Portada :: Opinin :: Ctedra Che Guevara-Amauta
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2008

Elogio de la razn concreta: El pensamiento programtico de Jos Carlos Maritegui

Job Hernndez Rodrguez
Rebelin


No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y mvil; vale la idea germinal, concreta, dialctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento.

J.C. Maritegui

I

E l Amauta es un pensador de lo concreto, vale decir, un hombre que busca dar cuenta de su realidad mediante la sntesis de mltiples determinaciones y la unidad de lo diverso. Pero evitemos confusiones: hay que entender la razn concreta como estacin de arribo que se resiste a cualquier asalto prematuro y que requiere el constante refinamiento de las armas del pensamiento. Es, asimismo, el momento de retorno a la realidad, el cierre del ciclo despus de recorrer los meandros de la razn abstracta de la que se han obtenido las categoras que aprehenden la esencia de los fenmenos pero no la compleja articulacin de sus mltiples determinantes. Por eso, antes de acometer a la realidad con la fuerza de la razn concreta es necesario moverse con naturalidad en el acervo de obras que constituyen el estado de la cuestin, con el objetivo de hacerse de categoras generales, no por simple erudicin sino con el afn de disminuir las repeticiones innecesarias e incorporar los aciertos. As entendida, la obra del Jos Carlos Maritegui es un poderoso caudal alimentado de numerosas vertientes que suman puntos en la tarea de ofrecer una interpretacin de la realidad de su tiempo. No slo se monta sobre hombros de gigantes sino, incluso, se toma la molestia de extraerle los colmillos blancos al perro muerto. Un poderoso motivo alimenta y orienta esta inteligencia hambrienta y omnvora: su declarada y enrgica ambicin de concurrir a la creacin del socialismo peruano y su explcita voluntad de dar vida al socialismo indoamericano. 1 Su prolfica produccin intelectual se halla, sobre todo en sus ltimos aos, avivada por el fuego de una verdadera pasin poltica revolucionaria, 2 que le previene lo mismo contra el eclecticismo y la hereja de fcil factura como contra el dogmatismo y la sacralizacin.

Maritegui no escatima esfuerzos y abreva de diversas fuentes. Se mueve en diferentes planos. Salta de un campo de conocimiento a otro. Destaca sus diferencias con uno u otro bando lo mismo que su afinidad y familiaridad con autores extraos a su filiacin poltica confesa, es decir, no circunscribe el andar de su inteligencia a los terrenos del marxismo, actitud que le ha valido servir de ejemplo para analizar el problema de las relaciones entre el pensamiento marxista y la cultura contempornea, o dicho en otros trminos, el viejo y siempre actual problema del carcter autnomo del marxismo. 3 El Amauta es, por eso, un autor escurridizo, incluso intencionalmente como cuando se permite la licencia de escribir una novela para decepcionar a los que no creen que yo pueda entender sino marxsticamente, y en todo caso, como ilustracin de la teora de la lucha de clases, Laprs midi dun faune de Debussy o la Olimpia de Manet. 4 Por eso desconcierta tanto a sus contemporneos como a quienes reconstruyen su trayectoria intelectual y vital, obligndolos generalmente al expediente fcil de la reduccin y la adscripcin, lo que conlleva renunciar a leer un Maritegui integral: se le analiza por fragmentos temticos o temporales, se le cataloga como miembro de una u otra tradicin, se le moteja de ortodoxo o heterodoxo, de populista o marxista, de terico u hombre de accin; al mismo tiempo que se busca amparo en su figura como anticipador de las ms variadas aventuras intelectuales, que van desde el gramscianismo latinoamericano al poscolonialismo o el posmodernismo. Y dentro del pensamiento militante de izquierda la disputa es todava mayor. La obra del Amauta convoca todas las furias y su fantasma ronda con viva fuerza, obligando a la definicin con respecto de libros y ensayos considerados por todos dignos de referencia, aunque sea para evidenciarlos como superados o equivocados. Desde el momento mismo de su muerte, las operaciones de apropiacin se muestran con toda crudeza. Nadie escapa a la atraccin del Amauta, ni siquiera sus opositores ms recalcitrantes: tanto el Apra como el Grupo Comunista de Cuzco y el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista reivindicaron como suya la obra del gran peruano casi inmediatamente despus de su deceso. 5

