Portada :: Opinin :: LA IZQUIERDA A DEBATE
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2009

Gramsci, una perspectiva ineludible

Irene Mogliani y Ramiro de Altube
Rebelin


En los cuadernos que escribe en la crcel, a partir de 1929, Gramsci dedica varios apartados a la temtica de los intelectuales; tema que hoy llama nuestra atencin. Las lneas vertebrales de estos cuadernos podran sintetizarse en: la teora de la hegemona y la filosofa de la praxis; dimensin filosfica y dimensin poltica, encontradas por y en su historicidad. [1]

Para poder pensar a los intelectuales, Gramsci plantea la necesidad de un criterio que no se encuentre en sus prcticas intrnsecas; ubica al fenmeno de lo ideolgico en el conjunto del sistema de relaciones en el cual dichas actividades (y, por tanto, los grupos que las personifican) se encuentran en el complejo general de las relaciones sociales [2] .

Para entender lo que esto supone, nos aproximaremos a las ideas de Gramsci a travs de los conceptos de hegemona e, inevitablemente, los de sociedad civil y sociedad poltica, para luego poder acercarnos a los intelectuales y su rol en el bloque histrico. Por ltimo, intentaremos comprender la importancia que otorga a lo superestructural en la nocin de crisis orgnica.

Tras los pasos de una estrella. Hegemona

El concepto de hegemona (gegemoniya) fue retomado como consigna poltica en los debates del POSDR (Partido Obrero Socialdemcrata Ruso) entre 1890 y 1917. Si bien previamente era utilizado para pensar las relaciones de predominio de un Estado sobre otro, en estos debates fue utilizado para plantear las relaciones entre las diferentes clases al interior de un mismo Estado.

En el II Congreso Socialdemcrata en 1903, tanto mencheviques como bolcheviques coincidan en plantear a la hegemona (primaca, dirigencia) del proletariado en la revolucin burguesa. Posteriormente, tal coincidencia se fue diluyendo por las diferencias entre ambos sectores. Despus del fracaso de la revolucin en Rusia en 1905, Lenin escribe varios artculos reafirmando los postulados a favor de la hegemona proletaria. En oposicin a los mencheviques, sostena que el proletariado como nica clase revolucionaria deba dirigir la lucha de todos los explotados, como aliados, en pos del socialismo; El proletariado es revolucionario slo cuando tienen conciencia de esta hegemona y la realiza. [3]

Fue de los debates del movimiento socialista, cristalizados en los documentos de la III Internacional, de donde Gramsci retom la idea de hegemona como parte de la dictadura del proletariado. En ellos tambin, aunque de forma breve y aislada, se lleg a utilizar el concepto para pensar el dominio de la burguesa sobre el proletariado, cuando sta lograba confinarlo a un rol corporativo.

En los escritos de Gramsci, la nocin de hegemona se refiere, en un principio, a la alianza de clases entre grupos explotados, dirigida tico-poltica y econmicamente por el proletariado [4] . Dirigencia que no excepta concesiones y compromisos, y de la cual subraya su aspecto cultural: la unidad intelectual y moral, ya no planteada en trminos de intereses corporativos, sino universales. [5] Tal coalicin conforma lo que l denomin nuevo bloque histrico.

Los sostenido que sostiene

El recorrido contina y la novedad aparece al Gramsci extender la nocin de hegemona de la perspectiva obrera en una revolucin burguesa, al anlisis de las estructuras del poder burgus en las sociedades capitalistas occidentales (con el fin de repensar el fracaso de la revolucin socialista en su pas, y las dificultades que se daban en occidente, diferentes respecto a las del caso ruso, en pos de la misma). Lo presenta en una serie de duplas de opuestos, ubicados en el plano superestructural: Dominacin-Hegemona, Fuerza-Consenso, Violencia-Civilizacin; siendo el primer momento para los sectores enemigos, y el segundo para los afines. En palabras de J. Aric: El concepto de hegemona define las relaciones entre la clase dirigente y el conjunto de las clases aliadas, mientras que el de dictadura hace referencia a las relaciones de enfrentamiento entre estas clases y las reaccionarias que es necesario destruir. [6]

