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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2007

El conflicto armado en Argelia tras los aos de olvido

Nria Toms
El Corresponsal de Medio Oriente y Africa


Los atentados que tuvieron lugar en Argel el 11 de abril ltimo y que provocaron la muerte de una treintena de personas y ms de 200 heridos tuvieron dos efectos. En primer lugar, pusieron de nuevo el foco de atencin internacional sobre un pas que se autoproclamaba en paz tras los duros aos de conflicto armado vivido en la dcada de los noventa. En segundo lugar, situaron a Al-Qaeda y al jihadismo internacional en el centro de la conflictividad vivida en Argelia. Ambas cuestiones, la supuesta paz y la vertebracin de la reciente expresin violenta argelina en torno de Al-Qaeda, requieren de algunas consideraciones.
El presente artculo aborda, por una parte, la permanencia a lo largo de los ltimos aos del conflicto armado iniciado a principios de los noventa; por otra parte, el fenmeno Al-Qaeda y su encaje en la conflictividad interna; y, finalmente, aquellos aspectos pendientes que deberan ser atendidos por el gobierno argelino para favorecer el camino hacia la paz.

La continuacin del conflicto armado

A pesar de los diversos intentos de poner fin al conflicto armado, iniciado a principios de los aos noventa, Argelia ha sufrido episodios de violencia continuada a lo largo de todos estos aos. Los ndices de mortalidad producto del conflicto muestran cmo la violencia se ha cobrado miles de vctimas. Como ejemplo, en el ao 2001 se hablaba de ms de 2.000 muertes anuales; en 2003 organismos internacionales contabilizaban en 900 el nmero de vctimas mortales, y en 2006 la prensa daba la cifra de 400. El gobierno ha cuestionado estos datos, que podran incluso ser superiores, hecho que ha puesto de manifiesto el afn de las autoridades del pas de minimizar la magnitud de la violencia. En este sentido, uno de los efectos de la Ley de la Concordia Civil de 1999 fue precisamente cerrar el debate pblico sobre la guerra y, del mismo modo, la Carta para la Paz y la Reconciliacin Nacional aprobada en 2005 ahond en un discurso de paz sin abordar las causas del conflicto pasado ni presente.
El origen del conflicto civil en Argelia se remonta a finales de los aos setenta, cuando la confluencia de varios factores polticos y econmicos favoreci el surgimiento de un movimiento islamista que capitaliz el descontento de numerosos sectores de la poblacin argelina contra el poder. La represin del rgimen, que se aferr a la defensa de los valores seculares, junto a la difcil situacin econmica que atraves el pas con el descenso de los precios del petrleo, gener numerosos movimientos de protesta que culminaron con la aparicin del FIS (Frente Islmico de Salvacin) en 1989. El triunfo de esta nueva opcin poltica frente al partido gobernante FLN (Frente de Liberacin Nacional), primero en las elecciones municipales de 1990 y despus en las legislativas de 1991, desencaden unos acontecimientos que pusieron la semilla de la cruel violencia en la que se sumira Argelia a partir de entonces: la intervencin del Ejrcito para apartar al Presidente y la ilegalizacin del FIS como partido poltico. Los diversos grupos armados que surgieron a partir de aquel momento -entre ellos el Ejrcito Islmico de Salvacin (EIS, brazo armado del FIS), el Grupo Islmico Armado (GIA), y posteriormente el Grupo Salafista para la Predicacin y el Combate (GSPC, nacido en 1998)- se enfrentaron al ejrcito, que tena el respaldo de milicias de autodefensa formadas por ciudadanos. En total, la dcada de los noventa registr unas 150.000 vctimas mortales, muchas de ellas civiles, y sobre todo en los aos 1996, 1997 y 1998. El conflicto estuvo ensombrecido, adems de por el elevado nmero de muertos y de desaparecidos, por revelaciones que apuntaban a la implicacin de elementos del ejrcito y de los servicios secretos en las matanzas a civiles, hecho que permaneci sin esclarecer. Tras el acuerdo del EIS con el gobierno en 1997 y la progresiva desactivacin del GIA desde 2002, el GSPC ha sido el protagonista de la lucha armada.
El GSPC naci fruto de una escisin del GIA por el desacuerdo con los ataques de ste contra la poblacin, por lo que su principal objetivo fueron las fuerzas de seguridad y la polica. La expresin ms radical del grupo se inici en 2004 con la llegada a la cpula del actual dirigente, Abdelmalek Droudkel. La mayora de las vctimas del conflicto en estos ltimos aos han sido producto de los ataques del GSPC contra puestos de polica, gendarmera y fuerzas armadas, muchas veces a travs de emboscadas, pero tambin producto de la represin del ejrcito, bien contra miembros de la organizacin, bien contra poblacin supuestamente afn.