El slo recuento de la vasta polmica en torno de la obra del Amauta, nos permitira extraer un juicio sobre su relevancia, si aceptamos como vlida una frmula propuesta por l mismo: el valor de una idea est casi ntegramente en el debate que suscita. 6 Reconocido como clsico, Maritegui sufre la tragedia concomitante a esta condicin: es reclamado por tirios y troyanos, se le somete a operaciones de apropiacin que ya merecen el adjetivo de incontables y que parecen encontrar cartas de legitimidad en el anlisis textual o en la reconstruccin de su vida. A fin de cuentas, se le reduce a lo ya conocido o se le suman o restan caractersticas a partir de las filias o fobias propias, pero no se admite su condicin de anomala, de fenmeno que no slo se niega a ser acomodado en los estancos ya establecidos sino que desestabiliza a la razn taxonmica misma, al afn clasificatorio inherente a las disciplinas sociales de raigambre eurocntrica. El Amauta rompe la tersura de las leyes de la evolucin ―por ejemplo, abona a favor de la abolicin de una cierta imagen del marxismo que lo representa como una genealoga perfecta, o una sucesin lineal 7 ― se presenta como salto cualitativo inesperado, incapaz de ser comprendido como simple derivacin o producto de experiencias anteriores: no surge de la nada pero crea un registro nuevo, el del marxismo latinoamericano hasta entonces inexistente, que nace como aclimatacin o fructificacin de ideas universales, salvando as la suerte de ser otra ms de nuestras ideas fuera de lugar. 8

II

Pero decamos que la labor del Amauta es anlisis de situaciones concretas, bsqueda de la diferencia especfica, inteligencia siempre atenta a los hechos que desea transformar, diagnstico complejo que quiere contribuir en la acumulacin de fuerzas del proletariado. Es ste el sentido de las palabras que enva a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires en junio de 1929, cuando sugiere que slo el conocimiento de la realidad concreta, adquirido a travs de la labor y de la elaboracin de todos los Partidos Comunistas, puede darnos una slida base para sentar condiciones sobre lo existente, permitiendo trazar las direcciones de acuerdo con lo real. 9 Llamado de atencin que ya haba expresado en enero de 1927, en un mensaje al Segundo Congreso Obrero de Lima, donde advierte enfticamente que la discusin de las orientaciones, de la praxis, no es nunca tan estril como cuando reposa exclusivamente sobre abstracciones. 10

Esta necesidad de salir al encuentro con la realidad y dar cuenta de la diferencia especfica de Amrica Latina para no quedarse en abstracciones vacas, hace surgir la creacin heroica: el marxismo propiamente latinoamericano como correlato terico de la prctica socialista indoamericana. Porque es afrontar los hechos concretos lo que permite a Maritegui visualizar la insuficiencia de un marxismo entendido como materialismo metafsico, como doctrina o compendio de leyes absolutas y universales que basta aplicar a toda circunstancia histrica. Nace de esto la urgencia de construir mediaciones en un cuerpo terico que, tal cual lo dejaron sus fundadores, vera limitadas sus potencialidades crticas y revolucionarias a la hora de operar y accionar sobre el ambiente latinoamericano. Por esto, consideramos que la obra de Maritegui, sobre todo sus ltimos textos, son un ejemplo de la razn concreta como momento dinmico por excelencia del marxismo, el instante en que surge la creatividad como construccin de pisos intermedios en la teora, en este caso a la manera de entramados categoriales y epistemolgicos destinados a dejar al legado de Marx mejor pertrechado para explicar la diferencia especfica de Amrica Latina y del Per.

