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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2007

Jos Carlos Maritegui y la revolucin rusa

Gustavo Espinoza M.
Rebelin



 

 

El revolucionario es en todo momento un apstol y un soldado; pero ante todo y sobre todo, es un sabio

 

Henri Barbusse

 

Cuando los caonazos del crucero Aurora anunciaron al mundo el advenimiento de un nuevo orden social basado en el Poder de los Soviets en la antigua Rusia de los Zares, Jos Carlos Maritegui tena 23 aos. Posea ya la disposicin del apstol y la firmeza del soldado; pero en sus reflexiones, apuntaba la presencia de un sabio.

 

Nacido un 14 de junio de 1894, vinculado al trabajo periodstico prcticamente desde su adolescencia, y acucioso indagador de la situacin mundial, el joven colaborador de El Tiempo, supo de los acontecimientos de Petrogrado y Mosc a travs del teletipo.

 

La noticia, en efecto, haba alcanzado proporciones excepcionales cuando los diarios de Lima dieron la informacin referida al surgimiento de un nuevo Poder y al establecimiento de un orden social distinto marcado por el ascenso de obreros y campesino al escenario de lejano pas que se conoca como la tierra de Nicols Gogol, Len Tolstoi o Catalina La Grande, donde Napolen -hacia ya muchos aos- haba perdido la ms espectacular guerra de su historia.

 

Los sucesos del Gran Octubre sorprendieron en buena medida al mundo. Pero, sobre todo, dejaron sin argumentos a los desinformados que slo procuraban encontrar razones para consolarse por la derrota del rgimen opresor

 

Que los comentaristas occidentales conocan bien poco de la vida rusa, lo testimonia de manera transparente un influyente diario francs de la poca Le Matin- que, en su edicin del 9 de noviembre de 1917 consideraba el hecho como un simple episodio y aseguraba muy orondo a sus lectores:

 

Segn opinin de expertos competentes del Ministerio de Asuntos Extranjeros, la toma del poder en Rusia por los llamados bolcheviques, no es ms que un episodio pasajero. Su inevitable cada en un futuro prximo es considerada como un axioma en los crculos diplomticos

 

El optimismo de la prensa capitalista reflejaba sin duda la intencin de los segmentos ms poderosos de la sociedad europea. Sus predicciones referidas al colapso inminente de la experiencia socialista, no se cumplieron en los plazos que ellos esperaban y tuvieron que esperar 80 aos para que, en efecto, fuera depuesto el rgimen sovitico y la URSS dejara de existir legando a la posteridad muy ricos elementos para el debate poltico que sustentar las bases del socialismo en el siglo XXI.  

 

En el Per, pero tambin en Amrica Latina, Rusia an en ese tiempo era en buena medida una potencia desconocida, ms bien enigmtica. A la costa atlntica de nuestro continente, y como consecuencia de la crisis europea y la I Gran Guerra, haban comenzado a llegar emigrantes eslavos que pronto conformaran vigorosas colonias sobre todo en Uruguay y en Argentina. Pero en la antigua sede del virreinato, -en esta mansa y desabrida tierra gobernada por el seor Jos Pardo dira Maritegui el 30 de diciembre de 1917- Rusia segua siendo simplemente una leyenda.

 

Las noticias de la poca en la Lima de ese ao daban cuenta de un colapso poltico en Rusia donde se haba desmoronado primero el antiguo Poder Autocrtico y luego cado el rgimen en manos de los maximalistas o los bolsheviquis liderados por Lenine.

 

Los patriarcas limeos de entonces no alcanzaban a comprender la naturaleza del fenmeno que tenan ante sus ojos, y pronto adjudicaran a su influencia el descontento social y la protesta obrera que tronaba ya en el verbo radical y anarquista de los primeros activistas sindicales entre los que brillaban con luz propia Carlos Barba y Delfn Lvano, Nicols Gutarra y algunos ms, como lo anotara Csar Lvano en un ponderado estudio publicado en torno al tema con motivo del 60 aniversario de la Revolucin Socialista de Octubre

 

Eran ciertamente los aos de la lucha por la Jornada de las 8 horas, la formacin de las organizaciones sindicales, el surgimiento de la prdica tronante de Gonzlez Prada; los aos de las primeras huelgas obreras, las manifestaciones callejeras y la crisis de dominacin que comenzaba a arder en nuestro suelo. En ese escenario, como se recuerda, fue que Maritegui, nauseado de la poltica criolla, se haba orientado resueltamente hacia el socialismo.

 

Que eso ocurriera, y precisamente en esas fechas, lo confirma no slo el recuerdo autobiogrfico de Maritegui, bastante conocido por cierto; pero tambin el afilado lance periodstico sostenido por el Amauta con Lus Miro Quesada cuando el diario El Comercio diera cuenta del sorpresivo advenimiento de los bolsheviquis peruanos

 

Bien podra decirse entonces que aqu se entrelazaron las cosas, que la prdica que asomaba en el horizonte, sumada a la descomposicin social apremiante, abri los ojos a las nuevas generaciones para que otearan de un modo distinto el panorama. Al frente de ellas, el joven Maritegui inauguraba un nuevo modo de hacer poltica. La dignificaba, tornndola revolucionaria.

 

En el propsito de mostrar la relacin fluida entre la experiencia del Gran Octubre y el aporte de Maritegui al pensamiento socialista, hay que considerar distintos elementos del debate: el gran acontecimiento ruso, la imagen que el Amauta tuviera respecto a Vladimir Ilich Lenin, la lucha por afirmar el nuevo orden socialista, los problemas internos del Partido Sovitico en los aos ms complejos de la entre guerra y, finalmente, la afirmacin del ideal socialista, que subyace en el corazn y en la conciencia de millones de hombres en todos los confines del planeta.

 

EL GRAN ACONTECIMIENTO RUSO

 

La Revolucin de Octubre fue la expresin ms alta de la lucha de los pueblos a lo largo del siglo XX- Objetivamente, inaugur una nueva etapa de la historia y asom como la piedra angular de un nuevo escenario que, con avances y retrocesos, habr finalmente de imponerse acabando para siempre con la opresin, la injusticia y la miseria. Tomando la esencia del fenmeno, Maritegui dira un poco ms tarde, en noviembre de 1921: Con la Revolucin Rusa, ha comenzado la Revolucin Social. Y es que fue esa luz, sin duda, la que alumbr el camino del Amauta y lo elev a la categora del primer marxista de Amrica.

 

En 1918, como se recuerda, Jos Carlos Maritegui busc tener su propio rgano de expresin. Luego de una experiencia temprana -la publicacin de la revista Nuestra Epoca, que slo consigui editar en dos ocasiones, resolvi crear una trinchera obrera, y dio nacimiento al peridico La Razn, el primer rgano de orientacin socialista en el Per y una de las primeras tribunas proletarias de nuestro continente.

 

Fue a partir de esa experiencia que Maritegui dio un paso decisivo en su vida, y pas a tomar contacto con los trabajadores. Los ayud a organizarse sindicalmente, alent sus luchas, promovi huelgas y jornadas de clase, se vincul al movimiento estudiantil y al combate por la reforma universitaria y busc consolidar sus relaciones con el pensamiento avanzado y con la Inteligencia progresista, en la idea de forjar una vanguardia solvente y madura. Aos despus, ella lo ayudara a dar nacimiento a su revista Amauta.

 

Sorprendido por el Golpe de Estado del 4 de julio de 1919, ejecutado por las camarillas militares entonces dominantes en colusin con Augusto B. Legua, Maritegui tom distancia de los nuevos actores de la poltica peruana; pero se vio forzado a emigrar presionado por la nueva dictadura, en lo que se considerara entonces una suerte de exilio diplomtico. Fue el 8 de octubre de 1919 cuando Maritegui inici su periplo por el viejo continente en busca de experiencias que afirmaran el derrotero que ya haba escogido en el Per.

 

Es bueno recordar, en efecto, que Maritegui no encontr su vocacin socialista en Europa, sino la afirm all. Su conviccin ya haba surgido en nuestra tierra, al calor del proceso peruano y en el concierto del debate nacional. La estancia europea fue en realidad una oportunidad excepcional para confirmar lo que ya llevaba en su conciencia. Y as ocurri.

 

Y Maritegui lo suscribira ms tarde diciendo: Lo que existe en mi ahora, exista embrionaria y larvadamente cuando yo veinte aos. La experiencia europea, entonces, no alter la opcin que haba elegido desde el Per. Simplemente la vigoriz, la dio consistencia y fuerza, porque le abri los ojos a fenmenos nuevos ligados al proceso revolucionario mundial.

 

Maritegui viaj a Europa con una finalidad especfica: analizar el nuevo escenario a partir de la experiencia victoriosa de la Revolucin Rusa. Pero no fue a ciegas. Desde un inicio supo buscar las fuentes que requera para su formacin y desarrollo poltico. Y por eso se lig desde un inicio a los sectores avanzados de la sociedad. En Francia -la primera etapa de su estancia europea- tom contacto con Romain Rolland y con Henri Barbusse, el clebre autor de El Fuego; pero pronto comprendi que era en Italia donde se fraguaba el nuevo escenario mundial.

 

Y es que en la Pennsula colisionaban dos corrientes contrapuestas: la clase obrera en ascenso que luchaba para transformar la sociedad como en Rusia, y el Gran Capital, que alentaba desesperados mecanismos destinados a proteger y preservar sus privilegios y su esquema de dominacin. Para ello, en el extremo, recurri al fascismo. Estaba en su punto la clebre Ola Revolucionaria de los aos 20, y que se haba expresado en las acciones de lo ms diversas como la Revolucin Alemana de 1918, el surgimiento de la Repblica Hngara de los Consejos de 1919, la Revolucin Sovitica de Eslovaquia, el gobierno de Stamboliinski en Bulgaria; las sublevaciones del Japn, Las barricadas de Hamburgo, la proclamacin de la Repblica Sovitica de Baviera, os alzamientos populares en Letonia, Estonia y Lituania; la insurreccin de Bialstok en Polonia y las grandes huelgas obreras en Inglaterra. Estados Unidos, Filipinas, La India y otros pases.

 

Era, sin duda, una vigorosa ola de fuego que asomaba en el horizonte como un modo prctico de advertir a los explotadores el advenimiento de un tiempo nuevo, aquel en el que los intereses de los pueblos empezaran a jugar en un escenario grande, con perspectiva de Poder y objetivos revolucionarios.

 

Italia era en ese entonces el centro ms importante y decisivo de las contradicciones polticas europeas del momento. La crisis amagaba a la vieja Repblica que se desmoronaba desvencijada en medio de una corrupcin creciente y un desorden social cada da ms notorio. Los partidos tradicionales, incapaces de enfrentar la crisis y sin posibilidades de hallar caminos nuevos, vivan acosados por las hordas fascistas que pugnaban por hacerse del Poder para aplastar a los trabajadores por la fuerza preservando los grandes intereses del capital.

 

Y as ocurri. Luego de algunos momentos de vacilacin, la clase dominante termin confiando su destino en la capacidad operativa de las huestes mussolinianas que, con sus camisas negras, alentaban la violencia irracional contra el proletariado insurgente.

 

La experiencia italiana fue ciertamente decisiva para el joven Maritegui. No fue casual, el hecho que dedicara a ella 46 artculos que aos despus fueran recogidos en un libro titulado precisamente Cartas de Italia. Estos fueron publicados en Lima por el diario El Tiempo entre julio de 1920 y abril de 1922 y aluden a la crisis europea, a la descomposicin de la sociedad italiana, pero tambin a la repercusin que haba suscitado en Europa la Revolucin Rusa. Pero para tener una idea ms precisa de su rica experiencia bajo el cielo itlico, hay que sumar a estos valiosos textos, las agudas reflexiones del Amauta recogidas en La Escena Contempornea y la Historia de la Crisis Mundial, obras capitales del pensador peruano. Acucioso en la investigacin de la obra mariateguiana, sin embargo, Estuardo Nez apunta: sus mejores aciertos sobre aspectos de la vida italiana, han de encontrarse en su libro El Alma Matinal. .

 

El Amauta, sin embargo, no se limit a conocer y estudiar la realidad europea. Busc, como lo admitira despus concertarse con otros amigos peruanos para la accin socialista.

Y as fue, en efecto. Con el Cnsul peruano en Roma, Palmiro Machiavello, el mdico Carlos Roe y su amigo Csar Falcn, integr la primera clula comunista, que tuvo sin embargo corta duracin y que se disolvi algunos mases ms tarde, no sin antes resolver solemnemente encomendar a Maritegui la tarea de fundar en el Per una agrupacin socialista Marxista que asumiera la responsabilidad de proyectar y estructurar el movimiento revolucionario peruano.

 

Dos constantes, entonces: La Revolucin Rusa como expresin concreta de su objetivo estratgico, y el proceso peruano, como tarea a abordar de manera concreta y prctica desde una ptica de clase en procura de una salida radical y profunda a nuestra quebrantada realidad.

 

Por eso, en su debate con el pensamiento reformista Maritegui subrayara siempre la importancia del Gran octubre como expresin emblemtica de una nueva historia. La Revolucin rusa constituye, acptenlo o no los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporneo. Es en ese acontecimiento, cuyo alcance histrico no se puede an medir, donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista, dira en el fragor de la polmica con el reformismo.

 

La quiebra del rgimen socialista a fines del siglo pasado y la desaparicin de la URSS, obligan en nuestro tiempo a recordar que el Amauta aseveraba que la Revolucin Rusa, expresin culminante del marxismo terico y prctico conserva tambin un vivo inters para los estudiosos.

 

Del anlisis de esa experiencia, habrn de extraerse las conclusiones necesarias para caminar hacia delante con la seguridad que no somos los exponentes de una causa vencida. Sabremos superar errores y confirmar principios como una manera de afirmar lo que Toms Borge llama el optimismo histrico A l nos debemos, en definitiva, porque nutre nuestras expectativas y esperanzas, y porque abre caminos en las circunstancias ms complejas, cuando desde el campo enemigo se proclama con soberbia el triunfo del pensamiento nico es decir, la verdad adocenada y prfida que incuba el Imperio, y mediante la cual busca justificar sus polticas de opresin y de guerra a expensas del hambre y la miseria de los pueblos.

 

LENIN. EL HOMBRE TERSO Y SENCILLO

 

La personalidad de Lenin fue decisiva para que Maritegui asumiera una actitud definida ante la Revolucin Rusa. Como suele ocurrir con los grandes acontecimientos de la historia y las figuras seeras de la misma, se produjo aqu una suerte de simbiosis metafrica entre el suceso y el hombre. Nadie podra, en efecto, distinguir a la Revolucin Rusa sin Lenin; y nadie tampoco poda entender al lder de los bolcheviques sin comprender el profundo proceso social que conmova Rusia.

 

La figura de Lenin dira Mariategui en la revista Variedades en septiembre de 1923 est nimbada de leyenda, de mito y de fbula. Se mueve sobre un escenario lejano que, como todos los escenarios rusos, es un poco fantstico y un poco aladinesco. Posee las sugestiones y atributos misteriosos de los hombres y las cosas eslavas. El nombre de Lenin, aadira en la misma circunstancia haba adquirido timbres mitolgicos.

 

Pero Maritegui presenta a Lenin de una manera fluida y directa. Lenin dice- no es un tipo mstico, un tipo sacerdotal, ni un tipo hiertico. Es un hombre terso, sencillo, cristalino, actual, moderno.

 

Lenin -insistira luego- es un revolucionario sin desconfianzas, sin vacilaciones, sin grimas. Pero no es un poltico rgido ni inmvil. Es, antes bien, un poltico gil, flexible, dinmico, que revisa, corrige y rectifica sagaz y continuamente su obra. Que la adapta y la condiciona a la marcha de la historia.

 

Entre julio de 1928 y junio de 1929, Maritegui escribe un conjunto de artculos en las revistas Mundial y Variedades, que luego se publicarn en Amauta y finalmente en un libro propio titulado Defensa del Marxismo. All Mariategui rebate con solvencia marxista el pensamiento y la prctica de la social democracia -sucesora histrica del menchevismo- polemizando con Henri De Man a quien considera un reformista desengaado por las decepciones de una guerra que destrozaron su fe socialista. Lenin dice- aparece, incontestablemente, en nuestra poca como el restaurador mas enrgico y fecundo del pensamiento marxista asegura en su rplica a De Man

 

Cinco das despus de la muerte del lder bolchevique, Maritegui publica una sentida nota en la revista Variedades y ese mismo da diserta sobre la personalidad del fundador del Estado Sovitico y su obra en el local de los Motoristas y Conductores de Lima como parte de sus lecciones en las Universidades Populares Gonzlez Prada.

 

Poco despus, en marzo de 1925, en la revista Claridad recoge nuevamente sus ideas bsicas en torno a Lenin.

 

El proletariado revolucionario ha perdido al ms grande de sus conductores y de sus lderes. Al que con mayor eficacia, con mayor acierto y con mayor capacidad ha servido la causa de los trabajadores, de los explotados, de los oprimidos. Ninguna vida ha sido tan fecunda para el proletariado revolucionario como la vida de Lenin. El lder ruso posea una extraordinaria inteligencia, una extensa cultura, una voluntad poderosa y un espritu abnegado y austero. A estas cualidades se una una facultad asombrosa para percibir hondamente el curso de la historia y para adaptar a l la actividad revolucionaria. Esta facultad genial, esta aptitud singular, no abandon nunca a Lenin.

 

LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO

 

Maritegui fue consciente que el socialismo no era el resultado de un acto ni la consecuencia de un gesto revolucionario. Era la culminacin de un proceso largo y difcil en el que se ponan a prueba las fuerzas ms apreciables de una clase -el proletariado- en procura de forjar un nuevo porvenir

 

La lucha por el socialismo, insista el Amauta eleva a los obreros que con extrema energa y absoluta conviccin toman parte en ella, a un ascetismo, al cual es totalmente ridculo echar en cara su credo materialista en el nombre de una moral de teorizantes y filsofos.

 

Para el proletariado en lucha resulta decisiva -en efecto- la formacin de una nueva moral -moral de productores, por cierto- radicalmente distinta y distante de la moral burguesa sustentada en la opresin social y el trabajo asalariado. Esa moral no habr de surgir espontneamente, sino formarse en la lucha de clases. Para que el proletariado cumpla, en el progreso moral, con su misin histrica, es necesario que adquiera conciencia previa de su inters de clase, sostiene con firmeza. Por eso, aade, el trabajador indiferente a la lucha de clases, contento con su tenor de vida, satisfecho de su bienestar material, podr llegar a una mediocre moral burguesa, pero no alcanzara jams a elevarse a una tica socialista.

 

Y esa tica, ciertamente, resulta esencial para que la clase obrera se halle en condiciones de impulsar un profundo proceso de cambios en la estructura de produccin. Sobre todo en una sociedad en crisis profunda como la nuestra, cuando se han invertido los valores y han desaparecido del escenario poltico valores esenciales.

 

Para Mariategui tuvo una enorme importancia la aplicacin de los planes y programas de la Rusia Sovitica en cada una de las reas de la actividad humana. Era consciente que en all se jugaba en buena medida la suerte del proceso mundial y el destino mismo de los trabajadores, y saba con certeza que la empresa de organizar el primer Gran Estado Socialista constitua un reto descomunal, que no podra lograrse con el acuerdo de la unanimidad ms uno, sin debates ni conflictos violentos Ellos resultaban inevitables de el marco concreto de la aguda confrontacin entre dos sistemas sociales distintos que chocaban a partir de concepciones opuestas en las ms singulares materias .

 

Los contrastes sufridos por el naciente Estado Sovitico en los primeros aos de la Revolucin, no amilanaron a Maritegui, que nunca bajo la bandera de su admiracin por la experiencia rusa. El Amauta no dud del socialismo cuando los primeros grandes retos: la constitucin del primer gobierno revolucionario ruso, las negociaciones de paz por separado con Alemania que dieran como resultado el Tratado de Brest, la liquidacin de las frmulas econmicas del llamado comunismo de guerra y su cambio por la NEP, las desdichadas secuelas de la Guerra Civil y el ataque de 14 naciones contra el socialismo naciente, la concentracin del Poder en las manos exclusivas de los bolcheviques, el surgimiento de contradicciones en el interior del estado Mayor de la poltica rusa.

 

En todas esas circunstancias, en las que ms de un intelectual vacil, Maritegui se mantuvo enhiesto. All donde otros tomaron distancia, asustados por la profundidad de los cambios o la radicalidad de las medidas adoptadas por los revolucionarios, o porque no quisieron malquistarse con sus burguesas locales con las que preferan convivir en paz; Maritegui reafirm siempre su concepcin revolucionaria y su prctica internacionalista, puestas a prueba en cada circunstancia. Y es que era consciente de que no se trataba, por el momento, de establecer el socialismo en el mundo, sino de realizarlo en una nacin que, aunque es una nacin de ciento treinta millones de habitantes que se desbordaban sobre dos continentes, no deja de constituir por eso, geogrfica e histricamente, una unidad

 

De ah su identificacin plena con el socialismo, sin reservas cobardes, su lucha inquebrantable en defensa de la URSS y de su poltica de paz, su inters definido por preservar la unidad de los revolucionarios en torno a los principios que encarnaba, con todas sus consecuencias, la Revolucin de Octubre

 

N es casual, entonces, que hasta el fin de sus das Maritegui haya tenido presente en su memoria y en su recuerdo, esa experiencia que no pudo conocer personalmente. Entre sus ltimos escritos estuvieron, en efecto, dos notas de gran valor. La primera, publicada en Mundial el 1 de marzo de 1930, titulada Movilizacin antisovitica, alude al recrudecimiento de la ofensiva reaccionaria de prensa contra la URSS bajo la batuta del Imperialismo: y la segunda, comentando crticamente tres libros de Panait Istrati contra la Unin Sovitica, escritos bajo el influjo de gentes no identificadas, publicado en Variedades el 12 de marzo de 1930.

 

Hay que recordar, en efecto, que Maritegui cayo definitivamente enfermo ocho das ms tarde, el 20 de marzo de ese ao, y no volvi a levantarse, falleciendo el 16 de abril de ese ao.

 

LOS PROBLEMAS INTERNOS DEL PARTIDO SOVIETICO

 

Hay que ser muy ponderado cuando se aborda el tema de los problemas internos que afectaron la unidad del Partido Comunista Bolchevique de la URSS, en ese entonces, y sobre todo cuando se trata de precisar la posicin de Maritegui en torno a ellos.

 

No slo porque se trataba en ese entonces de problemas surgidos en el interior del Estado Mayor de la Revolucin Mundial; sino tambin porque quienes representaban una u otra tendencia no eran revolucionarios improvisados ni advenedizos. Se trataba de personalidades de un enorme caudal poltico, de invalorable experiencia, y de un valor probado en mil contiendas. La descalificacin de unos y la exaltacin de otros -con los elementos que tenemos hoy- no podra hacerse entonces sin un claro e inequvoco sentido de justicia.

 

Hay que considerar, en segundo lugar, que en esa poca el nivel de las comunicaciones humanas no era igual a nuestro tiempo. Muchas cosas no se saban, o se conocan tarde. Otras eran simplemente ignoradas como un tributo natural a la distancia y a la precariedad de los medios informativos de la poca. Lis libros no estaban fcilmente en manos de los interesados y los problemas del idioma, que imponan traducciones, retrasaban el conocimiento de los hechos. Mariategui lamenta, por ejemplo, no tener en su poder el libro de Trotski 1917, en el que ste hace revelaciones dolorosas referidas a la conducta anterior de miembros del Comit Central del Partido, exponiendo hechos que bien podran descalificarlos.

 

En tercer lugar, si bien la crisis al interior del Partido Comunista Bolchevique de la URSS tena antecedentes, ellos eran poco conocidos en el exterior. En los aos de Lenin se saba, en grandes lneas que exista, por ejemplo, un grupo denominado Centralismo democrtico, que resista algunas concepciones leninistas, liderado por Sapronov, Osinski y Smirnov; y una oposicin Obrera, conducida por Shliapnikov y Alejandra Kollantay, pero se tenan informaciones vagas en torno a la lucha de facciones o a las crisis existentes en el seno del Partido. Tambin era pblico que Trotski tena una dilatada historia no bolchevique e incluso anti bolchevque ciertamente observable y discutible. Y que Zinoviev y Kamenev no haban hecho gala de consecuencia revolucionaria en los das decisivos de Octubre. Y que Stalin y quienes haban estado presos con l en las crceles del zarismo, conservaban puntos de vista propios, y crticos, en torno a Las Tesis de abril, por ejemplo.

 

Acontecimientos cruciales, como la composicin del nuevo gobierno sovitico a partir de 1917, el aislamiento de los bolcheviques con relacin a los otros partidos existentes en Rusia, la agresin de 14 naciones, el Tratado de Paz con Alemania y la firma de los acuerdos de Brest; fueron todos elementos que hicieron crujir la estructura del partido y del pas y que generaron debates polticos de gran envergadura en todos los niveles de la sociedad. Pero en ningn caso cuaj la ruptura.

 

Y es que lo comn era admitir la primaca de Lenin. Era una personalidad indiscutida. Se incubaba entonces la idea que si bien los otros lderes tenan diferencias, ellas se limaran al fragor del accionar revolucionario del pueblo sovitico. Eso, finalmente, no lleg a confirmarse.

 

Cmo evolucion la crisis en el seno del Partido mientras Maritegui estuvo vivo? Veamos:

 

El X Congreso del Partido, en marzo de 1921, marc un viraje en la poltica general. Se abandonaron las tesis del llamado Comunismo de Guerra y se abri campo a la denominada Nueva Poltica Econmica, que era ciertamente una rectificacin del modelo y un cambio de estilo en el manejo de la vida sovitica. La NEP concedi a los campesinos derechos que antes le haba negado y admiti para los pequeos y medianos productores, concesiones que no tenan. Le tesis central de la propuesta esbozada por Lenin en esa circunstancia era que la clase obrera deba edificar el socialismo en unin obligatoria con el campesinado, cuyos derechos deban ser respetados. La NEP implicaba una rectificacin de poltica sobre todo en materia econmica porque el pas estaba al borde del descalabro. La resistencia interna, la agresin exterior y las enormes dificultades del atraso, generaron una situacin casi sin salida, que oblig a Lenin y a los suyos a plantear un repliegue. Esa fue su esencia.

 

Pero ese repliegue, no fue tctico, circunstancial, ni momentneo. Fue un retroceso para reiniciar la marcha en nuevas condiciones. Fue un nuevo derrotero. Y as se entendi en casi todos los ambientes revolucionarios de la poca, que comprendieron que lo fundamental era salvar el proceso revolucionario ruso puesto ante una encrucijada compleja. Maritegui lo comprendi de ese modo y justific ese viraje en sus escritos. En noviembre de 1921, en su columna de El Tiempo el Amauta reconoci, en efecto que Rusia atravesaba una hora amarga y dramtica y que requera de la solidaridad urgente del proletariado universal. Fue esa crisis la que impuso el cambio de rumbo en la poltica sovitica. El hambre extremo de diez millones de personas termin con las utopas, las falsas ilusiones y los dogmas formales, y la Nueva Poltica Econmica se torn apremiante.

 

En ese mismo Congreso, Lenin obtuvo una victoria resonante: la eliminacin de fracciones al interior del Partido. Fue la lucha central contra la llamada Oposicin obrera y otros grupos que amagaban la unidad de la vanguardia proletaria imponiendo discusiones y debates que lucan interminables. Los revolucionarios de la poca cuentan que, en efecto, Lenin ingres al edificio donde se realizaba el Congreso y se encontr con que ste no haba comenzado porque cada una de las fracciones se hallaba reunida en una sala diferente. Dispuso que esa situacin terminara, convoc a todos y les demostr que esa era una situacin que no poda continuar

 

En abril de 1922 se celebr el XI Congreso, el ltimo al que concurri Lenin y en el que fue elevado a la categora de Secretario del Partido Jos Stalin. Hay que subrayar, sin embargo que, en ese entonces ese cargo no tena la connotacin poltica que adquiri despus. Era simplemente una suerte de Secretario del Comit Central, es decir, un depositario de la coordinacin de las opiniones y acciones de los distintos dirigentes y ncleos de trabajo del Partido. El Poder omnmodo vino despus.

 

Fue real la desconfianza que Lenin mostr hacia Satn y la intencin que tuvo de hacerlo remover de su funcin. Pero el documento en torno al tema fue reservado y se manejo slo en crculos muy cerrados por la direccin partidaria. Incluso en 1934, en el llamado Congreso de los Vencedores -el clebre XVII Congreso- no se despleg un debate abierto en torno al tema. Para los comunistas de otros pases esos documentos siguieron siendo simplemente inexistentes por muchos aos. Con seguridad, Maritegui nunca lo conoci

 

Y es que la crisis era relativamente interna y se manej con discrecin y cautela sobre todo en un inicio. Trascenda, sin embargo, la existencia de pugnas entre el ncleo dirigente del Partido, por un lado y Leon Trotski y los suyos. Pero en ese entonces, no era una lucha de grupos, sino de posiciones. La Vieja Guardia Bolchevique apareca acosada por una suerte de revolucionarios ms jvenes que se dejaban influir por la oratoria de Trotski quien, por lo dems, era un brillante expositor y polemista. Esa vieja guardia se alineaba en torno a Stalin porque era el representativo del Comit Central.

 

Ante los observadores, mucho tena que ver el estilo de los revolucionarios. Quiz incluso ms que las posiciones de los mismos. ;Maritegui, por ejemplo se embelesa con las habilidades polmicas de Zinoviev y con sorna dice: Peridicamente, un discurso o una carta de Gregorio Zinoviev, saca de quicio a la burguesa. Cuando Zinoviev no escribe ninguna proclama, los burgueses nostlgicos de su prosa, se encaran de inventarle una o dos.

 

Cuando Maritegui quiso caracterizar a Zinoviev dijo de l que era un formidable fabricante de panfletos, un polemista orgnico, pero por sobre todo un depositario de la doctrina de Lenin, un continuador de su obra. Por eso celebr el que haya recibido el encargo de organizar la Tercera Internacional.

 

Probablemente no supo Maritegui en ese momento que Zinoviev qued muy impresionado con la visita de Haya de la Torre a Rusia, Y con la propuesta que ste le hizo para conformar una suerte de Alianza Revolucionaria Americana de corte antiimperialista. Crey que esa era la versin latinoamericana del Kuo Ming Tang, visto en esos aos con gran simpata en Mosc. El aval de Zinoviev regocij a Haya, que busc extender su influencia desacreditando, al mismo tiempo, las tesis de Maritegui respecto a la formacin de un Partido que represente los intereses de clase del proletariado. Para Haya, en efecto, el APRA podra ser una suerte de Kuo Ming Tang latinoamericano con gran apoyo exterior. Pero esa alegra le dur poco.

 

En 1928 el panfletario Zinoviev fue desplazado de la IC y en el VI Congreso asom como el nuevo hombre fuerte Nicolai Bujarin que levant consignas distintas. Y Bujarin, por encima de sus coincidencias puntuales con Zinoviev para hacer frente a Stalin, representaba otra lnea para la construccin del socialismo.

 

La crisis interna del Partido Sovitico, que se proyect como una sombra sobre el Bur de la Internacional Comunista desat preocupaciones sobre todo entre los Partidos Comunistas de Europa. Es bien conocido el hecho que, por iniciativa de Antonio Gramsci, el Partido Comunista Italiano dirigi en 1927 una carta de gran importancia al Partido Comunista Sovitico en torno a la materia. All, le dijo entre otros conceptos, los siguientes:

 

Los comunistas italianos y todos los trabajadores conscientes de nuestro pas han seguido siempre con la mayor atencin vuestras discusiones. En vsperas de cada congreso y de cada conferencia del P.C.R. hemos estado siempre seguros de que, a pesar de la aspereza de las polmicas, la unidad del Partido no se hallaba en peligro; an ms, estbamos seguros de que al alcanzar una superior homogeneidad ideolgica y orgnica, a travs de tales discusiones, el Partido estara mejor preparado y dotado para superar las mltiples dificultades inherentes al ejercicio del poder en un Estado obrero. Hoy, en vsperas de vuestra XV Conferencia no tenemos la misma seguridad que en el pasado; nos sentimos irresistiblemente angustiados; nos parece que la actual postura del bloque de las oposiciones y la dureza de las polmicas en el P.C. de la URSS exigen la intervencin de los partidos hermanos.

 

Conoci Maritegui este documento? Lo ms probable es que no lo hubiera conocido. En un inicio, tuvo el carcter de documento interno. Italia viva ya en ese entonces bajo el dominio del fascismo. El Partido Comunista estaba ilegalizado y era ferozmente reprimido. La propaganda Mussoliniana hubiera usado muy bien el amago de una contradiccin entre los comunistas y empujado una crisis interna en el seno del PCI alentando diferencias reales o ficticias. Gramsci, por lo dems, fue detenido poco ms tarde, y permaneci durante 11 aos en la crcel de Ustica, de donde lleg a salir apenas para morir en 1937. Su correspondencia y documentos de trabajo fueron celosamente guardados y slo se conocieron despus de la II Gran Guerra. Pero an as, sin ninguna duda, Maritegui habra aprobado la exhortacin a los comunistas soviticos para que se salvara la unidad del Partido:

 

Camaradas, en estos nueve aos de historia mundial habis sido el elemento organizador y propulsor de las fuerzas revolucionarias de todos los pases; la misin que habis desempeado no tiene precedentes en toda la historia del gnero humano que puedan comparrsele por su amplitud y profundidad. Pero hoy estis destruyendo vuestra propia obra, estis degradando y corris el riesgo de anular el papel dirigente que el Partido Comunista de la URSS haba conquistado bajo el impulso de Lenin; nos parece que la violenta pasin de las cuestiones rusas os hace perder de vista los aspectos internacionales de las propias cuestiones rusas, os hace olvidar que vuestros deberes de militantes rusos pueden y deben ser realizados slo en el marco de los intereses del proletariado internacional..

 

Estando en vida Maritegui, la crisis del Partido Comunista Sovitico se mantuvo, sin embargo, en trminos orgnicos, es decir, no rebas finalmente la estructura partidaria, ni se manifest en el escenario jurdico del Estado, salvo en el caso de Len Trostki, con quien las diferencias de antao se volvieron a poner en evidencia, sobre todo a partir de 1924.

 

Este fue un ao clave para la revolucin. El 21 de enero, en un sanatorio de las afueras de Mosc, falleci Lenin victima de una embolia cerebral que lo haba inhabilitado desde antes. Su desaparicin fsica gener no slo un hondo pesar afectivo y poltico. Tambin desencaden la tormenta que se vena anunciando. Trotski hizo conocer en octubre de 1923 su propia plataforma y su programa especfico y busc levantar su imagen tomando distancia de la vieja guardia bolchevique. Esta, la declar la guerra.

 

Que eran pblicas las diferencias de estilo entre los dirigentes soviticos, lo revel el desarrollo de los acontecimientos. Y Maritegui pudo reparar eso y exponerlo de manera abierta. Trotski dijo en 1924- no es slo un protagonista, sino tambin un filsofo, un historiador y un crtico de la revolucin. Lo ve polemizando sobre temas de arte y cultura, internndose por la conjetura del pensamiento abstracto, filosofando sobre Occidente y el porvenir de la humanidad; pero al mismo tiempo lo divisa arengando al ejrcito rojo y asumiendo tareas de conductor y comisario. Pero an en esa funcin le anota posturas tolstoyanas

 

Cuatro artculos referidos a Trotski nos leg la pluma mariateguista: el de abril de 1924, al que hemos aludido, un segundo de enero de 1925, un tercero de febrero de 1928 y el ltimo un ao ms tarde, del 23 de febrero de 1929 en el que comenta el exilio de Trotski.

 

En cada uno de estos artculos Maritegui va siguiendo con inters y preocupacin el controvertido signo de Trotski. Refiere, en efecto, que nunca la cada de un ministro tuvo en el mundo una resonancia tan extensa. Alude all a su separacin del gobierno, ocurrida en 1924, luego del XIII Congreso del Partido y el V Congreso de la IC, eventos ambos en los que sus tesis fueron ampliamente derrotadas por una coalicin en la que sumaban fuerzas Stalin, Zinoviev, Kamenev, Bujarin y otros.

 

La crisis se hizo ms profunda despus, cuando los diez aos de la Revolucin Rusa. Como se recuerda, en la circunstancia el disidente convoc un mitin en la Plaza Roja, distinto y separado de los actos conmemorativos oficiales del Partido. La concentracin fracas, pero Trotski fue all expulsado del Partido aunque ya en ese entonces estaba aliado con Zinoviev y Kamenev.

 

Maritegui comenta el hecho no sin rebatir las especulaciones de la prensa burguesa en torno a ellos: la crtica contrarrevolucionaria, tantas veces defraudada por los acontecimientos rusos, se entretiene ya con pronosticar la inminente cada del rgimen sovietista a consecuencia de su desgarramiento intestino. Los ms avisados y prudentes de sus escritores prefieren conformarse con la esperanza de que la poltica de Stalin y el partido representen simple y llanamente la marcha hacia el capitalismo y sus instituciones. Pero basta una rpida ojeada a la situacin rusa para convencerse de que las expectativas interesadas de la burguesa occidental no son esta vez ms solventes que en los das de Kolchak y Wrangel.

 

Explicndose el sentido de las diferencias, Maritegui admite: La revolucin rusa, que como toda gran revolucin histrica, avanza por una trocha difcil que se va abriendo ella misma con su impulso, no conoce hasta ahora das fciles ni ociosos. Es la obra de hombres heroicos y excepcionales y, por este mismo hecho, no ha sido posible sino con una mxima y tremenda tensin creadora. El Partido bolchevique por tanto no es ni puede ser una apacible y unnime academia. Ms adelante, Maritegui ensaya una explicacin: Trotski, dice, representaba el espritu ms bien internacional y cosmopolita de la Revolucin en tanto que Stalin encarnaba la conciencia eslava, ms bien arraigada siempre al suelo ruso. Y anota perspicaz: Por ahora, a solas con sus problemas, Rusia prefiere hombres ms simples y puramente rusos.

 

Poco despus, en su escrito del 23 de febrero del 29 Maritegui repite casi las mismas ideas, pero noticiado ya de la salida de Trotski de la URSS dice: Ni Stalin ni Bujarin andan muy lejos de suscribir la mayor parte de los conceptos fundamentales de Trotski y sus adeptos. Las proposiciones, las soluciones trotskistas no tienen en cambio la misma solidez el Trotskismo no sale de un radicalismo terico que no logra condensarse en frmulas concretas y precisas. En este terreno, Stalin y la mayora junto con la responsabilidad de la administracin, poseen un sentido ms real de las posibilidades

 

Maritegui muri en abril de 1930, y la crisis del Partido Bolchevique se desencaden violentamente despus. An en el XIV Congreso celebrado en junio de 1930, el Parido se mantuvo unido pese a las diferencias notables entre unos y otros dirigentes. Y eso incluso ocurri en 1934, cuando se adopt el II Plan Quinquenal. Pero el Comit Central electo en ese evento, fue finalmente diezmado por los Procesos de Mosc de 1936, 1937 y 1938. All se impuso la lgica del terror.

 

Es claro que resultara una especulacin ociosa detenerse a averiguar cul habra sido la actitud de Maritegui si hubiese conocido esos procesos. Lo primero que cabra advertir es que en ningn caso los habra conocido como los conocemos hoy. Los hubiera visto con los elementos de entonces, y no con los actuales, cuando se han publicado muchos materiales que hacen luz en torno a o que realmente fue una verdadera tragedia para el movimiento revolucionario mundial.

 

Asumamos frente a ella nuestra propia decisin, y no usemos a Maritegui para ponerlo de nuestro lado o de algn otro, en temas que no pudo siquiera imaginar.

 

EL IDEAL SOCIALISTA

 

Lo importante ahora es subrayar que pese a todas las adversidades, el ideal socialista subyace en la conciencia de millones de hombres y mujeres de todos los continentes. Incluso en la Rusia de hoy, la mayora de la poblacin no tiene empacho e reconocer que antes, en los aos de la URSS, viva mejor que ahora, cuando el capitalismo salvaje se ha entronizado en sus vidas. Si la situacin an n o cambia, eso no hay que atribuirlo slo a la voluntad del pueblo. Tambin a la fuerza hegemnica -por ahora- del imperialismo y por el sucio juego de las camarillas internas que, a la sombra de nuevos caudillos pusieron a su pas a la cosa de la poltica de Washington. Tambin, por cierto, a la falta de unidad de los revolucionarios de Rusia y de las otras repblicas que integraron antes la URSS.

 

El socialismo, sin embargo, asoma como una alternativa real dado el carcter suicida de la poltica imperial. En Amrica latina y en otros confines del planeta se habla ya del socialismo del siglo XXI, que surgir, ciertamente a partir de la experiencia victoriosa de los pueblos. En nuestro continente, hay quienes dicen ahora que a los 90 aos, la URSS renace, no como Unin de Repblicas Socialistas Soviticas, sino como Unin de Repblicas Socialistas del Sur. Pero para que eso sea cierto, tendran que afirmarse los procesos que alumbran los caminos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, indepdendientemente del hecho que Cuba tiene asegurado el porvenir.

 

Aun es prematuro definir los rasgos del nuevo modelo socialista. Pero s se puede asegurar que tendr que afirmarse en la eliminacin de la propiedad privada sobre los grandes medios de produccin y en la supresin de la explotacin humana como forma de acumulacin de riqueza. A eso deber aadirse el cambio de Clase en el Poder y el respeto escrupuloso por los derechos de los pueblos y las grandes mayoras, y la identificacin del sistema con las necesidades fundamentales del hombre.

 

La forma y la circunstancia en la que el nuevo rgimen socialista se afirmar en la conciencia humana constituyen todava un reto para nuestro tiempo Pero la historia avanza pronto y los sueos de los hombres se tornan reales cuando la fuerza de los pueblos se afirma con lucha.

 

Por eso, el ideal socialista se mantiene enhiesto, y con l, las ideas de Maritegui siguen vivas en el corazn de millones.

 

Lima, octubre del 2007

 

(*) Conferencia sustentada en la velada de homenaje al 90 aniversario de la Revolucin Socialista de Octubre. Casa Maritegui. Mircoles 7 de noviembre del 1007. Lima



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