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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2009

Los muros de la venganza

Csar Manzanos Bilbao
Rebelin


El odio y el rencor son, como ingerir un veneno y querer que se muera el otro. Este pensamiento que resume el espritu que inspira el actual sistema penal asentado sobre los principios de la denominada justicia vengativa, a la vez, ilustra la vehemencia con la que sus defensores, de todos los colores ideolgicos y polticos, actan en una cadena incesante de atrocidades que justifican para ocultar su ilimitada e insaciable sed de venganza.

No hemos aprendido de la historia. Ms bien nos hemos empeado en negarla y aceptar la versin de los vencedores, de quienes se han ocupado de satanizar e inculpar a los dominados de los desastres que ellos han provocado.La delincuencia dicen es patrimonio de la pobreza o de la condicin de extranjero cuando no el resultado del fanatismo de aquellos pueblos salvajes e incivilizados que no saben recocer los derechos que se les ha conferido y se empean en imponer a tiros sus inasumibles creencias y trasnochadas ideas sobre cosas tanraras como la independencia, la defensa de los derechos colectivos o el socialismo.

La delincuencia dicen, no tiene nada que ver con las violaciones de derechos de los pueblos, con las invasiones y la expropiacin de la tierra, con el genocidio lingstico y la negacin de la posibilidad de concebir el mundo en su propia lengua, con el derecho al autogobierno.

La delincuencia dicen no tiene nada que ver con los genocidios en las instituciones de detencin y custodia, con los secuestros institucionales, con la prctica sistemtica de la tortura, con la expulsin forzosa que practican los estados formalmente constituidos de los pases enriquecidos, con el recorte de los derechos sociales y el desmantelamiento de los sistemas de proteccin social apelando a la llamada crisis y la inversin millonaria de dinero pblico en empresas privadas, algunas de ellas controladas por ilustres polticos, en el negocio de la industria militar, policial, penal y carcelaria, en la edificacin de los verdaderos muros de la venganza.

La delincuencia no tiene nada que ver con la deudocracia y la sangra econmica que los bancos y los especuladores imponen a la vida de la mayora de las gentes, condenndolas a una vida de reclusin domiciliaria a la imposibilidad de vivir supresente por tenerlo hipotecado.

La delincuencia no tiene nada que ver con que muchos trabajen durante toda su vida en precario con salarios mnimos para que la clase poltica, elegida por cierto mediante la dedocracia, cobre sueldos ms de cinco veces superiores al salario mnimo interprofesional imponiendo leyes que cada vez asfixian ms a la gran mayora. La delincuencia no tiene nada que ver con que unos pocos se hagan de oro gracias al trabajo ajeno y a la prctica sistemtica del arte de la corrupcin tan consustancial al mercantilismo.

Como bien deca aquella cancin, por desgracia tan rabiosamente vigente, delincuencia es la vuestra, vosotros hacis la ley. Y efectivamente la hacen a la medida de sus intereses para financiar sus empresas mediticas, disfrazadas de medios de comunicacin, sus empresas electorales, disfrazadas de partidos polticos y, sus empresas militares, policiales y para-policiales disfrazadas de fuerzas de orden pblico, esas fuerzas que golpean sin ningn pudor a quienes se manifiestan a favor de sus ideas y de sus familiares en prisin, esas fuerzas que reprimen a los trabajadores despedidos, esas fuerzas que se dedican a imponer multas con el fin de recaudar dinero para el estado, esas fuerzas que persiguen a las personas que se ven obligadas a vender en la calle para poder sobrevivir.

Todas estas empresas que actan al unsono, y muy bien coordinadas, para defender los intereses de quienes se han apropiado de todo, incluso de nuestras vidas, actan camufladas tras los bastidores de unos estados que dicen defender los derechos y libertades de la ciudadana pero que, en realidad, defienden sus propios intereses y, para ello, se nutren de la legitimidad que se auto-otorgan mediante su montaje electoral y, como no, gracias a la financiacin forzosa que nos imponen obligndonos a pagar los impuesto que pagamos no para que nos dejen en paz, sino para encima tener que sufrir su macabra farsa y ser vctimas entre otras cosas de la forma ms violenta y sofisticada de terrorismo: su maquinaria burocrtica.

Estos son los verdaderos muros de la vergenza, y de la venganza que se han ido ideando y construyendo durante las ltimas dcadas. La deudocracia, la especulacin, la precariedad laboral, la corrupcin poltica y econmica, la expulsin y persecucin de las personas extranjeras, el genocidio en las crceles y en los centros de internamiento, detencin y custodia, el terrorismo burocrtico, la dedocracia y tantas otras lacras de las que los polticos y empresarios que aparecen en los medios de comunicacin son responsables. Estos muros de la vergenza son el germen de la violacin de los derechos y libertades formalmente proclamados, el germen de una sociedad en la que la mentira se institucionaliza, se erige en hechos aceptados como reales y evidentes. Una sociedad en la que se hace reinar la confusin porque beneficia a quienes estn instalados en su poltrona, acuando conceptos tan perversos y obscenos como el de vctimas culpables y verdugos inocentes y, reproduciendo hasta el infinito, los conflictos cada vez ms enquistados y sobredimensionados que, mientras se cobran la sangre y el sudor de quienes los sufren no son noticia, pero que cuando les salpican a ellos han de ser la vergenza de todos.

Ellos, los banqueros, burcratas, polticos, jueces, empresarios, monarcas, militares, policas y dems seores de bien, para quienes el resto somos gentuza, ya han construido nuestro futuro: seguirn reinando democrticamente y sern ms, eso si, a costa de garantizarnos una vida miserable y de cargar sobre nuestras espaldas el peso de sus crueles pero siempre incuestionables decisiones.

Y mientras solo podemos hacer dos cosas. El gilipollas, es decir, darnos la espalda a nosotros mismos convirtindonos en Don nadies que ponen de disculpa al otro para darse esquinazo a si mismos, o por el contrario podemos enfrentarnos a nuestra verdad y a su mentira desenmascarando su farsa, derrumbando sus muros y haciendo que sigan inyectndose su veneno, su deseo insaciable de venganza que es el nico precio que puedan pagar por su impunidad, pero jams siendo como ellos.

* El autor es pofesor en la Universidad del Pas Vasco, especialista en sociologa del delito.



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