Avancemos entonces sobre la idea de sociedad civil, para ello retomamos lo que Portelli nos aporta: Encontramos en los Cuadernos numerosas definiciones de sociedad civil, todas ellas concordantes: all se entiende generalmente a la sociedad civil como el conjunto de los organismos vulgarmente llamados privados y que corresponden a la funcin de hegemona que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad. Gramsci la contrapone a la sociedad poltica (el Estado en el sentido estricto del trmino) del cual ella constituye su base y su contenido tico). [7] Aquellas instituciones privadas son las escuelas, los partidos polticos, los sindicatos, las iglesias, generadoras de consenso. El segundo elemento que comprende la superestructura es el Estado en el sentido estricto son sus aparatos coercitivos (polica, ejrcito, crceles, tribunales, legislacin) que ejercen la de dominacin.

A lo largo de sus escritos, las relaciones y caracterizaciones de la dupla superestructural no permanecen inalteradas, al contrario. Diversas son las aplicaciones que hace del concepto de hegemona en sus cuadernos, y por ende de las relaciones entre la sociedad civil y la sociedad poltica; P. Anderson nos permite contemplar tales variaciones y acercarnos a una sntesis, que l propone coherente, y nosotros retomamos como vlida:

l En una primera disposicin, la hegemona (radicada en la sociedad civil) prevalece sobre la coercin (Estado); considerando entonces, como forma fundamental del poder burgus en el capitalismo occidental, la subordinacin cultural de las clases subalternas a las dirigentes [8] . El sistema persistira, no por coercin, sino por consenso.

Pero, el lugar ocupado por el Estado parlamentario occidental en s, como eje de los aparatos ideolgicos capitalistas, desmiente esta primera solucin. La sociedad poltica tambin brinda elementos para el consenso; pues l mismo alimenta la creencia en la igualdad democrtica de todos los ciudadanos en el gobierno de una nacin, o dicho de otra manera, incredulidad en la existencia de una clase dirigente [9] .

l En una segunda configuracin, la relacin entre sociedad poltica y sociedad civil es equilibrada: la hegemona se distribuye entre ambos y la sociedad civil combina coercin y consenso. Si bien Gramsci ampla el mbito de la hegemona al Estado (prestando atencin a sus funciones ideolgicas a travs del sistema educativo y penal), tambin agrega al ejercicio de la hegemona por parte de la sociedad civil el uso de la fuerza.

Al ampliarse las categoras, la peculiaridad de la hegemona se desdibuja puesto que ahora ana fuerza y consenso. Existe siempre una asimetra estructural en la distribucin de las funciones consensales y coercitivas de este poder. La ideologa es compartida por la sociedad civil y el Estado pero la violencia pertenece slo al Estado. [10] El resultado es una falta de distincin estructural entre ley y costumbre, reglas jurdicas y normas convencionales, que dificulta cualquier demarcacin precisa de las respectivas provincias de la sociedad civil o el Estado en una formacin social capitalista. [11]

l En la tercera versin, el Estado incluye tanto a la sociedad poltica como a la sociedad civil; pues ambas se identifican en la realidad. Tal aplicacin pierde la distincin entre Estado y sociedad civil, como as tambin la especificidad de la democracia burguesa occidental. sta radica en el grado de autonoma en que se sostienen dichas instituciones, que oculta su real pertenencia al poder capitalista. [12]

Tras la identificacin de estos tres movimientos en las categorizaciones gramscianas, P. Anderson sostiene que la distribucin clave es una asimetra entre la sociedad civil y el Estado en Occidente: la coercin se ubica solamente en uno de los trminos y el consenso en ambos. la estructura normal del poder poltico capitalista en los estados democrtico-burgueses est en efecto, simultnea e indivisiblemente dominada por la cultura y determinada por la coercin. [13] El dominio de la cultura es constituyente del poder burgus. ste, apoyado sobre todo en el consenso de las masas en su propia explotacin y en su creencia en el autogobierno a travs de un Estado democrtico representativo (Estado que no reprimira a las masas, sino que las integrara). En ese plano, las divisiones de clase, de origen econmico, quedan relegadas en pos de una igualdad y libertad jurdicas, de ndole polticas. De todas formas, las condiciones para tal hegemona las da, silenciosamente, el monopolio de la violencia legtima en el Estado. Privado de l, el sistema de control cultural se volvera frgil al instante puesto que desapareceran los lmites de las posibles acciones en su contra [14] .

