Portada :: Opinin :: J. Petras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2009

Separatismo y polticas de clase en Amrica latina

James Petras
Rebelin

Traducido para rebelin por Andrs Prado



Introduccin

En todo el mundo hay un aumento de movimientos regionales, subnacionales, cuyas exigencias van desde una mayor autonoma a la completa independencia. Muchos analistas han debatido sobre la aparente paradoja que hay entre la creciente integracin global de las economas y la creciente fragmentacin de las naciones-estados. Una mirada ms atenta a las dinmicas internas de los conflictos regionales y a las estrategias externas imperiales desenreda la paradoja al revelar la interrelacin entre estrategias competitivas de construccin imperial y fragmentacin nacional y conflictos regionales.

Varios puntos de referencia iluminan la velada dinmica de las polticas regionales y globales.

  1. Algunas regiones dentro de estados-nacin existentes se integran ms en mercados globales, especialmente en viejos y nuevos centros imperiales, de lo que lo hacen en su propia tierra, marginalizando as regiones domsticas mientras sirven de cinturones de transmisin para la transferencia de recursos, beneficios e ingresos a los socios imperiales.
  2. Regiones que sirven como puertos imperiales inducen una conciencia globalista entre sus mandatarios (basada en su preferencia imperial) y provocan separatismo entre sus regiones explotadas y marginales.
  3. Regiones econmicamente avanzadas sujetas a un gobierno nacional dominado por economas menos avanzadas exigen frecuentemente ms autonoma, incluyendo la de retener mayor porcentaje de los ingresos por impuestos, as como el derecho a establecer sus propias polticas de comercio exterior y conexiones con el mercado mundial independientemente de cmo esta mayor apertura al mercado mundial afecte a las empresas menos competitivas del resto del pas.
  4. Regiones y lderes polticos y empresariales que se asocian con centros imperiales y promueven el libre comercio reciven apoyo poltico y econmico de instituciones financieras imperiales, lo que profundiza en la desconexin con la economa domstica y hace crecer las desigualdades regionales y de clase.
  5. Aparece el desarrollo desigual como un asunto regional aunque en esencia es una cuestin tnica y de clase basada en la divisin entre, por un lado, las grandes lites internacionales comerciales, fabricantes, tecnolgicas y financieras y, por el otro, los campesinos, granjeros, fabricantes, artesanos y trabajadores encerrados en el mercado local.
  6. En el grado en que las polticas giren en torno a divisiones poltico-econmicas, las exigencias polticas de autonoma, independencia y autodeterminacin se convierten en asuntos centrales del conflicto. El criterio de poltica imperial que durante mucho tiempo viene sirviendo para evaluar la legitimidad poltica de estas exigencias gira en torno al carcter de clase y conexiones externas de los regmenes y movimientos en cuestin.

Con una consistencia apabullante, los pases imperiales secundan exigencias de autonoma e independencia efectuadas por las clases dominantes conectadas a los mercados globales y que apoyan las polticas imperiales- incluso la implantacin de bases militares. En contraste, y confrontados por ellos, se oponen consistentemente a movimientos regionales apoyados por las clases populares y contrarios a la penetracin imperial.

Contrastando con el criterio imperial, los progresistas convencionales afirman que la autodeterminacin es un derecho universal independientemente del carcter de clase, las conexiones con intereses imperiales y las consecuencias para otros principios fundamentales. De ah el reciente espectculo de los progresistas occidentales apoyando el bombardeo de la OTAN y las invasiones de Yugoslavia en defensa del movimiento separatista kosovar de extrema derecha.

Para considerar la legitimidad de la autodeterminacin debemos hacernos primero uns serie de preguntas. Por ejemplo: cules son las clases lderes que constituyen ese auto? Por qu polticas e intereses, aparte separacin, abogan y cmo afectan estas posiciones a la masa de la poblacin? De la misma forma el trmino determinacin requiere un anlisis de las fuerzas polticas internas y externas que promueven la separacin. Abundan los ejemplos, histricos y contemporneos, de movimientos separatistas financiados por Occidente, incluida la financiacin occidental e israel de separatistas kurdos y rabes en Irn.

Tiene primordial importancia la pregunta de separatismo para qu. En aos recientes, en el periodo post-sovitico, en toda la Europa bltica y del Este y los estados de los balcanes, las lites proclamaban su independencia del comunismo mientras sometan sus pases a las bases militares de la OTAN, vendan en su totalidad empresas estratgicas del sector pblico al capital imperial, se endeudaban enormemente con bancos occidentales y se sometan a los dictados del FMI.

En otras palabras: hasta qu grado son la autodeterminacin y las exigencias de independencia un pretexto para cambiar un jefe externo opresivo por otro amo? Claramente los asuntos relativos a la soberana popular, la propiedad de los recursos nacionales y naturales, exclusin territorial de las bases militares imperiales... forman ideas esenciales que constituyen cualquier definicin de autodeterminacin. Dicho de otra manera: la autodeterminacin como demanda legtima existe en una matriz junto a otras preocupaciones bsicas de la mayora de la poblacin.

Procedimiento y mtodo

Antes de discutir acerca de los movimientos separatistas en Latinoamrica, resumiremos brevemente el resultado en los antiguos pases comunistas en la Europa del Este para arrojar luz sobre los costes de los movimientos separatistas liderados por la derecha.

Procederemos entonces a definir la preparacin para diferentes contextos y casos de separatismo regional en tres pases latinoamericanos: Bolivia,Venezuela y Ecuador. Examinaremos las polticas, la base clasista y los apoyos externos de los separatistas regionales.

Un examen sumarial de las consecuencias de la separacin, basado en las recientes experiencias en los pases excomunistas de Europa del Este y los estados blticos, revela una prdida mayor de soberana econmica que la que exista antes de la separacin, un grado equivalente de subordinacin a los poderes imperiales hegemnicos, como evidencia la pertenencia a alianzas militares, el establecimiento de bases militares y la asistencia ultramar para las conquistas imperiales. Adems, los regmenes ahora independientes estn sujetos a un grado de endeudamiento financiero sin precedentes y a una prdida del control sobre su sistema bancario. Finalmente, mientras el capital imperial extranjero ha invadido y capturado las alturas que comandan el sistema econmico, las regiones han experimentado una masiva fuga de cerebros, una prdida sin precedentes de trabajadores cualificados y profesionales en favor de Occidente, pagados y subsidiados por los contribuyentes locales.

Cuando el rgimen sovitico mantena el control militar en estas regiones a travs de lderes cliente del Partido Comunista local, ello no impeda que el total conjunto de empresas, instituciones econmicas y culturales, estuvieran bajo el control y fueran propiedad nacional. Hoy, la totalidad de la esfera cultural- incluyendo pases de pelculas, programacin de televisin, peridicos, revistas, etc...- es propiedad del capital imperial occidental y est saturada con sus bienes de consumo culturales y prejuicios polticos. Las consecuencias sociales del separatismo son desfavorables tambin para el discurso separatista: las desigualdades en los ingresos, la propiedad y el poder econmico han crecido geomtricamente. El desempleo ha crecido desde el triple (en la Repblica checa) hasta diez veces (en Letonia, Estonia y Lituania). El pillaje a gran escala y durante largo tiempo de los recursos pblicos- en la forma de transferencias de lucrativas empresas pblicas a la oligarqua privada y a las corporaciones multinacionales extranjeras- excede al de cualquier conquistador anterior. Mientras que antes de la separacin los regmenes experimentaron una ralentizacin y una tendencia al estancamiento, nunca experimentaron un crecimiento negativo con doble dgito como ocurri tanto en el periodo justo despus del cambio de jefes hegemnicos (independencia) como durante la presente crisis en la ltima parte de esta dcada.

Lo que estas experiencias empricas y observables sugieren es que la separacin puede tener un resultado socio econmico altamente costoso sin los beneficios polticos de la independencia. Parece que el separatismo de rgimen que tiene lugar en pases de desarrollo tardo, liderado por lites pro occidentales contra regmenes colectivistas burocrticos (socialistas), puede llevar a formaciones sociales histricamente regresivas, sujetas a condiciones desestabilizantes causadas por su creciente exposicin a la volatilidad del mercado mundial.

Polticas regionales y desarrollo desigual

Las desigualdades en la riqueza, ingresos y poder entre regiones se ven reforzadas por las desigualdades dentro de las regiones, debido a las conexiones existentes entre las clases dominantes tanto en la forma de entidades geogrficas como en la de los maletines diversificados que caracterizan a las clases dominantes. Terratenientes de regiones pobres invierten en bancos en las regiones ricas as como fabricantes de las ltimas, invierten en propiedades en regiones menos desarrolladas, de agricultura menor.

El desarrollo desigual no es simplemente un producto de las fuerzas del mercado o incluso de los recursos disponibles sino que, en gran medida, es resultado de polticas estatales que subsidian y financian a las lites dominantes en una regin dedicada a la banca, comercio y procesamiento mientras recaudan impuestos y extraen recursos a bajo coste en otra, concentrando as la riqueza y ejecutando una clase de mecanismo colonial interno para la acumulacin de capital. Los mecanismos y sistemas de transferencia interna de riqueza defienden y perpetan las diferencias de casta, raza, clase y etnia pre existentes- creando las bases polticas para conflictos regionales enraizados en la politizacin de las diferencias y desigualdades sociales.

Politizacin de las diferencias etnoreligiosas

Donde los movimientos basados en la clase social han sido severamente reprimidos o donde se han autodestruido mediante guerras recprocas o donde sus lderes han sido reconducidos, el descontento popular se ha canalizado a travs de movimientos etnoreligiosos (MER). En muchos casos los MER son promovidos por las clases gobernantes en las regiones dominantes para marginalizar movimientos de clase seculares. Sin embargo, en algunos casos a lo largo del tiempo, los MER toman una posicin poltica de resistencia a imposiciones extra regionales como resultado de la presin desde abajo.

Aun as, en experiencias en numerosos pases, la politizacin de las diferencias etnoreligiosas es una tctica usada por una variedad de lites para dividir y debilitar organizaciones populares mayoritarias que se componen de diversos grupos. Dos prcticas igualmente detestables desafan a los movimientos populares de liberacin. Por un lado las lites nacionales e internacionales, en nombre de la unidad o integracin nacional (o ms tarde a las rdenes de la globalizacin), oprimen y explotan poblaciones etnoreligiosas regionalmente asentadas. Por otro lado, potentados locales, jerarcas tribales y religiosos y/o profesores y abogados de clase media-baja, provincialmente movibles, abogan por un poder regional y una autonoma para mantener el control sobre la poblacin local.

En nombre de la diversidad etnoreligiosa, las lites religiosas se oponen frecuentemente a la separacin iglesia-estado y a una educacin pblica cientfica. Debera estar totalmente claro que diversidad no significa igualdad tal y como hemos presenciado en tantos casos de lderes reaccionarios de orgen nativo, femenino y minoritario que simplemente sirven demasiado bien a sus clases dominantes imperiales y locales con un altamente demaggico despliegue de dialectos locales cuando conviene.

El problema no estriba en reconciliar diferencias entre las diversas clases gobernantes etnoreligiosas y regionalmente establecidas sino en eliminar o reducir drsticamente las desigualdades en los estndares de vida, minar las manifestaciones culturalmente hegemnicas del poder de la clase dominante y luchar por la igualdad de condiciones independientemente de la lengua o la identidad etnoreligiosa.

Las identidades diversas son una fuente de conflictos poltico-sociales debido a desigualdades socio-econmicas, prdida de poder, imperialismo interno y externo y la apropiacin y transferencia de la riqueza de una regin a la clase dominante de otra.

Hasta en el grado en el que la clase gobernante dominante disfraza sus relaciones de explotacin con la supremaca religiosa de sus propias creencias para asegurarse el apoyo de las clases bajas, se hace inevitable que uno de los componentes del movimiento de resistencia tenga tambin una connotacin religiosa. El asunto clave que define el movimiento de liberacin es determinar cul de los mltiples componentes de su maquillaje (tnico, religioso, nacionalista-regionalista y de clase) es hegemnico ya que ste determinar la subsecuente configuracin de la sociedad liberada. Dependiendo de esta configuracin, una lucha por la liberacin que tenga xito puede llevar a una nueva versin de sociedad jerrquicamente ordenada en base a la clase, la etnia o la religin o a un estado secular igualitario con libertades etnoreligiosas. De nuevo volvemos a la pregunta fundamental: separatismo o regionalismo para quin? Cul ser el maquillaje de clase para el nuevo estado?

Una pregunta igualmente importante es si el separatismo conduce a un estado nuevo. Abundan los casos en los que grandes potencias vecinas fomentan movimientos separatistas irredentos en sus fronteras para justo despus anexionarse esas regiones, frecuentemente mediante la financiacin y la dotacin armamentstica a los separatistas de la liberacin.

Dos observaciones relacionadas vienen al caso. El separatismo frecuentemente tiene vagas definiciones sobre sus parmetros de accin. Dentro de cada regin hay minoras y subminoras que conducen a una regresin infinita a menos que haya lmites definidos para la autodeterminacin (o es cosa de una fuerte mayora que eventualmente pone fin a la autodeterminacin mediante decretazo?).

La segunda observacin en relacin al caso es que la independencia, ms probablemente que no, supone cambiar el poder imperial dominante (de europeo a estadounidense a asitico) ms que un medio para maximizar el control nacional-popular de los recursos y para limitar la dependencia imperial. Frecuentemente, en un mundo de poderes imperiales hegemnicos en competicin, las lites locales, atadas a diferentes clases dominantes externas, se enrolan en un antiimperialismo selectivo, atacando a sus lites oponentes y disfrazando sus propias lealtades divididas con justificaciones benignas de su dominador imperial hegemnico.

stas y anteriores observaciones nos llevan a la conclusin bsica de relativizar la autodeterminacin en funcin de otros principios, incluyendo pricipios de intereses de clase, oposicin a avances e intrusiones imperiales y acuerdos neocoloniales, bilaterales y multilaterales.

Estudio de casos de polticas regionales: Latinoamrica

Usando las herramientas del anlisis de clase y antiimperialista discutiremos varios casos complejos de movimientos separatistas (MS) en tres pases de Latinoamrica: Venezuela, Ecuador y Bolivia. En los tres casos existen MS competidores: movimientos desde abajo de minoras indgenas oprimidas y movimientos desde arriba. En cada caso los gobiernos nacionales que resulta que son de izquierda o centroizquierda han desarrollado relaciones contradictorias, hablando favorablemente a aquellos desde abajo mientras se oponen formalmente a aquellos desde arriba. Paradjicamente los regmenes de centroizquierda vierten mayores recursos estatales en las regiones separatistas lucrativas que se oponen a ellos mientras otorgan solamente un reconocimiento simblico a aquellos de abajo.

El gobierno venezolano del izquierdista Hugo Chvez se enfrenta a un movimiento separatista liderado por notables derechistas y el gobernador del rico estado petrolero de Zulia, en la frontera occidental con Colombia. Su gobierno ha enfrentado tambin demandas de las comunidades indgenas y afro venezolanas para un mayor grado de autonoma. El gobierno nacional ha respondido al movimiento separatista de derechas interviniendo en polticas provinciales y centralizando el control sobre una serie de suministros y gastos. Las justificaciones fueron acusaciones de ayuda e induccin a la subversin, incluyendo apoyo para un cierre patronal corporativo de la compaa petrolera. El presidente Chvez ha justificado la centralizacin del poder por la entrada de fuerzas paramilitares colombianas y los problemas generales como resultado de la decisin del rgimen derechista colombiano de aumentar el nmero de unidades de fuerzas terrestres y areas estadounidenses en el pas, en un momento de intensificacin de la hostilidad estadounidense. Algunos crticos con los movimientos centralizadores de Chvez afirman que es una medida clientelista-electoralista para poner a sus propios seguidores en posiciones que fortalezcan las expectativas electorales en prximos combates polticos.

En relacin a las demandas de autonoma desde abajo, hechas por movimientos indgenas y de afro venezolanos, el presidente Chvez ha aumentado sustancialmente la financiacin de programas sociales, especialmente en sanidad y educacin, ha subsidiado tiendas de comida y ha reconocido y dado legitimidad a sus exigencias a la vez que ha otorgado una autonoma limitada para decidir sobre asuntos locales, excluyendo las decisiones sobre minera y explotacin de la energa.

El movimiento separatista del estado de Zulia estaba estrictamente basado en razones econmicas e ideolgicas: no hay diferencias culturales o tnico religiosas con el resto del pas. Los separatistas buscan hacerse con el monopolio de la riqueza petrolera y arrimarse ms al gobierno estadounidense y sus multinacionales petroleras y quizs facilitar un paso para una intervencin militar colombiana. El movimiento separatista est basado en la reparticin geogrficamente desigual de la riqueza mineral y la polarizacin poltica entre un rgimen provincial oligrquico derechista y un gobierno nacional izquierdista-populista.

La respuesta favorable del gobierno a la autonoma para los indgenas refleja su estatus de clase baja y su apoyo poltico al gobierno de Chvez: criterios socio-polticos proveen las bases para respuestas diferentes a demandas similares de autonoma. Un conjunto de demandas cre un peligro para la seguridad nacional, el otro encaja con el alineamiento social del gobierno. Una reivindicacin por la autonoma era racista, la otra pluriracial. Una prest apoyo a un poder imperial, la otra se opuso a la explotacin imperial- incluyendo sus recursos minerales.

Ecuador: separatismo y los movimientos costeros y de las tierras altas

El gobierno de centro izquierda del presidente Rafael Correa enfrenta dos tipos de movimientos separatistas: uno costero centrado en la ciudad portuaria de Guyaquil, respaldado por la burguesa agro exportadora, banquera y comercial; el segundo anclado en las comunidades indgenas de las tierras altas andinas comandado por CONAIE.

Los separatistas costeros rechazan la superioridad de una burguesa relativamente nueva con base en Quito que respalda al presidente Correa y recive financiacin, contratos y subsidios estatales a su favor. La CONAIE es hostil al presidente Correa debido a sus concesiones a multinacionales extranjeras del petrleo y la minera que han desvalijado y minado la forma de vida de pescadores y granjeros locales y contaminado el aire, la tierra y el agua potable.

En contraste con las dudosas y adquisitivas reivindicaciones costeras por una mayor autonoma basada en una engaosa identidad cultural, CONAIE acumula siglos de crtica contra la explotacin y pillajes de la lite mestizo europea, demandas legales acerca del control territorial y la prctica de una poltica de autogobierno. Los profesionales de clase media, empleados pblicos y pequeos empresarios que hablan de polticas urbanas progresistas se benefician ampliamente de los dividendos y los impuestos recaudados por el rgimen de Correa, en la forma de aumentos salariales, contratos, consultoras y nombramientos polticos y, por ello, ofrecen muy poco apoyo a las reivindicaciones de CONAIE.

Durante la primera parte de esta dcada, CONAIE y su brazo poltico Pachacuti fueron capaces de forjar diversas alianzas con fuerzas urbanas para derribar regmenes electorales de derechas, ocupando brevemente el palacio presidencial y ms tarde manteniendo puestos ministeriales bajo el pseudo populista presidente de derechas Lucio Gutierrez. Obligada a dejar el gobierno y fragmentada por ONGs estadounidenses y europeas, la CONAIE se debilit severamente. Enfrentndose ahora a un rgimen de centro izquierda progresista no ha podido reconstruir una alianza urbano rural capaz de elaborar sus reivindicaciones por un estado plurinacional.

Bolivia: un presidente que habla a los indgenas y trabaja para las multinacionales

Evo Morales, el presidente indgena de centro izquierda con estilo propio, fue elegido presidente por la diferencia tnica politizadora habida entre la mayora indgena explotada de las tierras altas y los ricos oligarcas mestizo europeos de las frtiles tierras bajas. Identificando abiertamente el asunto como el de dar voz y voto a las exigencias legales, culturales y autonomistas de las comunidades indgenas, acab dando menos importancia a las que fueron en su da demandas pragmticas y prominentes por una transformacin socilista debido a la cual su partido se puso el nombre de Movimiento al Socialismo. Su camino hacia la victoria electoral fue encauzado por dos grandes insurrecciones urbano rurales que derribaron a presidentes neoliberales. Ya al tomar la presidencia Morales dej claro que su revolucin era ms cultural que social: el reconocimiento estatal de la lengua, comunidad, estructuras, costumbres y tradiciones de los indgenas. Mediante una manipulacin lingstica demaggica afirm que nacionalizacin no significaba expropiacin para justificar sus aventuras comunes con alrededor de cincuenta de las ms grandes multinacionales del crudo, el petrleo y los minerales de los cinco continentes, incluyendo la del mayor y ms lucrativo acuerdo con la multinacional india Jindal.

Una vez que la oligarqua comercial, minera y banquera local se recuper de la ofensiva popular masiva, se organizaron en las cinco provincias ms ricas, donde gobernaban, y persiguieron agresivamente el ideal de un movimiento separatista llamado la alianza de la Media Luna- por el arco geogrfico que forman las provincias involucradas. Ayudados e instigados por el embajador estadounidense Goldberg, buscaron desestabilizar al rgimen por medio de violentos ataques a los movimientos locales de campesinos y de tcticas parlamentarias obstruccionistas.

La estrategia econmica de Morales penda de un hilo porque estaba totalmente enfocada hacia la promocin del crecimiento precisamente a travs de la promocin de las lites econmicas que rechazaban polticamente un gobierno capitalista indgena enraizado en los movimientos de masas.

Durante los primeros cuatro aos de mandato, el rgimen de Morales, con un gran despliegue tnico teatral y muestras de folclore tradicional, dise una poltica que garantizaba a las comunidades indgenas el control local de sus pueblos empobrecidos mientras se restringa de poner en marcha cualquier poltica de redistribucin de las tierras frtiles de las cien familias y empresas agrcolas que controlan el 80% de las tierras frtiles, las mayores empresas comerciales de venta al por mayor y al por menor, los bancos y los mass media.

Mientras Morales hablaba a las masas rurales indgenas en su propia lengua y reconoca sus derechos a gobernar en sus empobrecidos pueblos, actuaba en favor de su anterior enemigo, la oligarqua europea, garantizndoles cientos de millones de dlares en financiacin para el cultivo y la promocin de la exportacin.

Mientras adoptaba un estilo radical de retrica al condenar el imperialismo y apoyaba a Fidel Castro y a Hugo Chvez, la poltica exterior econmica de Morales era una invitacin abierta al capital extranjero para unirse en la explotacin de los recursos del pas.

Las polticas etno regionales fueron un trampoln para lderes sociales de clase media-baja que queran obtener poder poltico y unirse a la lite, especialmente la lite extranjera, en la particin de la riqueza. Las polticas tnico culturales se usaron para apartar las polticas de clase y satisfacer a la masa de base con una gratificacin simblica- un presidente indgena que insulta a los ricos mientras los recompensa con dinero pblico.

No cabe duda que, bajo Morales, el estatus y los derechos legales de los indgenas han mejorado- pero no sus condiciones econmicas: las desigualdades en la propiedad de la tierra, los ingresos, la educacin y la salud son ms visibles que nunca. La celebracin de ritos y fiestas indgenas tradicionales por parte del rgimen de Morales sirve de manera exitosa para ofuscar la continuidad socio econmica. La fragorosa hostilidad racista de la oligarqua a todo loindgena proporciona un til florete al gobierno que le permite presentarse a s mismo como campen de los indgenas de las tierras altas y como enemigo de la atrincherada clase dominante europea. El beneficio es para la nueva burguesa burcrata que dirige la parte gubernamental de las aventuras econmicas y proporciona contratos y puestos inferiores a lderes sociales leales que pueden captar el voto indgena el da de las elecciones. Habiendo tomado el gobierno nacional, el anteriormente presidente tnico y regionalista atiende de boquilla las reclamaciones regionales de los pobres mientras eleva las disparidades de clase y regionales entre las tierras altas y las planicies al profundizar en la internacionalizacin (penetracin imperial) de la economa, especialmente de sus enclaves minerales y energticos. Mientras se opone al separatismo de la lite y a la independencia de las regiones lucrativas, Morales ahonda en su riqueza para que su gobierno siga a flote. Su rgimen denuncia el separatismo de la lite para compartir la riqueza entre los racistas capitalistas y los burcratas progresistas.

Conclusin

Promover la diversidad tnica y el regionalismo no es lo mismo que terminar con la desigualdad de clase y con la injusticia. En muchos casos, las polticas de identidad tnica han sido un vehculo para oponerse a regmenes nacionales opresivos, en nombre de un pueblo no diferenciado, y para construir un poder local de base y negociar cuotas de poder nacional.

Los movimientos de base rural etno regional han dado un giro hacia dentro al reivindicar sus tradiciones y una hegemona lingstica pero han sido desviados frecuentemente de retar las estructuras nacionales de poder de clase.

Un rol significativo juegan las ONG financiadas por el imperialismo que llaman al respeto de la autonoma cultural a nivel local y fragmentan y dividen a los movimientos basados en las diferencias de clase como en el caso de algunas regiones en Ecuador.

Por otra parte, la tradicional solidaridad lingstica, la religin familiar y la comunidad han desempeado un papel importante en el derrocamiento de regmenes reaccionarios y en el establecimiento de una agenda progresista cuando sta se combina con un anlisis antiimperialista y de la clase moderna.

Desenmaraar la confusa y aparentemente contradictoria respuesta de la izquierda al asunto de la autodeterminacin, y por ello de los movimientos separatistas, gira en torno al hecho de reconocer que otros principios bsicos tienen mayor importancia. Si revitalizamos la nocin de autodeterminacin y la localizamos en el contexto de la lucha de clases y antiimperialista, podemos empezar a aproximarnos a la respuesta de cundo, dnde y con quin tomamos partido en la lucha por la liberacin social y nacional.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter