptan a los centros y programas ordinarios son trasladadas y se les aplican medidas tcnicas en centros infantiles de mxima seguridad, como ocurre en Madrid, en Murcia o en la reciente y ultramoderna crcel para nios abierta en Zaragoza.

Es decir, en funcin del comportamiento del menor, y de su supuesta peligrosidad se establecen en la "nueva legislacin" un grado mayor o menor de control penal y policial que va desde el arresto domiciliario, la libertad vigilada, los centros abiertos y semiabiertos, hasta los centros cerrados y de mxima seguridad. Estos centros, y por tanto el velar por el inters del menor, se dejan frecuentemente a empresas privadas.

Algunas de las entidades que gestionan crceles para nias y nios a lo largo de la geografa peninsular mantienen un rgimen de internamiento para menores con salas donde las criaturas son aisladas, esposadas o permanecen en celdas escarbadas bajo tierra. Son organizaciones o industrias especializadas en la ejecucin penal para menores que tienen reglamentos internos donde se sanciona a los infantes y adolescentes por tirarse un pedo, no lavarse las manos antes de las comidas, ducharse sin gel, hablar con los menores que estn en aislamiento, poner los pies encima de la silla o cuestiones similares.

La infancia y la juventud representan el futuro de nuestra sociedad y la forma de tratarles es determinante para la misma. Adems el sistema de penalizacin de la infancia ser y es la conformacin de menores desarraigados que posteriormente poblarn y pueblan las crceles para adultos.

Es responsabilidad de la administracin cuidar especialmente a los menores y tanto los jueces de menores como los funcionarios o entidades encargadas de ejecutar las sanciones impuestas a los mismos han de ser los primeros en entender que la educacin para la libertad y el castigo son absolutamente incompatibles, y que por tanto quizs tengamos que madurar un modelo nuevo que ejercite la paciencia y el trato exquisito hacia las criaturas, y no reproduzca el recurso fcil y perverso que lejos de educar condena a los menores a la inadaptacin cronificada. Mientras, las asociaciones que durante muchos aos trabajamos en tareas educativas, asistencia y defensa de los derechos del menor y sus familiares, hemos de seguir vigilantes. Vigilantes para que mediante el control democrtico de las actuaciones de la maquinaria que persigue, penaliza y aplica sanciones a nuestros descendientes consigamos convencernos de que existen muchas posibilidades alternativas al tratamiento penalizador basado en la reclusin carcelaria.

Se trata de dar a conocer nuestras experiencias de servicios de apoyo a los menores y de otros servicios sociales existentes en muchos pases; de desarrollar polticas sociales y asistenciales que sustituyan a las polticas criminales, alternativas abiertas y programas comunitarios de apoyo social que eliminan la aplicacin de regmenes de aislamiento y castigo para lo que resulta imprescindible que todos los menores actualmente penalizados al igual que los adultos estn lo ms cerca posible de su lugar de residencia. Esto slo se puede hacer con la implicacin de los menores, de sus padres y de los educadores populares en redes de solidaridad, mediante la autoorganizacin social frente a la apropiacin y penetracin de tcnicos, jueces, fiscales, policas en algo tan importante como la educacin de nuestros hijos.

* Csar Manzanos Bilbao es profesor de Ciencias Sociales en la Universidad del Pas Vasco y miembro de Salhaketa


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