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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2007

Recordar a Ernesto Guevara de la Serna
Los hombres, no los individuos

Miguel ngel Prez Pirela
Rebelin



Heredamos pases pobres, torturados, desaparecidos. Heredamos pases cansados, Estados ineficientes, corruptos, desenraizados de las bases populares. Pero tambin heredamos pueblos cristalizados en Caracazos; en madres y abuelas, como las de La Plaza de mayo; en hombres, como el Che.

Ese Che que relat "conoc (a Fidel Castro) en una de esas fras noches de Mxico y recuerdo que nuestra primera discusin vers sobre poltica internacional. A las pocas horas de la misma noche - en la madrugada - era yo uno de los futuros expedicionarios" .

Es indudable. Los pueblos, las madres y los hombres, tienen calladas citas, y no precisamente con su destino. Citas con la humanidad toda, sumida en pobreza y desigualdad. Cita con el ritmo, cansancio y esperanzas de los pueblos.

Poco despus del memorable encuentro de esos dos Latinoamericanos, el mismo Che y otros potenciales expedicionarios, cayeron en prisin. Fuerzas mayores parecan separar a Ernesto de la futura lucha cubana.

Ernesto Guevara, preocupado, pens en dejar el camino libre para no interferir en los planes: "Recuerdo que le expuse (a Fidel Castro) especficamente mi caso: un extranjero, ilegal en Mxico, con toda una serie de cargos encima. Le dije que no deba de manera alguna pararse por m la revolucin, y que poda dejarme; que yo comprenda la situacin y que tratara de ir a pelear desde donde me lo mandaran y que el nico esfuerzo deba hacerse para que me enviaran a un pas cercano y no a la Argentina" .

Segn el entender del Joven Che, el camino hacia la revolucin no poda pararse por individuos. Acaso sea esto cierto: el camino de la lucha no habr de detenerse por meros individuos. Pero s por hombres. As lo comprendi ciertamente Castro, y as nos lo comenta el Che: "tambin recuerdo la respuesta tajante de Fidel: 'Yo no te abandono'" .

El Che estara entre las filas de ese ejrcito rebelde que habra de zarpar con destino a Cuba. Fue entonces que, en medio de penurias econmicas y reveces de traicioneros, "en fin, el 25 de noviembre de 1956, a las dos de la madrugada, empezaban a hacerse realidad las frases de Fidel, que haban servido de mofa a la prensa oficialista: 'En el ao 1956 seremos libres o seremos mrtires'" .

Libres o Mrtires?

A la luz de esta lapidaria frase de Fidel, y como habitantes de este siglo XXI, no es ocioso preguntarse: El Che, hombre libre o mrtir?

La respuesta a esta absurda disyuntiva se hace todava ms difcil si nos adentramos en el carcter solitario, trgico y paradoxal de hombres de la talla y el talante del Che: Bolvar, Libre o mrtir?, Allende, Libre o mrtir?...

Algo es cierto, no podemos, ni siquiera acercarnos a una respuesta plausible sin antes terminar de entender que tanto el Che, como Bolvar y Allende fueron, antes que todo y sobre todo, hombres. Es all que se encuentra precisamente el carcter histrico de su dignidad.

En el caso de Bolvar, el Che y Allende, nos encontramos con el mismo comn denominador. Sus imgenes, despus de sus muertes, han sido falseadas en nombre de una tctica poltico-histrica que todava no terminamos de analizar en toda sus dimensiones.

Fue el caso, aqu en Venezuela de Bolvar, quien dej de ser Simn, para convertirse simplemente en Bolvar, una estatua ecuestre, un discurso en el Panten Nacional, un ramo de flores en alguna embajada venezolana en el mundo. No cabe duda que la mejor manera de neutralizar histricamente a un hombre es justamente quitndole su carcter de hombre, despojndolo de su humanidad. Nadie puede luchar si est muerto. He aqu el carcter maquiavlico de aquellos que hacen de los hombres meros mrtires.

Tambin hemos vivido algo parecido con el Che: "sectores de la izquierda reaccionaron de manera equivoca despus de la muerte del Che: primero fue la exaltacin retrica y acrtica; ms tarde pasaron al culto renacentista del hroe y al rechazo o el olvido de los aspectos claves de su pensamiento, sin estudiar la integralidad de ste" .

No hay dudas, tambin en este caso, hay que rescatar al hombre.

El hombre Guevara, El hombre Cortazar

No se puede pensar en la muerte del Che sin rememorar aquel poema que Julio Cortazar escribe al enterarse de su muerte: "Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca pero no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dorma. Lo quise a mi modo, le tom su voz libre como el agua, camin de a ratos cerca de su sombra. No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dorma, mi hermano mostrndome detrs de la noche su estrella elegida". Pero tampoco puede evocarse dicho poema sin recordar la carta de Cortazar que acompa estos versos hasta las manos de su editor. En esta misiva se encuentra plasmado el fundamento humano del poema. En ella dice Cortazar desde Pars: "El Che ha muerto y a m no me queda ms que silencio, hasta quin sabe cundo; si te envi este texto fue porque eras t quien me lo peda, y porque s cunto queras al Che y lo que l significaba para ti. Quiero decirte esto: no s escribir cuando algo me duele tanto [.] Mira, all en Argel, rodeado de imbciles burcratas, en una oficina donde se segua con la rutina de siempre, me encerr una y otra vez en el bao para llorar; haba que estar en un bao, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organizacin internacional".

Tambin aqu - como en las lneas antes citadas de un Ernesto conociendo a un Fidel - aparece ms que un Cortazar mtico, un hombre, un poeta, escribiendo sobre su hermano guerrillero. Simplemente eso.

Hoy da recordamos al Che desde lo ms ntimo de nuestro corazn, y es lgico. La palabra recordar viene del latn re (de nuevo) cordis (corazn). Cuando se recuerda, se hace pasar a la persona recordada nuevamente por el corazn de quien la recuerda. Y qu mejor recuerdo, qu mejor visita a la geografa ntima de los sentimientos, que la recorrida por entre las palabras del mismo Che hablando de su amigo Fidel, del mismsimo Cortazar hablando de su hermano, Ernesto Guevara de la Serna.



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