Una esencia comn: la totalidad

La supremaca de un grupo social se manifiesta, as, en la dominacin y en la direccin que ejerce sobre el conjunto de la sociedad. El anlisis de la superestructura no se termina en la conceptualizacin de sus partes, sino que requiere reconsiderar su vnculo con lo estructural. [15] Para pensar la integracin de ambos planos Gramsci utiliza el concepto de bloque histrico; trmino, retomado de Sorel, que conserva la nocin de totalidad. La hegemona tiende a construir un bloque histrico, o sea, a realizar una unidad de fuerzas sociales y polticas diferentes y tiende a mantenerlo unido a travs de la concepcin del mundo que ella ha trazado y difundido [16] . Es el encuentro de la estructura y la superestructura, su orientacin comn.

Para poder significar esta relacin de totalidad que implica el bloque histrico, retomemos la proposicin de unidad entre filosofa e historia que plantea Gramsci en sus crticas a Benedetto Croce.

La proposicin de Croce sobre la identidad de historia y filosofa es la ms rica de consecuencias crticas: 1) est mutilada si no lleva a la identidad de historia y de poltica (y deber entenderse por poltica la que se realiza y no slo las diversas y repetidas tentativas de realizacin, algunas de las cuales, tomadas en s, fracasan); 2) y tambin a la identidad de poltica y filosofa. Pero si es necesario admitir esta identidad, cmo es posible distinguir las ideologas (iguales, segn Croce, a instrumentos de accin poltica) de la filosofa? Es decir, que la distincin ser posible pero slo por grados (cuantitativamente) y no cualitativamente. Las ideologas, por lo tanto, sern la verdadera filosofa porque son las vulgarizaciones que llevan a las masas a la accin concreta, a la transformacin de la realidad. Sern, por consiguiente, el aspecto de masa de toda concepcin del mundo, que en el filsofo adquiere carcter de universalidad abstracta, fuera del tiempo y del espacio; caracteres peculiares de origen literario y antihistrico. [17]

Antonio afirma la historicidad de las filosofas y la bsqueda de una explicacin realista de todas las concepciones subjetivistas de la realidad.. La teora de la superestructura no es ms que la solucin histrica y filosfica del idealismo subjetivo. [18] Es a partir de la filosofa de la praxis que se dilucidan las relaciones entre y desde la superestructura a la base estructural, dadas en el proceso real, negadas por la filosofa idealista. Lo superestructural es por su relacin con la estructura (distinto, pero no diferente), y por ello mismo, no constituye meras apariencias o falsificaciones, sino una realidad objetiva, activa y operante. Es desde donde se toma conciencia de las relaciones sociales (de clase), desde donde se definen sus objetivos, desde donde se piensa el pasado y se construye la Historia.

Esta ntima relacin condicionante entre lo superestructural y lo estructural, es dilucidada por la filosofa de la praxis, que le devuelve a lo ideolgico y lo poltico su carcter de concreto-histrico, y por ende, parte del bloque histrico. [19]

Los que llevan y traen concepciones de la realidad

Si pensamos a la estructura social, en una situacin histrica determinada, en ella se incluiran las relaciones entre las clases, dependientes de las relaciones de las fuerzas productivas, y respecto a la superestructura, en ella las relaciones polticas e ideolgicas (sociedad poltica sociedad civil). Segn Gramsci, la vinculacin entre ambas sera realizada desde el nivel superestructural por los intelectuales.