Pero no se trata de la superacin del marxismo, de simple y puro revisionismo, sino de su contrario: la prolongacin de una tradicin que se considera harto vlida, de la cual se parte y que obliga a su conocimiento cabal y directo, 11 antes de ser subsumida como parte integrante de una nueva totalidad terica, que en este caso sera el marxismo propiamente latinoamericano que nace con Maritegui. Aqu no se parte de la nada, no se insurge sin ms contra la tradicin, pero tampoco se le toma como obra terminada, como canon intocable. Por eso, para el peruano el marxismo es un mtodo y no un compendio de aseveraciones al que recurrir en busca de citas. Marx no tena por qu crear ms que un mtodo de interpretacin histrica de la realidad actual, afirma el Amauta. 12 Un mtodo que se apoya ntegramente en la realidad, en los hechos y no como algunos errneamente suponen, un cuerpo de principios de consecuencias rgidas, iguales para todos los climas histricos y todas las latitudes sociales. 13

En todo esto el Amauta coincide asombrosamente con la siguiente declaracin de Engels: toda la concepcin de Marx no es una doctrina sino un mtodo. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigacin y el mtodo para dicha investigacin. 14 Y por si fuera poco, la desacralizacin que Maritegui hace del legado de Marx es la misma que el pensador alemn propone cuando, en la polmica sobre el destino de la comunidad rural rusa, llama a no metamorfosear su obra en una teora filosfico-histrica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, y a no dispensar el estudio de los hechos al amparo de una teora cuya mayor ventaje reside precisamente en el hecho de ser una teora suprahistrica. 15

Para Maritegui el marxismo es, en su afortunada frmula, una brjula y no un itinerario, slo una orientacin para construir una carta de navegacin propia, algo que de ninguna manera nos ahorra el recorrido y sus azares, que no evita el esfuerzo endgeno por generar explicaciones que se agreguen a la tradicin del pensamiento revolucionario. En todo esto caminar siempre entre tres fuegos. Su Defensa del marxismo es una polmica explcita con la doctrina oficial de la Segunda Internacional y con el revisionismo en que derivar; al mismo tiempo, es una confrontacin implcita ―capaz de ser leda entre lneas― con las posturas oficiales de la Komintern donde se han pasado de contrabando las posturas positivistas, mecanicistas y metafsicas de su antecesora; adems de ser la continuacin del debate con el Apra ahora puesto en el terreno filosfico. 16 Todo esto, porque los ensayos agrupados en este tomo son un intento, inacabado por cierto, de explicitar el tipo de marxismo que Maritegui propone y que haba sido puesto en accin como mtodo en los Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana. En consecuencia, Defensa del marxismo es la clave que nos permite entender cmo responde el Amauta a la pregunta sobre el espacio terico de su propuesta dentro del marxismo en general, resolviendo de forma dialctica dos falsas disyuntivas. Por un lado, disuelve la dicotoma entre ortodoxia y heterodoxia, al plantear una relacin entre ambas sintetizada en la proposicin de que hay herejas capaces de incorporarse al dogma para revitalizarlo. Por otro lado, establece un vnculo igualmente dialctico entre lo universal y lo especfico cuando muestra que el marxismo carece de valor si slo es universalismo abstracto que renuncia a la interrogante sobre la diferencia especfica de Amrica Latina (al estilo de Codovilla); al mismo tiempo que defiende la pertinencia del marxismo frente a quienes proponen su inutilidad para dar cuenta de una pretendida originalidad extrema de nuestros pases (al estilo del Apra, que es la versin latinoamericana de la superacin de Marx mediante un socialismo vernculo).

Creemos que Maritegui capta el sentido profundo del marxismo, al entenderlo como mtodo para el anlisis de situaciones concretas, y por tanto, como mtodo para la accin. La reflexin que emprende sobre el tema y las conclusiones a las que arriba son de gran vala, mxime si se comparan con las de la poca y se toma en cuenta que nacen de manera independiente, ajenas a los resultados de este tipo en otros lugares y pocas. Por eso discrepamos con Rubn Jimnez Ricardez cuando enuncia que los ensayos escritos por el Amauta sobre problemas tericos del marxismo constituyen la parte ms dbil de la obra de Maritegui, la de menor aliento crtico, minusvalorando su significado hasta dejarlos en la categora de trabajos subsidiarios. Peor an cuando propone que los textos al estilo de los reunidos en el volumen titulado Defensa del marxismo, discurren en un terreno filosfico y dejan ver el inacabado proceso de aprehensin del materialismo dialctico por parte de Maritegui, achacado a las dificultades para asimilarse la dialctica materialista en aquella poca. 17

