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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2008

EEUU saca a patrullar IV Flota ante una Latinoamrica que ya no se somete al imperio
El retorno de las caoneras?

Augusto Zamora R.
Pblico


El Gobierno de Estados Unidos decidi resucitar, a partir del 1 de julio, la IV Flota para patrullar las aguas del continente americano, de Florida a Patagonia.

La decisin estadounidense de reactivar un fsil naval -nacido a raz de la Segunda Guerra Mundial y cancelado en 1950- ha causado el general rechazo de los gobiernos de la regin -con excepcin de Colombia- no por significar una amenaza nueva para los pases del rea (para invadir Granada en 1983 o Panam en 1989 no hizo falta una IV Flota), sino por lo que tiene de significado: recordar a Latinoamrica quin es el ms duro y ms fuerte, quin tiene las pistolas.

EEUU quiere hacer ver que no renuncia a la amenaza ni al uso de la fuerza y, para hacerlo constar, patrullar la regin ms pacfica del mundo (con excepcin de la guerra perpetua colombiana) con portaviones, submarinos atmicos y destructores.

La decisin se toma en un momento de marcado declive de la influencia de EEUU en Latinoamrica, batido el mapa poltico regional por un tsunami de gobiernos de izquierda y progresistas, el ascenso de la presencia econmica china y la no menos relevante presencia europea.

Militarismo colombiano

Coincide tambin con la decisin adoptada en mayo pasado por los pases de Amrica del Sur -a iniciativa de Brasil y con la excepcin de Colombia- de constituir un Consejo de Defensa Sudamericano, dentro de la Unin de Naciones del Sur.

Una iniciativa vista con recelo por EEUU, pues adems de acrecentar el liderazgo carioca en la regin, dara, de consolidarse, el tiro de gracia al momificado Tratado Interamericano de Asistencia Recproca de 1947, que sirviera de modelo a la OTAN.

Tampoco puede desligarse la reconstitucin de la IV Flota de la inestabilidad que viene provocando en Latinoamrica el militarismo rampante de Colombia, cuyo presidente, lvaro Uribe, orden un ataque armado en territorio ecuatoriano, desencadenando la mayor crisis regional en 30 aos.

Tampoco puede desvincularse de esta decisin la ofensiva subterrnea de desestabilizacin contra los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, que tienen un epicentro comn en Bogot, nico aliado fiable que conserva Washington en su ex patio trasero.

No es un hecho casual que el nico Gobierno suramericano que recibiera con aplauso a la IV Flota fuera el colombiano, pas donde EEUU est cada vez ms involucrado en la guerra contra la guerrilla y sin cuyo apoyo generoso mal funcionara el Ejrcito nativo.

Hay cierto paralelismo entre esta inesperada y anacrnica resucitacin de la IV Flota y la militarizacin de la UE que promueve EEUU, especialmente desde la agresin contra la exigua Yugoslavia de Serbia y Montenegro, en 1999. La guerra contra Yugoslavia se dio en un momento ascendente del proceso de integracin europeo, que tena en el euro su punta de lanza.

La agresin contra Belgrado, seguida de una ampliacin a marchas forzadas de la OTAN hacia el Este y contra Mosc, imitando los pasos de Napolen y Hitler, ha tenido el efecto de fortalecer la OTAN y desintegrar dos proyectos estratgicos de la UE: la constitucin de un Ejrcito europeo y la consolidacin de una poltica exterior comn.

El espacio que quera ocupar la UE lo ocupa hoy el escudo antimisiles, la nueva guerra fra con Rusia y el botn de una Ucrania otanizada (el sueo nazi, recordemos, era una Ucrania independiente y germanizada).

Frente a los fortalecidos procesos de integracin latinoamericanos, ms diversos y plurales que los europeos (Petrocaribe, Unasur, Telesur, MERCOSUR, Alba... en ninguno de los cuales participa Colombia), EEUU parece querer responder a la europea, militarizando -a falta de otros argumentos- su poltica hacia una Latinoamrica rebelde y en movimiento, que ya no pide permiso a Washington para hacer poltica y que osa disear planes militares independientes.

Paz e integracin

La diferencia entre Latinoamrica y Europa es que la primera vive el periodo de mayor paz e integracin de su historia independiente, con la excepcin de Colombia, y sacar a pasear por los inabarcables mares latinoamericanos una flota de guerra sabe ms a berrinche crepuscular que a poltica seria.

Los gobiernos han protestado, de La Habana a Buenos Aires, de Managua a La Paz, pero dndole al hecho la importancia que tiene: ninguna. Es cosa sabida que EEUU tiene muchos barcos y aviones de guerra, pero sera el disparate del siglo que los empleara en invadir un pas cualquiera de la regin. Acelerara el fin de su influencia.

Junto con Bogot, otro sector latinoamericano ha recibido con jbilo la noticia de la IV Flota: la derecha desplazada del poder. En Caracas, La Paz o Buenos Aires, sus idelogos suean con que vuelvan viejos tiempos. Las aoradas caoneras que ponan y quitaban gobiernos, al gusto del imperio y las oligarquas.

Habr que decepcionarles. La poca de las intervenciones militares en Latinoamrica pas. Lo dijo el comandante de la Marina brasilea, Julio Moura Neto. No se admitir ninguna intervencin naval de EEUU en aguas de Brasil, bajo ningn pretexto. Moura resuma el pensamiento de la regin. Lo nico que har la IV Flota es gastar combustible. Con lo caro que est!

* Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional en la Universidad Autnoma de Madrid y embajador de Nicaragua en Espaa.



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