La caracterizacin que Gramsci hace de los intelectuales orgnicos [20] , tiene que ver con la conviccin de que cada clase crea consigo y desarrolla en respectivas especialidades parciales y funcionales a su actividad primitiva y a su ideologa, una o ms capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia funcin, no slo en el campo econmico sino tambin en el social y poltico [21] . Por ello: Slo las ideologas orgnicas, vale decir ligadas a una clase fundamental, son esenciales. Limitada en una primera instancia al nivel econmico de esa clase, con el desarrollo de la hegemona, la ideologa se extiende a todas las actividades del grupo dirigente. () En apariencia independientes, las distintas ramas de la ideologa no son ms que los diferentes aspectos de un mismo todo: la concepcin del mundo de la clase fundamental. [22]

Gramsci reinscribe a los intelectuales de manera inseparable del conjunto de las relaciones sociales; lo intelectual, lo ideolgico, no sera relativo sencillamente a una actividad social especfica. [23]

La centralidad y amplitud del concepto de ideologa que Gramsci utiliza, en tanto verdaderas filosofas, permite sta reinscripcin y muestra la importancia de los intelectuales en la sociedad. sta, se manifiesta en el conjunto de la vida colectiva y de los individuos. Cada hombre, ms all de la funcin social especfica (y de dnde recaiga en mayor cuanta el esfuerzo de las actividades que realice) participa de una concepcin del mundo a travs de su intelectualidad. [24]

La sociedad est atravesada por la diversidad de mbitos de accin en que participan, en diversos grados, especialistas de lo intelectual, que elaboran, vehiculizan y realizan la visin del mundo dominante. Podemos distinguir ciertas organizaciones que ellos conforman segn si incorporan parcialmente a su actividad general cuestiones ideolgicas, o si su funcin principal es la de difundir la ideologa. Entre las primeras podemos incluir a aquellas que componen a la sociedad poltica (en las que actan policas, polticos, jueces, abogados, militares). Entre las organizaciones culturales propiamente dichas estn: las instituciones educativas, las Iglesias, los medios de comunicacin, museos, sindicatos (), propias de la sociedad civil.

Tendiendo a organizar y dirigir a los grupos sociales en conformidad con las relaciones socio-econmicas, dando coherencia y homogeneidad a la clase regente, los intelectuales son los funcionarios de la superestructura.

Cada una de estas funciones -hegemnica, coercitiva, econmica- contribuye a la unidad de la clase fundamental y a su hegemona en el seno del bloque histrico. Comparando la situacin de la clase hegemnica con la de las clases subalternas, Gramsci muestra cmo una clase adquiere realmente su homogeneidad slo despus de la creacin de una capa de intelectuales que ejercen la hegemona y la coercin. [25]

Prdida de sentido

 

Ahora veamos a travs del concepto de crisis orgnica la posibilidad de gestacin de un nuevo bloque histrico.

La crisis revolucionaria, para Gramsci (y a diferencia de Marx que la sita en las relaciones socio-econmicas) aparece como crisis de la hegemona. Gracias al concepto de bloque histrico, el pensar la crisis revolucionaria como hegemnica abarca al total de las relaciones sociales.

Para que un bloque histrico desaparezca, la crisis estructural debe devenir en crisis de hegemona; esto es lo que caracteriza a una crisis orgnica. En la medida en que la clase dirigente deja de cumplir su funcin econmica y cultural, afirma Gramsci, es decir, cuando cesa de empujar realmente a la sociedad entera hacia delante, satisfaciendo no slo sus exigencias existenciales, sino tambin la tendencia a la ampliacin de sus cuadros para la toma de posesin de nuevas esferas de la actividad econmico-productiva, el bloque ideolgico que le da cohesin y hegemona tiende a disgregarse. [26] Las clases dirigentes pierden la direccin ideolgica sobre las clases subordinadas, que llegan a cuestionar no slo su quehacer poltico sino a toda la sociedad civil. Para mantenerse como tal, la clase dominante apela a la sociedad poltica y fortalece su posicin coactivamente.

La crisis [27] y la toma de consciencia de las masas, no implica necesariamente una consciencia revolucionaria: Estos movimientos espontneos son inorgnicos porque los estratos sociales pasan bruscamente del estadio econmico-corporativo al estadio poltico sin la intermediacin de los intelectuales [28] ; pero esta intermediacin es necesaria. Acompaando a la ruptura con la clase dirigente, debe haber un proyecto alternativo, un sistema hegemnico opuesto al regente, organizado por la clase subalterna fundamental. Pero adems para que, tras la crisis, surja un nuevo sistema hegemnico, es preciso que las clases subalternas puedan organizarse en pos de una direccin poltica e ideolgica propia.

La crisis orgnica, al ser una crisis de hegemona afecta a la sociedad civil; los aparatos de poder de la sociedad poltica permanecen en manos de la clase dominante. Pero el elemento clave es que si no existe un proyecto antagnico lo ms probable es que la situacin y los movimientos que se han generado sean reabsorbidos y reordenados. En este sentido, bajo la fachada (real) del desorden y el cuestionamiento social la posicin de la clase dominante contina siendo muy favorable, y puede optar por varias estrategias para darle fin a la situacin crtica: desde la recomposicin de la sociedad civil, a la plena utilizacin de la sociedad poltica, e incluso una solucin cesarista o bonapartista.

Creando intelectuales propios (y excluyendo a los orgnicos subalternos de las clases dominantes), las clases subalternas deben organizarse. Su toma de consciencia y la organizacin de su propio sistema hegemnico, o visin del mundo, permite buscar el consenso y alianza de la clase fundamental con las dems clases subalternas. A partir de all, podr tender a conformar un nuevo bloque histrico econmico, poltico e ideolgico, que slo ser una vez que estn a su cargo el sistema hegemnico y el Estado.

Un grupo social puede y hasta tiene que ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernativo (sta es una de las condiciones principales para la conquista del poder); luego, cuando ejerce el poder y aunque lo tenga firmemente en las manos, se hace dominante, pero tiene que seguir siendo tambin dirigente. [29]

 

Conclusin e ideas finales

Este pequeo ensayo forma parte de nuestro espacio de formacin. Desde hace casi dos aos comenzamos una trayectoria colectiva en la que surgi entre otras cosas la pregunta por el rol de los historiadores (intelectuales), su funcin social, su tica, su relacin con la poltica, etc. Para todo ello comenzamos a trabajar con los escritos de Gramsci y de otros autores vinculados en especial a lo que puede pensarse como marxismo heterodoxo. El acercamiento a Gramsci en particular no slo dilucid nuestras preguntas referidas al problema de los intelectuales, sino que complejiz nuestra perspectiva y gener nuevos interrogantes. Nos hizo por ejemplo debatir ms profundamente el problema del Estado, las diferentes formas de interpretarlo, el problemas de las relaciones entre las clases (alianzas), las fuerzas sociales, y an ms el cmo pensar la cuestin de lo que se denomina superestructural. Se trata de diversos asuntos que, en tanto futuros historiadores, nos resultan fundamentales. Consideramos las reflexiones en torno a Gramsci como un momento de nuestras definiciones metodolgicas, conceptuales y polticas.

Presentaremos finalmente algunas reflexiones y aperturas. Al considerar a las actividades de reproduccin del mundo fsico y social, como a las de pensamiento y crtica de las mismas, articuladas en el conjunto de la sociedad y en cada hombre, digamos:

- que las funciones sociales estn subsumidas a las determinaciones de las relaciones sociales de produccin. Descartando as, clasificaciones e incluso jerarquizaciones meramente a partir de ellas, y buscando en las relaciones de produccin el punto de partida tanto de su necesidad, como de sus caractersticas y existencia.

- que la intelectualidad sea constituyente en cada hombre, explica el asidero de los mecanismos de dominacin planteados en torno al concepto de hegemona. Por ende, posiciona a las visiones del mundo como un espacio de tensin y lucha entre las clases sociales. Lo que hace que, no slo la crtica al modelo hegemnico vigente, sino tambin la bsqueda, en tanto construccin, de un modelo diferente, sea necesario para un proyecto poltico de transformacin de las relaciones sociales de produccin.

- que la supuesta autonoma o independencia que supone la profesionalizacin o especializacin de los intelectuales, da cabida al planteo de un conocimiento a-poltico, un conocimiento objetivo, que mantiene el postulado de la filosofa idealista. La historicidad de la produccin de conocimiento nos permite vincular sus diferentes instancias a las relaciones de clase en que estn inmersas. La situacin de exterioridad en que se ubican las instituciones de formacin e investigacin de las ciencias sociales se condice con que sus objetivos se encaminan en pos de una carrera profesional o especializacin con el fin de lograr hiptesis cada vez ms refinadas para comprender la realidad. De nuevo, el conocer se restringe al observar, al pensar, e incluso, a un saber tcnico sobre cmo hacer (escribir, narrar) historia.