Vale traer a colacin nuevamente el registro de la biblioteca del Amauta hecha por Vanden, para refutar lo dicho por Jimnez Ricardez. Pero vale ms tratar de entender estas aseveraciones de Ricardez como parte de su intento por destacar lo que considera esencial en la obra mariateguiana: su esfuerzo de fundacin poltica del marxismo y, derivado de esto, la rehabilitacin del Amauta como luchador poltico. 18 Parece que lo que no cabe estrictamente en esta dimensin, es reducido a proposiciones que discurren en un terreno filosfico. Sin embargo, la justa apreciacin de Defensa del marxismo es indispensable para entender la naturaleza del esfuerzo mariateguiano por fundar una fuerza material orientada por el materialismo dialctico. Sin esto, la tarea de destacar la labor del Amauta como terico de la poltica y como organizador de la clase obrera sera incompleta. Y es que, segn Flores Galindo, en el proceso de diferenciacin y concentracin ideolgica agudizado en estas fechas Maritegui requera desarrollar de forma ntida sus planteamientos. Deba esforzarse en la fundacin de los rganos de la clase obrera contando con un apoyo doctrinal mayor. Es as como Maritegui se entrega a la redaccin febril de dos libros: su ardorosa Defensa del Marxismo y su libro sobre poltica peruana Ideologa y poltica en el Per. 19

Una simple constatacin de fechas dejara claro que el libro que nos ocupa no fue redactado en el vaco, como ejercicio inocuo y prueba de que su autor estaba al tanto de las novedades europeas. Ms bien, fue pensado como respuesta a las urgencias polticas locales y profundamente entramado con la necesidad de posicionamiento poltico, ambas acrecentadas a partir de junio de 1927 cuando la represin lanzada por Legua entre otros efectos tiene el de promover una revisin de mtodos y conceptos y una eliminacin de los elementos dbiles y desorientados, en el movimiento social. De un lado se acenta en el Per la tendencia a una organizacin, exenta de los residuos anarco-sindicalistas, purgada de la bohemia subversiva: de otro lado aparece clara la desviacin aprista. Es en este momento, an en el debate con el Apra, que el movimiento izquierdista peruano entra en una etapa de definitiva orientacin. 20 Se trata de una verdadera decantacin poltico-ideolgica que anima al Amauta en la bsqueda de nuevas cspides tericas.

L os diecisis artculos que integran la parte central de Defensa del marxismo fueron escritos dentro del arco temporal iniciado en 1927. Aparecieron a partir del nmero 17 y hasta el 24 de Amauta, entre septiembre de 1928 y junio de 1929, coincidiendo con un fuerte apremio de las tareas polticas. En septiembre de 1928 se declara concluido el proceso de definicin ideolgica de Amauta y se proclama su carcter socialista, con la publicacin de Aniversario y Balance en la decimosptima aparicin de la revista. En octubre de ese ao se funda el P.S.P., cuyo esquema de programa fue encargado a Maritegui. En el mismo mes son redactadas las ponencias de la delegacin peruana para la Conferencia Comunista de Buenos Aires que se realizara en junio de 1929.21 El 1 de mayo de 1929 se inicia la publicacin, en Amauta y Labor, de una serie de documentos orientados a la convocatoria y organizacin de la Confederacin Central de Trabajadores del Per (C.G.T.P.), cuyos estatutos finalmente se leeran en las pginas del octavo nmero de Labor el da 10 de septiembre de 1929. En mayo de 1929 una delegacin peruana asiste al congreso constituyente de la Confederacin Sindical Latinoamericana (CSLA) donde es presentado el documento Antecedentes y desarrollo de la accin clasista.

