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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2007

Las nuevas rebeliones latinoamericanas

Claudio Katz
Rebelin


Amrica Latina se ha convertido en un foco de resistencia al imperialismo y al neoliberalismo a partir de los levantamientos en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina. Estas rebeliones enarbolaron reclamos coincidentes de anulacin de las privatizaciones, nacionalizacin de los recursos naturales y democratizacin de la vida poltica.

Las luchas rurales se expandieron, pero la reforma agraria ya no es la nica peticin y ha decrecido el rol protagnico del campesinado. Las demandas poltico-culturales de los indgenas han recobrado actualidad luego de siglos de avasallamientos, confirmando que los oprimidos pueden asumir varias identidades. Pero esta reivindicacin no debe dividir a los explotados.

Una gran variedad de sujetos populares lider las rebeliones recientes. La reorganizacin neoliberal del trabajo y el rol de las burocracias sindicales redujeron la gravitacin de los obreros industriales, pero no impidieron la activa intervencin de los asalariados. Slo una ptica clasista permite entender la dinmica de confluencia entre oprimidos y explotados que se observ en las sublevaciones.

Las rebeliones contribuyeron a revertir la secuencia de derrotas populares en que se asienta el neoliberalismo y expresaron una slida herencia de nacionalismo antiimperialista, conquistas democrticas y experiencias anticapitalistas. Amrica Latina ha sacado provecho de los reveses que soporta el Pentgono en Irak y su protagonismo en la periferia obedece a tradiciones de autonoma post-colonial de larga data.

Los levantamientos recientes fueron rebeliones radicales que superaron los estadios bsicos de la protesta social. Pero no incluyeron los desafos al estado, las formas de poder popular y los desenlaces militares, que caracterizaron a las revoluciones de Mxico, Bolivia, Cuba y Nicaragua.

El trmino revolucin es utilizado actualmente para realzar conquistas sociales y esperanzas de emancipacin, pero tambin debe servir para evaluar la intensidad de una lucha social. Conviene distinguir ambos sentidos y reconocer las diferencias que separan la actual oleada de sublevaciones de una situacin revolucionaria continental.

Las rebeliones actualizan viejas reivindicaciones sociales y nacionales y han mejorado las condiciones para obtener conquistas populares. Pero las principales demandas continan pendientes y su logro exige desplazar del poder a las clases dominantes.

LAS NUEVAS REBELIONES LATINOAMERICANAS[1]

Claudio Katz[2]

Amrica Latina se ha convertido en un significativo foco de resistencia al imperialismo y al neoliberalismo. Grandes sublevaciones populares afianzaron la presencia de los movimientos sociales y condujeron a la cada de varios presidentes neoliberales. Pero cul es el alcance de esta oleada de luchas? Qu programas, sujetos y proyectos se delinean en la regin?

CUATRO GRANDES LEVANTAMIENTOS.

La tnica de estas movilizaciones ha estado signada desde principio de la dcada por las sublevaciones registradas en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina. En estos cuatro pases la protesta social desemboc en levantamientos masivos y generalizados.

Esta misma tendencia a la irrupcin popular se verifica tambin, entre los pobladores de Oaxaca (Mxico), los estudiantes en Chile, los trabajadores de Colombia y los campesinos de Per. La intensidad de las protestas es muy desigual en la regin y coexiste con situaciones de reflujo en pases claves como Brasil. Pero uno tras otro, los distintos modelos de estabilidad neoliberal han quedado sobrepasados por el ascenso popular. Chile es el ejemplo ms reciente y emblemtico de este giro.

La oleada de los ltimos aos tuvo mayor gravitacin en las naciones andinas, fuerte impacto en el Cono Sur y menor influencia en Amrica Central. Pero tambin este mapa tiende a modificarse, a medida que las movilizaciones recobran fuerza en Mxico e irrumpen en Costa Rica. Los cuatro grandes levantamientos de Amrica del Sur constituyen el patrn de referencia de un proceso regional de resistencias entrelazadas, que interactan entre s[3].

La rebelin ms profunda se consum en Bolivia, en oposicin al feroz atropello neoliberal que desde 1985 empobreci al Altiplano. La accin popular dobleg la represin de los presidentes derechistas, en tres mareas de grandes combates. Con la guerra del agua se fren la privatizacin de este recurso (2000), con la guerra del gas se defendieron los hidrocarburos contra la depredacin exportadora (2003) y con la escalada final (2005) fue arrollado el presidente Lozada y su sucesor Mesa. A travs de una insurreccin con 80 muertos y 200 heridos, la poblacin quebr el ciclo derechista e inaugur el actual proceso presidencial de Evo Morales.

Tambin en Ecuador los programas neoliberales fueron sacudidos por varias sublevaciones. Primero los indgenas provocaron la cada del presidente Bucaram (1997) y luego impusieron el derrocamiento de Mahuad (2000), al cabo de seis das de intensos combates callejeros. Las elites consiguieron una breve distensin con el auxilio de un militar (Gutirrez en el 2003), que enmascar con retrica nacionalista la continuidad de la agresin patronal. Pero una nueva rebelin de los forajidos con mayor presencia de la clase media urbana (2005) demoli este ensayo y abri la secuencia de fulminantes derrotas electorales de la derecha (2006-07), que condujeron al actual gobierno de Rafael Correa.

En Venezuela la irrupcin popular debut con el Caracazo (1989). Este alzamiento fue una respuesta al incremento del precio de la gasolina que implement un gobierno de los petroleros y banqueros (Carlos A. Prez). En medio de fulminantes crisis financieras y protestas con centenares de muertos, los intentos continuistas quedaron opacados por un levantamiento militar (1992), que inaugur el proceso bolivariano.

El fracaso de un golpe empresarial sostenido por Estados Unidos (2002) y la gran secuencia de victorias electorales, permitieron a Chvez sepultar el tradicional bipartidismo de las elites. Estas victorias han generado la actual polarizacin entre la derecha y el gobierno nacionalista. Esta confrontacin se expresa cotidianamente en las calles y en los medios de comunicacin.

La cuarta rebelin significativa se verific en diciembre del 2001 en Argentina. Condujo a la cada del presidente neoliberal De la Ra, que intent mantener la poltica de privatizaciones y desregulaciones instaurada en los aos 90 por Menem. Esta sublevacin coron la resistencia de los desocupados, que expandieron su mtodo de lucha piquetero a todos los movimientos sociales y confluyeron en un gran levantamiento con la clase media expropiada por los bancos.

La protesta alcanz un nuevo pico frente a nuevas provocaciones represivas (Puente Pueyrredn a mediados del 2002) que reactivaron la lucha popular. Esta resistencia perdi intensidad posteriormente, pero ha impuesto un serio lmite a las agresiones capitalistas. Las clases dominantes lograron restaurar la autoridad del estado y contuvieron la ira de los oprimidos a travs del gobierno de Kirchner. Pero en un marco de recuperacin econmica, debieron otorgar significativas concesiones sociales y democrticas.

TRES EJES COMUNES.

Todas las rebeliones sudamericanas han enarbolado reclamos coincidentes contra el neoliberalismo, el imperialismo y el autoritarismo. Estas exigencias se tradujeron en planteos de anulacin de las privatizaciones, nacionalizacin de los recursos naturales y democratizacin de la vida poltica.

La reaccin popular se apoy en la erosin de la dominacin burguesa que gener el neoliberalismo perifrico. Este programa derechista no solo precariz el trabajo y masific la pobreza, sino que tambin condujo a un deterioro significativo de la autoridad de las clases opresoras. La reorganizacin econmica en que embarcaron los grupos dominantes gener grandes crisis, que deterioraron la capacidad de las elites para gestionar del estado. Este resquebrajamiento incentiv la irrupcin por abajo.

