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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2009

Las palabras y la crisis
Por qu ahora paz? (y un escolio que dice algo de nuestro despiste)

Matas Escalera Cordero
Rebelin


Que las palabras construyen el mundo; que con las palabras nos construyen el mundo, al tiempo que nos lo ocultan que con ellas lo construimos, al tiempo que nos lo ocultamos; que con ellas nos dominan y dominamos, es, tal vez, la experiencia central del hombre comn, cada da. An ms, para la mayora, a menudo, las palabras tienen unos poderes taumatrgicos mgicos, que, en realidad, no tienen. Damos por sentado que ellas son la realidad, cuando, por lo general, las palabras nos evitan la realidad.

Por ejemplo, alguien habr que se haya extraado, o se haya quejado interiormente, de por qu no he utilizado la palabra mujer, a continuacin de la de hombre, cuando he hablado del hombre comn; puesto que si la realidad hombre/mujer no cambia acaso por ello ni un pice, la realidad percibida s cambia, en efecto. Y, a muchos de entre nosotros, el uso de la palabra mujer, junto a la de hombre por ms que se entienda la expresin, tal como est escrita, nos tranquilizara, reconfortndonos interiormente, ante una realidad percibida entonces como ms adecuada y ordenada, segn nuestras convicciones. Aunque no estoy seguro de que esa capacidad apaciguadora catrtica, si se quiere de las palabras sea un hecho en s mismo positivo.

Pasa lo mismo que con la palabra paz en las manifestaciones, que lo mismo la puede gritar la buena gente comn que De Juana Chaos, Olmert, Aznar, Uribe o Georges W Bush. Y sucede lo mismo con las palabras que nombran la actual crisis del sistema financiero capitalista.

En el mar de palabras y de frases inconexas y balbuceantes en el que, los primeros das, e incluso durante las primeras semanas, se ahogaban y nos ahogaban los supuestos especialistas que algunos se empean an en llamar economistas, socilogos o periodistas: palabras mgicas donde las haya, en sus foros, sus parlamentos, sus peridicos o sus tertulias radiofnicas y televisadas, apenas se vislumbraba tabln o pecio al que agarrarse, ni playa en la que embarrancar; y, durante esos das, esas semanas, pareci que por fin volvamos a ser dueos de algunas de nuestras palabras, explotacin, robo, rapia, plusvala, control, cambio, planificacin Durante esas semanas, economistas, socilogos y periodistas braceaban y se agitaban boqueando por los plats y los estudios de radio y televisin, y por las redacciones de los peridicos pidiendo, buscando desesperadamente cualquier resto flotante que les sirviese de asidero; era una verdadera gozada verlos sudar con la sola posibilidad muy lejana, eso s de que la buena gente comn pillase su ineptitud, descubriese sus trampas y sus trucos, o se levantase y pidiese responsabilidades a los causantes del caos, y que dijese basta.

Sin embargo, todo result ser, al cabo, una ilusin, pues repentinamente aparecieron flotando entre las olas dos tablones a los que agarrarse, y, en el horizonte, se vislumbr la playa en la que encallar y rehacerse.

Se agarraron bien fuerte, y arribaron a ella, y, tras tomar aire, tomaron tambin como de costumbre posesin de la nueva tierra descubierta. Los tablones fueron dos palabras, dos palabras tan sencillas mgicas y ligeras que lograron rescatar a la tripulacin entera de la nave a la deriva: la crisis era nueva y de origen desconocido. La playa finalmente tomada, una realidad apabullante e incuestionable, la aceptacin general y la resignacin de los pueblos; esto es, de esa misma buena gente comn (de los hombres y las mujeres comunes, sin distincin, que componen los pueblos, se supone); en realidad, se trataba de una frase, un mero sintagma, con una capacidad asertiva y performativa implacable, no hay alternativa.

Es una crisis nueva, de origen desconocido y, adems, no hay alternativa, repitieron entonces sin parar, con agitacin y entusiasmo ensalmatorio, hasta que, en efecto, la crisis fue nueva, de origen desconocido y no hubo ya alternativa alguna, a pesar de que Pblico regalase El Capital, por las esquinas, con su edicin dominical.

Los aparatos sindicales encontraron entonces despus de pensrselo mucho su propia palabra, los trabajadores no tienen la culpa de nada (pues de qu vamos a tener la culpa, los trabajadores, en este mundo: se podra haber aadir, no sin malicia).

Y ya estaba, de nuevo, todo en orden. Las palabras haban llevado, una vez ms, todo a su ser natural. S, eso es se decan, economistas, socilogos y periodistas, aliviados, la crisis es nueva, y, por tanto, impredecible; de modo que no era que ellos fuesen estpidos, que su ciencia no sirva para predecir o prevenir acontecimiento econmico o social alguno; o que no supiesen, ni hubiesen comprendido nunca de qu haba ido todo el montaje de trapicheos y estafas piramidales en que haban estado jugando (cuando hasta el ms simple de la casa se barruntaba que aquello no era posible, que nadie da duros a pesetas). Tampoco tenan nada que ver, por tanto, en la catstrofe, ni la rapia, ni la acumulacin dolosa, ni la falta de regulacin y de controles nacionales e internacionales de los incalculables y fraudulentos movimientos de capitales, durante dcadas, ni las polticas neoliberales, causantes de todo ello.

Y como era una crisis nueva, y nadie estaba seguro de qu hacer tampoco con ella, de momento mientras llegaba el Salvador: Mr. Obama siguieron con los viejos trucos, y se pusieron, de nuevo, manos al bolsillo (de la buena gente comn: de hombres y de mujeres, sin distincin, claro; de los trabajadores y las trabajadoras de todo el mundo, sin distincin de clase, sexo o religin). Se reunieron y decidieron endosar cientos de miles de millones de dlares y de euros (pues no hay alternativa) a los mismos que haban robado cientos de miles de millones de euros y de dlares.

Aunque ni siquiera esto estaba ya claro, que hubiesen sido ellos los causantes del desastre; en realidad, no poda ser cierto, ellos no haban sido, pues la crisis haba tenido un origen desconocido (haba venido as, de pronto, como del planeta rojo, de Marte). Y, sobre todo, porque nosotros, la buena gente comn, los hombre y las mujeres, sin distincin: los trabajadores y las trabajadoras de cuyas espaldas y de cuyos bolsillos estaban sacando, una vez ms, como siempre, el botn; que no tenemos la culpa de nada (de qu vamos a tenerla), resignados y resignadas aceptando lo inevitable como inevitable; les dbamos la razn. Aunque para desahogarnos nos pusimos a gritar paz por la esquinas y por las plazas.

Porque no es raro que sucedido lo que ha sucedido en estos aos, en la Franja y ms all de la Franja, en tantos y tantos pozos de dolor infinito y de miseria nos cansaramos enumerndolos; habiendo hecho lo que han hecho delante de nuestras narices: expoliarnos, robarnos, tratarnos de patanes y de estpidos, mandarnos a la calle; haciendo lo que hacen, cada da, sea ahora precisamente cuando nos ponemos a gritar en realidad a suplicar paz?

No deberamos gritar algo ms? Otras palabras O hacer algo. Levantarnos airados, por ejemplo; o, en su defecto, apagar las radios, las televisiones; y darles la espalda, cuando se dirijan a nosotros, tratndonos como a seres estpidos y sin memoria; a ver si encontramos algunas de las palabras que creemos haber perdido; o indagar, al menos, si alguna vez las tuvimos Pero que no sean ni patria, ni nacin, por favor.

Escolio

Hace unos das al salir de casa me encontr con que en el solar de enfrente, de propiedad pblica, haban comenzado las labores de replanteo, y, al pasar sobre la nica caseta de obra levantada, hasta la fecha, vi un letrero que pona Colegio, y un grupo de personas que esperaba y haca cola junto a ella; picado por la curiosidad, decid preguntar qu era lo que esperaban. Informacin, me dijeron. Y, tras unos minutos de conversacin, aparecieron varios individuos que nos invitaron a entrar, y a sentarnos.

Para nosotros lo primero es la ideologa fue, en efecto, lo primero: no poda estar ms claro; las palabras nos sobran, porque tenemos claros los valores que defendemos, que vienen dados por nuestro fundador, Monseor Escriv de Balaguer; que no son otros que los valores y la ideologa cristiana, de la familia y de la educacin en el respeto y el orden; por eso, aunque este Colegio sea de rgimen concertado (esto es, pagado con dinero pblico: esto, claro, no lo dijeron as; y el terreno sea tambin pblico: esto tampoco lo dijeron), nuestra enseanza se cimentar sobre la base de la ideologa de nuestro fundador, que es la ideologa de la verdadera Iglesia. As que la enseanza que se impartir en este colegio ser segregada; los nios se educarn con los nios, y las nias con las nias, pues se diga lo que se diga y se escriba lo que se escriba hombres y mujeres tenemos diversas necesidades, y nos desarrollamos mejor en aulas segregadas. El mundo es duro y salvaje, y tenemos que prepararlos para que sepan cumplir su papel en la vida.

Tras estas y otras afirmaciones por el estilo, los asistentes no tuvieron ms que asentir y felicitarse, porque nuestras autoridades hayan cedido un terreno pblico y vayan a subvencionar un Colegio de tan claro ideario (a pesar de que estuviese destinado a un Colegio pblico, y que en la zona no haya ninguno de tal titularidad).

Cuando sal de aquella presentacin, no estaba indignado, ni siquiera sorprendido (haber vivido en Madrid en los ltimos veinte aos, especialmente en los del virreinato absoluto de doa Esperanza, te vacuna contra cualquier disparate). No, en realidad, sala maravillado por la claridad de ideas y la contundencia expositiva de aquella gente; ellos no se andaban por las ramas. Actan; actan y ya s que nadan a favor de corriente, que no es poco y se dejan de tonteras, no se enredan en ninguna palabra.

Desde cundo no hacemos nosotros/nosotras, compaeros/compaeras, [email protected], esto mismo? Cundo dejaremos de enredarnos con las palabras, o de creer tan firmemente en el poder mgico de las mismas? Quizs, cuando nos demos cuenta de que decir paz, no impone la paz, ni que decir Escuela pblica, Universidad pblica, ni impone, ni funda, una Escuela pblica o una Universidad pblica que merezcan tal nombre; o cuando caigamos en la cuenta de que ni la morfologa, ni la sintaxis, ni la letra @ nos evitan actuar como hombres y mujeres verdaderamente libres e iguales (con lo que el apoyo a Hamas, en la Franja, o a los imanes, en Irn, y a la letra @ en la escritura, no es algo que habra que dilucidar cuidadosamente? Me pregunto, sobre todo, leyendo ciertas cosas que he ledo en estos das de tribulacin).

Actuar, s; pero en qu direccin? (y esto ya se empieza a parecer a un enredo de los Monty Python). Lo primero sera tener claro qu es lo que queremos de verdad, justo lo que no sabemos, y justo lo que ellos tienen muy, pero que muy claro; de hecho, en septiembre abren el Colegio (segregado, claro; y con dinero pblico, por supuesto).

No son buenos tiempos, estos, para nosotros (se podr objetar); y cundo lo han sido para nosotros? Me pregunto (tambin). Excusas hay las que queramos y nos inventemos. Como palabras.



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