Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2009

Crnica desde Tegucigalpa
Terror en las noches de Honduras

ngel Palacios
Rebelin


En las noches de Honduras impera el terror. La dictadura ha convertido Honduras en una inmensa crcel donde las noches son aprovechadas por jauras de policias y militares que allanan, torturan y saquean.

De noche en Honduras lo que recorre las calles es el terror con botas, cascos y uniformes. Vehculos con militares y policas encapuchados patrullan las calles en las noches disparando contra los barrios y casas. Salen a toda velocidad de las comisaras para regresar al poco tiempo con las camionetas repletas de ciudadanos golpeados, humillados, sangrantes...

La noche con toque de queda es el escenario preferido por los sabuesos. El toque de queda, sin garantas constitucionales, sin cmaras de televisin ni multitudes en las calles, es el momento que aprovechan los perros de la dictadura para sembrar el terror. Anoche pudimos recorrer varios barrios (colonias) y esto fu lo que vimos:

Nos avisan que en una de las escaleras de un barrio un comando policial lleg de forma intempestiva y van a allanar una vivienda. Se trata de la casa de una pintora muy conocida en el vecindario. Al doblar de una escalera 8 policas como gatos en la oscuridad rodean la casa. La casa est pintada de rosado y tiene un grafitti contra el golpe en la fachada. Los policas golpeaban la puerta con palos. Rompen los vidrios de la ventana. Uno de los policias con una bomba lacrimgena en mano calcula el ngulo para lanzarla adentro de la casa. El vehculo identificado como Polica Nacional los espera en la parte de abajo de las escaleras. El polica que conduce, da la voz de alerta de que un grupo de periodistas los estamos grabando. El jefe de la operacin (subcomisario Garca) nos tapa el lente de una de las cmaras. Otros se tapan el nombre cosido en su chaleco. Hay vecinos que abren sus puertas y ventanas confiados en la presencia de la prensa internacional y les gritan, los denuncian. Los policas tratan de replegarse. El polica identificado como Garca se justifica argumentando que l vive en ese vecindario y que no soportaba que su vecina hubiese pintado en la fachada: "GOLPISTAS: EL MUNDO LOS CONDENA", "VIVA MEL". Ese fue el argumento del funcionario para desatar el terror contra una humilde mujer. Miembros de organizaciones de Derechos Humanos y del Frente de Abogados contra el Golpe se hacen presentes y los policas huyen acosados por la denuncia. La mujer, que temerosa al fin abri la puerta, tambin sali del barrio. Fue a dormir a un lugar seguro, ante la amenaza de que volviesen a por ella ms tarde.

Un joven como de 20 aos camina por una calle oscura en plena noche. Tiene el rostro baado en sangre y una herida en la frente de unos 5 centmetros. Va descalzo. Nos explica: estaba en la puerta de su casa cuando una camioneta de la polica apareci en su calle y sin mediar palabra se bajaron y le golpearon entre varios. Lo tiraron encima de la camioneta y arrancaron con l. Mientras daban vueltas y lo pateaban, le revisaron los bolsillos despojndolo de un celular y de su reloj. Segua tirado en el piso de la camioneta mientras escuchaba a los policas discutiendo sobre quin se quedaba con el reloj y quin con el celular. Lo dejaron botado lejos de su casa. El joven no quiso hacer la denuncia. No quera ms "clavo" con la polica, estaba aterrorizado. Slo peda que lo llevramos a su casa.

Otro joven es detenido en la esquina de su barrio. Antes de montarlo en la camioneta, cuatro policas le dan una paliza. Luego le vacan un pote de pintura en spray en la cara. El joven respira con dificultad. Nos cuenta en el hospital mientras le limpian la pintura de los ojos inflamados por los golpes que uno de los policas le deca mientras lo golpeaba: "No sos de la resistencia? Pues resiste!".

En un puente hay una alcabala. Nos detienen y entablamos conversacin con los policas sobre cualquier tema para poder seguir. Un vehculo que pasa por all se da cuenta de la alcabala y retrocede lentamente. Uno de los policas que nos di el alto, mira al carro retrocediendo y nos invita divertido a ver lo que va a pasar, pero obligndonos a tener las cmaras apagadas. Bajo el puente, por la calle que tom el carro que trat de evitar la alcabala, hay un grupo de policias cazando a los que traten de evadirse. Lo detienen. Desde arriba del puente no se ve bien pero se oye... se oye la puerta que se abre... se oyen la rabia y los insultos de los policas, los golpes contra el carro... se oyen otros golpes y los gritos del conductor. No omos ms. El carro sigui al rato.

Se oyen disparos en una avenida que va paralela a un barrio popular. Una camioneta llena de policas es la que dispara en la noche, a ciegas contra las casas del barrio. Van despacio. Nada los amenaza. Disparan una y otra vez. Ni siquiera apuntan. Slo siembran el terror a su paso.

En una comisara a medianoche, los miembros de organizaciones de derechos humanos, abogados y prensa internacional preguntan por los detenidos, que acabamos de ver que bajaron de una patrulla pick-up (eran como 10). Sarcsticamente, el oficial nos dice que all no tienen a nadie preso. Pero los presos gritan que son de la resistencia. Gritan sus nombres. El oficial sigue negando lo que es evidente. La insistencia de los abogados y de los defensores de los derechos humanos logra que suelten a la mitad de los detenidos y que un mdico venga a esa hora a constatar el estado fsico del resto. Todos golpeados, sangrando. En la maana, los abogados de la resistencia lograron que los soltaran.

En otra comisara, tras un portn negro, se escuchan las voces de al menos una veintena de personas recitando sus nombres. Afuera unas cuantas madres y esposas tratan de establecer contacto con su familiar, tratan de reconocerles la voz. Los uniformados ren ante la escena. Se acercan y golpean contra el portn... y contra los familiares.

En otro barrio, en las alturas de Tegucigalpa, alrededor de 40 uniformados, entre policas y militares, avanzan apuntando fusiles de guerra hacia las casas. Cuando se pregunta quien es el comandante de esa operacin todos los uniformados nos sealan a un militar. ste dice que es una operacin de rutina, porque el "gobierno no va a seguir permitiendo desrdenes" y que "lo que pase a esa hora no es su responsabilidad porque hay toque de queda". Las credenciales de prensa internacional y de organizaciones humanitarias logran difcilmente abrirnos paso y continuar. Los uniformados se alejan. Las luces de las casas en el barrio se van encendiendo a medida que el escuadrn del terror se aleja. Nadie sale, pero se oyen gritos: "Asesinos", "Urge Mel", "Viva la Resistencia".

Estos son apenas algunos casos de los que pudimos ver en una noche. Todos los das ocurre lo mismo. No se sabe cuntos detenidos hay cada noche. No se sabe cuntos cuerpos son rotos, maltratados, humillados en las noches de Honduras. No se sabe cuntas mujeres son violadas. No se saben los nombres, las edades, no se conocen los testimonios... porque para eso son los toques de queda. Para que la jaura de asesinos que sostienen esta dictadura siembren el terror sin que trascienda a los medios y para que las vctimas se inmovilicen y no hagan la denuncia.

En las noches de Honduras no brillan las estrellas. Slo las luces de las patrullas y la sangre de los que caen en manos de la jaura uniformada. Botas y ms botas en las calles, en las espaldas, en los rostros de los hondureos. Y a pesar del terror que siembra cada noche la dictadura, no hay miedo. La resistencia contina.

Cuando sale el sol, hay marchas, tomas de calles, movilizaciones pacficas pero desafiantes y contundentes. Los que se curan de las heridas quizs no los veamos durante algunos das en las protestas, pero la voz se corre y la indignacin por lo que est pasando hoy en Honduras hace que muchos ms se incorporen. 90 das de resistencia. Cuerpos contra balas. Los organismos de derechos humanos dan cuenta de ms de 600 detenidos de los que se tiene conocimiento. Pero muchos son detenidos y torturados en la noche y no denuncian por miedo. Honduras necesita que el mundo reaccione ms rpidamente ante la terrible violacin a los derechos humanos que est ocurriendo. La diplomacia no basta. Es urgente que el mundo acte, aqu en Honduras y ahora.

PD: Las organizaciones de derechos humanos y abogados solidarios hacen una labor incansable por atender a las victimas, por acompaar las denuncias, por llevar registros. Pero no tienen recursos. No cuentan con lo mnimo. No tienen cmo llenar el tanque de gasolina para trasladarse a los lugares, no tienen saldo en los telfonos para hacer las llamadas necesarias. Y aun as hacen magia para defender los derechos de sus compatriotas. Llevan 90 das haciendo magia y es mucho lo que logran. La sede de Cofadeh est llena a toda hora de gente que va a denunciar los atropellos vividos, y llena tambin de gente que va a apoyar su labor. Muchos y muchas dirigentes de estas organizaciones de derechos humanos han sido perseguidos, encarcelados para tratar de acallarlos. A pesar de las dificultades siguen siendo el nico lugar a donde acudir para buscar refugio ante la represin. Es urgente la solidaridad pueblo a pueblo, que los organismos de derechos humanos de otros pases, los comits de solidaridad se pongan en contacto con ellos y los apoyen, divulgen sus denuncias, enven apoyo a esas organizaciones que en Honduras luchan contra el Terror de la Dictadura.



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