En un marco de quiebra de la estabilidad poltica y prdida de la hegemona de los partidos tradicionales, los manifestantes exigieron en Bolivia la re-estatizacin del agua y la nacionalizacin de los hidrocarburos. Reclamaron el fin de la regresin social provocada por privatizaciones y cierre de minas, que desgarraron el tejido social, masificaron el trabajo precario y alentaron el narcotrfico.

La misma motivacin antiliberal tuvo la sublevacin en Ecuador, dnde la pobreza afecta al 62% de la poblacin. Los oprimidos se insurreccionaron contra un esquema de economa dolarizada, primarizada y privatizada, que gener terribles colapsos inflacionarios, financieros y cambiarios. En Venezuela el primer estallido popular enfrent la caresta provocada por los ajustes el FMI. Esta reaccin se afianz, cuando el desmoronamiento del sistema bancario precipit la fuga de capitales, en un marco de inflacin y devaluacin descontroladas. La reaccin popular fue una protesta contundente contra la privatizacin petrolera y la turbia privatizacin de los bancos.

Tambin en Argentina la rebelin estall frente a dos nefastos efectos del neoliberalismo: la confiscacin de ahorros de la clase media para solventar la deuda pblica y la masificacin del desempleo generada por la flexibilizacin laboral. Los oprimidos exigieron en la calle la reversin de una poltica econmica, que produjo una depresin sin precedente desde los aos 30.

Estas mismas demandas han predominado en las movilizaciones de otros pases. La mayora popular rechaza los acuerdos de libre comercio (Colombia, Per, Centroamrica), las secuelas de las privatizaciones (Chile, Uruguay), la desregulacin laboral (Brasil) y el encarecimiento de los alimentos (Mxico).

Pero este cuestionamiento al neoliberalismo adopta tambin un perfil antiimperialista, ya que la liquidacin de empresas pblicas y la apertura comercial beneficiaron a muchas corporaciones norteamericanas y europeas. La recuperacin de la soberana nacional mediante la re-estatizacin de los recursos naturales ha sido un reclamo de todas las rebeliones.

Esta exigencia desemboc en Bolivia en la nacionalizacin de los hidrocarburos. El alcance de esta medida se encuentra actualmente en disputa, en los contratos que el gobierno negocia con las multinacionales. En estas pujas se juega el monto de la renta que absorber el estado y el uso asignado a ese excedente. La movilizacin social impuso tambin la extensin de las nacionalizaciones a otros sectores (agua, ferrocarriles, telfonos), aunque es evidente que el futuro del pas se define el manejo estatal del petrleo y el gas[4].

La misma conexin entre nacionalizaciones y movilizacin popular se comprueba en Venezuela. Tambin all se registra una expansin de la propiedad estatal tanto en la rbita petrolera, como en los servicios pblicos de agua, telefona y electricidad. Este curso revierte el rumbo neoliberal y coincide con la tendencia a la nacionalizacin que se verifica en todos los pases exportadores de crudo. Pero tambin se enmarca en una lucha particular contra la corrupta burocracia transnacional que manejaba la empresa estatal PDEVESA.

Un conflicto semejante ha comenzado a verificarse en Ecuador luego de la anulacin de un fraudulento contrato petrolero (Oxy), que ha reintroducido el debate sobre la nacionalizacin. Hasta ahora, el nuevo gobierno slo propone destinar los fondos excedentes que genera la exportacin de combustible, al desarrollo de programas sociales.

A diferencia de estos tres cursos en Argentina las privatizaciones se han mantenido sin grandes cambios. El gobierno neutraliz el reclamo popular de recuperar las empresas pblicas y se limit a regular las tarifas de estas compaas. Pero las tensiones no estn zanjadas, porque en toda la regin crecen las demandas de estatizacin. Son reclamos contra la depredacin minera (Per, Chile) o la destruccin del medio ambiente (Brasil), que estn invariablemente enlazadas con el rechazo de las bases militares norteamericanas (Ecuador, Puerto Rico) y los ensayos de intervencin yanqui (Centroamrica, Colombia). Las banderas antiimperialistas han recuperado centralidad, frente al dramtico proceso de recolonizacin poltica que sufri la regin en las ltimas dos dcadas.

En todas las rebeliones emergi tambin una exigencia de democracia real. Por primera en la historia regional una oleada de revueltas no enfrenta a dictadores, sino a presidentes constitucionales. Esta novedad demuestra que las luchas latinoamericanas no se restringen a una batalla contra regmenes totalitarios. Existe una percepcin ya generalizada que la vigencia de sistemas constitucionales no resuelve los dramas sociales. Se nota que estas estructuras polticas son utilizadas por las clases dominantes para implementar atropellos contra los trabajadores.

Las sublevaciones contra presidentes autoritarios o corruptos comenzaron en Per fines de los 80, siguieron en Brasil en 1992 y posteriormente en Paraguay 1999. Pero actualmente esta batalla incluye exigencias de refundacin poltica integral. Por esta razn ha prevalecido la peticin de Asambleas Constituyentes en varias revueltas, a pesar del uso negativo que tuvieron ltimamente estos mecanismos. Sirvieron para maquillar la continuidad del orden vigente (Brasil) y para facilitar reelecciones de presidentes neoliberales (Argentina).

La Asamblea que emergi en 1999 en Venezuela condujo al logro de importantes conquistas populares. Ahora se debate otra reforma constitucional que consagrara nuevos avances (fondo de estabilidad social, reduccin de jornada de trabajo, supresin de autonoma banco central). La derecha resiste estos logros, mediante inconsistentes cuestionamientos a la extensin del mandato presidencial

Una lucha ms encarnizada se est librando tambin en Bolivia con los conservadores, que buscan detener cualquier iniciativa que afecte sus privilegios. Bloquean sistemticamente el funcionamiento de la Asamblea Constituyente, exigiendo una mayora de dos tercios para aprobar las principales leyes. Este mismo tipo de sabotajes sern ms difciles en Ecuador, luego de la demoledora derrota que sufrieron los partidos tradicionales. Pero en estas Asambleas se discutirn no solo los reclamos antiliberales, antiimperialistas y democrticos, sino tambin viejos problemas que han recobrado relevancia.

TRANSFORMACIONES EN EL AGRO

El neoliberalismo agrav sustancialmente el drama de los pobres rurales. Las agresiones capitalistas contra los pequeos agricultores acentuaron durante la ltima dcada los violentos conflictos por la tierra, que acosaron a Colombia, precipitaron el levantamiento de Chiapas, multiplicaron las masacres en Per y provocaron ms 300 muertos en Brasil.

En situaciones agrarias nacionales muy diferentes, estos atropellos generaron resultados semejantes de polarizacin social, miseria campesina y enriquecimiento de los grandes propietarios o contratistas. La fractura entre el sector moderno de exportacin y la agricultura de subsistencia se agrav de manera uniforme, acentuando el desamparo rural y la emigracin a las ciudades.

Esta redoblada opresin incentiv nuevas resistencias agrarias, organizadas en torno a movimientos muy diversos (CONAIE en Ecuador, Zapatismo en Mxico, Cocaleros en Bolivia, MST en Brasil), cuyos programas desbordan las demandas tradicionales de los campesinos. Estas plataformas no se limitan como en el pasado al reclamo de una reforma agraria, ya que existe una importante asimilacin de las frustraciones legadas por esos procesos.

