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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2009

El llanto de un lugar

John Berger
Ojarasca (La Jornada)


Unos das despus de nuestro retorno de lo que hasta hace poco suponamos que sera el futuro Estado de Palestina, y que ahora es la prisin ms grande del mundo (Gaza), la sala de espera ms grande del mundo (Cisjordania), tuve un sueo.

Estaba solo, de pie, desnudo de la cintura para arriba, en un desierto de cuarzo arenisco. En algn momento, la mano de alguien ms recoga del suelo un poco de esa arena y me la lanzaba al pecho. Su accin era ms bien algo considerado y no un acto agresivo. Antes de tocarme, la tierra o grava se transformaba en jirones de tela, tal vez algodn, que se envolvan solos alrededor de mi torso. Estos trapos rasgados cambiaban otra vez y se volvan palabras, frases. No eran escritas por m sino por el lugar.

Al remembrar este sueo, me vino a la mente el trmino inventado tierra arrasada. Y se repeta. Tierra arrasada describe un lugar o los lugares donde todo, lo material y lo inmaterial, ha sido barrido, robado, desmantelado, desmenuzado, lavado, todo excepto la tierra palpable.

*

Hay una colina bajita en las afueras de Ramallah, llamada Al Rabweh, al occidente, al final de la calle Tokio. Cerca de la cima de la colina est enterrado el poeta Mahmoud Darwish. No es un cementerio.

La calle se llama Tokio porque conduce al Centro Cultural de la ciudad, que est al pie de la colina, y que fue construido gracias a un apoyo japons.

Fue en este Centro donde Darwish ley algunos de sus poemas por ltima vez aunque entonces nadie supona que sera la ltima. Qu significa la palabra ltima en momentos de desolacin.

Fuimos a visitar su tumba. Hay ah una lpida. La tierra excavada sigue desnuda, y los dolientes han dejado manojos de espigas verdes de trigo como lo sugiere uno de sus poemas. Hay tambin anmonas rojas, pedazos de papel, fotos.

l quiso ser enterrado en Galilea donde naci y donde su madre vive an, pero los israeles lo prohibieron.

En el funeral, decenas de miles de personas se reunieron aqu, en Al Rabweh. Su madre, de 96 aos, se dirigi a ellas. l es hijo de todos ustedes, exclam.

En qu mbito exactamente es que hablamos cuando hablamos de los amados que acaban de morir o ser asesinados. En un momento as de presente, nuestras palabras nos parecen resonar de un modo mucho ms cercano que lo que normalmente vivimos. Son comparables con los momentos en que hacemos el amor, o cuando enfrentamos un peligro inminente, o al tomar una decisin irrevocable, o cuando bailamos un tango. No es en el mbito de lo eterno donde nuestras palabras de duelo resuenan, pero tal vez resuenan en alguna de las pequeas galeras de tal mbito.

*

En la colina, que ahora est desierta, intento invocar la voz de Darwish. Tena la calma voz de un criador de abejas:

Una caja de piedra

donde los vivos y los muertos se mueven en el barro seco

como abejas cautivas en el panal de una colmena

y cada vez que el estado de sitio arrecia

comienzan una huelga de hambre de flores

y buscan el mar para que les indique la salida de emergencia

Al invocar su voz, sent la necesidad de sentarme en la tierra palpable, en el pasto verde. Y as lo hice.

Al Rabweh significa en rabe: la colina cubierta de pasto verde. Sus palabras han regresado al lugar de donde vinieron. Y no hay Nada ms. Una Nada compartida por 5 millones de personas.

La siguiente colina, a quinientos metros de distancia, est repleta de tiraderos de desperdicios. Los cuervos vuelan en crculos. Algunos muchachos pepenan objetos en ella.

Al sentarme en el pasto en el borde de esta tumba recin cubierta, ocurri algo inesperado. Para definirlo, tengo que describir otro evento.

Esto fue hace unos das. Mi hijo, Yves, iba manejando y nos dirigamos a la localidad de Cluses en los Alpes franceses, un pueblito. Haba estado nevando. Las laderas, los campos y los rboles eran blancos y la blancura de las primeras nieves a veces desorienta a los pjaros, y perturba su sentido de la distancia y la orientacin.

De repente un pjaro se estamp contra el parabrisas. Yves, mirando por el espejo retrovisor lo vio caer a un lado del camino. Fren y meti reversa. Era un pajarito, un petirrojo, atolondrado pero aun vivo, que parpadeaba. Lo alc de la nieve, lo senta tibio en mi mano, muy calientito, porque los pjaros tienen una temperatura ms alta que nosotros, y continuamos manejando.

De tanto en tanto lo examinaba. En el lapso de media hora muri. Lo levant para ponerlo en el asiento trasero del coche. Lo que me sorprendi fue su peso. Pesaba menos que cuando lo recog de la nieve. Lo pas de una mano a la otra para cotejar esto. Era como si su energa cuando estaba vivo, su lucha por sobrevivir, le hubiera aadido peso. Ahora casi no pesaba.

Tras sentarnos en el pasto que cubre la colina de Al Rabweh pas algo comparable. La muerte de Mahmoud haba perdido su peso. Lo que permaneci son sus palabras.

*

Han pasado los meses, cada uno lleno de presagios y silencio. Ahora fluyen los desastres hacia un delta sin nombre, y que obtendr alguno nicamente si le otorgan uno los gegrafos que vengan despus, mucho despus. Hoy no hay nada ms que hacer que intentar caminar sobre las amargas aguas de este delta sin nombre.

*

Gaza, la prisin ms grande del mundo, est siendo transformada en un matadero. La palabra Franja (como en la Franja de Gaza) est empapada con sangre, como ocurri hace 65 aos con la palabra ghetto.

Da y noche la Fuerza de Defensa Israel lanza bombas, obuses, armamento radioactivo y de fsforo gbu39, balas de ametralladora por aire, mar y tierra contra una poblacin civil de 1.5 millones de personas. El nmero de muertos y mutilados incrementa con cada nuevo reporte noticioso de los corresponsales internacionales, a los que les est prohibido por Israel entrar a la Franja. Sin embargo, la cifra crucial es que por cada baja israel hay cien bajas palestinas. Una vida israel es equiparada a cien vidas palestinas. Las implicaciones de este supuesto son reiteradas constantemente por el vocero israel con el fin de hacerlas aceptables y normales. La masacre tendr muy pronto su secuela de pestilencia: casi ninguna vivienda cuenta con agua ni energa elctrica, los hospitales carecen de mdicos, medicinas y generadores. La masacre viene de un bloqueo y un estado de sitio.

Ms y ms voces por todo el mundo se levantan en protesta. Pero los gobiernos de los ricos con sus medios de comunicacin mundiales y su orgullosa posesin de armas nucleares le confirman a Israel que se harn de la vista gorda ante lo que la Fuerza de Defensa Israel est perpetrando.

*

El llanto de un lugar entra en nuestro sueo, escribi el poeta kurdo Bejan Matur, El llanto de un lugar entra en nuestro sueo y ya no se va nunca.

Nada sino la tierra arrasada.

*

Estoy de regreso en Ramallah (de eso hace cuatro meses) en un estacionamiento subterrneo abandonado que fue tomado y convertido en un espacio de trabajo por un grupo de artistas visuales palestinos, entre los que se halla la escultora Randa Mdah. Miro una instalacin concebida y hecha por ella que se titula Teatro de Tteres.

Es sta un bajorrelieve que mide 3 metros por 2, que se yergue derecho como un muro. Frente a ste, en el piso hay esculpidas tres figuras.

El bajorrelieve que asoma hombros, rostros, manos, est hecho de una armadura de alambre, polister, fibra de vidrio y barro. Sus superficies estn coloreadas verdes oscuros, cafs, rojos. La profundidad de su relieve es casi la misma que una de la puertas de bronce de Ghiberti para el Baptisterio en Florencia, y los escorzos y las perspectivas distorsionadas se han resuelto casi con la misma maestra. [Nunca habra adivinado que la artista era tan joven: tiene 29 aos.] El muro con el bajorrelieve es como el seto al que cualquier pblico en un teatro se asemeja, cuando se le mira desde el escenario.

En el piso de tal escenario, al frente, estn las figuras de tamao natural: dos mujeres y un hombre. Estn hechos de los mismos materiales pero en colores ms deslavados.

Una de estas figuras est al alcance de la mano del pblico, otra est a dos metros de distancia y la tercera est tres metros ms lejos. Traen puestas ropas del diario, sas que decidieron ponerse por la maana.

Sus cuerpos estn amarrados a cuerdas que cuelgan de tres palos horizontales que a su vez cuelgan del techo. Son marionetas: esos palos son las barras de control que manipulan unos titiriteros, ausentes o invisibles.

La multitud de figuras en el bajorrelieve, todas miran lo que tienen frente a sus ojos y les tuerce las manos. Sus manos son como aves de corral. Impotentes. Se retuercen porque no pueden intervenir. Son bajorrelieve, no tienen tercera dimensin y como tal no pueden intervenir en el mundo real slido. Representan el silencio.

Las tres figuras slidas, palpitantes, atadas con cuerdas invisibles manipuladas por los titiriteros, son lanzadas al piso, primero la cabeza, los pies al aire. Una y otra vez hasta que sus cabezas se parten. Sus manos, sus torsos, sus rostros, se convulsionan en agona. Una que no tiene fin. Lo sabe uno por los pies: una y otra vez.

Era posible caminar en medio de los impotentes espectadores del bajorrelieve y las despatarradas vctimas en el piso. Pero no lo hice. Hay una fuerza tal como no he visto nunca en obra alguna. Porque reclama el terreno donde se yergue. Porque transform el campo de extermino que yace entre los estupefactos espectadores y las agonizantes vctimas en algo sagrado. Porque transform el piso de un estacionamiento en una especie de tierra arrasada.

Esta obra profetiza la Franja de Gaza.

*

A la tumba de Mahmoud Darwish en la colina de Al Rabweh, por decisin de la Autoridad Palestina, le quitaron la cerca y la cubrieron con una pirmide de vidrio. Ya no es posible acurrucarse a su lado. Sus palabras, sin embargo, siguen siendo audibles para nuestros odos y podemos repetirlas y seguir repitindolas.

Tengo que trabajar en la geografa de los volcanes

De la desolacin a la ruina

del tiempo de Lot a Hiroshima

Cual si nunca hubiera vivido

con un deseo que sigo por saber

Tal vez el Ahora se movi un poco ms all

y el Ayer se acerc

As que le tomo la mano al Ahora y

camino por la costura de la historia

evitando el tiempo cclico

con su caos de chivos montaraces

Cmo puedo salvar mi maana?

Con la velocidad del tiempo electrnico

o con la lentitud de las caravanas de mi desierto?

Tengo trabajo hasta que me llegue el fin

como si no fuera a ver el maana

tengo que trabajar por el hoy que no est aqu

As que escucho

suave muy suave

El pulso de hormiga de mi corazn

**

 

(Las citas de Darwish provienen del poema Mural, traducido al ingls por Rema Hammami y John Berger)

Traduccin: Ramn Vera Herrera

http://www.jornada.unam.mx/2009/01/19/oja141-jberger.html



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