III

A lo largo de este trabajo hemos acudido a los textos de Maritegui directamente involucrados en el esfuerzo de decantacin poltico-ideolgica agudizado a partir de 1927. Son, en su conjunto, parte fundamental de lo que consideramos sus textos programticos, comprendidos aqu no slo los explcitamente polticos, sino todos aquellos dirigidos a darle contorno a una iniciativa ideolgica y organizativa. Incluso una novela escrita como respuesta contra aquellos empeados en la reduccin de los alcances del marxismo y una serie de ensayos filosficos aparentemente no empatados con las tareas del momento. No obstante que nuestra atencin se concentra en Jos Carlos Maritegui, no somos ciegos al hecho de que todos estos escritos son parte de una empresa de grupo, producto de una intelectualidad de partido en conjuncin con la movilizacin y organizacin popular. An aquellos que llevan la firma del Amauta al calce son difcilmente atribuibles al autor en solitario, porque nacieron tratando de codificar y condensar aspiraciones colectivas. Se mueven, por tanto, en una condicin que siempre es menester reconocer en los textos programticos: la dificultad de establecer contundentemente los lmites entre lo individual y lo colectivo.

La eleccin de estos textos no es fortuita. Ya sean de orientacin o de polmica, son un buen ejemplo de la razn concreta en acto. Ellos hacen evidente la necesidad de una interpretacin certera de la realidad y del refinamiento terico y metodolgico del marxismo, no por mera precisin cientfica sino para hacer ms factible la iniciativa revolucionaria. En el caso de Maritegui, el estar atento a la realidad, en sus mltiples determinaciones y contradicciones, para no perderse en divagaciones tericas, es un imperativo relacionado con la construccin del Partido Socialista, con la creacin de la Confederacin General de Trabajadores del Per, con el afianzamiento de Amauta y Labor como puntales de definicin y concentracin socialista, y con las discusiones al interior de las redes latinoamericanas orientadas a la formacin de los rganos comunistas continentales. Hacia estos esfuerzos de la clase trabajadora y su vanguardia dirige Maritegui su inteligencia y su pluma. Por ello debe dar cuenta de la exhuberancia o desmesura de la realidad con un pensamiento igualmente complejo, desmesurado, exuberante. No poda darse el lujo de reduccionismos y simplificaciones, siempre mistificadores de los hechos, porque en la orden del da estaba la necesidad de empujar con efectividad la conformacin de organizaciones dotadas de independencia de clase entre los trabajadores del campo y la ciudad.

Bibliografa

A.A. V.V. Encuentro Internacional Jos Carlos Maritegui y Europa: el otro aspecto del descubrimiento, Ed. Amauta, Lima, 1993.

Aric, Jos. La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en Amrica Latina. Ed. Nueva sociedad, Caracas, 1988.

Aric, Jos. Maritegui y los orgenes del marxismo latinoamericano. Ed. Siglo XXI, Mxico, 1978.

Flores Galindo, Alberto. La agona de Maritegui. La polmica con la Komintern. Ed. Desco, Lima, 1980.

Jimnez Ricardez, Rubn. Prlogo, en J. C. Maritegui, Obra poltica, Ed. Era, Mxico, 1979.

Maritegui, J.C. Siegfried y el profesor Canella, Ed. Amauta, Lima, 1979. (Primera edicin: 1955).

-------------------. Ideologa y poltica, Ed. Amauta, Lima, 1969.

------------------- . La accin clasista, Ed. Federacin sindical mundial, La Habana, 1998.

-------------------. Obras, 2 Tomos, Ed. Casa de las Amricas, La Habana, 1982.

-------------------. Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana. Ed. Amauta, Lima, 1994. (Primera edicin: 1928).

Marx, Karl, Carta a la redaccin de Otiechstvennie Zapiski, en Escritos sobre Rusia. II. El porvenir de la comuna rural rusa. Ed. Pasado y Presente, Mxico, 1980.

Marx, K. y F. Engels, Obras escogidas, 3 tomos, Ed. Progreso, Mosc, 1984.

Melgar Bao, Ricardo. Maritegui y la Internacional Comunista, en Revista Nuestra Amrica, nm. 2, Ed. CCyDEL/UNAM, Mxico, 1980. pp. 47-78.

Paris, Robert. La formacin ideolgica de Jos Carlos Maritegui. Ed. Siglo XXI, Mxico, 1981.

Tarcus, Horacio. Maritegui en la Argentina o las polticas culturales de Samuel Glusber. Ed. El cielo por asalto, Buenos Aires, 2001.

Vanden, Harry E. Maritegui. Influencias en su formacin ideolgica. Ed. Amauta, Lima, 1975.

Otras obras consultadas

Beigel, Fernanda. El itinerario y la brjula. El vanguardismo esttico-poltico de Jos Carlos Maritegui. Ed. Biblos, 2003.

Caballero, Manuel. La Internacional Comunista y la revolucin latinoamericana, Ed. Nueva Sociedad, Caracas, 1988.

Fornet-Betancourt, Ral. Transformacin del marxismo. Historia del marxismo en Amrica Latina. Coed. Plaza y Valds/UANL. Mxico, 2001.

Melgar Bao, Ricardo. Redes y representaciones cominterrnistas: el bur latinoamericano (1919-1921). Revista Universum, nm 16. Universidad de Talca, 2001.

Quijano, Anbal. Introduccin a Maritegui. Ed. Era, Mxico, 1982.

Tern, Oscar. Discutir Maritegui. Ed. BUAP, Mxico, 1985.

Tauro, Alberto. Amauta y su influencia. Ed. Amauta, Lima, 1960.

1 J.C. Maritegui, Advertencia a Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana. Ed. Amauta, Lima, 1994. (Primera edicin: 1928). Tambin en Aniversario y balance, Ideologa y poltica, Ed. Amauta, Lima, 1969, p. 249.

2 Rubn Jimnez Ricardez, Prlogo, en J. C. Maritegui, Obra poltica, Ed. Era, Mxico, 1979, p. 15.

3 Jos Aric, Introduccin a Maritegui y los orgenes del marxismo latinoamericano. Ed. Siglo XXI, Mxico, 1978, p. XII. Ms adelante el autor afirma que en la singularidad del pensamiento de Maritegui reside la demostracin ms contundente de que el marxismo slo poda ser creador a condicin de mantener abiertos los vasos comunicantes con la cultura contempornea. pp. XXI y XXII. Sin embargo Aric no propone una solucin a la pregunta de cmo se relaciona el marxismo con la cultura contempornea? Subsumindola en un orden categorial de naturaleza superior o adhiriendo en su cuerpo terico premisas y conclusiones extraas? Se trata de la crtica de todas las categoras que conforman el pensamiento burgus o de su simple recepcin?

4 J.C. Maritegui, cit., en Nota preliminar de Alberto Tauro a Siegfried y el profesor Canella, Ed. Amauta, Lima, 1979, p. 14 (primera edicin: 1955). Parece que Jimnez Ricardez pas por alto la publicacin de esta novela escrita por Maritegui en los ltimos aos de su vida. El registro de esta vuelta del peruano a su vocacin literaria primigenia, habra guardado a ste autor de escribir, o por lo menos a matizar, la siguiente declaracin: Como el revolucionario cubano Rubn Martnez Villena, Maritegui abandonar la literatura por la poltica. R. Jimnez Ricardez, Op., Cit., p. 18. Pero el Amauta en su etapa final no slo escriba ensayos y artculos de crtica social. En honor a la verdad, con la muerte merodeando, no encontr mejor forma de tematizar la desmesura de la vida que escribir un relato, mezcla de cuento y crnica, ―como lo describe en carta a Samuel Glusberg― corroborando la hiptesis de que la vida excede a la novela; la realidad a la ficcin. Ibid, p. 21. Para ver carta mencionada, Horacio Tarcus, Maritegui en la Argentina o las polticas culturales de Samuel Glusber. Ed. El cielo por asalto, Buenos Aires, 2001, p. 194.

5 Ricardo Melgar Bao, Maritegui y la Internacional comunista, en Revista Nuestra Amrica, nm. 2, Ed. CCyDEL/UNAM, Mxico, 1980, pp. 73, 74.

6 Citado por Alberto Flores Galindo, La agona de Maritegui. La polmica con la Komintern, Ed. Desco, Lima, 1980, p. 114.

7 Ibid, p. 12.

8 La expresin ideas fuera de lugar es de Jorge Schwart que as da cuenta del ideario burgus que se manifiesta en Amrica Latina como un compendio de aseveraciones en franca disonancia con su entorno. El descentramiento de ciertas ideas con respecto a la realidad, vale decir, el fenmeno de ideas que aparecen como extraas con respecto de la formacin socioeconmica, no es condicin exclusiva de la ideologa burguesa. Tambin el pensamiento marxista, cuando opera como simple traslado o aplicacin puede cumplir este papel irrisorio, de profundo exotismo.