Durante el siglo XX se consumaron dos grandes revoluciones agrarias (Mxico, Bolivia) y varias reformas significativas de la propiedad (Guatemala, Chile, Per, Nicaragua, El Salvador). Las transformaciones fueron en cambio superficiales, en los pases que fue preservada la concentracin de la tierra (Brasil, Venezuela, Ecuador, Colombia, Honduras, Repblica Dominicana y Paraguay). Solo en dos naciones (Argentina y Uruguay) no se registr ningn tipo de modificaciones. Pero de esta gran variedad de cursos emergi un escenario comn de polarizacin, entre prsperas empresas de exportacin y estancadas explotaciones de subsistencia. La pobreza y las desigualdades se han acentuado y en muy pocas regiones floreci un segmento intermedio de burguesa agraria[5].

Este resultado indujo a los nuevos movimientos sociales a proponer soluciones ms integrales que la vieja reforma agraria. Algunas propuestas prestan mucha atencin a la proteccin del medio ambiente y plantean sustituir el agro-negocio por modelos de produccin alimenticia prioritariamente destinada al mercado interno. Se ha tornado evidente, la escasa utilidad en materia de eficiencia y productividad de las transformaciones agrarias que mantienen en pie la estructura del capitalismo perifrico[6].

En este nuevo contexto el campesinado no ha jugado el papel protagnico que exhiba a principios del siglo XX. No repiti el rol que tuvo en Mxico, como agente dinmico de la primera revolucin contempornea de la regin. Esa intervencin condujo a una guerra civil que desbord todos los compromisos ensayados por las jefaturas burguesas. Este rol volvi a notarse en otros levantamientos posteriores como la insurreccin salvadorea de 1932, pero no ha persistido al comienzo del nuevo siglo[7].

Si bien la desaparicin del campesinado no es un proceso abrupto e inexorable, es visible la prdida de cohesin social de este sector. La proletarizacin desplaz hacia los centros urbanos el eje de la lucha social, incluso en pases como Bolivia que recrearon la pequea propiedad luego de una importante reforma agraria. El campesinado persiste como fuerza de peso, pero sin el liderazgo que exhibi en varios momentos de la centuria precedente.

LAS DEMANDAS INDIGENAS

La gravitacin de la cuestin indgena constituye una novedad significativa. Las revueltas pusieron de relieve la actualidad de un problema que afecta a casi 50 millones de oprimidos, pertenecientes a 485 grupos tnicos distintos. Sus derechos fueron repetidamente desconocidos por una doctrina que restringi los derechos nacionales solo a las repblicas post-coloniales. Estos estados emergieron de un proceso de balcanizacin, bajo el control de elites criollas que atropellaron las configuraciones territoriales originarias. Durante este proceso, muchos sectores indgenas (y toda la poblacin negra introducida con la esclavitud) perdieron la lengua, la tierra y su cultura. Pero otros segmentos mantuvieron una identidad cuyo reconocimiento exigen en la actualidad[8].

En cada uno de los cinco pases que concentran el 90 % de esta poblacin (Per, Mxico, Guatemala, Bolivia y Ecuador), las demandas indgenas presentan caractersticas distintas. En Ecuador todas las comunidades han confluido en una organizacin comn, que exige la formacin de un estado plurinacional y multi-lingustico. En Bolivia, los reclamos han sido canalizados por agrupamientos sindicales y polticos, que en algunos casos reclaman este mismo reconocimiento (Evo Morales) y en otras variantes alientan el reestablecimiento de formas polticas afines al antiguo estado incaico (Quispe). En Per la reivindicacin indgena no alcanz hasta ahora la misma intensidad que en los pases vecinos. Algunos analistas atribuyen esta peculiaridad al impacto de la urbanizacin sobre las viejas culturas gamonal-andina y seorial-criolla y al efecto de la guerra sucia de 1980 y 2000, que sembr el terror en las regiones menos aculturadas[9].

El indigenismo ha renacido particularmente en Bolivia, como una cultura plebeya forjada por los oprimidos urbanos y precarizados. Mantiene viva la memoria anticolonial de una poblacin poco mestizada, que ha sufrido la dominacin racial blanca y el fracaso de varios procesos de integracin trunca y castellanizacin forzosa.

La demanda indgena coexiste con la lucha antiimperialista y anticapitalista, ya que los oprimidos frecuentemente mantienen varias identidades (indio-precarizado de Bolivia o indio-campesino de Ecuador). Las rebeliones recientes pusieron de relieve la legitimidad de las reivindicaciones de los pueblos originarios y demostraron que la cuestin nacional presenta en Amrica Latina tres dimensiones: el aspecto anticolonial (gestado en la lucha contra Espaa-Portugal y luego contra Estados Unidos), la resistencia antiimperialista (que involucra a toda la regin desde la ltima centuria) y la opresin interna de los indgenas, en distintas zonas del continente.

Tal como ocurre con todas las formas del nacionalismo, las connotaciones de esta demanda dependen de los portavoces y propuestas en juego. La derecha descalifica el etno-fundamentalismo del programa indgena, para disimular la continuidad de la opresin racista con discursos de embellecimiento del mestizaje. Los sublevados de la regin andina han desenmascarado este mensaje dual, demostrando que la lucha secular por la tierra est directamente asociada en varios pases con la defensa de una identidad poltico-cultural.

En Bolivia este sentimiento de auto-afirmacin incentiv varios levantamientos e incorpor un derecho de auto-determinacin nacional, que es valedero en la medida que converja (y no discrimine) al resto de los oprimidos. Esta demanda que se plasma en la propuesta de remodelar el estado en un sentido plurinacional- difiere sustancialmente de la romntica utopa de reconstruir el imperio incaico. Este proyecto tiende a recrear formas obsoletas de economa de subsistencia y segrega a los explotados no indgenas. Adems, puede generar gettos atomizados, que las multinacionales del petrleo aprovecharan para reapropiarse de los hidrocarburos. Por esta razn es vital que los recursos estratgicos sean centralizados y queden en manos de los estados nacionales[10].

La identidad indgena es mutable y asume significados cambiantes en cada momento histrico. Lo que se puso de manifiesto en los ltimos aos es el carcter arbitrario de todos los criterios para definir a priori la relevancia especfica de este problema. La cuestin indgena existe en cada pas, desde el momento que es asumida por una masa significativa de la poblacin.

Lo esencial es registrar esta demanda y no forzar clasificaciones inflexibles a partir de parmetros objetivos (lengua, territorio, historia, cultura comn) o la mera exaltacin de un sentimiento de pertenencia. Los derechos nacionales simplemente son legtimos cuando una masa representativa los reclama, al cabo de un proceso de construccin de identidades propias. Estos fenmenos nunca expresan la vigencia de una entidad previa, primaria e invariable. Si se comprende esta variabilidad histrica resulta posible abordar sin esquematismos, los nuevos problemas de los pueblos originarios[11].

MUTIPLICIDAD DE SUJETOS

Las rebeliones recientes han corroborado la existencia de una gran variedad de protagonistas populares. Las revueltas de Bolivia fueron encabezadas por trabajadores precarizados, campesinos e indgenas, que retomaron el acervo de lucha sindical de los mineros. La ciruga neoliberal destruy el viejo tejido social, pero no sepult las tradiciones que han recogido los nuevos resistentes. Los mineros ya no ejercieron su viejo liderazgo, pero su herencia fue visible entre los trabajadores precarios. La vieja central sindical (COB) tampoco jug el rol del pasado, pero sus mtodos huelgusticos dominaron el levantamiento y se expandieron a sectores de la clase media afectados por la andanada derechista.

