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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2007

Latinoamrica, izquierda y segunda descolonizacin

Augusto Zamora R.
El Mundo


La nueva y clara victoria de Hugo Chvez, en Venezuela, sigue al tan inesperado como contundente triunfo de Rafael Correa en Ecuador y al retorno al poder del Frente Sandinista y Daniel Ortega, en Nicaragua. Tres victorias consecutivas de fuerzas de izquierda, que se suman a la de Evo Morales en Bolivia, a la reeleccin de Lula en Brasil y a los xitos electorales del centro izquierda en Chile, Uruguay y Argentina. Caso inusitado es Per, donde en las ltimas elecciones contendieron dos izquierdas, la moderada de Alan Garca y la ms dura de Ollanta Humala. La derecha haba sido vencida en la primera vuelta electoral, mostrando su grado de descrdito en el pas.

Nunca como ahora han coincidido tantos gobiernos progresistas y de izquierda en Latinoamrica, ni tantos pases a los que debe agregarse un Mxico fracturado y en grave crisis poltica e institucional- se han visto sumergidos en procesos de cambio, cuya variada intensidad no les resta singularidad. Dentro de este panorama excepcional deben incluirse los notables movimientos populares surgidos en pases como Costa Rica y Colombia que, aunque sin fuerza para alcanzar el poder, se han convertido en actores inditos en sus respectivos pases, condicionando con su voto el resultado de los procesos electorales. Esta eclosin de la izquierda latinoamericana no es, ni mucho menos, casual. Es la consecuencia natural de una suma de factores internos e internacionales, no siempre a la vista, que han permitido forjar amplias coaliciones polticas progresistas con el fin de alcanzar el poder por medio de elecciones.

La primera de esas causas, en el orden temporal, en el fracaso estrepitoso del modelo neoliberal, que provoc la quiebra de los Estados, la multiplicacin de la pobreza y una concentracin atroz de la riqueza, en una regin que ha destacado histricamente por la desigualdad. Promovido como dogma de fe por el binomio Reagan-Tatcher, en los aos 80, los grupos dominantes aplicaron con celo de conversos las recetas que llegaban de fuera. Las empresas y riquezas nacionales fueron subastadas, en medio de un mar de corrupcin, en beneficio de grupos extranjeros y de minoras anacionales. El resultado fue demoledor. Los pases, uno tras otro, se hundieron en graves crisis econmicas y sociales. El primero en estallar fue Venezuela, donde, en febrero de 1989, el pobretero baj de los cerros a asaltar supermercados. El caracazo termin en una terrible matanza y tuvo consecuencias inesperadas. La mayor y ms conocida fue el surgimiento, dentro del ejrcito, de movimientos rebeldes, que afloraron en el intento de golpe de estado dirigido por el comandante Hugo Chvez. La matanza de Caracas fue la mayor, pero no la nica que preceder al hundimiento de gobiernos neoliberales. Ral Cubas, en Paraguay, de la Ra, en Argentina, y Snchez de Losada, en Bolivia, abandonarn sus pases dejando detrs un reguero de cadveres.

El fin de la Guerra Fra, con la desaparicin de la Unin Sovitica en 1991, es la segunda causa en el tiempo y ha tenido inesperadas consecuencias para el sistema de dominacin diseado por USA. El conflicto Este-Oeste tuvo efectos terribles para Latinoamrica. El anticomunismo produjo la ilegalizacin y persecucin de partidos, movimientos, sindicatos y asociaciones consideradas comunistas. Asesinatos, crcel, tortura, exilio y represin se hicieron cotidianos y generaron un miedo cerval y comprensible entre la poblacin. La izquierda resisti en las catacumbas, pero, salvo en Nicaragua, en 1979, no pudo salir de ellas. El fin de la Guerra Fra y el descalabro de las dictaduras militares liberan a los pueblos de su miedo. La izquierda, en sus mltiples variedades, va resurgiendo poco a poco y organizndose al margen de los partidos tradicionales. La prdida del temor a la represin y la muerte lleva a perder el miedo a los gobiernos, hasta entonces intocables. Se extiende y adquiere forma la idea de que, si los pueblos eligen a los presidentes, pueden tambin los pueblos destituirlos.

El primero en conocer de este cambio fue el brasileo Collor de Mello que, acusado de corrupcin, fue obligado a renunciar en diciembre de 1992, para evitar su destitucin. Le sigue, en Guatemala, el presidente Jorge Serrano Elas, en 1993, tras fracasar su intento de auto-golpe de estado, inspirado en el que se haba dado, en 1992, el peruano Alberto Fujimori. En el ao 2000, en medio de un escndalo maysculo por corrupcin, abuso de poder y violaciones a los derechos humanos, Fujimori seguir el camino de Serrano, pues organiza un viaje oficial para solicitar asilo poltico en Japn. El paraguayo Ral Cubas huye del pas en 1999, tras una matanza de estudiantes que protestaban por el asesinato del vicepresidente, de lo que acusaban a Cubas. En 2001, sobre decenas de muertos, hua el presidente Fernando de la Ra, despus de semanas de protestas sociales ante el colapso de la economa argentina. Le seguir en Bolivia, en 2003, el presidente Gonzalo Snchez de Losada, derribado por un impresionante movimiento popular encabezado por el dirigente aymara Evo Morales. No obstante, el pas que marcar un sorprendente rcord ser Ecuador, donde los movimientos sociales derribarn a tres presidentes: Abdal Bucaram, en 1997, Jamil Mahuad, en 2000, y Lucio Gutirrez, en 2003. Los pueblos latinoamericanos haban perdido el miedo al poder y ejercan el suyo para enterrar los Estados diseados por las oligarquas.

Una secuela relevante de estos movimientos populares, indgenas y sociales es la desaparicin, como barridos por huracanes, de los partidos tradicionales en la mayor parte de los pases. En Mxico, el otrora omnipotente Partido de la Revolucin Institucional (PRI), est relegado al tercer lugar, superado a izquierda y derecha por las nuevas fuerzas. En Venezuela, Ecuador, Per, Bolivia y Nicaragua los viejos partidos son ya recuerdo. En Chile, Brasil, Uruguay y Argentina los partidos han sido sustituidos por coaliciones singulares, rotas y tocadas como estn las viejas partitocracias.

Otro factor a anotar es el declive de USA y la emergencia de nuevos actores econmicos y de nuevos mercados. Hasta los aos 80, la potencia hegemnica ejerca un efecto demoledor sobre las economas latinoamericanas, dependientes en casi todo de las decisiones y variaciones de la economa y el mercado usamericano. USA empleaba ese poder para condicionar a los pases y, cuando era menester, recurra a sanciones, bloqueos y embargos contra los gobiernos dscolos. Cuba sufre an hoy un bloqueo de casi medio siglo. La Nicaragua sandinista fue a la ruina a causa de la guerra econmica y militar impuesta por Washington. Hoy eso es historia. China ha desplazado aUSA como segundo socio comercial de Brasil. La UE es el primer socio del Mercosur, en tanto Chile tiene a China como primer cliente del cobre. La UE es el primer donante en Centroamrica y, ante la contraccin y prdida de fuerza del mercado usamericano, los pases latinoamericanos orientan cada vez ms sus intereses hacia Europa, Asia y los procesos de integracin regional. El declive econmico lleva aparejado, de manera inevitable, la prdida de influencia poltica. El miedo aUSA se diluye sin prisas, pero sin pausas. Lo demostr el triunfo sandinista en Nicaragua, pese a que Washington recurri a todas las amenazas posibles para coaccionar a la poblacin, desde las sanciones comerciales al embargo de la remesas de los emigrantes.

La conciencia del poder ha llevado a la conciencia de los propios derechos. Mientras dur la Guerra Fra y domin el miedo, los pueblos poco podan hacer para proteger sus patrimonios y riquezas. As debieron asistir, impotentes y desinformados, al festn que significaron las privatizaciones y el desmantelamiento de las empresas pblicas. Debieron, igualmente, tragarse los planes estructurales del FMI. La ltima fase del expolio, bajo la forma de tratados de libre comercio (TLC), lleg en momentos de ascenso de la conciencia y, por ello, han enfrentado una oposicin creciente en casi todos los pases. El TLC es causa directa de la profunda crisis que vive Mxico, partido en dos, literalmente, como resultado de la aplicacin del TLC conUSA y Canad. El TLC ha provocado la ruina del campo mexicano y amenaza con hacer lo mismo donde se apliquen sus similares. Por eso las manifestaciones masivas y la grita general en la regin. Los efectos estn a la vista. Lula y Kirchner sentenciaron a muerte la propuesta de rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA), buque insignia de la poltica hemisfrica de USA. Per ha anunciado que paralizar la firma del TLC con USA. En Nicaragua, Daniel Ortega lo va a diluir vinculando Nicaragua a la Alternativa Bolivariana para la Amrica (ALBA), que promueven Cuba y Venezuela, y Rafael Correa, en Ecuador, hizo del rechazo al TLC conUSA una bandera de lucha.

Para la izquierda, recuperar la voz y la dignidad son metas irrenunciables, pero no bastan. Hace falta recuperar las riquezas y recursos naturales de los pases, porque sin economa no hay soberana. La crisis del gas con Bolivia es el mejor ejemplo de los nuevos aires que recorren Latinoamrica. No es posible promover cambios estructurales y combatir la pobreza y el atraso sin antes recobrar el control de las riquezas nacionales, lo que implica meter mano a los onerosos contratos y concesiones otorgados por los gobiernos neoliberales a empresas extranjeras. Es en esta cuestin axial donde los caminos de las izquierdas latinoamericanas se bifurcan. La izquierda calificada en Europa, despectiva e interesadamente, como populista, apuesta por la re-nacionalizacin de las riquezas y recursos naturales y la reconstruccin del Estado, como pieza esencial de los procesos de cambio. Cuba, Venezuela, Bolivia y ahora, presumiblemente, Ecuador, forman este grupo. El centro-izquierda apuesta por no afectar los intereses oligrquicos ni a las empresas extranjeras, apostando por un cambio paulatino. Brasil, Chile y Uruguay son sus modelos. Argentina, y puede que la Nicaragua de Daniel Ortega, transitan por caminos mixtos, re-nacionalizando sectores estratgicos y dejando otros sin apenas cambios. En el primer grupo hay prisa por poner fin al Estado oligrquico y neocolonial. En el segundo, este Estado se prolongar en el tiempo, sin fecha precisa de caducidad. No debe extraar, por tanto, que ste sea el modelo que prefieran los pases ricos, que ven preocupados el final del gran festn.

Pese a las divergencias dentro de la izquierda, pocos ponen en duda que el modelo de Estado impuesto por las oligarquas tras la independencia est agotado. Sobrevive hoy en pases aislados y atrasados (Paraguay, Honduras) o con dursimos conflictos internos, presentes o inmediatos (Colombia, Guatemala), casi todos en la zona del Caribe, dondeUSA sigue condicionando la poltica de los Estados.

Latinoamrica est inmersa en un singular, indito y deslumbrante proceso que apunta a una segunda descolonizacin. La primera fue frustrada por la alianza entre las oligarquas nativas y Gran Bretaa, que se tradujo en la firma de tratados de libre cambio, que ataron las economas emergentes al modelo neocolonial ingls. Sigui con la sumisin aUSA y las empresas extranjeras. Est en abierto proceso de liquidacin ahora. Un hecho puede servir para ilustrar el cambio. Argentina y Brasil cancelaron antes de plazo sus deudas con el FMI, el organismo utilizado por los pases ricos para expoliar a los pobres. Estas cancelaciones resultaban, econmicamente, poco relevantes. No as polticamente. Era como firmar una segunda acta de independencia. Lula resumi su significado: Ahora ya somos soberanos.

Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autnoma de Madrid. [email protected]





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