Al-Qaeda en Argelia

Referente a la aparicin del fenmeno Al-Qaeda, cabe decir que ste es relativamente nuevo, tanto en Argelia como en otras partes del mundo. En el caso argelino, igual que por ejemplo en el caso afgano, la irrupcin de este grupo se aade a un conflicto interno con su historia y sus causas, en las que Al-Qaeda acta como franquicia convirtindose en un elemento til a muchos efectos para ciertos actores locales. La afiliacin del GSPC a Al-Qaeda, a pesar de existir contactos previos, no se produce hasta septiembre del 2006, vnculo que se escenifica en enero de 2007 con el cambio de nombre del grupo, ahora llamado Organizacin de Al-Qaeda para el Magreb Islmico (OQMI). Es en este momento cuando toman mayor relevancia los ataques del GSPC contra objetivos occidentales, mostrando su adscripcin ideolgica y metodolgica a los planteamientos jihadistas internacionales: en marzo del presente ao el GSPC reivindic el asalto a un bus de una compaa de gas rusa, proclamando su desacuerdo con la poltica de Vladimir Putin en Chechenia, y en diciembre de 2006 atac un convoy con ciudadanos estadounidenses trabajadores de una empresa petrolera. Sin embargo, a pesar de este nuevo tipo de acciones, los ataques del GSPC/OQMI contra los elementos policiales y del ejrcito argelino no cesaron. De hecho, los atentados con este objetivo se intensificaron a finales de 2006, continuaron hasta das antes del atentado de Argel del 11 de abril, y siguen producindose a da de hoy. Por otro lado las fuerzas armadas han seguido con sus operaciones de contra-insurgencia, principalmente en las inmediaciones rurales y montaosas del pas.
As, el carcter de la violencia perpetrada por GSPC ha tenido y tiene un importante componente interno. Es verdad que una de las recriminaciones al rgimen del Presidente Bouteflika ha sido su poltica pro-occidental, pero el principal objetivo del GSPC sigue siendo la erosin del poder del Estado y el cuestionamiento del rgimen poltico existente, tal y como lo demuestra el hecho de que el ataque del 11 de abril fuera contra la sede del Gobierno. En este sentido, la vinculacin del GSPC/OQMI a Al-Qaeda debe entenderse en el marco de los rditos mutuos que proporciona una alianza de este tipo. La voluntad del GSPC de beneficiarse del efecto meditico de la etiqueta Al-Qaeda, as como las posibilidades de adiestramiento ms all de las fronteras argelinas, aparecen como una motivacin suficiente para el estrechamiento de lazos. Pero eso no impide que tanto con anterioridad a los vnculos con Al-Qaeda como ahora el punto de mira del GSPC/OQMI siga siendo Argelia: as lo evidencia su oposicin a todo el proceso de reconciliacin nacional impulsado por el Presidente, o el boicot que hizo la organizacin a las recientes elecciones legislativas del 17 de mayo tras calificarlas de comedia.
A diferencia del discurso oficial, que ha reducido la conflictividad en el pas a un fenmeno marginal (hablando incluso de los autores de los atentados como de cuatro bandoleros) o a una lucha antiterrorista (enmarcada en el escenario internacional), segn la conveniencia, s parece haber consenso entre la opinin pblica argelina que se trata de un fenmeno no precisamente menor y, en todo caso, esencialmente interno. Incluso, algunos partidos de la oposicin aluden a que un terrorismo residual resulta beneficioso para el poder porque le permite mantener su statu quo poltico y preservar los equilibrios nacionales. Para algunos, como el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), los atentados de estos ltimos tiempos han sido sometidos a manipulaciones meditico-securitarias con la finalidad de explotar la violencia para justificar la adopcin de una poltica destinada a controlar y a dominar la poblacin en vez de protegerla. En todo caso, suponiendo que el Estado argelino tuviera inters en la existencia de un cierto nivel de actividad terrorista para su propio control interno, parece claro que la magnitud del atentado de abril sobrepasara toda intencin. An as, el rgimen lo capitaliz de inmediato organizando una marcha de apoyo a la reconciliacin nacional pocos das despus de los hechos.
Cuales seran los intereses en situar la violencia que sufre Argelia en la rbita terrorista internacional? Mediante esta situacin, el rgimen argelino obtiene un doble beneficio: en el plano interior, le permite eludir la responsabilidad de la situacin de conflictividad, adems de ofrecerle instrumentos para controlar a la poblacin, permitiendo la permanente instauracin de un estado de excepcin; en el plano exterior, legitima su actuacin y la represin, hecho que le abre las puertas a la cooperacin en materia militar y de seguridad de varios gobiernos, incluido EEUU, sin tener que sufrir por demasiadas, o ninguna, exigencia en materia de derechos humanos, tras varios aos de mala imagen internacional y de boicot en las ventas de armas.
En este sentido, Argelia se ha convertido en la potencia militar de la regin y su aprovisionamiento ha venido de la mano de pases europeos y ms recientemente de China y de Rusia, con quin firm en abril un acuerdo de venta de armas millonario. Adems, Argelia proporciona el 11% del gas consumido por la Unin Europea. As, queda claro que el inters de numerosos pases en Argelia bien vale la sintona con su rgimen. Respecto de los Estados Unidos, su creciente presencia en el continente africano (visible con la Trans-Saharan Counterterrorism Initiative, entre otras estrategias) persigue dos objetivos que se apoyan mutuamente: garantizar el aprovisionamiento de recursos de la zona y seguir de cerca a sus gobiernos, poniendo la lucha contra el terrorismo como un elemento de frente comn. Esta claro que los atentados sufridos en Argelia no pueden desvincularse completamente del resurgir del fenmeno jihadista o neofundamentalista a nivel internacional derivado de la situacin mundial. Sin embargo, ms que nunca, necesitan de una lectura interna para comprender la complejidad de su origen y su posible razn de ser.

