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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2007

A los 40 aos del asesinato de Ernesto Guevara de la Serna
Compaeros que caminan por toda la Tierra

Salvador Lpez Arnal
El Viejo Topo/Rebelin


 

 

12 de octubre de 1967. Era un fro y claro da otoal en Londres. Estbamos en medio de los preparativos para las grandes manifestaciones contra la guerra del Vietnam. Yo deba hablar ese da en dos reuniones. The Guardian de esta maana haba publicado la noticia de la muerte del Che en Bolivia, junto con una foto del cadver y un despacho de Richard Gott. Ya no caba duda. Me sent en mi mesa y llor. El sentimiento de prdida y dolor me abrumaba y no poda hacer nada ms que llorar. Y no fui el nico. En todos los continentes, otros muchos sintieron y reaccionaron de manera similar. Todo lo asociado con ese da se volvi inolvidable.

Tariq Al, Aos de lucha en la calle.

 

La vida le haba llevado desde su Argentina natal hasta Sierra Maestra. Luego a La Habana, a las Naciones Unidas, a la selva del frica y, finalmente, a Bolivia, donde se enfrent a la muerte. El historiador Eric Hobsbawm fue su intrprete en alguna ocasin.

El mismo Guevara estaba convencido que iba camino hacia su final. "Esta es la ltima vez que veo la cada del sol", le dijo a un compaero guerrillero que le ayudaba a caminar la tarde anterior a su detencin.

 Sus ltimas palabras, despus de ser interrogado por Flix Rodrguez, un agente de la CIA, son conocidas: "Dganle a Fidel que l ver una revolucin triunfante en Amrica Latina y dganle a mi mujer que se case de nuevo y que intente ser feliz". Era el 9 de octubre de 1967. Despus, asfixiado por el asma, Ernesto Guevara de la Serna dio su ltima instruccin: "Apunte y sostenga firme el arma: va a matar a un hombre".

Las balas lo atravesaron. Se derrumb de costado, mal herido. Fue rematado por otros disparos.

Haba nacido en 1928, tena entonces 39 aos. Fue asesinado en el poblado de La Higuera. Sus restos se hallaron en una fosa comn el 28 de junio de 1997, en el antiguo aeropuerto de Vallegrande, al este de Bolivia. Un mausoleo en su honor se inaugur el pasado 14 de junio de 2007. Evo Morales es el actual presidente de Bolivia.

En la que fue su ltima carta, Celia de la Serna, su madre, una vieja que esperaba ver el mundo entero convertido al socialismo, le haba hablado de extranjera, racionalidad, socialismo y de su destino1:

[] No voy a usar lenguaje diplomtico. Voy derecho al grano. Me parece una verdadera locura que, con tan pocas cabezas en Cuba capaces de organizar, se vayan todos a cortar caa por un mes... cuando hay tantos y tan buenos cortadores de caa en el pueblo Un mes es mucho tiempo. Debe haber razones que no conozco. Hablando de tu propio caso, si despus de ese mes te vas a dedicar a la administracin de una fbrica, una tarea realizada con xito por [Alberto] Castellanos y [Harry] Villegas, me parece que la locura se ha transformado en ridculo.

No es una madre la que habla. Es una vieja que espera ver el mundo entero convertido al socialismo. Creo que si segus adelante con esto, no prestars el mejor servicio a la causa del socialismo mundial.

Si todos los caminos en Cuba se te han cerrado por cualquier razn, en Argel hay un seor Ben Bella que apreciara que le organizaras la economa o lo aconsejaras sobre ella; o un seor Nkrumah en Ghana que agradecera la misma ayuda. S, siempre sers un extranjero. Parece ser tu destino permanente.

*

 

Manuel Sacristn Luzn lo haba apuntado con nitidez en su prlogo de 1968 a los textos de Alexander Dubcek sobre la Primavera de Praga y la renovacin no entregada del comunismo realmente existente, recogidos por Alberto Mndez y l mismo en La va checoslovaca al socialismo: no haba razn poltica alguna para tachar de locura izquierdista el derrocamiento del gobierno de Batista, no haba ningn fundamento poltico razonable para descalificar por vanguardista e irresponsable la revolucin cubana.

No fue la nica referencia de Sacristn al proceso cubano y a la figura del Ch. En Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristn, puede consultarse un proyecto de carta al Sindicato de Trabajadores de la Educacin y la Ciencia de la Repblica de Cuba, fechado en mayo de 1971, y puede verse tambin un cuaderno con anotaciones suyas sobre el libro de Inti Peredo, Mi campaa con el Ch.

Reproduce aqu Sacristn tres pasos del ensayo, pginas 12-13 y 38-39, y cita en extenso un pasaje de las pginas 135-136, comentando:

Pero lo que sigue hasta el final del captulo, es slo anlisis casustico de las vicisitudes del foco del Ch en Bolivia, para mostrar que la desgracia se debi a causas particulares, no referentes al foco en general.

 

Anot tambin Sacristn pasajes del ensayo de Rgis Debray, Revolucin en la revolucin? Lucha armada y lucha poltica en Amrica Latina. Estas fueron algunas de sus observaciones de lectura que, obviamente, eran para su uso y reflexin personales:

1. Cosas notables son la desigualdad entre la primera mitad y la ltima, mucho ms propagandstica o encendida; diferentes contradicciones que acaso sean fruto de pensamiento al hilo de la escritura; la aparente limitacin a Sudamrica, o la aparente violacin de esa limitacin.

2. La autodefensa armada. Refutacin de la tctica de los grupos de autodefensa. Por pre-marxismo, espontanesmo (pgina 26).

3. Pgina 28. Es el caso mximo de penetracin en la sociedad civil: si no se captura el Estado, se acaba a la corta o a la larga.

4. Por afinidad de tema, pasa a una crtica muy severa del trotskismo en Sudamrica.

5. La propaganda armada. Crtica anloga a la del (inverso) caso anterior. Debray piensa que la importancia de esta tctica en el Vietnam se ha debido a la gran densidad de poblacin campesina y a la proteccin de los propagandistas por un ejrcito revolucionario poderoso, en el marco de una guerra nacional (pp. 48-50).

En este contexto dice explcitamente otra diferencia importante entre Vietnam y Sudamrica (p. 50). Con eso Debray est reconociendo (l es muy limpio y eso no le importa) que la autodefensa ha sido en Vietnam positiva.

Esto [] me parece indicar que la solucin no es precisamente lo uno ni lo otro, sino que la cuestin es un problema de tiempo. Se trata del tiempo justo del paso de la conquista (parcial y suficiente) de la sociedad civil a la lucha por el poder. En realidad, la primera conquista haba sido hecha en Cuba por otros (en las ciudades) y por el anacronismo en el campo. En Vietnam, cosa parecida. Pues, mutatis mutandis, el problema de la conquista de la sociedad civil no es exclusivo de los pases de capitalismo adelantado. Prueba: la sociedad campesina ha entregado la guerrilla de Guevara en Bolivia, etc.

6. Partido y guerrilla. Llega a la tesis. A propsito de la falta de mando nico poltico-militar, pero muy aplicable (ms) a Occidente desarrollado (p. 85).

7. La principal leccin del presente. Tiene el desarrollo de la tesis bsica, en forma casi de catecismo. Tropieza con el hecho chino-vietnamita de que el partido ha creado el ejrcito popular, y apela a una diferencia entre esos dos partidos y los sudamericanos, empezando mal, por circunstancias histricas. Distribuye el tema en dos preguntas. La primera (p. 99). La respuesta a esta cuestin termina sealando la necesidad de un nuevo estilo de direccin (combatiente->joven), una nueva organizacin (sin centralismo democrtico).

 

Adems de todo ello, tras la muerte de Ernesto Guevara, Sacristn public en cataln, en traduccin de Francesc Vallverd, un texto no firmado en Nous Horitzons, la revista terica del PSUC que l mismo dirigi durante unos aos, desde mediados hasta finales de los sesenta.

Encabezaban su escrito unos versos de Maiakovski:

Como si para siempre

te llevases contigo (...)

tu huella de hroe

luminosa de sangre

(...) Pero esto

de golpe da vida a las quimeras

y muestra

la mdula y la carne

del comunismo.

 

La necrolgica de Sacristn llevaba por ttulo En memoria de Ernesto Che Guevara y fue publicada en la pgina 39 del nmero 16 de la revista, primer trimestre de 1969. Con total seguridad, fue escrito mucho antes. Desconozco si fue retenido, por alguna vacilacin poltica, por el consejo exterior de la publicacin.

En traduccin castellana de la traduccin catalana de Francesc Vallverd, el texto de Sacristn dice as:

No ha de importar mucho el cobarde sadismo complacido con el que la reaccin de todo el mundo ha absorbido los detalles macabros del disimulo, tal vez voluntariamente zafio, del asesinato de Ernesto Guevara. Posiblemente importa slo como experiencia para las ms jvenes generaciones comunistas de Europa Occidental que no hayan tenido todava una prueba sentida del odio de clase reaccionario. Pero esta experiencia ha sido hecha, larga y constantemente, en Espaa, desde la plaza de toros de Badajoz hasta Julin Grimau.

Importa saber que el nombre de Guevara ya no se borrar de las historias, porque la historia futura ser de aquello por lo que l ha muerto. Esto importa para los que continen viviendo y luchando. Para l import llegar hasta el final con coherencia. Los mismos periodistas reaccionarios han tributado, sin quererlo, un decisivo homenaje al hroe revolucionario, al hacer referencia, entre los motivos para no creer en su muerte, en sus falsas palabras derrotistas que le atribuy la estulticia de los vendidos al imperialismo.

En la montaa, en la calle o en la fbrica, sirviendo una misma finalidad en condiciones diversas, los hombres que en este momento reconocen a Guevara entre sus muertos pisan toda la tierra, igualmente, segn las palabras de Maiakovski, en Rusia, entre las nieves, que en los delirios de la Patagonia. Todos estos hombres llamarn tambin Guevara, de ahora en adelante, al fantasma de tantos nombres que recorre el mundo y al que un poeta nuestro, en nombre de todos, llam: Camarada.

 

Max Weber seal una vez -lo recordaba recientemente Manuel Monereo, uno de los escasos dirigentes del PCE que ha estado siempre atento a la obra poltica y filosfica de Sacristn2- que la poltica consiste en una dura y prolongada penetracin a travs de tenaces resistencias, para la que se requiere pasin y mesura. Y era cierto, completamente cierto, sealaba Weber, as lo probaba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una o otra vez3. Ese fue el sendero transitado por Ernesto Guevara, un icono de los siglos XX y XXI, un smbolo que no slo es pasto para la publicidad y el consumo desenfrenados4.

Hace poco, al ir de camino a mi trabajo, un instituto de secundaria en Santa Coloma de Gramenet, una ciudad trabajadora pegada a Barcelona, me encontr con unos obreros de la construccin que trabajaban en una obra cercana de mi lugar de trabajo. Uno de ellos llevaba una camiseta, sudada desde luego, con la efigie de Ernesto Guevara. Le mir un instante. Dud, lo confieso, de sus motivos. Su mirada, su afable mirada, no abon mis dudas. Todo lo contrario.

Este 15 de octubre de 2007 se ha cumplido tambin el vigsimo aniversario del asesinato de Thomas Sankara, el presidente de Burkina Faso, el pas de los hombres ntegros, a mano de los hombres de Blaise Compaor, su ex amigo y antiguo compaero de armas, y hoy primer mandatario del pas.

Las palabras del asesinado Sankara recuerdan y se inspiran en el legado de Guevara:

Llaman provocacin a las verdades que nosotros proclamamos, mientras que las mentiras que ellos cuentan se convierten en verdades absolutas. Nuestra lucha por la independencia y el bienestar de nuestros pueblos es tachada de insumisin, y el saqueo que ellos hacen de nuestras riquezas se llama obra civilizadora. As escriben ellos la historia, y as se la aprende la mayor parte de la Humanidad. Por eso yo prefiero sentir a m lado al Che antes que a cualquiera de ellos.

 

Muchos de los compaeros y compaeras que transitan sin descanso por todos los confines de la Tierra coinciden con las preferencias de Thomas Sankara. Tambin con las de Tariq Al5:

El hombre que escribi estas palabras lo haba abandonado todo, una revolucin triunfante, su prestigio en el mundo en general, a sus padres, a su amada Aleida y a sus hijos, para poner en prctica su teora. El contraste con los lderes occidentales, que sin moverse enviaban a otros a morir, no podra ser ms pronunciado.

 

1 Vase John Lee Anderson, Che Guevara. Una vida revolucionaria. Anagrama, Barcelona, ed. 2006, p. 607.

2 Vanse sus declaraciones para los documentales dirigidos por Xavier Juncosa, Integral Sacristn (El Viejo Topo, Barcelona, 2006).

3 Sobre este punto, vase un libro imprescindible: Francisco Fernndez Buey, Utopas e ilusiones naturales. El Viejo Topo, Barcelona, 2007.

4 Vase sobre este tema, con algn provecho, la exposicin sobre el Ch y el capitalismo del Palau de la Virreina de Barcelona.

5 Tariq Al, Aos de lucha en la calle. Madrid, 2007, p. 236.



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