9 J.C. Maritegui, El problema de las razas en Amrica Latina, en Ideologa y poltica, p. 60

10 J.C. Maritegui, Mensaje al Congreso Obrero, en Ideologa y poltica, p. 111.

11 Pruebas de que Maritegui estaba familiarizado con las obras fundamentales de los clsicos del marxismo se dan en la revisin de la biblioteca del Amauta, hecha por Harry E. Vanden entre 1973 y 1975, donde se enlistan, como parte de su acervo personal, obras de Marx, Engels y Lenin, a quienes ley generalmente en francs e italiano. Esto desmentira a Robert Paris cuando dice que Maritegui asimil el marxismo a travs de difusores italianos y franceses, es decir, de segunda mano. Harry E. Vanden, Maritegui. Influencias en su formacin ideolgica. Ed. Amauta, Lima, 1975. pp. 56-63. Aceptando los resultados de la investigacin de Paris, la sobrevaloracin de la influencia italiana en la obra de Maritegui es una caracterstica de la interpretacin de Aric, en su empeo por atar la originalidad del Amauta al neomarxismo de inspiracin idealista propio de Italia en las primeras dcadas del siglo XX, y de equiparar la trayectoria intelectual del peruano con la de Gramsci. Esto ltimo es una ms de las tantas operaciones de apropiacin que ha sufrido la herencia intelectual de Maritegui, en este caso mediante la adscripcin de Maritegui a una experiencia que ms bien es la de Aric. Jos Aric, Op. Cit., pp. XIV-XX. Ver tambin, del mismo autor, La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en Amrica Latina. Ed. Nueva sociedad, Caracas, 1988, p. 122 y ss., en donde se propone cierto parentesco, y hasta coincidencias sugestivas entre Maritegui y Gramsci y se atribuye el redescubrimiento del primero a la difusin del segundo en Amrica Latina.

12 J.C. Maritegui, Defensa del marxismo, en J.C. Maritegui. Obras, Tomo 1. Ed, Casa de las Amricas, La Habana, 1982. p. 139.

13 J.C. Maritegui, Mensaje al Congreso Obrero, p. 112.

14 Carta de Engels a Sombart, marzo de 1895, en Marx-Engels, Obras escogidas, Ed. Progreso, Mosc, 1984, p. 534.

15 Marx, Karl, Carta a la redaccin de Otiechstvennie Zapiski, en Escritos sobre Rusia. II. El porvenir de la comuna rural rusa. Ed. Pasado y Presente, Mxico, 1980. pp. 64, 65.

16 Una lectura de este tipo puede verse en el artculo de Osvaldo Fernndez Daz, Una proposicin de lectura de Defensa del marxismo, en Encuentro Internacional Jos Carlos Maritegui y Europa: el otro aspecto del descubrimiento, Ed. Amauta, Lima, 1993. pp.120-128.

17 R. Jimnez Ricardez, Op. Cit., p.13.

18 bid, p.14.

19 Flores Galindo, Op. Cit., pp. 100 y 101.

20 J.C. Maritegui, Antecedentes y desarrollo de la accin clasista, en Ideologa y poltica, p. 104. Tambin reproducido en la compilacin titulada La accin clasista, Ed. Federacin sindical mundial, La Habana, 1998, p. 53, 54. La represin de junio marcara el inicio de lo que Flores Galindo llama la agona de Maritegui, entendiendo agona en el sentido que el Amauta toma de Unamuno: no como muerte sino como lucha, como combate. Ver, Una entrevista a Jos Carlos Maritegui, publicada en Mundial, Lima, 23 de julio de 1926. Incluida en La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canellap, 154.

21 Se trata de El problema de las razas en Amrica Latina y Punto de vista antiimperialista, ambas incluidas en Ideologa y poltica.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter