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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2008

Lo que se menciona en muy escasas ocasiones es el gran atraco mundial a los recursos del Congo
Cmo avivamos la guerra ms sangrienta de frica

Johann Hari
The Independent

Traducido por Mar Rodrguez y revisado por Manuel Talens


La guerra ms sangrienta desde que Adolf Hitler marchara sobre Europa ha comenzado de nuevo y es casi seguro que usted lleva en el bolsillo un trozo empapado en la sangre de dicha matanza. Cuando analizamos el holocausto en el Congo, con 5,4millones de muertos, surgen en tropel los manidos clichs sobre frica: se trata de un conflicto tribal en el corazn de las tinieblas. No lo es. La investigacin de Naciones Unidas hall que se trataba de una guerra dirigida por ejrcitos de empresas para hacerse con los apreciados metales preciosos de la sociedad de nuestro siglo XXI. La guerra en el Congo es una guerra en la que usted est implicado.

Cada da pienso en las personas que conoc en las zonas de guerra del este del Congo cuando enviaba mis reportajes desde all: las salas llenas de mujeres que haban sufrido violaciones en grupo a manos de las milicias y haban recibido disparos en la vagina, los batallones de nios soldados, muchachos de 13aos drogados y aturdidos a quienes haban obligado a asesinar a miembros de sus propias familias para que no pudieran intentar escapar y volver a casa... Pero, curiosamente, mientras vea en la CNN cmo volva a comenzar la guerra, me sorprend pensando en una mujer que conoc y que, para lo que ocurre en el Congo, no haba sufrido demasiado.


Un grupo de gente tira piedras a los soldados de la ONU que se encargan del mantenimiento de la paz y que patrullan en una carretera en Kibati, a unos 30km al Norte de Goma.

Un da regresaba a Goma en coche desde una mina de diamantes cuando se me pinch un neumtico. Mientras esperaba que lo arreglaran, me qued en pie al lado de la carretera y contempl las largas filas de mujeres que recorren los caminos al este del Congo con todas sus posesiones a la espalda en bultos grandes y pesados. Par a una mujer de 27 aos, llamada Marie-Jean Bisimwa, que llevaba cuatro nios pequeos caminando a su lado. Me dijo que tena suerte. S, haban quemado su pueblo. S, haba perdido a su marido en medio del caos. S, haban violado a su hermana, que se haba vuelto loca. Pero ella y sus hijos estaban vivos.

La llev en coche y slo tras unas horas de charla por las carreteras llenas de baches me di cuenta de que a los hijos de Marie-Jean les pasaba algo raro: estaban acurrucados, con la mirada fija al frente, no miraban a su alrededor ni hablaban ni sonrean. Nunca he podido darles bien de comer, explic. A causa de la guerra.

Sus cerebros no se haban desarrollado, ya nunca lo haran. Se pondrn mejor?, pregunt. La dej en un pueblo a las afueras de Goma y sus hijos bajaron tambalendose tras ella, sin rastro de expresin.

Hay dos historias sobre el comienzo de esta guerra: la oficial y la verdadera. La oficial cuenta que, tras el genocidio en Ruanda, los asesinos en masa de la tribu hutu cruzaron huyendo la frontera y entraron en el Congo y el gobierno de Ruanda los persigui. Pero es mentira. Cmo lo sabemos? El gobierno de Ruanda no sigui a los genocidas hutus, al menos no al principio; fueron a los lugares donde se encontraban los recursos naturales del pas y comenzaron el saqueo. Incluso dijeron a sus tropas que colaboraran con todo hutu que se encontrasen. Congo es el pas ms rico del mundo en oro, diamantes, coltn, casiterita y muchos otros, y todos queran una parte del pastel, as que otros seis pases lo invadieron.

Estos recursos no se robaron para su uso en frica, sino para poder vendrnoslos a nosotros. Cuanto ms comprbamos, ms robaban (y mataban) los invasores. El auge de los telfonos mviles caus un aumento espectacular en las muertes, porque el coltn que contienen se halla principalmente en el Congo. La ONU seal a las empresas internacionales que crea implicadas. Anglo-America, Standard Chartered Bank, De Beers y ms de otras cien (todas niegan las acusaciones). Pero, en lugar de poner freno a estas corporaciones, nuestros gobiernos exigieron a la ONU que dejara de criticarlas.

En ocasiones la lucha decay. En 2003, la ONU consigui por fin la firma de un acuerdo de paz y los ejrcitos internacionales se retiraron. Muchos continuaron su labor por medio de milicias afines, pero la carnicera se redujo en cierta medida. Hasta ahora. Como con la primera guerra, hay una historia que ocupa las portadas y una verdad. Un lder de una milicia congolea, llamado Laurent Nkunda, apoyado por Ruanda, afirma que necesita proteger a la poblacin tutsi de los mismos genocidas hutus que llevan ocultos en las selvas del este del Congo desde 1994. sta es la razn por la que est ocupando bases militares congoleas y est listo para avanzar sobre Goma.

Es mentira. Franois Grignon, director para frica del International Crisis Group, me cuenta la verdad: Nkunda est recibiendo financiacin de algunos empresarios de Ruanda para poder conservar el control de las minas de North Kivu. ste es el ncleo absoluto del conflicto. Lo que estamos viendo ahora es a los beneficiarios de la economa ilegal de la guerra luchando por mantener su derecho a la explotacin.

En este momento, los intereses comerciales de Ruanda obtienen una fortuna de las minas de las que se apoderaron ilegalmente durante la guerra. El precio mundial del coltn ha cado en picado, por lo que ahora se centran hambrientos sobre la casiterita, que se utiliza para la elaboracin de latas y otros productos desechables. Cuando la guerra comenz a decaer, caba la posibilidad de que perdieran su control en favor del gobierno congoleo elegido, por lo que le han dado otro sangriento empujn.

Pero el debate sobre el Congo en Occidente, cuando se da, se centra en nuestra incapacidad de colocar una venda decente, sin mencionar que estamos causando la herida. Es verdad que los 17000 soldados de la ONU en el pas estn fracasando estrepitosamente en la proteccin de la poblacin civil y necesitan grandes refuerzos con urgencia, pero resulta incluso ms importante dejar de impulsar la guerra en primer lugar, con nuestra compra de recursos naturales manchados de sangre. Nkunda slo tiene armas y granadas para enfrentarse al ejrcito congoleo y a la ONU porque le compramos su botn: debemos acusar a las empresas que lo compran de induccin a crmenes contra la humanidad e introducir un impuesto mundial sobre el coltn para poder mantener unas tropas de mantenimiento de la paz ms numerosas e importantes, para lo cual debemos preparar un sistema internacional que valore las vidas de los africanos ms de lo que valora los beneficios.

En alguna parte, perdidos en el gran expolio de los recursos del Congo, se encuentran Marie-Jean y sus hijos, cojeando una vez ms por la carretera, con todas sus posesiones a las espaldas. Probablemente nunca usen un telfono mvil lleno de coltn, una lata de judas forjada con casiterita ni un collar de oro, pero puede que mueran por uno.

Para salvar las vidas de las vctimas de la violencia sexual en el Congo, puede enviar sus donaciones aqu.

Para leer ms artculos de Johann sobre el Congo, pulse aqu.


Fuente: How we fuel Africa's bloodiest war

Artculo original publicado el 30 de octubre de 2008

Sobre la autora

Mar Rodrguez y Manuel Talens son miembros de Cubadebate, Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora, al revisor y la fuente.



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