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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2009

Deporte y esclavitud

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


El hombre se distingue de los animales por dos rasgos fundamentales: porque tiene la inteligencia en las manos y en los pies, y no en los dientes, y porque se mueve en el espacio exterior, y no en el interior de su especie. El placer elemental del deporte, y del juego en general, tiene que ver con el dibujo de figuras -con el dibujo del aire mismo- mediante la movilidad de los cuerpos y el intercambio de enlaces redondos entre ellos. La pelota, como el buril o las pinzas, revela la destreza (y ezquerdeza) de nuestras extremidades. La pelota, como la voz, como los signos escritos, une y separa dos cuerpos, pero no dice nada; slo habla precisamente de esta unin y de esta separacin; traza y afirma el milagro de la distancia. Antes de las rivalidades, las filiaciones y las marcas, est la belleza intil que las hace posibles: la delimitacin del campo, la felicidad euclidiana de los tringulos, el erotismo objetivo de las parbolas, la comparecencia de un segmento lquido entre dos cuerpos. El baln no es un objeto de disputa sino un lpiz; y la red que lo retiene, cuando traspasa el palo, es la revelacin cromtica de la perspectiva. Qu produce un partido de ftbol? Ni trigo ni hierro ni lana. Produce -anchura, altura, profundidad- imgenes del espacio.

En la antigedad los hombres tenan cuerpo y alma, y exponan uno mientras trataban de proteger y salvar la otra. Ahora tienen cuerpo e imagen, que es algo as como su alma por fuera. Sagrada para la mayor parte de las culturas, la figura ha hecho siempre visible el espritu, borroso dentro de la carne, de manera que no slo Dios se materializaba en ciertas imgenes convencionales sino que la dignidad misma del hombre se concentra, y se vulnera, a la altura del rostro, donde la personalidad adquiere una forma individual irreemplazable. El milagro de la fotografa ha conseguido no slo exteriorizar definitivamente el alma sino adems reproducirla, al menos potencialmente, hasta el infinito, en innumerables copias que acaban siendo ms verdaderas que el original mismo. Ahora el dlar no est respaldado por el oro y la figura no est respaldada por el cuerpo. El alma puede revelarse y brillar en todas partes, para todos los hombres por igual; puede vulnerarse y degradarse tambin en todas partes, la de todos los hombres por igual.

Una economa imaginaria es sobre todo una economa que manipula, multiplica, comercializa las imgenes. El mercado capitalista ha conseguido combinar y corromper estas dos maravillas: compra y vende la tridimensionalidad del mundo, que es patrimonio de todos, y compra y vende las almas fotogrficas, depsito de la dignidad humana. El resultado es ese gran negocio que seguimos llamando en Europa, por una singular homonimia, deporte. Un informe elaborado por la consultora internacional Deloitte & Touche, Divisin Corporate Finance, asegura que el ftbol mueve todos los aos ms de 500.000 millones de dlares, tres veces el PIB de la Argentina. De dnde sale tanto dinero? De los derechos de televisin y de los derechos de imagen de los jugadores; es decir, del monopolio de la geometra de Euclides y de la multiplicacin de las almas de los deportistas; de la privatizacin de la anchura, la longitud, la profundidad -como dimensiones del espacio- y del robo ignominioso de la visibilidad humana. Unas pocas empresas -clubes deportivos y firmas de marketing- se han apoderado, por as decirlo, de todos los huecos y todas las esferas y han secuestrado todas las miradas.

Hace dos semanas vendieron en Europa a un esclavo llamado Cristiano Ronaldo. En uno de sus libros, Fernando Ortiz incluye los precios de los esclavos negros en 1790, segn anunciaban sus dueos en un peridico de La Habana: una negra de 24 aos, robusta y sana, sin tachas ni enfermedades, poda costar 300 pesos; un negrito retinto, criollo, de 16 aos, sano y listo 500; una buena cocinera, humilde u fiel, sana y sin tacha, hasta 950. Al Real Madrid -multinacional del deporte imaginario- el esclavo Cristiano Ronaldo le ha costado 94 millones de euros; es decir, 130 millones de dlares. Es el rcord. Zidane haba costado 76 millones; Kak 66; Figo 61; Buffon 47. Dicen que Cristiano Ronaldo juega bien al ftbol y mete muchos goles. No s si un gol vale algo ms que el placer muy grande de meterlo y el no menor de verlo meter, pero a ese precio yo exigira al esclavo Ronaldo que metiese al menos dos millones de goles en los prximos tres aos. Ahora bien, es que el Real Madrid no lo ha comprado para eso; no ha comprado la inteligencia de sus pies ni su talento para excavar anchuras imposibles. De ah no podra jams extraer ningn valor aadido, ninguna ganancia adicional. Ha comprado todas sus posturas, todos sus gestos, todas sus miradas, todas sus muecas, todos sus besos, todos sus placeres, todas sus figuras; ha comprado la forma de su cuerpo, y todas sus comparecencias pblicas, con todas las copias y reproducciones que de ellas se puedan hacer. El real Madrid lo ha comprado infinitas veces y por lo tanto lo ha comprado muy barato. El esclavo Ronaldo se ha vendido infinitas veces y para celebrarlo se ha ido a Los Angeles y en un club de Hollywood, en una sola noche, se ha gastado 17.000 euros (25.000 dlares) en alcohol.

Los otros equipos de ftbol han acusado al Real Madrid de dinamitar el mercado y provocar una inflacin en el precio de los esclavos. Algunas personas sensibles, por su parte, han recordado todas las vidas que podran salvarse con esa obscena cantidad de dinero. A m, personalmente, ms que la cifra sideral despilfarrada -y que slo existe all donde se reproduce y se agota- me preocupa que encontremos gusto en eso, que nos resulte tan apetecible, tan admirable, tan digna de imitacin, la suerte del esclavo. Los antiguos (cuya lgica es tambin la de los revolucionarios de todas las pocas y todos los pases) exponan su cuerpo y protegan su alma; los modernos europeos, al contrario, protegen por todos los medios sus cuerpos, incluso a expensas de los dems, y hacen todo lo posible por vender sus almas. El que no lo consigue -aunque sea a precio de saldo- es un idiota y un fracasado.



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