Las asignaturas pendientes

En Argelia, a pesar de la existencia de importantes recursos naturales, con unas reservas de petrleo superiores a los 60.000 millones de dlares y que le han permitido reducir la deuda externa hasta 4.500 millones, buena parte de sus ciudadanos sufren una situacin socio-econmica de penuria. Hace poco ms de un ao, numerosos altercados y manifestaciones de protesta estallaron en varias regiones del pas. El alza de los precios, el paro o la corrupcin se encontraban entre los muchos temas de descontento entre los ciudadanos. Con una paridad del dinar respeto al euro muy dbil, el poder de compra de las capas sociales con ingresos fijos, como los funcionarios, se desmoron. Segn sindicatos autnomos, surgidos a partir del ao 2000 y hostiles a la oficial Unin General de Trabajadores Argelinos, la incomprensible situacin en el pas hace que un profesor marroqu ingrese un salario cinco veces superior al de un profesor argelino mientras que el PNB de Argelia es diez veces superior al PNB marroqu. Por otra parte, y segn datos del propio FMI, el paro entre los jvenes alcanzara cifras del 31%. Los niveles de corrupcin, difcilmente cuantificables, podran explicar precisamente esta disfuncin, que convierte un pas con unos ingresos de gran calibre en un territorio en el que una parte importante de la poblacin afronta la pauperizacin.
Por otro lado, los aos de masacres continuadas y de intensa violencia, dirigida esencialmente contra la poblacin civil, han dejado una importante huella de dolor en un pas que sigue sin tener espacios para digerir lo ocurrido. La Carta para la Paz y la Reconciliacin Nacional impulsada en 2005 ha dejado muchos descontentos. Numerosas asociaciones de derechos humanos, nacionales e internacionales, critican varios de sus aspectos: en primer lugar, la aplicacin de una amnista, tanto a los servicios de seguridad del Estado como a los miembros de los grupos armados; en segundo lugar, la criminalizacin de todos aquellos que utilicen o instrumentalicen las heridas de la tragedia nacional para causar perjuicio a las instituciones, fragilizar al Estado o perjudicar a la honorabilidad de sus agentes (apartado I de la Charte pour la Paix et la Rconciliation Nationale, votada en referndum el 29 de setiembre de 2005). Esta disposicin implica la ilegalizacin de las asociaciones de familias de desaparecidos (estimados en ms de 7.000), prohibidas desde el 28 de febrero de 2006. As, el hecho de que la Carta fuera aprobada por un 974% de la poblacin no debe dar lugar a equvoco. Por una parte, porque los datos oficiales, incluido el de la participacin (80%), fueron contestados por numerosos sectores. Por otro lado, porque tal y como reflejaron las principales ONG internacionales en materia de derechos humanos en un comunicado de abril de 2005, un referndum no puede ser utilizado por el Gobierno como una forma de sustraerse a sus obligaciones internacionales a travs de la adopcin de una legislacin nacional que las contraviene.
La crisis de Argelia no tiene slo un componente econmico y social, sino que va ms all. En el plano poltico, el descontento no es tampoco menor. Existen claros lmites a la participacin poltica y a la discrepancia: los partidos de oposicin tienen enormes dificultades para hacer poltica y varios sectores islamistas siguen estando prohibidos. Para aadir elementos de debilidad democrtica, incluso el poder del Presidente es relativamente nfimo comparado con el que tiene el Estado Mayor. El Ejrcito ha dominado tradicionalmente la vida poltica del pas desde su independencia y sigue hacindolo, a pesar de ser una cuestin tab. As lo corrobora el hecho de que los generales se reunieran a finales de 2005 con motivo de la hospitalizacin del Presidente Bouteflika en Pars para hablar de su sucesin. Pero no slo eso: es uno de los servicios del Ejrcito, el para muchos temible Servicio de Inteligencia, el DRS, y concretamente los generales M. Mdine y S. Lamari, los que moveran los hilos del pas, disponiendo de varios Ministros prximos en el seno del Gobierno. As las cosas, las elecciones legislativas del pasado 17 de mayo no ofrecen muchas esperanzas para la democratizacin, en primer trmino por la escasa trascendencia del Parlamento en un rgimen profundamente presidencialista, pero adems por unos resultados que han dado la mayora a la coalicin en el poder y con una participacin de slo el 35%.
Las mejoras socioeconmicas para el conjunto de la poblacin, la profundizacin en el respecto a los derechos humanos y el inicio de la apertura democrtica son asignaturas pendientes del rgimen argelino. Si bien existen indudablemente factores externos que alimentan la violencia en Argelia y sobre los que difcilmente un nico Estado puede incidir, resolver las cuestiones de carcter interno est en manos de los dirigentes argelinos. Se trata de una tarea imprescindible si se quiere hacer frente al conflicto armado que el pas viene sufriendo desde hace ya demasiados aos. Abordar los aspectos econmicos y sociales para que la riqueza del pas revierta en un mayor bienestar de todos los ciudadanos y del conjunto de las regiones que conforman el territorio argelino podra ofrecer unas buenas bases para empezar. Al mismo tiempo, un debate poltico inclusivo, que contemple los aspectos sin resolver del conflicto pasado y presente desde una perspectiva de verdad, justicia y reconciliacin, debera ser visto como un elemento necesario para la paz. Evidentemente no se pueden olvidar los factores que dificultan un avance en este sentido, como el hecho de que responsables del aparato militar/estatal de la poca de mxima violencia sigan hoy al mando, dificultando cualquier proceso de justicia transicional strictu sensu por carecer de su principal requisito, que es precisamente una transicin. Sin embargo, ello no debera impedir a los gobernantes redirigir la mirada hacia los problemas de su poblacin, ni tampoco a los actores internacionales con capacidad de influencia actuar responsablemente, y hacerlo desde un enfoque que no est basado exclusivamente en la represin y en la seguridad sin rostro humano.

*Nria Toms es investigadora del Programa de Conflictos y Construccin de Paz, Escola de Cultura de Pau (Universitat Autnoma de Barcelona).



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