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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2009

La presidencia imperial de Obama

Carlos Rivera Lugo
Rebelin/Claridad


Si hay algo que debe quedar meridianamente claro, a base de la experiencia habida durante los primeros siete meses del gobierno de Barack Obama, ms all de la retrica democrtica, ste ha optado en ltima instancia por presidir el proyecto imperialista estadounidense.

La tradicin imperial estadounidense siempre se ha revestido, en el fondo, con ropajes democrticos. Es la ya notoria poltica del garrote y la zanahoria, por un lado hablando suavemente y, por otro lado, esgrimiendo el garrote. Sus invasiones, ocupaciones o agresiones militares siempre se han hecho en nombre de la libertad, sea la del pueblo que es vctima de la acometida o la del pueblo estadounidense. De ah, por ejemplo, la expansin de la guerra en Afganistn, los ataques areos sobre el territorio soberano de Pakistn, las ejecuciones extrajudiciales de enemigos, la pretensin de justificar la detencin indefinida de presos sin garantas del debido proceso de ley o la esencial continuidad de la guerra y sus propsitos expoliadores de los recursos naturales en Irak. Incluso, en los casos de las operaciones militares en Irak, Afganistn y Pakistn, se sigue justificando las muertes de civiles inocentes como daos colaterales.

La poltica exterior del gobierno de Obama ha sido esencialmente la misma seguida bajo la segunda administracin de George W. Bush, sugiere el prominente intelectual estadounidense Noam Chomsky: Es una continuacin de las mismas polticasNo hay indicacin alguna de que Obama vaya a cambiar estas polticas. De hecho en algunas instancias l ha tomado una posicin ms agresiva, como con Afganistn y Pakistn. Y aade: Se reducirn el nmero de violaciones ms extremas a la ley y a la constitucin, llevadas a cabo por la Administracin Cheney-Bush; como las torturas en Guantnamo o la vigilancia ilegal, pero prcticamente cualquiera de los candidatos, incluso McCain, hubiese hecho lo mismo. Esta administracin ser menos confrontacional con el resto del mundo, pero va a seguir las mismas polticas.(1)

Otro ejemplo de la continuidad de las polticas imperiales es la controvertible expansin de la presencia militar estadounidense en Colombia. Ello contrasta marcadamente con la opinin crtica vertida por Obama durante su campaa electoral contra el gobierno colombiano y sus Fuerzas Armadas por sus notorias violaciones a los derechos humanos en el pas suramericano.

Apenas, en octubre de 2003, un informe de la Oficina de Contralora Gubernamental (GAO, por sus siglas en ingls) concluy que el Plan Colombia de lucha contra las drogas no haba producido los resultados vaticinados. No slo no haba reducido el problema, sino que la produccin de drogas segn confirman datos de la Organizacin de las Naciones Unidas- se haba incrementado, lo que a todas luces hacia imperativo un cambio de estrategia. En fin, el Plan Colombia es un rotundo fracaso. De ah que el GAO recomend que se procediera a ponerle fin y pasarle al gobierno colombiano toda la responsabilidad por la continuacin de las actividades propias de dicho programa.

Sin embargo, Obama aparece ahora haciendo caso omiso de las recomendaciones del cuerpo fiscalizador estadounidense. Incluso, ha pretendido despachar las legtimas crticas latinoamericanas al oscuro acuerdo que le dara al Pentgono estadounidense acceso a seis bases militares en Colombia, como pura retrica antiyanqui. Insiste en que lo nico que est haciendo Washington es actualizando el presente acuerdo de seguridad que hay con Colombia.

Las palabras de Obama, sin embargo, chocan no slo con la experiencia histrica del intervencionismo militar estadounidense en la regin sino que tambin con los juicios informados de expertos en la materia. Por ejemplo, segn declaraciones dadas por Joy Olson, directora de la Oficina de Washington para Amrica Latina (WOLA, por sus siglas en ingls) a la BBC, la presencia de soldados estadounidenses en bases colombianas no es necesaria: Si EE.UU. lo que quiere hacer son actividades antidrogas y el seguimiento de vuelos con drogas que se dirijan a EE.UU., se puede cumplir esa funcin sin necesidad de tener derechos de uso de bases.

De ah la insistencia de los mandatarios de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil, entre otros, en que el controvertible acuerdo Obama-Uribe persigue, en ltima instancia, la fracturacin de los procesos de cambio vividos en la Amrica nuestra en el presente siglo, sobre todo la creciente integracin y unin poltica y econmica regional sobre bases independientes de Washington.

El Plan Colombia forma parte desde sus inicios de una estrategia regional que fue diseada por el Departamento de Defensa durante la presidencia de Bill Clinton. A partir de sta se procedi a la instalacin de una red de bases militares, con Colombia como su foco central, y cuyo fin ltimo es la guerra de contrainsurgencia en la regin. Bajo Clintn se fue desdibujando la diferencia operacional entre la lucha contra las drogas y las actividades de contrainsurgencia. La red inclua, entre otras instalaciones, las bases de Roosevelt Roads (Puerto Rico), Manta (Ecuador), Comalpa (El Salvador), Reina Beatriz (Aruba), Hato Rey (Curazao), Guantnamo (Cuba) y Soto Cano (Honduras). En esta ltima opera la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo, adscrita al Comando Sur. A stas habra que sumar la base de Mariscal Estigarribia (Paraguay). Ya en el 2008, esta red de dispositivos de intervencin fue reforzada con el relanzamiento de la Cuarta Flota de la Marina de Guerra estadounidense para patrullar los mares alrededor de la Amrica nuestra, sobre todo ante la prdida de su base naval de Roosevelt Roads en Puerto Rico.

El nuevo siglo trajo algunas inesperadas amenazas a la estrategia regional del Pentgono, sobre todo ante el progresivo giro a la izquierda que se ha vivido en la regin. En particular, el gobierno del Presidente Rafael Correa decidi no renovar el contrato para la permanencia de la base estadounidense en Manta, donde luego de varios aos de la presencia militar yanqui all sta se ha convertido en el principal puerto de exportacin de la droga en dicho pas. A esto se le sum la propuesta hecha por el presidente hondureo Manuel Zelaya para convertir la base de Estados Unidos en Soto Cano en un aeropuerto comercial, hecho ste que explica las complicidades que van saliendo a la luz entre el gobierno de Washington y los protagonistas del golpe contra Zelaya.

Precisamente, si hay algo que evidencia el caso del golpe en Honduras es la puesta en marcha de una estrategia de reversin de los cambios que se han ido produciendo en la Amrica nuestra. A ello hay que aadir el Plan Mrida y la implantacin desde Mxico de una estrategia de seguridad dirigida ms especfica contra los procesos de cambio en la Amrica Central, as como para apuntalar a un aliado percibido crecientemente como Estado fallido.

Segn el socilogo estadounidense James Petras, bajo el gobierno de Obama se implanta una poltica de reforzamiento, de revertir los avances de la izquierda en la regin. La actual escalada militarista de Obama pretende intimidar a los gobiernos de la Amrica nuestra y debilitar el apoyo a los procesos de cambio. Abunda Petras: Todo la poltica exterior est controlada desde el Consejo de Seguridad Nacional. Esta presente Obama, la CIA y el Pentgono. Esta poltica de militarizacin en Colombia es de revertir el progreso en Amrica Latina, de reprimir los movimientos sociales, particularmente con la crisis econmica.(2)

Sin embargo, los hechos hablan con mayor contundencia que las palabras. En una clara refutacin al ropaje retrico usado por Obama en relacin a la lucha contra el narcotrfico y el terrorismo, se ha dado a conocer la denuncia contenida en un informe que circula en Washington que advierte, segn fuentes del Ejrcito de Estados Unidos, sobre la creacin de una especie de Cartel del Comando Sur. Esta seria imputacin surge a raz de varios incidentes de conocimiento pblico que han evidenciado la participacin de instructores militares y paramilitares estadounidenses con el narcotrfico colombiano. An as, Obama se alinea con la estrategia imperial de reposicionar el Comando Sur como eje de su poltica exterior hacia la regin. An as, refuerza su alianza con el gobierno derechista de lvaro Uribe, no empece su notoria reputacin represiva.

En fin, la nueva era prometida por Obama en las relaciones entre Estados Unidos y Nuestra Amrica, va quedando slo en palabras. La realidad nos dice que muy lejos del respeto prometido a la soberana de nuestros pueblos, lo que persigue el nuevo mandatario estadounidense es, en el fondo, la misma hegemona imperial de siempre. Que nadie se haga de ilusiones: Obama ha optado finalmente por gobernar como presidente del imperio.
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Notas:
(1) Miguel Vera, Entrevista a Noam Chomsky: La poltica exterior de Obama ser como la segunda administracin Bush, www.rebelion.org , 11 de agosto de 2009.
(2)Sara Leukos, Entrevista con James Petras: Obama en Colombia, una poltica neo-militarista, www.rebelion.org , 18 de agosto de 2009.

 

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

 



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