Portada :: Iraq
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2009

Dnde estn ahora las mujeres iraques?

Zainab Salbi
The Huffington Post

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Me encuentro en Bagdad, sentada a la orilla del Ro Tigris, en medio de una calurosa tarde del mes de julio. El viento desfila parsimonioso, el polvo se ha asentado y la llamada a los fieles para la oracin reverbera sobre las aguas del ro donde se reflejan las luces de unos restaurantes relativamente nuevos. Ayer visit la tumba de mi madre y me enter que hace dos aos que su lpida qued destruida por un misil lanzado en uno de tantos enfrentamientos mantenidos entre las milicias y las tropas estadounidenses. Ni siquiera los muertos se libran de las bombas en Iraq, pens para m. Pero al menos mi madre no ha tenido que presenciar el dolor que tantas mujeres iraques estn soportando tratando de encontrar un espacio para ellas en el nuevo Iraq.

Muy pocas de las mujeres de la generacin de mi madre una generacin de mujeres muy preparadas que trabajaron en todos los diferentes sectores del pas- siguen an en activo. Y son muy pocas porque muchas profesionales que eran doctoras, profesoras y periodistas han sido asesinadas en el transcurso de los ltimos siete aos como parte de lo que yo creo que era y es el objetivo estratgico principal de las milicias extremistas: limpiar la sociedad iraqu de su elite intelectual y profesional. Aquellas que sobrevivieron a las matanzas y a la tentacin de escapar del pas en busca de un lugar ms seguro donde vivir, se han retirado al interior de sus hogares o aprovechan las cuotas que han abierto oportunidades para que las mujeres se conviertan en miembros del parlamento iraqu.

En el Iraq actual, las mujeres no tienen una realidad unificada. A la vez que algunas de ellas pueden incrementar su participacin en el sector poltico se exige que el Parlamento iraqu y los consejos locales tengan un 25% de representacin femenina-, miles y miles de ellas sufren una dureza brutal y una pobreza extrema. Nunca como ahora ha habido tantas mujeres destituidas, estimndose que la cifra de viudas de guerra oscila entre uno y tres millones. Ellas, y otras mujeres econmica y socialmente marginalizadas, son muy vulnerables al riesgo de acabar sometidas al trfico de mujeres, a la prostitucin forzosa organizada, a la poligamia, a la violencia domstica y a ser tambin reclutadas como suicidas-bomba, un hecho que la sociedad sigue intentando an encajar y comprender. En un nico da de viaje alrededor de Bagdad, pueden observarse todas estas diversas y conflictivas realidades de las mujeres iraques, como me ha ocurrido hoy a m.

Pas una hora atrapada en un terrible atasco de trfico, un fenmeno nuevo que tiene su origen en la construccin de la internacional Zona Verde, dotada de inmensas medidas de seguridad (y que ocupa ya la cuarta parte de la ciudad), y la imposicin, por parte de la Autoridad Provisional de la Coalicin, de un impuesto de un 5% sobre todos los productos importados, lo que ha provocado la importacin de un aluvin de coches que no pasan inspeccin ni control algunos. En esa hora intil, estuve leyendo un artculo sobre mujeres y nias encarceladas y cmo la mayora de ellas son vctimas de traficantes que han colocado anuncios ofreciendo la perspectiva de matrimonios concertados en Siria. Las mujeres dejan el pas con las bendiciones de sus padres, quienes piensan que estn librando as a sus hijas de la violencia que campa por doquier. Cuando las hijas se dan cuenta de que el mismo marido con el que se han casado es su captor y traficante es demasiado tarde. Estn atrapadas, sin dinero, sin posibilidad de comunicarse y sin documentacin. Cuando la enfermedad o algn otro trastorno incapacitan a las vctimas, los traficantes las devuelven a Iraq, donde son arrestadas por poseer documentacin falsa o por prostitucin. En ambos casos, los castigos suponen al menos seis aos de crcel. Mientras tanto, los traficantes siguen libres fuera del pas y forzando a ms mujeres a prostituirse, sobre todo en los pases del Golfo, en el mismo Iraq o en sus prisiones.

Cuando llego a la oficina de Women for Women International, veo a una mujer de unos cincuenta aos que est esperndome para que le haga una entrevista para un puesto de trabajo en la organizacin. Ha sido trabajadora social durante veinticinco aos, ha trabajado en Ciudad Sadr durante la mayor parte de su carrera profesional y habla con pasin y amor de la gente de la Ciudad Sadr, sin plantearse jams que es una mujer sunn que trabajaba en una barriada chi. Me dice: Aquello era el viejo Iraq. Trabajbamos, conducamos, viajbamos, bamos a la universidad, hacamos fiestas, nadie nos cuestionaba. Hoy en da resulta muy duro recuperar aquel espritu. He tenido que ver demasiados cadveres y demasiado sufrimiento. Nuestra propia guerra civil es peor que la guerra con Irn, peor que la Primera Guerra del Golfo, peor incluso que ltima Guerra del Golfo. A partir de ese momento fue cuando dej de salir de casa. Ya no s cmo volver encontrar sentido a las cosas, explica suspirando.