- que, teniendo en cuenta la ampliacin del concepto de lo intelectual de Gramsci, sta no puede ser pensada como un mbito especfico en el que participan ciertos grupos, ciertas instituciones y es caracterizado por ciertas prcticas. El conjunto de la sociedad participa de la intelectualidad (si bien la minora en tanto productores y difusores). Y esto se expresa continuamente en la forma en que los individuos creen organizar sus propias. En ese creer, en esa explicacin de la relacin con los dems en la sociedad est presente lo ideolgico y lo cultural; en cuyos momentos ms destacados estn la libertad de eleccin de gobernantes a travs del voto, la libertad de eleccin de los objetos de consumo, la libertad de eleccin de las ocupaciones/profesiones, la libertad de elegir ser quien se es.

En el mbito del consenso, donde la mano se dice magnnima, el jactarse como antagnica a la temible mano de hierro, no logra ocultar en su juego el ser su contraparte. Manos que se nombran y definen por oposicin, en una escala que va desde el aterciopelado blanco al atemorizante negro, querindose olvidar de lo innombrable, aquella que se dice invisible.

Ciertas voces al nombrar, descubren, revelan, rebelan, hacen nombran, descubren, revelan, rebelan, hacen...

 

BIBLIOGRAFA

Antonio Gramsci; Antologa; Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.

Antonio Gramsci; El materialismo histrico y la filosofa de Benedetto Croce; Ediciones Nueva Visin, Buenos Aires, 1972

Antonio Gramsci; Notas sobre Maquiavelo, sobre poltica y sobre el Estado Moderno; edicin digital, s/d.

Hugues Portelli; Gramsci y el bloque histrico; Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.

Jos Aric; Prlogo a Notas sobre Maquiavelo, sobre poltica y sobre el Estado Moderno; Crdoba, 1962.

Perry Anderson; Las antinomias de Antonio Gramsci en Cuadernos del Sur N 6 y N7; Editorial Tierra del Fuego; Buenos Aires, 1987-88.

Luciano Gruppi; El concepto de Hegemona en Gramsci, Ediciones de Cultura Popular, Mxico, 1978. (Versin digital).

Juan Carlos Portantiero; Los usos de Gramsci; Editorial Siglo XXI, Mxico, 1977.

Nstor Kohan; Gramsci y Marx. Hegemona y poder en la teora marxista; Ctedra Libre Antonio Gramsci; UBA.



[1] la parte de ellos que puede llamarse histrica es a menudo mnima y est sumergida por un complejo de abstracciones de origen puramente racionalizador y abstracto. Puede decirse que el valor histrico de una filosofa es calculable a partir de la eficacia prctica que ha conquistado (). Si es verdad que toda filosofa es expresin de una sociedad, tendra que reaccionar sobre la sociedad, determinar ciertos efectos positivos y negativos; la medida en la cual reacciona es precisamente la medida de su alcance histrico, de no ser elucubracin individual, sino hecho histrico. Gramsci, Antonio, Antologa, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.

[2] Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pg. 391.

[3] Lenin, citado en Anderson, Perry, Las antinomias de Gramsci, Cuadernos del Sur, N 6, Buenos Aires, 1987, pg. 75. Si no lograba conducir a las masas fatigadas a todos los campos de la actividad social, restringindose a sus propios objetivos econmicos particularistas, caera en el corporativismo Anderson, Perry, Op. Cit., pg. 76.

[4] Los comunistas torineses se haban planteado concretamente la cuestin de la hegemona del proletariado, o sea, de la base social de la dictadura proletaria y del Estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgus a la mayora de la poblacin trabajadora, lo cual quiere decir en Italia, dadas las reales relaciones de clase existentes en Italia, en la medida en que consigue obtener el consenso de las amplias masas campesinas. Cuest Med. Ant. 192

[5] estaba determinando de nuevo la oposicin tradicional entre dictadura del proletariado (sobre la burguesa) y hegemona del proletariado (sobre el campesinado) tan arduamente recordada por Trotsky. Anderson, Perry, Op. Cit., pg. 78.

[6] Aric, Jos, Prlogo a Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica y sobre el Estado Moderno, Crdoba, 1962.

[7] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histrico, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1973, Pg. 17. la cita es de Gramsci de Los Intelectuales.

[8] Adoctrinamiento que se sostendra sobre el aparato cultural (los medios de comunicacin por ejemplo) como sobre el aparato econmico (por ejemplo el fetichismo de la mercanca).

[9] Anderson, Perry, Op. Cit., pg. 89.

[10] dem, pg. 91.

[11] dem, pg. 93.

[12] Esta extensin de la idea de Estado est relacionada con las influencias de B. Croce en Gramsci. Las fronteras del Estado no son objeto de indiferencia para la teora marxista o la prctica revolucionaria. Es esencial poder trazarlas con precisin. Confundirlas es de hecho comprender mal el papel y la eficacia especficas de las superestructuras fuera del Estado en el seno de la democracia burguesa. dem, pg. 96.

[13] dem, pg. 99 y 101.

[14] Anderson, Perry, Op. Cit., pg. 101. Planteo que completa la perspectiva de W. Benjamin en Para una crtica de la violencia. En este libro, Benjamin sostiene que la violencia es constitutiva y constituyente de cualquier Estado: el Derecho se sostiene por el monopolio estatal de la fuerza que l mismo sanciona; violencia, que un momento anterior, posibilit su propia gesta.

[15] Respecto a la separacin entre estructura y superestructura que utilizamos, cabe decir, que si es pensada como sinnimo de separacin entre lo objetivo y lo subjetivo, y de lo econmico de lo poltico e ideolgico como compartimentos estancos, no consideramos que sea til. Si la mantenemos como esquema en el trabajo es porque los autores que tuvimos en cuenta las utilizan, y por ello hacemos explcito que los vnculos entre una y otra son de determinacin parcial y mutua. La poltica es de hecho en cada caso reflejo de las tendencias de desarrollo de la estructura, pero no est dicho que esas tendencias vayan a realizarse necesariamente. () El materialismo histrico mecnico no considera la posibilidad de error, sino que entiende todo acto poltico como determinado por la estructura de un modo inmediato, o sea, como reflejo de una modificacin real y permanente de la estructura. Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pg. 277. Aclaremos adems que P. Anderson utiliza, al nombrar a la sociedad poltica y a la sociedad civil, el trmino de componentes superestructurales. H. Portelli habla de la superestructura del bloque histrico cuando se refiere a stas.

[16] Gruppi, Luciano, El concepto de Hegemona en Gramsci, Ediciones de Cultura Popular, Mxico, 1978. (Versin digital).

[17] Gramsci, Antonio, El materialismo histrico y la filosofa de Benedetto Croce, Ediciones Nueva Visin, Buenos Aires, 1972, en el apartado: Identidad de historia y de filosofa.

[18] dem, en el apartado: Religin filosofa y poltica.

[19] Hay, sin embargo, una diferencia fundamental entre la filosofa de la praxis y las otras filosofas: las otras ideologas son creaciones inorgnicas en tanto que contradictorias, porque estn dirigidas a conciliar intereses opuestos y contradictorios; su historicidad ser breve porque la contradiccin aflora despus de cada acontecimiento del que han sido instrumento. La filosofa de la praxis, en cambio, no trata de resolver pacficamente las contradicciones existentes en la historia y la sociedad; antes bien, es la teora de tales contradicciones en cuanto no tiende a esconder o encubrir la realidad. dem, en el apartado: La doctrina de las ideologas polticas.

[20] stos se diferencian de los tradicionales, que son aquellas categoras intelectuales relacionadas con la estructura econmica anterior a la vigente; como por ejemplo los eclesisticos. Para no perder de vista la incidencia de funciones intelectuales por fuera de las ideolgicas en el orden feudal, agregamos el ejemplo de la capacidad tcnica militar que era detentada por los seores feudales. Esto nos permite recordar que adems de las funciones de generacin de consenso, los intelectuales tambin participan activamente en los espacios coercitivos o de dominacin.

[21] Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pg. 388. El primer grado de especializacin no sobrepasa el nivel econmico. () Pero una clase fundamental no se limita a este nivel: en la medida en que esta clase aspire a la direccin de la sociedad, la principal funcin de sus intelectuales ser el ejercicio de la hegemona y de la dominacin Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histrico, Op. Cit., pg. 98.

[22] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histrico, Op. Cit., pg. 18

[23] Ubica al pensamiento humano fuera de un plano ideal y autnomo, en contraposicin con la perspectiva de la filosofa idealista. La base para pensar a los intelectuales como un sector independiente se sustenta en caracterizarlo a partir de sus actividades especficas; en este caso, las prcticas para la produccin de conocimiento. Para Gramsci el criterio debe ser el lugar que ocupan en las relaciones sociales generales; y en verdad el obrero o proletario, por ejemplo, no se caracteriza especficamente por el trabajo manual o instrumental, sino por la situacin de ese trabajo en determinadas condiciones y en determinadas relaciones sociales. no existe una clase independiente de intelectuales, sino que cada grupo social tiene su propia capa de intelectuales o tiende a formrsela; pero los intelectuales de la clase histricamente (y realistamente) progresiva, en las condiciones dadas, ejercen una tal atraccin que acaban por someter, en ltimo anlisis, como subordinados, a los intelectuales de los dems grupos sociales Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pg. 487

[24] El diferente grado de esfuerzo muscular y mental hace que se den varios grados de actividad intelectual especfica. No hay actividad humana de la que se pueda excluirse toda intervencin intelectual: no se puede separar al homo faber del homo sapiens. Al cabo, todo hombre, fuera de su profesin, despliega alguna actividad intelectual, es un filsofo, un artista, un hombre de buen gusto, participa de una concepcin del mundo, tiene una lnea conciente de conducta moral y contribuye, por tanto, a sostener o a modificar una concepcin del mundo, o sea, a suscitar nuevos modos de pensar. Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pgina 391-2.

[25] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histrico, Op. Cit., pgs. 98-99

[26] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histrico, Op. Cit., pg. 121. La cita completa de Gramsci es: Aqu se aprecia la solidez metodolgica de un criterio de investigacin histrico-poltica: no existe una clase independiente de intelectuales, sino que cada grupo social tiene su propia capa de intelectuales o tiende a formrsela; pero los intelectuales de la clase histricamente (y realistamente) progresiva, en las condiciones dadas, ejercen una tal atraccin que acaban por someter, en ltimo anlisis, como subordinados, a los intelectuales de los dems grupos sociales y, por tanto, llegan a crear un sistema de solidaridad entre todos los intelectuales, con vnculos de orden sociolgico (vanidad, etc.) y a menudo de casta (tcnico-jurdicos, corporativos, etc.). Este hecho ocurre "espontneamente" en los perodos histricos en los cuales el grupo social dado es realmente progresivo, o sea, empuja realmente la sociedad entera hacia adelante, satisfaciendo no slo sus exigencias existenciales, sino tambin la tendencia a la ampliacin de sus cuadros para la toma de posesin de nuevas esferas de la actividad econmico-productiva. Apenas el grupo social dominante ha agotado su funcin, el bloque ideolgico tiende a desintegrarse, y entonces la "espontaneidad" puede ser sustituida por la "coaccin", en formas cada vez menos disimuladas e indirectas, hasta llegar a las medidas de polica propiamente dichas y a los golpes de Estado. Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pg. 487-488.

[27] Gramsci da dos ejemplos de crisis orgnica: la primera se refiere a situaciones en las cuales la clase dirigente fracasa en alguna gran empresa poltica (por ejemplo una guerra), la segunda est marcada por el paso a la actividad poltica de grandes grupos de las clases subalternas (particularmente campesinos y pequeo-burgueses intelectuales).

[28] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histrico, Op. Cit., pg. 126

[29] Gramsci, Antonio, Antologa, Op. Cit., pg 486

Los autores de este texto son Integrantes del GEH (Grupo de Estudiantes de Historia) de Rosario.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter