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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2008

El Che y la recreacin del marxismo

Atilio A. Boron
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Una de las mejores maneras de conmemorar el octogsimo aniversario del nacimiento del Che es recuperar una de sus facetas menos conocidas o, tal vez, la ms olvidada: su papel como recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como el guerrillero heroico, valiente como el que ms y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos. Un hombre cuya absoluta coherencia entre ideas, valores y conductas lo convierte en un paradigma insuperable, especialmente en pocas como stas, en las que la traicin a los viejos ideales o la desconexin entre lo que se piensa o dice y lo que se hace ha adquirido proporciones escandalosas.

Como bien lo recordaba das pasados Miguel Barnet, este extrao guerrillero cargaba en su mochila la poesa de Len Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana tena ms de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue casual su capacidad para recibir crticamente algunas de las categoras del marxismo y para someter a implacable crtica la grotesca deformacin que ste haba sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de marxismo-leninismo. Hay un paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones escolsticas del marxismo. El primero, burlndose en su breve escrito a propsito de la Revolucin Rusa, La revolucin contra El Capital, de la interpretacin cannica de El Capital del principal terico de la Segunda Internacional: Karl Kautsky. El Che, haciendo lo propio con los ladrillos soviticos que tambin decretaban la imposibilidad de la revolucin en los pases atrasados.

Tanto uno como el otro libraron una exitosa batalla contra el economicismo dcadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y descubrieran el determinismo economicista que, segn ellos, condenaba irremisiblemente la teora marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas y en lugar de repensar creativamente al marxismo optaron por adherir a la ideologa dominante de su tiempo.

Heredero de una noble tradicin, de la cual Jos Carlos Maritegui fue el gran precursor, el Che conceba al marxismo en sintona con la Tesis Oncena de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, crea que el marxismo no era un dogma sino una gua para la accin. Por eso, si la teora se daba de bruces con la realidad aqulla deba ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le haca lugar a la revolucin socialista en la periferia haba que depurarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al nio junto con el agua sucia de la baera, recrear la teora para dar cuenta del indito desafo. Y si los manuales postulaban una visin etapista y mecanicista segn la cual no poda haber revolucin socialista sin que antes hubiera una revolucin democrtico-burguesa liderada por la burguesa nacional, lo que haba que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operacin el Che demostr, al igual que los grandes clsicos del pensamiento marxista, que la teora no es un edificio acabado sino un emprendimiento en permanente revisin y reconstruccin, y que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos poltico-prcticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo, que revela el carcter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Demostr tambin que el proyecto socialista trasciende el marco econmico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material, pero si esa apoyatura no sirve de fundamento para lo otro el proyecto socialista estar desahuciado antes de nacer.

El legado terico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo recin ha empezado. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la coexistencia pacfica proclamada por la URSS, fueron profticas; su visin de que no se puede construir el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo es irrebatible a la luz de la experiencia reciente; sus anlisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo se corroboran da a da, desde los bombardeos humanitarios de Bill Clinton hasta las torturas a nios y nias iraques de 10 a 12 aos definidos por Bush y su pandilla como amenazas imperativas, tal como lo expusiera Juan Gelman en este diario el pasado 12 de junio; igualmente preciso es su diagnstico sobre la centralidad de la ideologa cuando dice que el capitalismo recurre a la fuerza pero adems educa a la gente en el sistema y lo viene haciendo desde hace quinientos aos, con lo cual nos convoca a librar la batalla de ideas en todos los frentes. Y as podramos seguir enumerando hitos de una reflexin terica que no se detiene ante el saber establecido y prosigue incansable su marcha hacia horizontes de comprensin cada vez ms profundos y abarcativos. Cuatro dcadas despus de su cobarde asesinato, el Che est ms vivo que nunca.



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