Sal de la entrevista con el corazn en un puo y le pregunt a mi colega cmo se estaba sintiendo con todo lo que suceda en el pas. Estn tratando de debilitarnos, dijo. Con tantas bombas desde que las tropas estadounidenses se retiraron de las ciudades, lo que tratan es de conseguir es que perdamos la esperanza, pero no les permitiremos que se salgan con la suya. Mantendremos la esperanza contra viento y marea, Zainab. Al responderme, me cont su frustracin por las acciones de las diversas milicias, que son quienes estn detrs del aumento en la colocacin de bombas por todo el pas. Me emociona ver su capacidad para mantener la esperanza. Pero no todo el mundo puede conseguirlo.

Al dejar la oficina, me reun con una amiga para comer. Es una activista por la que siento un profundo respeto; nunca ha dejado Iraq, ha sobrevivido y perseverado haciendo frente a todos los desafos. Contina con su activismo y su trabajo para mantener y apoyar las voces de las mujeres, pero hoy la he visto deprimida. No son slo las bombas, explica. No es slo la falta de electricidad, de todas las cosas que solamos tener. Tiene ms que ver con la corrupcin que ves en el pas, con la falta de visin, de liderazgo, de algo que nos mantenga unidos. Estoy viendo un pas al que la corrupcin est devorando vivo y se permite que las milicias lo destruyan an ms. Creo que he llegado a mi lmite. Puedo sentir la derrota en su voz; tan pocas de las antiguas y educadas mujeres de clase media estn pudiendo aguantar sin venirse abajo, que siento el ms profundo de los respetos por la integridad y la dedicacin de las que lo consiguen.

Las hijas de mi amiga estaban escuchando nuestra conversacin mientras comamos. Son chicas universitarias de las pocas que no llevan velo en su universidad, la actual popularidad del pauelo o velo entre las mujeres jvenes es algo totalmente nuevo para m y para los recuerdos de cuando crec en Iraq. Aprovechan una pausa en la conversacin para preguntarme por la vida que llev en el Iraq de hace veinte aos.

Ansiosamente, me inundan de preguntas que intentan confirmar las historias de su madre sobre una poca menos conservadora en la que las mujeres se movan libremente en la esfera pblica. De verdad ibais conduciendo a la universidad? Es verdad que la mayora de las mujeres no llevaban pauelo? Es verdad que la mayor parte de las chicas no se casaban hasta que se haban licenciado en la universidad? Es verdad que la mayor parte de las mujeres trabajaban?.

Se me rompi el corazn al escuchar sus preguntas porque comprend que hay ya toda una generacin de mujeres y hombres que ni siquiera recuerdan que esa poca de libertad y estabilidad existi una vez. Las hijas de mi amiga forman parte de las clases privilegiadas. Van a la universidad y no se cuestionan su derecho a hacerlo. Pero hay muchas chicas de su edad de diferentes sectores de la sociedad que ni siquiera van al colegio y que por tanto est creciendo analfabetas. Muchas se estn casando an adolescentes y dejando la escuela, a diferencia de lo que hacan sus madres. Muchas no recuerdan que sus madres viajaban, trabajaban, bailaban y cantaban en los aos cincuenta, en los sesenta y en los setenta.

Acab de comer para ir a visitar a una de las participantes en el programa de Women for Women International, una de las millones de viudas de Iraq. Su marido fue asesinado una tarde de un viernes mientras ella preparaba la comida en la cocina.

Estaba jugando con sus hijos. Oyeron una explosin fuera. Cuando corrieron para ver qu haba sucedido, un misil le cay encima, matndole instantneamente e hiriendo a sus cuatro hijos. Mi vida dio un vuelco en cuestin de un segundo convirtindome de una mujer felizmente casada en una viuda, una mujer pobre, sin apoyo de nadie, explica. Le pregunt si aparte de Women for Women International haba alguien ms que la ayudara y me sorprendi su respuesta: La pobreza ha cambiado muchos aspectos de nuestra cultura, dice. Mi familia poltica me dijo que eran demasiado pobres como para poder ayudarme a m y a mis cuatro hijos. Mis propios padres me dijeron lo mismo. Por eso no tuve ms remedio que arreglrmelas sola. Aprend tcnicas bsicas de enfermera para ahorrar dinero a la hora de atender las necesidades mdicas de mis hijos despus de cada intervencin quirrgica que tuvieron que sufrir para poder reparar los daos causados por la explosin. Vend todo lo que tena para abrir una pequea tienda frente a mi casa donde mis hijos y yo trabajamos para poder ganar algn sustento. Con la ayuda de Women for Women tengo ahora un trabajo fabricando velas.

Cuando le pregunt qu pensaba ella acerca de lo que necesitan las viudas iraques, me susurra despacito que no le gusta cuando la gente se refiere a ella como viuda. Hace que me sienta como una vctima y no quiero sentirme as. Lucho cada da por no perder la sonrisa ante mis hijos. No quiero que la sociedad me victimice porque rechazo sentirme as. Todo lo que necesito son oportunidades para salir adelante y enviar a mis hijos al colegio y que puedan acabar sus estudios universitarios. Me volv hacia su hijo de once aos y vi cmo sus ojos estaban llenos de lgrimas. Recuerda el da en que asesinaron a su padre y cmo ha cambiado su vida, cmo su madre est luchando todo lo que puede por ellos. Me pregunt si quera leer uno de los poemas que ha escrito para su madre y todas las viudas de Iraq. Quiz slo podamos confiar en los jvenes para araar la esperanza de un futuro mejor para Iraq, pens para m.

Al final decid volver a casa. En cada ruta hay decenas de controles donde los soldados utilizan unos detectores para comprobar si el coche lleva o no una bomba. A menudo preguntan al conductor si lleva en el coche cualquier tipo de arma. Siempre pienso que es una pregunta extraa, ya que me sorprendera mucho que alguien admitiera que tiene armas que no estn registradas. Casi todo el mundo tiene actualmente armas.

Tambin se supone que no puedes utilizar el telfono mvil cuando pasas por el control, una norma que olvid y que los soldados se apresuraron a recordarme. Me pidieron que saliera del coche y me dirigiera al control de mujeres para que me registraran. Camin con calma hacia una caseta al borde de la carretera donde haba una mujer sentada en espera de registrar a las mujeres. Trat de comenzar una conversacin banal con ella: Por qu molestarse en registrar a las mujeres? Son los hombres de este pas los que crean todos los problemas. Dije esto con un tono superficial y me qued sorprendida cuando me inform acerca de otra realidad de las mujeres iraques: No, hermana, me dijo con cara de tristeza. Hay muchas mujeres estos das que se convierten en suicidas-bomba. Precisamente el otro da, dos mujeres se hicieron explotar delante de la mezquita, en dos sucesos diferentes. Yo misma vi los cadveres en uno de los casos. V cmo volaban zapatos y chanclas de los nios que haban explotado, cuerpos despedazados No pude comer durante das y todava no consigo entender a esas mujeres, me dice. Ni yo. Dejo el control con los ojos empaados de pena por el pas y por lo que estn teniendo que presenciar sus hombres y mujeres.

Hace muchos aos, me encontraba con la mujer de mi primo, una mujer profundamente destrozada por la prdida de su hijo en la guerra. Un helicptero Black Hawk estaba sobrevolndonos mientras estbamos sentadas en su patio trasero sorbiendo unas tazas de t. Mir hacia el helicptero y dijo: Mtame. Mtame y lbrame de toda esta pena. Nunca olvidar aquel momento tan duro de tener que ser testigo de todo el desgarro de una madre doliente. Me veo recordndolo especialmente en das como el de hoy, un da en el que no slo he odo a una madre doliente sino las voces de muchas mujeres dolientes, voces de corazones destrozados que expresan su lamento por ellas mismas, por sus familias, por su futuro y por su pas.

Otra tormenta de arena ms va envolviendo a la ciudad. Puedo verla en la distancia, apoderndose de las zonas, en otra poca verdes, que rodeaban la ciudad, de sus rboles, de sus flores. Otro tipo de tormenta de arena parece que haberse adueado de los apenados corazones de las mujeres iraques, impidiendo por todo el pas la caricia del sol. Mejor me voy adentro, quiz maana sea un buen da. Quiz las mujeres tengan la fuerza necesaria para levantarse de nuevo para luchar por ellas mismas, por sus familias y su nacin. Necesitan fervientemente de una nueva realidad. El mundo debe apoyarlas. Debemos permanecer junto a nuestras hermanas iraques con todas nuestras fuerzas.

Fuente:

www.huffingtonpost.com/zainab-salbi/where-are-iraqi-women-tod_b_293498.html


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