Las dos primeras sublevaciones de Ecuador fueron encabezadas por los indgenas, mientras que en la tercera rebelin predominaron los sectores urbanos. La masa de trabajadores informales y pobladores humildes lider en Venezuela, todas las movilizaciones que doblegaron a la derecha. Pero en los momentos definitorios fue decisiva la accin de los trabajadores petroleros, que derrotaron el ensayo golpista del 2002 junto a sectores significativos del ejrcito.

En el argentinazo del 2001 -a diferencia de los saqueos de 1989- convergieron los desempleados que cortaban rutas (piquetes) con la clase media expropiada por los bancos (cacerolas). Posteriormente se afianz el protagonismo de los asalariados, aunque ya no bajo el tradicional liderazgo de la clase obrera industrial. Pero la fuerte tradicin de organizacin sindical se expres en huelgas masivas, que han sido implementadas por todos los segmentos combativos.

Este variado universo de la protesta social se verifica tambin en el resto de Amrica Latina. Los asalariados urbanos gravitan ms en el Cono Sur que en la regin Andina, pero los empleados pblicos -y especialmente los docentes afectados por el ajuste neoliberal- ocupan un lugar destacado en todos los pases. La juventud estudiantil, o precarizada o desocupada- aparece siempre en la primera fila del combate callejero.

En toda la regin se comprueban los efectos de las transformaciones neoliberales, que han reestructurado el universo de los asalariados. La fuerza laboral actual es ms heterognea y se encuentra segmentada entre un polo de actividades calificadas y un rea de precarizacin. Esta reorganizacin capitalista ha diversificado los sujetos de la lucha popular.

Pero la resistencia latinoamericana ha demostrado, adems, que la remodelacin laboral no erradica, ni impide la respuesta de los oprimidos. Las sublevaciones evidenciaron que los trabajadores no se resignan, ni han quedado sustituidos por una inerme masa de excluidos. En todas las revueltas actuaron no solo los oprimidos expulsados del mercado, sino tambin explotados ubicados en los centros neurlgicos de la vida econmica. La conjuncin de ambos sectores permiti el triunfo de los levantamientos, en los lugares dnde la economa fue paralizada por las protestas masivas.

Como la destruccin de puestos de trabajo ha sido acompaada por la creacin de nuevas formas de empleo, el peso de los asalariados no decreci en Amrica Latina. Tampoco se extinguieron el trabajo y la clase obrera. El decisivo papel que han jugado los asalariados en varios levantamientos confirma que la batalla contra el neoliberalismo, forma parte de una resistencia perdurable contra la explotacin capitalista.

Registrar este dato es importante para notar el basamento clasista que subyace en la oleada reciente de revueltas. Cundo se omite esta determinacin social, las rebeliones tienden a ser vistas como articulaciones contingentes de movimientos sectoriales, que pueden adoptar cualquier direccin y empalmar (o distanciarse) en forma fortuita. Al borrar la dinmica objetiva que impulsa la lucha social, se tornan inexplicables las causas que inducen a los oprimidos a converger. Todo el sentido de esta lucha se vuelve indescifrable[12].

Reconocer el sustento de clase de los levantamientos no implica ignorar las transformaciones que afectan a los asalariados. Estas modificaciones son muy significativas, tanto a nivel objetivo (ampliacin del peso general de los trabajadores y menor gravitacin del segmento industrial), como subjetivo (declinacin de los viejos sindicatos y sustitucin parcial por nuevas organizaciones). Estos cambios incluyen tambin una prdida simblica de visibilidad, identidad y auto-confianza de los viejos segmentos fabriles. Pero las rebeliones han demostrado que la pasividad y la desmoralizacin generadas inicialmente por el neoliberalismo pueden ser neutralizadas, si los explotados y los oprimidos encuentran cauces para la accin comn.

Los excluidos no pueden doblegar al capital sin el auxilio de los incluidos y a su vez, los trabajadores formales solo pueden imponer sus reivindicaciones si cuentan con un gran acompaamiento popular. Como el capitalismo se nutre simultneamente de la opresin y de la explotacin, la confluencia por abajo contrarresta siempre la supremaca que ejercen los de arriba.

El variado espectro de sujetos oprimidos que encabez los levantamientos recientes difiere del contundente liderazgo obrero, que caracteriz la revolucin boliviana de 1952, las luchas fabriles de Argentina en 1960-70 o de Brasil en los aos 80. Este cambio no es solo consecuencia de la desregulacin neoliberal del mercado de trabajo. Tambin obedece al elevado grado la integracin estatal de burocracias sindicales, que atemperan la resistencia, desorganizan la lucha y aslan corporativamente a los trabajadores sindicalizados.

Inicialmente la contrapartida burguesa de esta accin era la generalizacin de importantes conquistas sociales. La clase dominante convalidaba estos logros -especialmente en Mxico o Argentina- para garantizar la estabilidad de los negocios. Pero la arremetida neoliberal contra las conquistas sociales socav ese pacto, dificultando al mismo tiempo la reorganizacin desde debajo de la clase obrera.

La burocracia acentu su asociacin con el capital hasta convertirse ella misma en empresaria en muchos pases. Pero los sindicatos alternativos no maduraron lo suficiente, para transformarse en una opcin de liderazgo de las sublevaciones. Tambin este resultado explica la diversidad de sujetos oprimidos que ha predominado en las rebeliones recientes.

XITOS Y SINGULARIDADES

Las rebeliones latinoamericanas irrumpen en coincidencia con grandes resistencias antiimperialistas en el mundo rabe y suceden a la oleada de levantamientos, que sacudi a Europa Oriental a principios de los 90. Los tres acontecimientos conforman procesos regionales, con objetivos, programas y formas de lucha singulares. El anhelo de democracia poltica frente a las dictaduras burocrticas unific las movilizaciones en Europa del Este, el rechazo a la agresin norteamericana impulsa la lucha en Medio Oriente y las consecuencias sociales del neoliberalismo perifrico determinaron la reaccin popular en Amrica Latina.

Durante la ltima dcada la accin de los oprimidos de esta ltima regin perdi sincrona con Europa Occidental o Estados Unidos. Las clases dominantes de las economas centrales pudieron recurrir a mecanismos de atenuacin de las tensiones sociales, que no estn disponibles en el Tercer Mundo. En esta etapa volvi a emerger la localizacin perifrica de las contradicciones ms explosivas del capitalismo.

Pero lo ms significativo de las rebeliones latinoamericanas han sido sus resultados. Estas sublevaciones lograron quebrar la secuencia acumulativa de derrotas populares en que se asienta el neoliberalismo. Es cierto que ningn levantamiento alcanz plenamente sus objetivos, pero el establishmnent perdi mayoritariamente la partida y se inaugur un contexto poltico impensable durante el anterior apogeo de la derecha.

Este logro tiene gran relevancia en un perodo signado por agresiones patronales y frustraciones populares. La marea de sublevaciones desemboc en Europa Oriental en restauraciones capitalistas, que atropellaron las conquistas laborales y acentuaron la polarizacin social. Y si bien el imperialismo ha sufrido serias derrotas en Palestina e Irak, la atroz sangra que generan las tensiones tnicas en Medio Orientes han bloqueado, hasta el momento, la gestacin de una alternativa liberadora en esa zona. Por el contrario en Amrica Latina las protestas antiliberales asumieron una tnica antiimperialista, ntidamente democrtica y carente de los componentes religiosos, que obstruyen el desarrollo de un proyecto popular en el mundo rabe.

Es muy difcil evaluar como incidir este resultado latinoamericano sobre el balance internacional de fuerzas que estableci el neoliberalismo. Pero sin lugar a dudas contribuirn a revertir la espiral de derrotas populares, que inaugur el thatcherismo a principios de los 80. Como los movimientos sociales de la regin mantienen estrechos vnculos con los distintos foros alter-globales -que desde hace aos funcionan en todo el mundo- existe una fluida transmisin de la experiencia regional al resto del planeta.

En Amrica Latina se pudo reconstituir con relativa celeridad el tejido de solidaridad requerido para frenar la ofensiva del capital. Esta recomposicin explica el lugar privilegiado que ocupa la regin en el escenario mundial de luchas sociales. El neoliberalismo no logr sepultar las tradiciones polticas y sindicales combativas de la zona, ni siquiera en el cenit de su agresin. Confront con tres singularidades de la zona: una herencia viva de nacionalismo antiimperialista, importantes avances en el terreno de las libertades democrticas y la supervivencia de la experiencia socialista en Cuba.

Ninguno de estos rasgos se ha verificado en otras zonas perifricas. El fracaso de los ensayos nacionalistas de 1950-70 en el mundo rabe fue maysculo, las avances democrticos de 1980-90 en esa regin fueron irrelevantes y los procesos que intentaron algn perfil socialista (como Argelia en los 60) quedaron prematuramente bloqueados. En cambio Amrica Latina ha podido usufructuar de los lmites que actualmente enfrenta el imperialismo norteamericano, para imponer sus prioridades a escala global. La regin ha sacado paradjicamente mayor provecho que el propio Medio Oriente de los reveses que soporta el Pentgono en Irak.

Pero tambin pesan ciertas ventajas histricas que diferencian a la zona del resto del Tercer Mundo. Amrica Latina acumula una mayor tradicin de autonoma poltica post-colonial que el grueso de frica y Asia. Concentra una herencia de luchas por la independencia de vieja data, que le permiti constituir repblicas en los albores de la revolucin burguesa. Por esta razn mantuvo un liderazgo de avances en la periferia en el campo de la ciudadana, la integracin nacional y la convivencia tnica.

Estos logros colocaron a la regin en una situacin peculiar en comparacin al resto de las zonas dependientes, que comenzaron a soportar la opresin colonial cuando Amrica Latina se liberaba de esa sujecin. Este avance permiti forjar tempranamente una conciencia nacional, que aliment dos siglos de accin liberadora.

Es igualmente cierto que las compuertas abiertas por la independencia solo crearon durante el siglo XIX posibilidades de desarrollo, que no lograron consumarse. Por esta razn la revolucin burguesa tuvo un carcter incompleto, en comparacin a Europa y Estados Unidos. Pero este malogrado desenvolvimiento precoz permiti la gestacin de tradiciones polticas ciudadanas ms avanzadas que en cualquier otro rincn del Tercer Mundo. Estas ventajas histricas influyen en el perfil contemporneo que asume la lucha social en toda la regin.

REBELIONES BSICA Y REBELIONES RADICALES.

La oleada latinoamericana reciente ha sido caracterizada con mltiples denominaciones que invariablemente aluden a la rebelin. Los sinnimos ms comunes son revuelta, levantamiento, alzamiento o sublevacin. Estos trminos denotan la existencia de acciones populares contundentes y masivas de rechazo al orden vigente, pero tambin indican las limitaciones de las propuestas alternativas.

Las irrupciones campesinas de Europa Medieval (jacqueries) conforman el modelo tpico de la rebelin. Implicaban furiosas reacciones de los oprimidos, sin correlatos positivos para la construccin de un orden social diferente. Varios historiadores han utilizado este sentido el concepto de la rebelin, para caracterizar distintas luchas populares de Amrica Latina[13].

Lo que diferencia la rebelin de un motn o de una conspiracin es la participacin masiva. Por esta razn no guardan ningn parentesco con los golpes de estado que han signado la historia de Amrica Latina. Las revueltas son movimientos por abajo, que se ubican en las antpodas de los 115 golpes militares registrados durante el siglo XIX.

Las rebeliones latinoamericanas bsicas siempre irrumpieron como reacciones espontneas y repentinas de la poblacin frente a los atropellos capitalistas o las agresiones dictatoriales. Incluyeron formas muy variadas de resistencia a la represin, pero no lograron inmediatamente desenvolver formas de organizacin alternativas o proyectos polticos autnomos de los oprimidos. Desde el Bogotazo colombiano de 1948 hasta los saqueos argentinos frente la hiperinflacin de 1989, los episodios de este tipo han sido innumerables. Forman parte de una larga tradicin de lucha social, que los opresores siempre han temido y descalificado.

Sus voceros identifican estas reacciones con la delincuencia ya que al criminalizar las protestas oscurecen su contenido social. Actualmente las elites encubren esta distorsin con campaas contra el narcotrfico y presentan la ocupacin militar de los barrios populares como actos contra el delito. En las grandes ciudades de la regin se libra una guerra civil encubierta contra los desamparados y algunos estudios incluso denuncian el adiestramiento del ejrcito para enfrentar las resistencias urbanas contra los humildes[14].

Las sublevaciones latinoamericanas de los ltimos aos se ubicaron en un escaln superior a cualquier rebelin social bsica. Los alzamientos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina no fueron solo reacciones contra los gobiernos derechistas, sino que tambin incluyeron demandas positivas de carcter antiliberal, democrtico y antiimperialista. Pero estas exigencias no estuvieron acompaadas por la gestacin de organismos de poder popular. Aqu radica la diferencia con las revoluciones sociales, que incluyen la presencia de ese tipo de instituciones.

En las revoluciones sociales tienden a emerger modalidades de poder de los oprimidos, en pugna con el sistema de dominacin vigente. Desafan esta estructura con alguna forma de soberana alternativa. El doble poder de los soviets en la revolucin rusa es el ejemplo clsico de esta disputa, que algunos autores contemporneos identifican con la presencia de soberanas mltiples. En estas situaciones se verifica la existencia de dos o ms epicentros que reclaman la legitimidad exclusiva del poder[15].

Las rebeliones se distinguen de las revoluciones por la visibilidad de estos organismos y su potencial confrontacin con el estado. No son las formas de lucha, los grados de violencia o la existencia de insurrecciones lo que diferencia a ambas modalidades. Este tipo de acciones ha estado presente tanto en las grandes rebeliones (Bogotazo), como en el inicio (Portugal en 1975) o la culminacin (Nicaragua en 1979) de un proceso revolucionario. Lo que se verifica en las revoluciones y no se observa en las rebeliones es la existencia de formas organizadas en asambleas, consejos, movimientos o ejrcitos- de un nuevo poder, que desafa a las autoridades del estado. Por esta razn las revoluciones introducen puntos de ruptura histrica ms significativos que otro tipo de sublevaciones.

Tomando en cuenta estos criterios se puede caracterizar a los levantamientos latinoamericanos recientes como rebeliones radicales. Superaron el alcance tradicional de estos alzamientos, sin llegar a ubicarse en el campo estricto de las revoluciones. Una mirada retrospectiva confirma esta evaluacin.

COMPARACION CON GRANDES REVOLUCIONES

Durante el siglo XX se registraron cuatro grandes revoluciones sociales en Amrica Latina: Mxico en 1910, Bolivia en 1952, Cuba en 1959 y Nicaragua en 1979. El contraste con estas gestas permite dimensionar el alcance de las rebeliones recientes.

La revolucin mexicana fue una reaccin masiva de campesinos agobiados por la modernizacin capitalista que implement un rgimen semi-dictatorial. Al cabo de un encarnizado ciclo de sangrientas confrontaciones e importantes concesiones a los sublevados se abri un perodo de precaria estabilidad, que desemboc en renovadas movilizaciones en los aos 30. Durante este perodo un gobierno nacionalista (Crdenas) reinici la reforma agraria y las nacionalizaciones inconclusas.

La revolucin boliviana fue un alzamiento popular liderado por batallones sindicales de los mineros, que sepultaron la dominacin tradicional de la oligarqua. El gobierno surgido de esta irrupcin (Paz Estensoro) nacionaliz el estao, instaur la reforma agraria e introdujo el sufragio universal. Pero esta misma administracin reconstruy al poco tiempo el maltrecho estado al servicio de las clases dominantes, mediante un giro derechista negociado con el FMI.

A diferencia de estos dos antecedentes la revolucin cubana no se detuvo en la implantacin de reformas. Respondi a las agresiones norteamericanas con un acelerado proceso de nacionalizaciones y transformaciones anticapitalistas. Esta revolucin trastoc el escenario regional, al asumir un carcter socialista y demostrar la factibilidad de este curso en Amrica Latina.

La revolucin nicaragense pareci repetir este nuevo patrn. Pero bajo el acoso permanente de bandas financiadas por el Pentgono, los sandinistas detuvieron las transformaciones sociales, pactaron con sus viejos adversarios y antes de perder el gobierno por va electoral ya se perfilaban como una nueva elite dominante.

En Mxico, Bolivia, Cuba y Nicaragua se consum el desmoronamiento de los viejos sistemas polticos y se implementaron cambios econmico-sociales, que respectivamente se estancaron, revirtieron, consolidaron y neutralizaron. Pero en los cuatro pases se verificaron las formas de poder paralelo y los organismos desafiantes del estado, que distinguen a las revoluciones sociales de las rebeliones.

En otros levantamientos estos rasgos aparecieron en forma solo espordica o conformaron inmaduros embriones. Algunas revoluciones no triunfaron (El Salvador en los aos 80) o fueron incipientemente aplastadas (Guatemala en 1954, Chile en 1970). De todas estas experiencias surgieron las tradiciones que nutren la lucha popular. Pero en forma estricta, el trmino revolucin social es solo aplicable en el siglo XX a cuatro grandes eventos de la historia latinoamericana.

A diferencia de muchas rebeliones, los levantamientos de Mxico, Bolivia, Cuba y Nicaragua tuvieron un ntido desemboque militar. Esta confrontacin ilustr la peculiar intensidad de estas convulsiones. En los cuatro casos se registr una pugna directa de las milicias populares armadas con el ejrcito convencional.

En Mxico los campesinos despojados de sus tierras aplastaron a las tropas federales y sostuvieron una dcada de resistencias blicas, apoyada en la organizacin comunal del sur y el alistamiento masivo en el norte. En Bolivia, los efectivos del gobierno fueron doblegados por los escuadrones de mineros, al cabo de una encarnizada batalla de tres das que cost 1500 muertos. Tambin aqu el ejrcito fue demolido por la accin armada de los obreros. En Cuba la guerrilla libr una exitosa guerra de desgaste contra la guardia nacional, que culmin con la ofensiva final del movimiento 26 de Julio. Veinte aos despus, una secuencia de similar de operaciones en el campo junto a insurrecciones urbanas condujeron a la victoria de Nicaragua.

En los cuatro casos se perpetr un enfrentamiento militar que defini el triunfo de los revolucionarios y el desmoronamiento del ejrcito oficial. Este desenlace condujo al desplome de todos los organismos del estado burgus, que fueron reformados y reconstruidos (Mxico y Bolivia), destruidos y reemplazados (Cuba) o demolidos y rehabilitados (Nicaragua). Estos resultados finales tan dismiles, no diluyen la enorme familiaridad revolucionaria inicial de los cuatros procesos.

Las rebeliones latinoamericanas recientes no alcanzaron en ningn caso esta intensidad. De los cuatro levantamientos de la ltima dcada, Bolivia se ubic en el terreno ms prximo a una revolucin. No solo por la contundencia de las sucesivas guerras que libraron los sublevados (agua, coca, gas), sino por el principio constitucin de organismos de poder popular (en las Juntas de El Alto). Pero la distancia que guarda esta convulsin con el antecedente de 1952 es muy significativa. En esa ocasin un ejrcito regular fue derrotado y desarmado por batallones mineros.

En el caso ecuatoriano las masas populares jaquearon a varios gobiernos, sin llegar a forjar organismos de poder rivales del estado, ni milicias desafiantes de las fuerzas armadas. La situacin potencialmente revolucionaria que se vivi en varios momentos, no se tradujo en una revolucin comparable a las cuatro grandes gestas del siglo XX.

La brecha que separa al argentinazo de esos antecedentes es mucho mayor. Desde diciembre del 2001 hasta mediados del 2002 se plasm un levantamiento masivo, sostenido en la ocupacin continuada de las calles. Pero las instancias potenciales de un poder popular apenas se insinuaron y la parlisis transitoria del estado no implic el desplome de ninguna de sus instituciones. Tampoco se produjo posteriormente alguna renovacin significativa del espectro poltico. La protesta asumi ms que en cualquier otro caso, una modalidad clsica de rebelin diferenciada de la revolucin.

VARIEDAD DE USOS

En Venezuela la palabra revolucin es cotidianamente utilizada con gran orgullo por todos participantes del proceso nacionalista. Recurren a este trmino para caracterizar un giro histrico de la vida nacional. La revolucin bolivariana es identificada con las batallas contra la derecha, el desmoronamiento del sistema de bipartidista y los importantes logros sociales[16].

Pero en este caso, la palabra revolucin presenta una acepcin diferente a la aplicada para contrastar su presencia con las rebeliones. No alude a un acontecimiento, sino a la totalidad de un proceso de rupturas sucesivas con el orden vigente (caracazo, recuperacin de PDEVESA, derrota del golpe, triunfos electorales). La convocatoria a concretar nuevas revoluciones dentro de la revolucin se basa en esta identificacin del concepto, con transformaciones de alto contenido radical. En este caso la mencin de la revolucin presenta un significado simblico, que expresa la sensacin de un gran cambio en curso. Este significado del trmino difiere de su utilizacin como categora analtica comparativa de la intensidad de las sublevaciones populares.

Es importante valorar esa dimensin subjetiva, ya que toda revolucin se nutre de percepciones, esperanzas e ideales. Pero tambin es vital evaluar el alcance del giro actual para tomar conciencia de la distancia que falta recorrer. En Venezuela qued largamente superado el estadio inicial de una rebelin y es vlido reconocer la presencia de un proceso revolucionario. Pero las fronteras que atravesaron las cuatro grandes revoluciones sociales de Amrica Latina, no han sido an traspasadas.

Este mismo diagnstico se aplica a Bolivia. Algunos recurren a un uso extendido del trmino revolucin para analizar lo ocurrido en el Altiplano. Convocan explcitamente a no regatear la aplicacin de ese concepto, estimando que el uso de sustitutos menores -como rebelin- desvaloriza el alcance de los levantamientos. Retoman la nocin de revolucin popular que utiliz Lenin en 1905, para contrastar una irrupcin desde abajo (Rusia) con cambios desde la cspide del estado (Turqua a principios del siglo XX)[17].

Pero la distincin entre revolucin y rebelin no tiene connotaciones ofensivas. Solo apunta a esclarecer grados de intensidad de la lucha popular para definir estrategias socialistas adecuadas. Recordar que las sublevaciones en Bolivia del 2000-2005 no provocaron un colapso del estado capitalista comparable al observado en 1952, no implica quitarle mrito alguno a estos levantamientos. Este sealamiento del trecho a recorrer es tan importante para un proyecto anticapitalista, como la contraposicin leninista entre irrupcin desde abajo y cambios desde arriba.

La revolucin presenta ambas caras: es un instrumento de liberacin deseado por los oprimidos y es tambin una categora de anlisis de la lucha social. La esperanza emancipadora no debe anular el potencial explicativo del concepto. No basta con evaluar las percepciones de los protagonistas. Se requiere, adems, dimensionar comparativamente el alcance de cada episodio.

Algunos autores recurren al concepto de revolucin poltica para ubicar los levantamientos recientes de Amrica Latina. Los sitan en un punto intermedio entre las rebeliones y las revoluciones sociales. Ese concepto fue muy utilizado en los aos 80, para distinguir los desmoronamientos de las dictaduras bajo presin popular de las transiciones manejadas desde arriba. Lo ocurrido en Argentina o Bolivia fue adecuadamente contrastado con el fin del franquismo en Espaa. La vieja distincin que estableci Trotsky entre revoluciones sociales (transformacin de las relaciones de propiedad) y revoluciones polticas (modificacin de un sistema institucional) fue aplicada para caracterizar los procesos post-dictatoriales ms convulsivos[18].

En su aplicacin contempornea, esta diferenciacin entre revoluciones polticas y sociales tambin incluye una distincin equivalente entre regmenes (fascismo, dictaduras, constitucionalismo, bonapartismo) y estados. Mientras que el primer tipo de sublevacin popular solo desafa alguna variante institucional de la dominacin capitalista, el segundo tipo de irrupciones confronta con los pilares administrativos y represivos de ese sistema. Esta diferencia obedece a que las reivindicaciones en juego en las revoluciones sociales son mucho ms convulsivas que las demandas propias de cualquier revolucin poltica[19].

En la oleada reciente de sublevaciones latinoamericanas se confront no solo con presidentes neoliberales, sino tambin con regmenes autoritarios y elitistas (bipartidismo venezolano, partidocracia ecuatoriana, contubernio boliviano entre tres oficialismos). Pero estas rebeliones no arremetieron estrictamente contra las monarquas, autocracias o tiranas militares, que inspiraron el uso del concepto revolucin poltica.

El mayor problema radica igualmente en otro plano: el potencial abuso del trmino revolucin. Esta nocin pierde contenido cundo es utilizada para catalogar cualquier variedad de irrupciones populares. La tipificacin de la revolucin cmo una eclosin solo poltica, no disipa esta disolucin del significado. Al confundir una sucesin de rebeliones con una oleada de revoluciones se tiende a exagerar el alcance de la accin popular y se abren las compuertas para sobredimensionar los procesos en curso. La consecuencia de error es imaginar la existencia de situaciones revolucionarias continentales de indefinida duracin.

Esta mirada anula el sentido especfico y de corto plazo que tienen las categoras concebidas por Lenin, para evaluar las condiciones que preparan o anteceden a una revolucin (crisis, jornadas y situaciones). Esas nociones aluden a perodos muy breves de colapso del estado y no a prolongadas etapas de crisis de un rgimen o gobierno. En Sudamrica no existe actualmente una situacin revolucionaria regional (de muchos pases), ni duradera (de varios aos). Comprender estas diferencias es vital para desenvolver una estrategia socialista acertada.

ACTUALIZACIN DE VIEJAS DEMANDAS

La oleada actual de luchas latinoamericanas se desenvuelve en una etapa internacional, que difiere significativamente del contexto predominante en las cuatro grandes gestas del siglo XX. La revolucin mexicana constituy un anticipo del triunfo bolchevique y de la marea roja que cubri a Europa Occidental. La revolucin boliviana empalm con la secuencia de levantamientos que signaron la descolonizacin del Tercer Mundo. Las revoluciones cubana y nicaragense inauguraron y coronaron, respectivamente, un ciclo de sublevaciones internacionales de gran impronta juvenil y fuerte centralidad de los proyectos socialistas.

Las rebeliones actuales se enmarcan, en cambio, en un perodo de ofensiva del capital, tendiente a desmantelar las conquistas sociales de pos-guerra. Constituyen la primera respuesta popular regionalizada con proyectos alternativos, a esa agresin neoliberal. Pero estas diferencias no anulan los grandes puntos de contacto que vinculan las sublevaciones recientes con sus antecesoras.

Los nuevos alzamientos pusieron de relieve viejos problemas, que las precedentes revoluciones frustradas o inconclusas no lograron resolver. Por eso la miseria de las masas, la desnacionalizacin de los recursos estratgicos y la ausencia de democracia real volvieron a irrumpir como los grandes temas de Amrica Latina.

La regresin social que reinstaur el neoliberalismo fue la chispa que en el pasado encendi las grandes revoluciones. La causa inmediata de la sublevacin campesina en Mxico fue la expropiacin de las comunidades indgenas y la intensificacin de la concentracin de la tierra bajo el Porfiriato. La misma secuencia de confiscaciones precipit el odio popular contra la oligarqua y el puado de rentistas mineros que despilfarraba las riquezas de Bolivia. Tambin en Cuba la revolucin se expandi en respuesta al pico de miseria y desigualdad social, que haba impuesto por Batista. En Nicaragua, la victoria sandinista comenz a gestarse, cuando el clan Somoza perpetr una descarada apropiacin de los fondos recolectados para socorrer a las vctimas del terremoto de 1972.

Pero no solo esta lucha social contra la explotacin conecta las revoluciones del siglo pasado con las rebeliones de la nueva centuria. Tambin la democratizacin perdura como un eje recurrente de los levantamientos populares. Esta demanda siempre alcanz intensidad, cundo los regmenes despticos comenzaron a disgregarse. La revolucin mexicana estall en oposicin a la perpetuacin de la camarilla de Porfirio. La revolucin en Bolivia se desat en medio de la ingobernabilidad generada por el fracaso de la guerra del Chaco. El 26 de Julio puso fin en Cuba a varias dcadas de inestables dictaduras y el Sandinismo desplaz en Nicaragua a una dinasta mafiosa en descomposicin.

La oleada de rebeliones recientes volvi a enfrentar a gobiernos autoritarios, socialmente aislados y carentes de cohesin, bajo la bandera comn de la democratizacin. Frente a regmenes constitucionales elitistas -que ya no actan como simples dictaduras- se reclam democracia genuina y no elecciones libres. La exigencia de soberana popular adopt otra forma, pero el contenido de esta aspiracin no ha variado.

Un tercer campo de continuidades presenta el perfil antiimperialista. Durante la revolucin mexicana esta impronta incluy el rechazo a la invasin de los marines, en un pas que sufri la sustraccin yanqui de la mitad de su territorio. La nacionalizacin del estao que manejaba la Rosca de oligarcas locales asociados con las grandes multinacionales fue la primera medida de la revolucin boliviana. En Cuba se puso inmediato fin al manejo norteamericano del azcar, la electricidad, el petrleo, el nquel y los telfonos. La revolucin nicaragense erradic a un tirano a sueldo del Departamento de Estado, que fue clebremente definido por los diplomticos estadounidenses como nuestro hijo de puta.

Las nuevas rebeliones han actualizado la tradicin antiimperialista radical que personificaron Zapata, Mart y Sandino, en Mxico, Cuba y Nicaragua. Estos tres lderes combinaron la resistencia al poder norteamericano con batallas sociales por reformas agrarias y mejoras obreras. Esta misma mixtura de reivindicaciones sociales y nacionales se plasma en el siglo XXI en la exigencia de nacionalizar los recursos bsicos para satisfacer las demandas populares.

Pero en la actualidad existe mayor conciencia que el pasado de la imposibilidad de resolver las asignaturas sociales, democrticas y nacionales pendientes, en los estrechos marcos de cada pas. Por esta razn ha cobrado tanta actualidad la bsqueda de la unidad regional, a travs de un genuino proceso de emancipacin.

El proyecto de aglutinar las distintas naciones en un estado regional centralizado -que las oligarquas locales frustraron a principio del siglo XIX- tuvo solo episdicos momentos de resurgimiento durante la centuria pasada. Esta meta fue desigualmente retomada por las cuatro grandes revoluciones, pero ha cobrado gran actualidad. La discusin en torno a opciones de integracin se encuentra atravesada por la disyuntiva de avanzar por un rumbo anticapitalista o retroceder hacia nuevas formas de dominacin de los poderosos.

LA REVOLUCIN PENDIENTE

Los levantamientos latinoamericanos lograron mayoritariamente desplazar a los presidentes neoliberales y mejoraron las condiciones para obtener conquistas. Pero estos xitos no implican satisfaccin de las reivindicaciones sociales. Estas metas pueden alcanzarse, a veces en forma parcial y transitoria, a travs de las concesiones que otorgan las clases dominantes por temor al aluvin revolucionario.

Pero el logro efectivo de las aspiraciones populares exige convertir las rebeliones en revoluciones sociales. Mientras que una sublevacin popular victoriosa permite derrotar a un gobierno derechista, el triunfo pleno de la revolucin social exige desplazar a las clases dominantes del poder e inaugurar una transformacin histrica de la sociedad. Este cambio no ha comenzado en ningn pas sudamericano.

Existe igualmente una significativa diferencia entre los gobiernos de centroizquierda (Argentina, Brasil, Uruguay) que han recompuesto la dominacin capitalista y las administraciones nacionalistas radicales (Venezuela, Bolivia y probablemente Ecuador). En estos pases se procesan cambios significativos y se abri una confrontacin entre proyectos, que pueden desembocar en la ruptura revolucionaria o en la consolidacin de las nuevas elites dominantes. Para indagar estas dos alternativas es til tambin revisar varias experiencias de las ltimas dcadas. Desarrollamos esta evaluacin en el prximo artculo.

24-10-07

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[1] El siguiente artculo forma parte del libro: Katz Claudio. Las disyuntivas de la izquierda en Amrica Latina. Editorial Luxemburg, Buenos Aires (aparicin a principios del 2008).

[2]Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

[3] Una detallada radiografa de la evolucin de las luchas populares exponen peridicamente los estudios del Observatorio Social de Amrica Latina (Revistas de OSAL- CLACSO).

[4]Hasta el momento la nacionalizacin ha quedado a mitad de camino. El gobierno cancel los juicios penales contra las compaas y la gestin de los nuevos entes estatales es muy permeable a las presiones de las empresas. Esta opinin expone el ex ministro: Soliz Rada Andrs. La nacionalizacin ha quedado a medio camino. Pgina 12, 15-10-07. Tampoco se est utilizando adecuadamente los nuevos ingresos que el fisco obtiene del repunte de las exportaciones. Ver: Stefanoni Pablo. Empate catastrfico en Bolivia. Le Monde Diplomatique, octubre 2007.

[5] Un balance de estas transformaciones presenta: Sampaio Plinio Arruda. La reforma agraria en Amrica Latina: una revolucin frustrada. OSAL 16, enero-abril 2005.

[6] Un modelo alternativo ha sido elaborado por el MST de Brasil. Stedile Joao. A reforma agraria j est esgotada. Epoca 2-7-07.

[7] El papel potencialmente revolucionario del campesinado fue tempranamente advertido por algunos tericos como Maritegui, que rechazaron la dogmtica caracterizacin de este sector como un segmento conservador. Lowy Michael. Introduccin, O marxismo na Amrica Latina, Fundacao Perseo Abramo, Sao Paulo 2006.

[8] Esta caracterizacin plantea: Vitale Lus. Introduccin a una teora de la historia para Amrica Latina, Planeta, Buenos Aires, 1992 (cap 4 y 9).

[9] Las diferencias entre Quispe y Morales en Bolivia estn expuestas en Stefanoni Pablo. Siete preguntas y siete respuestas sobre Bolivia de Evo Morales. Nueva Sociedad, n 209, mayo-junio 2007, Buenos Aires y Quispe Felipe. Entrevista. Corporacin Chile Ahora y La Haine. BIRSIR, 25-9-06. Quijano analiza las peculiaridades de Per en: Quijano Anbal. Estado-nacin y movimientos indgenas en la regin Andina: cuestiones abiertas. OSAL n 19, enero-abril 2006. Petras describe la reorganizacin de los indgenas en Ecuador. Petras James, Veltmeyer Henry. Movimientos sociales y poder estatal. Lumen, Mxico, 2005.(cap 4)

[10] Un interesante anlisis sobre estos temas plantea: Senz Roberto. Crtica al romanticismo anticapitalista. Socialismo o barbarie n 16, abril 2004, Buenos Aires.

[11]Este enfoque se basa en la caracterizacin que propone: Hobsbawn Eric. Introduccin. Naciones y nacionalismo desde 1780. Crtica, Barcelona, 1991.

[12] Esta desorientacin es muy evidente en: Laclau, Ernesto. Hegemona y estrategia socialista: hacia una radicalizacin de la democracia. Fondo de Cultura Econmica, 1987, Buenos Aires

[13] Mires Fernando. La rebelin permanente: las revoluciones sociales en Amrica Latina, siglo XXI, Mxico, 1988. (cap 1)

[14] -Boff Leonardo. El verdadero choque de civilizaciones Pgina 12, 11-9-07.

[15] Tilly desarroll este concepto a partir a partir de teora del doble poder que expuso Trotsky en: Trotsky Len. Historia revolucin rusa, tomo 1, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1972. Tilly Charles. Conflicto, revuelta y revolucin. Las revoluciones europeas 1492-1992, Crtica, Barcelona.

[16] Con esta acepcin lo utilizan: Bonilla-Molina Luis, El Troudi Haiman. Historia de la revolucin bolivariana, Ministerio de Comunicacin e informacin, Caracas, diciembre 2004

[17]Esta visin desarrolla: Gilly Adolfo. Bolivia, una revolucin del siglo XXI, Perfil de La Jornada, 2-3-04.

[18] Trotsky present como revoluciones polticas las irrupciones populares que desmoronaron tiranas capitalistas (Espaa en 1931) y los levantamientos equivalentes que podran erradicar al naciente stalinismo de la URSS. La aplicacin contempornea del concepto fue realizada por: Moreno Nahuel. Las revoluciones del siglo XX, Antdoto, Buenos Aires, 1986.

[19]Con el mismo sentido algunos historiadores contraponen las revoluciones polticas burguesas que mantuvieron a la nobleza (Inglaterra 1640-50 y 1688-89) con los torbellinos sociales que sepultaron a los seores feudales (Francia en 1789). Skocpol Theda. La explicacin de las revoluciones sociales: otras teoras. Los estados y las revoluciones sociales: un anlisis comparativo de Francia, Rusia y China. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1984.



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